Capítulo 2.

One elephant was swinging over a big ball. Because he saw, that he didn´t fall another elephant was called.

...


Cruzando la frontera me encontré con él,
era un tipo medio raro pero me cayó bien,
me dijo viajo en carretera espero pronto
llegar al rodeo que me espera allá.

Me dijo con certeza que no hay más emoción
que romper un sombrero, disparar un cañón,
salvar la vida de un jinete cuando mal anda su suerte.

Soy payaso de rodeo ho.

Les digo ven, ven, ven, animalito ven.
Ven y sígueme y verás lo que vas a aprender.
No ves que soy muy poco artístico,
muy listo, muy gracioso.

Soy payaso de rodeo ho.

Así llevamos largo tiempo, luego se marchó
dejándome un mensaje que recuerdo hoy:
Lo peligroso es gracioso,
lo difícil es hermoso,
lo mas grande es el rodeo ho.

Me dijo con certeza que no hay más emoción
que romper un sombrero, disparar un cañón,
salvar la vida de un jinete cuando mal anda su suerte.

Ser payaso de rodeo ho.

No había nada como cantar con el viento golpeándole el rostro y sentirse el Rey del Mundo ahí, sentado sobre el caparazón de Enzo que actualmente tenía la altura de trece pisos.

— ¡Yuu Cavallone, baja de ese dinosaurio ahora mismo!

Lástima que su madre no pensara lo mismo.

—Sólo es Enzo —musitó, sabiendo que sus palabras no serían escuchadas.

— ¡Baja antes de que salga tu padre!

Y eso no era una amenaza, al menos no en el sentido estricto de la palabra; sólo que cuando el rubiales de su padre saliera intentaría salvarlo de su tortuga gigante, y como los subordinados salían huyendo cuando Enzo crecía y Romario andaba de vacaciones, pues bueno, digamos que las cosas resultaría peor que si él bajaba por su propio pie.

— ¿Enma? —muy tarde, Dino Cavallone acababa de llegar a la escena —. ¿Cuándo llegaste? —el rubio salió, sin subordinados siguiéndolo, y fijó su mirada en la figura de su pelirrojo esposo —. ¿Y por qué gritas tanto?

Enma Kozato ni se molestó en darle una mirada al Cavallone, su atención estaba centrada completamente en su único hijo, quien seguía feliz de la vida a más metros de altura de los que eran sanos para un niño de ocho años.

Dino hizo un puchero al verse ignorado, pero antes de replicar por atención decidió averiguar qué es lo que miraba con tanta insistencia el otro.

— ¡Enzo! —y entonces distinguió una melena pelirroja —. ¡Por los clavos de Cristo, Yuu! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Es peligroso! ¡Baja!

— ¡Estoy en Enzo! ¡Hoo! —sabía que la pregunta era retórica, pero juntarse con los Vongola provocaba sacar un poco de cinismo y divertirse a costa de las canas de sus padres.

—Dino, no puedes ni cuidar de tu propia mascota y así pretendes deje que Yuu pase más tiempo aquí en la finca —su voz salió más grave y contundente al entrar en estado de Última Voluntad.

El Cavallone mayor palideció y se volteó hacia Enma, musitó un par de disculpas y finalmente, para desgracia del par de pelirrojos, sacó su látigo e intentó ayudar.

— ¡Pa-pappa te va a salvar, Yuu!

El mencionado observó como su padre corrió en su dirección con toda la decisión del mundo y su intento de salvarlo terminaba en eso, en intento; Dino acabó enredándose el látigo en las piernas y cayendo al suelo.

— ¿Él está bien? —preguntó a su mamá, quién ya sobrevolaba a Enzo en busca de un ángulo del que pudiera tomarlo sin esfuerzo.

—Está bien —y Yuu pudo percibir un suspiro contenido en la declaración, a veces se preguntaba cómo es que el mayor seguía vivo y sobretodo, como es que logró conquistar a su madre.

Enma Kozato fue torpe en su juventud, eso lo sabía, pero gracias a que el karma dejó de ensañarse con él había superado todo eso; Dino, en cambio, seguía siendo el Haneuma inútil de siempre sin sus subordinados cerca.

—Mi amor chiquito, ¿Qué te dije sobre escalar, montar o hacer cualquier actividad relacionado con un Enzo gigante? —Enma, una vez de vuelta a tierra firme con su vástago, se arrodilló y miró a la altura de los ojos del menor.

—Que no debo hacerlo —respondió Yuu y compuso una sincera expresión de arrepentimiento —. Lo siento, mi amor grandote.

Enma salió del modo Última Voluntad y le sonrió al menor, atrayéndolo en un abrazo. Ahora Enzo estaba tranquilo y sólo quedaba esperar a que se secara.

—Gracias a Dios estás bien, Yuu —Dino le sonrió y pasó las manos por los cabellos rojos de su hijo.

—Sí, gracias a Dios —repitió Enma mientras se paraba y enfrentaba a su esposo.

El rubio hizo una expresión lastimera y gimió —: Enma.

—Mi amor chiquito, haz el favor de entrar y llamar a Romario. Dile que sus vacaciones se terminaron —dijo dándole un leve empujón a Yuu para que se apresurara a entrar.

—Ok —asintió empezando a caminar, no había avanzado más de dos metros cuando la discusión esperada llegó a sus oídos.

—Sólo lo tienes una semana al mes, Dino, una semana al mes —remarcó la última frase —, y ni siquiera puedes cuidarlo como se debe.

— ¡No es así, Enma! Lo cuido lo mejor que puedo —la voz de Dino era seria, pero un tanto suplicante —. Si no fuera así, Yuu mismo no querría volver, lo cual, por cierto, me partiría el corazón.

Y el resto quedó perdido en el aire, Yuu cerró las puertas tras de sí y se dirigió al despacho de su padre. A pesar de las discusiones de los mayores, a Yuu no le quedaba duda que se amaban, si no fuera así no seguirían casados ¿no?

Según Reborn (el único adulto que no lo trataba como el niño que era y que no puede saber ni entender nada de temas para mayores), la razón de las discusiones se debía precisamente a él, a Yuu Cavallone. Al haber nacido con la llama del Cielo, era obvio que su destino como heredero y futuro jefe de la famiglia Cavallone estaba más que claro; ya que su puesto como Undécimo, cuando llegara a la edad adecuada, estaba prácticamente escrito con sangre, sus padres decidieron que toda su infancia y adolescencia la pasaría en el seno de los Shimon con su madre, y cortos periodos con su padre.

Ya que, por causas de fuerza mayor, sus padres no podían tener más hijos y al parecer a nadie se le ocurrió que ambas familias, Shimon y Cavallone, podían arreglarse y vivir bajo el mismo techo, a Yuu no le quedaba más que joderse y soportar la situación de custodia compartida.

Y así cómo nadie le preguntaba el por qué hacía tantas cosas temerarias (juntarse con los desadaptados de sus primos, en todo menos la sangre, y compañía no contaba) y huía de otras tantas, nadie le preguntaba sobre cómo se sentía, qué pensaba o qué opinaba sobre toda esa mierda.

Porque el ser hijos de todos esos hombres y mujeres poderosos te sacaba inmediatamente del mapa como persona; a sus ojos no eran más que unos pequeños que necesitaban ser protegidos, cuidados y mimados. Eran como hámsteres a los que ponían a engordar y hacer gracias dentro de una jaula; sólo queriéndolos verlos crecer confinados, sólo para ellos y siempre con ellos.

Tal vez, si tuvieran más tiempo para sí mismos, como pareja, les pondrían un poquito menos de atención a ellos. Tal vez, sí en su juventud hubieran tenido más amorsh…

.

.

~ Misión Celestinos ~

.

.

—Más vale que se comporten, hoy es un día importante —Hayato iba de un extremo a otro, frente a la hilera que conformaban los menores —. La Ceremonia del Recuerdo es para eso, recordar a Nono y sus Guardianes, no quiero alguno de sus juegos, chistes o peleas —les dio una mirada severa —. ¿Entendido, mocosos?

—Sí.

—Pues ya que.

—Chale.*

Fueron las respuestas de Amane, Ritsu y Hinata; los únicos que se dignaron a contestar al mayor mientras el resto se hacían como que la Virgen me habla.

—Estoy pidiendo una respuesta por parte de todos —fulminó con la mirada a los otros cinco, aunque un poco menos a los gemelos (eran, con el perdón de su Juudaime, unos mocosos del demonio, pero seguían siendo los futuros jefes de Vongola).

—Con todo respeto, tío, pero te vas a quedar esperando —oh sí, Ciel aún no olvidaba el sabotaje indirecto en su última cita.

—Ustedes siempre nos han dicho que es malo decir mentiras —Viola salió con una declaración más que válida.

La Tormenta mayor forzó una sonrisa, mientras se repetía mentalmente: Son niños, unos insufribles, pero sólo son niños —. Miren que se los estoy diciendo de buena manera.

—Pero que carácter, cada día se pone peor —Leo se inclinó hacia Tsukumo, como si su intención fuera no ser oído más que por sus pares, pero sus palabras resonaban por las paredes de la sala.

—Hay que comprender lo, el tío ya está mayorcito; cuarenta y tantos años no son cualquier cosa —Tsukumo le siguió.

—El Jefe debería darle vacaciones —apoyó Yakumo.

—Tal vez tío Takeshi no lo apapacha* por las noches —Hinata se llevó una mano a la barbilla, como sopesando lo dicho.

—Yo leí que la falta de actividad sexual puede acarrear mucho estrés y mal humor —Viola comentó el dato como si acabara de darse cuenta de un hecho de gran trascendencia.

—Ahora que lo mencionas, no le han puesto seguro a su puerta desde hace un par de semanas —Amane compuso gesto pensativo —. ¿Tú has oído ruido por las noches, Ritsu?

—Nada de nada —el menor negó con la cabeza —. Tal vez los viejos ya no se encuentran atractivos —se encogió de hombros.

—Todo apunta a eso: frustración sexual —Ciel asintió con gravedad, internamente satisfecha al ver la expresión de indignación contenida (y mucha molestia) de Gokudera Hayato.

—Pero por qué desquitarse con nosotros, si somos tan inocentes —Leo hizo un puchero.

—Pues si ya llegaron a eso, deberían desahogarse con manuela* —Tsukumo se cruzó de brazos.

Sorella —Yakumo la reprendió mientras Amane se ponía roja y Hinata asentía como si lo que acababa de decir fuera la mayor verdad del mundo.

Leo y Ritsu no entendían nada y sólo miraban confundidos, mientras que Viola estaba más fresca que una lechuga, llevaba toda la vida siendo testigo de las insinuaciones descaradas y no aptas para personas de ninguna edad de Byakuran a Mukuro.

— ¿Qué? Es algo normal, fratello, y tú también lo llegarás a hacer… a menos que ya lo estés haciendo y no me has dicho —lo acusó con la mirada.

— ¡Claro que no! ¡Y si así fuera tampoco te lo diría! —exclamó con las mejillas sonrojadas.

—No tienes por qué tener pena, es natural para los hombres —su gemela se encogió de hombros, no afectada por la falta de fidelidad del otro.

— ¡Exacto, Yakumo! ¡Los machos pechos peludos no nos avergonzamos!

—Oh Dios, no puedo creer que realmente empiecen a hablar de sus problemas sexuales así —Ciel dio un paso atrás, dispuesta a salir de todo ese embrollo; una cosa era burlarse de los mayores con el tema del sexo y una muy diferente hablar de eso entre ellos.

Suficiente había tenido cuando su madre le dio la plática.

— ¡Ya fue suficiente, mocosos sinvergüenzas! —en momentos como estos, Hayato se preguntaba qué es lo que habían hecho mal al educarlos.

— ¡Sí que se divierten por aquí! —y Yamamoto Takeshi hizo su entrada, espada a la espalda y sonrisa boba en la cara —. ¡Io!

— ¡Tío Takeshi! —Hinata, Viola y Tsukumo se apresuraron a rodear al mayor.

El resto se quedó en su lugar, siendo conscientes de que el Guardián de la Tormenta estaba por estallar y ellos sabiamente preferían no estar en el fuego cruzado. Por lo menos hasta que el Decimo decidiera honrarlos con su presencia.

— ¡Tío! ¿El tío Hayato ya no te parece atractivo?

—Sí no ibas a hacerte responsable hasta al final, no debiste ilusionarle.

— ¡Eso no es de hombres!

—O sólo debiste enamorarlo, dejarlo embarazado y correr.

— ¿Qué no sabes que cuando tienes novio/esposo/pareja debes darle de comer, sacarlo a pasear y darle mucho, mucho amor?

—Si ya no lo quieres debes ser honesto y decírselo, sé que él lo comprenderá.

— ¿Es que no pensaste en tus hijos?

— ¡Los niños, tío, piensa en los niños!

Los tres pingüinos no dejaban de lanzar un comentario tras otro y Yamamoto sólo los veía de uno a otro sin comprender lo que pasaba; se sentía como en una de esas ruedas de prensa a las que se veía sometido en su "vida pública" como beisbolista profesional.

— ¿Hayato? —preguntó a su esposo, tratando de contener la risa que amenazaba por salir. ¡Sus sobrinos eran tan divertidos!

—Ignóralos, freak, sólo ignóralos —siseó el otro.

—Eso es muy cruel, tío —Tsukumo hizo un puchero.

Hime —la segunda sonrisa forzada del día, y apenas eran las ocho de la mañana.

— ¿Todo bien por aquí? —y el aleluya comenzó a sonar, para oídos del bombardero, en cuanto Sawada Tsunayoshi entró al lugar.

Juudaime —un suspiro de alivio fue el acompañamiento.

— ¡Io, Tsuna! —Yamamoto sonrío ante la manera peculiar que cada uno de los niños tenía para dirigirse al castaño —. Los minis estaban diciendo cosas muy curiosas —dijo, respondiendo a la pregunta de su jefe y amigo.

— ¿Cosas curiosas? —Tsuna arqueó una de sus cejas y les dio una mirada a los menores quienes le sonrieron como angelitos.

—Nada importante, Juudaime —caminó hasta pararse a un lado del castaño —. Sólo le estaba diciendo a los chiquillos que deben comportarse bien hoy.

Tsuna tarareó en respuesta a lo informado y observó con detenimiento cada uno de los rostros infantiles —. Sé que es imposible que las cosas salgan bien estando en compañía de Shimon, Cavallone y sobretodo de Varia, pero —remarcó eso último en compañía de su mejor mirada seria para los menores, esa que no admitía replicas —, deben hacer lo mejor por comportarse, ¿entendido?

—Sí —fue la exclamación, sin ganas, general.

—Nada de persecuciones con cuchillos, pintar retratos en la fachada de la mansión, nada de prender fuego a los árboles porque el jardín necesita más iluminación, nada de ponerse a cocinar con Lussuria y sobretodo, nada de meterse en competencias sin sentido con los mayores. Ya bastante tuve con su intromisión en las últimas Olimpiadas de la Mafia.

—Persigues un par de veces a tu hermana con cuchillo en mano y ya te quieren juzgar —Ritsu se cruzó de brazos siendo fulminado con la mirada por Amane y Hayato.

—Le haces el mejor regalo de su vida a tu mejor amigo y te tachan de vándalo, si así va a ser, nunca más daré un regalo —Tsukumo viró el rostro en completa indignación, Hinata posó una mano en el hombro de su amiga. El mundo era tan incomprensible.

—Gracias a todo ese fuego encontré a Mukurin —Leo apretó en su mano la figura de cristal en forma de búho.

—Esos árboles murieron por una buena razón —Viola lo abrazó por la espalda.

— ¡Pero tía Luss es la neta del planeta*! —Hinata levantó un puño.

—Y tiene buen sazón —comentó Ciel como quien no quiere la cosa, nadie podía juzgarla. Lo que fuera de cada quien, pero la señora Nana, la tía Luss y el tío Takeshi eran los tres de los Altos Mandos con mejor sazón… y los únicos que podían cocinar algo sin quemarlo.

—No tengo nada que decir sobre lo último, fuimos completamente culpables y debidamente castigados por ello —Yakumo, sin duda, era el más sensato de todos… y el más aburrido también.

— ¿Olimpiadas de la Mafia? ¡Esos mafiosos eran unas nenitas, no aguantan nada! —exclamó Tsukumo siendo apoyada por el resto; por culpa de todos los participantes, fuera de las familias emparentadas, que se habían quejado porque se colaron inocentemente es que los habían castigado.

—Sólo… —empezó Tsuna, viendo venir un nuevo dolor de cabeza —. No mutilen, desangren o dañen psicológicamente a nadie ¿de acuerdo?

— ¡Ok!

—No te preocupes, Jefe —Tsukumo le sonrío —. Nos portaremos tan bien como el Capitán Garfio en Peter Pan.

Los tres adultos negaron con la cabeza, uno más divertido que los otros dos.

—Por cierto, Jefe, ¿te gustaría tener estos? Los tomamos de tu cajón la semana pasada, pero ya no los necesitamos —dijo sacando inocentemente, de los bolsillos repartidos por su ropa, una cuerda, una grapadora, un puñado de clips y un block de post-it.

—Probablemente deberíamos regresar los otros artículos también —comentó Yakumo.

—No queremos darle un mal ejemplo a Ritsu y Leo, después de todo —eso era lo más maduro que nunca escucharían decir a Hinata.

Viola asintió con la cabeza —. Recuerden, un bromista honorable no roba artículos para hacer bromas de los ingenuos e inocentes. Un verdadero bromista tiene sus propios suministros.

Y delante del trío de adultos, el Tenedor Maligno hizo gala de su nombre y sacaron de entre su ropa lo que parecían ser suministros para travesuras para, no menos, siete meses. El suelo frente a sus pies se llenó de clips, lijas (Así que ahí estaban, pensé que se me habían acabado. Hahahahaha), navajas suizas, destapa corchos, dardos, encendedores (¡Mocosos, los tenían ustedes!), grapadoras, una caja de pinturas, el libro de Reglas y Mandamientos de la Mafia (Pensé que lo había perdido), cuerda, posters, ramas, piedras, la cena de hace dos meses, pastillas para dormir, tranquilizantes, bombas de humo, ligas y todo un ejército más de artículos de contrabando.

Pero el golpe de gracia fue una serie de libros para adultos (Trident dalliance erotico by Shamal*). Tsuna estaba a punto de exigir saber la procedencia de los libros porno que nada debían hacer en manos de unos adolescentes, sus hijos y sobrinos para ser precisos, cuando Viola se dio cuenta de que estaban en la pila.

—Oh, espera, esos no son robados —dijo quedamente, sacando las revistas de la pila —. Guárdalos otra vez, Hinata. Son de Shamal.

—Razón de más para negarse a tomarlos —murmuró Yakumo, pasándole los libros al Sasagawa —. No puedo creer que quedáramos atrapados editando sus novelas.

—No están tan mal —dijo Tsukumo, neutral —. Además, creo que con nuestras contribuciones la trama ha mejorado.

Hinata estuvo de acuerdo —. Las ventas han subido.

Tsuna sintió que el mundo a su alrededor se rompía.

— ¡Bueno! —exclamó la gemela malvada, sonriendo y dando paso por paso hacia atrás, lejos de los mayores y hacia la salida más cercana —. Yo me voy, tío Ryohei me espera desde hace un rato y falta el tiempo que me tardaré confesándome. Con lo pecadora que soy. Ciao —y se fue del lugar.

El resto de la Undécima Generación estaban viendo por donde emprender su huída mientras los mayores seguían estupefactos por la revelación de sus pares en el mundo pornográfico (bola de mojigatos, si bien que tenían escondida una que otra copia del kamasutra en sus habitaciones), cuando la siempre condescendiente de Ciel llamó la atención de nuevo en sus sensuales personas.

— ¿Me puedo ir al demonio ya? —exclamó, aburrida y queriendo ir a hacer algo productivo hasta que llegaran en resto de los salvajes.

Tsuna parpadeó un par de veces, el color le regresó al rostro y enfocó su mirada en la hija de Chrome.

—Sí, Ciel, puedes irte ya. Pueden irse todos —y los tres pingüinos restantes ni sordos ni perezosos emprendieron camino, cuando la voz del Decimo los detuvo —, excepto Yakumo, Viola y Hinata; ustedes tres me van a contar que es eso de que son los editores de Shamal.

(Y en alguna parte del mundo, cierto doctor pervertido vio su vida pasar frente a sus ojos.)

~.~.~.

Sasagawa Ryohei observó con paciencia a la más traviesa de sus sobrinas sacar una libreta y colocarla en el posa codos de una de las ventanillas laterales del confesionario, ese que habían mandado a montar poco después de que se ordenara como sacerdote y toda la familia y famiglia lo tomaran de su confesor particular.

—Anoté todos mis pecados en esta libreta para que no se me olvidaran —anunció, dejando la libreta abierta de par en par.

—Pero sobrina, sólo tienes catorce años, no pudiste haber pecado tanto como para tener una lista —él aún tenía fe en la juventud.

La chica sólo le dio una mirada en blanco.

Ryohei suspiró.

—Será mejor que empieces de una vez.

—Un día, durante las fiestas en Namimori, cambié la carriola dónde iba Ritsu por la de otro niño; y ya recordarás el lío que se armó. Otro día, el viejo, digo, el abuelo Iemitsu quiso vender la casa de la abuelita Nana y espanté a la señora que iba a comprarla. También, una vez hice bombas con globos y bañé con tinta a unos señores pomposos que habían dicho cosas malas de los tíos Mukuro, Hayato y Lambo —Ryohei recordaba ese día a la perfección —. Luego…

—Yo… —el Sol la quiso interrumpir, sus pecados no eran más que el recuento de las bromas que había hecho a lo largo de los años, ya fuera sola o en compañía del resto de los niños.

—Espera, espera, tío-sacerdote, no me distraigas —pidió sin dejar de ver las hojas para no perder el hilo de su confesión.

El Sasagawa cerró los ojos, rendido, y se dispuso a escuchar todo lo que la menor tuviera que decir, a fin de cuentas no tenía nada mejor que hacer hasta que los invitados llegaran.

— ¿Dónde estaba? Ah, sí, aquí —y Tsukumo continúo —. Otro día, me desperté a mitad de la noche y con una máscara asusté a todos los subordinados que estaban de guardia en la mansión. También, le regalé a Hinata una estampa de Santa Sinforosa la milagrosa y sus siete hijos mártires, pero en realidad era una caricatura de Luce con todos los Arcobaleno (Y Lal, por supuesto). También está este otro…

—Sobrina, Tsukumo, yo te absuelvo de tus pecados —cierto que no tenía nada más que hacer, peor a este paso no llegaría ni a la Ceremonia.

—Pero aún no llego a la mejor parte, me falta confesar lo más importante —frunció el ceño.

—Estoy seguro de que lo es, pero no puede ser tan grave. Ahora, cuando vayas a misa, puedes comulgar. Te absuelvo de tus pecados —la vio de frente y empezó a hacer la señal de la cruz —. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Una vez persignada, Tsukumo ladeó sutilmente la cabeza.

— ¿Y qué penitencia me das?

—Deberás rezar esta noche cinco padres nuestros.

—Mejor rezo diez, así la absolución es mayor —y con eso cerró su libreta, la tomó y salió del confesionario.

Su gemelo no podía quejarse, ella realmente iba a confesarle al tío su plan, pero fue el mayor quien se negó a escuchar. Con todas las bases cubiertas, sólo quedaba esperar a que Caradoc y Yuu se dignaran a aparecer y poner en marcha el plan.


Ciel miró a su alrededor en la fiesta, la que se daba al término de la Ceremonia y permitía que los asistentes sacaran toda esa energía reprimida durante la hora que tomaba el recuerdo de la Novena Generación.

Observó a los oficiales Varia mezclarse con la muchedumbre, la mayoría socializando o haciendo travesuras. Lussuria estaba flirteando con un Ryohei ajeno a la vez que se quejaba del desperdicio que era que tomara los hábitos. Squalo se jactaba ruidosamente ante Takeshi acerca de su más reciente victoria, yendo tan lejos como para empujar las grabaciones de video de dicha victoria en las manos de la sonriente Lluvia. Levi estaba fielmente tapando el sol entrante del ventanal detrás de Xanxus, mientras el Jefe Varia permanecía sentado en una silla del trono cerca de la mesa de aperitivos en compañía de un Caradoc que al parecer se veía forzado a pasar tiempo de calidad con su padre. Belphegor estaba usando algunas palomas como práctica de tiro, cuando uno de los cuchillos golpeó casualmente a Hibird, que volaba por ahí; Hibari, quién recién llegaba de una misión, intervino y amenazó con morder al príncipe hasta la muerte, a lo que Bel respondió riéndose maniáticamente y desafiándolo a intentarlo. Fran sostenía una plática con Chrome mientras su sombrero de rana era apuñalado por un Mukuro aparentemente aburrido. Hayato estaba sermoneando a Lambo sobre sabrá Dios qué. Tsuna, Dino y Enma permanecían tranquilamente sentados en un rincón del salón, charlando tan amistosamente como siempre. Y el resto de los vástagos estaban cumpliendo con los últimos detalles para su descabellada misión.

Ciertamente eran un manojo ingobernable, la Varia, pero viendo como se mezclaban con los Guardianes Vongola, parecían un poco más… manejables. Bueno, casi manejables, añadió mentalmente, porque la Varia nunca era realmente manejable. Los dos grupos interactuaban como un grupo de hermanos desagradables. Casi… como una enorme y ruidosa familia disfuncional. Y ella era parte de esta familia, por quince años había vivido y respirado este ambiente; y pensar que justo en unos momentos estaría presenciando los años mozos de estas… personas.

—VOOOOOII —Ciel y Tsukumo se estremecieron ante el rugido ensordecedor, los mayores apenas y parecieron inmutarse (décadas de convivencia provocaban eso) —. ¡Mocoso Vongola! —y para ellos nunca pasarían de moda sus apodos, Squalo marchó hacia los tres Jefes con furia mientras Yamamoto lo seguía de cerca con una mirada semi apologética, semi divertida, en el rostro —. ¡Vooooi! ¡¿Qué coño piensas dejando que este idiota continúe con su mierda del béisbol?! ¡Él debe estar entrenando con una espada, no con un pequeño bate de juguete! ¡¿Y te llamas a ti mismo mafioso?! ¡Vooooi!

Tsuna sólo lo miró con tranquilidad, conteniendo una mueca ante la rabia que estaba dirigiendo hacia él el espadachín. ¿Por qué Squalo le gritaba a él por la decisión de Yamamoto para seguir jugando al béisbol? Llevaba más de veinte años jugando profesionalmente, el estratega de Varia debía buscarse una vida o por lo menos, buscarse un nuevo motivo para enfadarse con Takeshi.

—Lo siento, Tsuna —la Lluvia de Vongola se rió entre dientes —. Squalo está un poco intratable. No es nada personal, sólo es su forma de ser, hahahahaha.

—VOOOOOII

— ¿Qué puedo decir? Me encanta el béisbol. Hahahaha.

Y se suponía que la madurez llegaba con la edad.

Ciel enredó un mechón de cabello en su dedo índice. Ah, y estaba por tratar con las versiones jóvenes de eso.

—Esto es estúpido —anunció Ciel, dejando de prestar atención a las rabietas de los mayores —. Yo no quiero hacer esto.

Tsukumo se giró y le dio su mejor mirada de cochorro bajo la lluvia a la joven Niebla. Había recogido la habilidad de Jirou, el compañero del tío Takeshi, y no podía esperar por probarlo en Ciel, la única que siempre ignoraba sus expresiones tiernas, las mismas que funcionaban hasta en Xanxus en sus mejores días (esos que se daban una vez cada década). Por alguna razón, sin embargo, no afectaban a la Di Cranio en la misma medida que lo hacía en la mayoría de sus tíos y el abuelo Iemitsu.

Tch, enana sin corazón.

—Pero lo prometiste —dijo Tsukumo, yendo tan bajo como lloriquear —. ¿Por favor? Voy a ser tu mejor amiga.

Ciel rodó los ojos —. Es un honor del que puedo prescindir.

La Vongola hizo un mohín.

—Pero pensé que Di Cranio siempre mantenía su palabra —agregó con picardía.

—Bien —dijo Ciel con resignación, pensando mentalmente que las tretas verbales de Tsukumo habían mejorado —, pero esto sigue siendo estúpido.

—Piensa en esto como entrenamiento —observó por toda la habitación, cerciorándose de la ubicación de sus camaradas —. Es entrenamiento en el sigilo, evasión, provocación y, por último, infiltración. Además, no puedes ni, seguramente, quieres quedarte aquí sola con los histéricos de nuestros progenitores.

—Todavía es estúpido —murmuró Ciel, pero sin protestar mas —. ¿Qué vamos a hacer si nos descubren antes de siquiera empezar? —la hyper intuición del Decimo no era sólo para asustar a las masas.

—No te preocupes, cuando los adultos empiezan a pelear apenas y nos prestan atención. Además, fratello empezara su disputa con Caradoc, los mayores pensaran que estamos animándolos y nos dejaran en paz. También tengo a Leo y Ritsu con canicas para soltar si nos persiguen, y Viola está lista para lanzar las bombas de humo de ser necesario —Tsukumo parecía bastante orgullosa de lo que hablaba —. No nos atraparan hasta que terminemos.

Ciel no dijo nada, sólo siguió observando a su alrededor, constatando que aún ahora, cuando todavía no comenzaba el derramamiento de sangre, no les prestaban gran atención.

—Hey, ¿crees qué ésta es la cantidad adecuada para noquear al tío Lambo?

La azabache miró amablemente las cinco píldoras somníferas en la mano de la Vongola —. Casi, añade otras tres. Tío Lambo tiene la resistencia de un semental —no por nada era el pararrayos de la familia y se le afiliaba a los toros.

—No puedo creer que hayas dicho la palabra semental —Tsukumo rió —. ¿Qué pensará tío Mukurin?

—Yo no puedo creer que me involucraras en este plan tan atolondrado. Y no quiero saber lo que piensan los psicópatas —Ciel contuvo un estremecimiento —. Ahora, ¿vamos a empezar a trabajar o no?

— ¡Pensé que nunca lo preguntarías!

Dos minutos después.

— ¡Vete al infierno y permanece allí!

—Herbívoro, tus insultos se vuelven más y más patéticos mientras envejeces. ¿Te estás suavizando?

—Dame tres segundos para deshacerme de este imbécil —señaló a un Bel sonriente a su espalda —, te meteré una barra de dinamita por el trasero —gruñó.

— ¿Te encantaría eso, no? Desafortunadamente, ni siquiera Tsunayoshi tiene ese privilegio y tú estás lejos de tenerlo.

—Kyouya, sin insinuaciones sexuales aquí. Los niños están presentes.

—Realmente eres un ama de casa, Tsunayoshi. Aunque preferiría que sólo usaras un delantal y estuvieras atado a la puerta del horno, pero por supuesto, no podemos tener todo lo que queremos.

—Di eso de nuevo, herbívoro piña y te juro que atravesaré esta tonfa por tu tímpano. Te morderé hasta que mueras.

—Mukuro, cállate. Kyouya, no sobre la comida por favor. No soy muy aficionado a ese sabor y es malo para los niños.

— ¿Saben que le están dando un mal ejemplo a los niños diciéndose sus verdades frente a ellos? Hahahahaha.

— ¡Propaguen el homosexualismoooo!

— ¡No entiendo nada al extremo!

— ¡Voooooii!

—Cállense, basuras. Sus voces hacen que me duelan los oídos.

— ¡Deja de llamarme gatito, príncipe de mierda! ¡Es jodidamente perturbante!

—Kyouya, por favor, deja de morder a Mukuro hasta la muerte. No está muriendo como esperaría, y si sigues así vas a manchar la alfombra de rojo.

—Oya, oya alondra, ahora que recuerdo; ¿una avecilla me dijo que mi peinado te parece fuera de moda?

—Piña, te dije que no te quiero cerca de mi hija.

—Hayato, ve a hacerles explotar ¿por favor?

Yessir.

Y de repente, el sonido de un disparo inundó el lugar y se hizo el silencio cuando vieron como una bala de helado impactó en la frente de Xanxus. El líder de Varia se quedó quieto, e incluso Caradoc paró su pelea con Yakumo a favor de ver la reacción de su padre, con un aura amenazante desprendiéndose a oleadas de su cuerpo. El resto de los adultos estaban componiendo sonrisas bastante ladinas hasta que también fueron impactados por más balas de helado.

— ¡Basuras!

¿Alguien recuerda a Reborn?

—Hahahaha ¿guerra de comida?

Y se armó la gorda.

Y ni tardos ni perezosos, los oompa loompas aprovecharon la situación para terminar su cometido, hasta que Tsunayoshi hizo uso de su autoridad y calmó a los monstruos con una de sus frases más contundentes.

—Suficiente de este lío. Me voy a parar y si me paro… —la amenaza quedó flotando en el aire, pero era tan palpable que nadie respiró siquiera tras la declaración.

Y aprovechando el momento de silencio que siguió, Flan, quien se había mantenido al margen de toda la locura y disfrutaba hasta el momento de un delicioso pie de queso, decidió que era momento para joder un poco a los retoños del mal.

Posó su mirada en blanco en los chiquillos que estaban más cerca de la puerta, dispuestos a huir, de lo que deberían. Algo que no pasó desapercibido para los menores; Flan levantó ambas cejas sin cambiar su semblante inexpresivo, y la Undécima Generación fue capaz de ver sus negras intenciones.

El Specila illusion abrió la boca.

¡No! ¡Él, el adulto que consideraban más cool, no podía traicionarlos de esta manera!

—Estimado Decimo y compañía, miren por aquí —su voz fue tan monótona como siempre y sin la mínima pisca de remordimiento por su traición.

Ushishishi, rana estúpida, ¿qué es tan importante que te atreves a romper la tensión?

—Nada, sólo que al parecer los piojos están escapando con la bazooka de los diez años —contestó, dándole enseguida una mordida a su rebanada de pie y viendo las expresiones dolidas e incrédulas de los menores.

¡Traidor!

— ¡Esto no es de cuates*, Flan! —fue el grito de indignación de Hinata.

El perpetrador se encogió de hombros, tarde o temprano tenían que aprender que incluso las personas que quieren iban a lastimarlos.

— ¿De que habl… —y entonces Tsunayoshi se congeló ante la visión.

Leo, Ritsu, Amane, y Viola estaban a un par de pasos fuera de la puerta del salón, Hinata sólo un poco detrás de ellos con un Yuu ajeno cual costal de papas sobre su hombro izquierdo; Yakumo tenía bloqueado un puño de Caradoc mientras sutilmente se inclinaba hacia la misma puerta, y Ciel en compañía de Tsukumo estaban a medio metro de la puerta, con la bazooka de los diez años en sus manos.

Y por si fuera poco, Lambo permanecía inconsciente con el rostro dentro de un tazón de gelatina de uva.

— ¿Podemos explicarlo? —Tsukumo rió forzadamente.

—Niños —ah, ahí estaba, la voz con advertencia.

—Pongan la bazooka en el suelo y pongan las manos donde pueda verlas, todos ustedes —Chrome le envió a su hija una mirada que reclamaba una explicación sobre su actuar en todo eso.

— ¿Tsu-sama? —llamó Amane, viendo como todos los adultos empezaban a dar pasos en su dirección.

—Sea lo que sea que estén tramando, ni lo intenten —Hayato repasaba en su mente las mil y un cosas que esos niños podrían hacer con la bazooka, y todas le ponían los pelos de punta.

Sorella —Yakumo pidió a su gemela con la mirada, decidiera el proceder.

La chica le correspondió la mirada para enseguida pasarla a sus compañeros, quienes estaban a la espera de que hacer a continuación; por último, la posó en sus padres.

—Tsukumo, no te atrevas —Hibari demandó, entrecerrando los ojos.

Mal, nunca le digas a un niño o adolescente, para el caso, que no haga algo. Especialmente cuando estos son propensos a romper las reglas.

—Corran —dijo de repente Tsukumo —. ¡Corran, corran, corran!

Y con eso emprendieron camino fuera del salón.

— ¡Bakumo, no huyas, insecto! —Caradoc ni parecía reparar en la situación, sólo estaba enfocado en su disputa con el chico Vongola.

— ¡Alto, ahí, mocosos! —y los mayores no tardaron en seguirles los pasos.

Varias bolsas de canicas y bombas de humo después.

— ¡VUELVE AQUÍ, TSUKUMO!

— ¿Por qué ellos –huff- siempre llaman –huff- mi nombre? —la Vongola se quejó mientras los diez de ellos seguían corriendo.

—Debido a que –huff- eres la instigadora —Viola se quedó sin aliento cuando hizo un giro brusco y se metió en un cuarto cercano, seguida del resto.

Todos, a excepción de Yakumo quien seguía distrayendo a Caradoc de la situación real, se apresuraron a asegurar la habitación.

—Muy bien, entonces ¿qué hacemos ahora? —Amane susurró, sonriendo al oír a los mayores pasar corriendo fuera de la habitación. Ciel y Leo habían levantado una barrera ilusoria que les daría algo de tiempo, hasta que Mukuro y Chrome le bajaran unas rayitas a su preocupación y se pusieran serios.

—Dividirnos y conducirlos a una búsqueda inútil —Tsukumo susurró a su vez —. Evasión seguida por ataques de guerrilla. Si ven a alguno de los viejos, usen el nombre de Reborn y escapen. A parte de eso, vamos a demostrar que todos los años de tortura han dado sus frutos.

—Perfecto —Ritsu y Leo sonrieron malévolamente.

—Hum, Tsu —llamó el pequeño Cavallone —. ¿Pueden explicarme lo que está pasando? —él sólo había sido tomado por Hinata y metido en todo este embrollo.

—Más tarde, pony, más tarde.

—Lo tengo —Hinata ajustó su agarre en el pelirrojo —. ¿Nos vemos en diez minutos en la sala de los retratos?

Todos asintieron.

—Eleven el infierno, mis compañeros —y con eso todos salieron disparados por el pasillo.

~.~.~.

Los minutos que siguieron consolidarían la reputación de la Undécima Generación como algunos de los mafiosos jóvenes más brillantes y alborotadores que alguna vez pisaron la mansión Vongola. Nadie estaba a salvo. La servidumbre se agazapaba en las esquinas, los subordinados eran encontrados colgando de cuerdas en variadas posiciones, y los Altos Mandos se llevaban el susto de su vida cuando tenían la suerte de encontrarse con uno de los chiquillos y el nombre de Reborn era exclamado (¡Reborn, ¿por qué les apuntas a la cabeza con Leon?!).

Por supuesto, como todas las cosas maravillosas, todo pronto llegó a su fin.

— ¡Quédate quieto ya, Bakumo! —el humor de Caradoc, el mismo heredado de su papi, había empeorado con la persecución y comenzaba a dar señales de ser consciente de su entorno — ¡¿Qué coño hacemos aquí, insectos?!

Demandó al darse cuenta de que estaban dentro de las cuatro paredes que mostraban los retratos de todas las generaciones Vongola.

—Nada de lo que tengas que preocuparte —Amane les hizo una seña con la cabeza a los tres más pequeños en dirección al Varia —. Chibis.

Y los tres se lanzaron en un ataque de abrazos y cosquillas sobre el heredero.

— ¡Qué demonios! ¡Bájense! —nadie creería que Caradoc Di Vongola se frenaba en lastimar a niños pequeños, tal vez el haber convivido los primeros años de su vida con Nono hicieron milagros.

—Amane, el dispositivo que nos dio sensei —pidió a la peli plata.

— ¡Aquí, Tsu-sama! —sacó un extraño aparato electrónico de una bolsa roja que tenía colgada al hombro.

Grazie —asintió y se lo lanzó a su hermano —. Todo tuyo, fratello.

Yakumo no dijo nada, sólo procedió a instalar el aparato en un costado de la bazooka.

—Apresúrate, ya puedo escuchar la delicada voz de Squalo acercarse —apuró Ciel, mirando hacia la puerta en donde Hinata y Viola ya habían montado una barrera con los muebles de la sala.

—VOOOOOOII.

—Basuras, quítense del camino.

Shishishishi, es la primera vez que veo al Jefe enojado con su hijo.

— ¡Hermanito, tus hijos han secuestrado a mi Yuu!

—Calma, Dino-san, no es como si fueran a hacerle algo malo.

—Yuu está más seguro con ellos que contigo.

— ¡Enma!

— ¡Sobrina! ¿Esto es lo que querías confesarme al extremo?

Kufufufufu su mal comportamiento lo heredaron de Byakuran, estoy seguro.

—Mukuro-sama, eso no te lo crees ni tú.

Sus pisadas resoban cada vez más cerca.

—Listo —anunció Yakumo y el resto dio un brinco.

El momento había llegado.

— ¡Muy bien! ¡Abrácense a alguien y… —saltó a los brazos de Hinata, quien la cargó al estilo nupcial —. ¡Pony haz los honores! —indicó a Yuu, quien había corrido a abrazarse de Yakumo.

El gemelo Vongola le señaló el botón a oprimir y el mini Cavallone disparó.

Mientras las puertas eran aporreadas desde fuera, los muebles empezaban a caer dando paso a los mayores, y el famoso humo rosa empezaba a envolverlos, Tsukumo llevó la mirada a los retratos de la Primera y Novena Generación.

Primo, estamos en tus manos.

Nonni, deséanos suerte.

Y justo cuando el Decimo y sus Guardianes, y la Varia con Enma y Dino entraron al lugar, vieron a sus hijos desaparecer frente a sus ojos.

— ¡Caradoc, hijo de… !

Fue lo último que escucharon siendo seguido de una pequeña explosión. Y lo que quedó en el lugar donde estaban los menores, fue únicamente una bazooka hecha pedazos.

¿Y Reborn?

Bueno, Reborn estaba sentado, junto a un Flan indiferente, bebiendo su delicioso expresso mientras escuchaba los gritos de horror de esos que se consideraban los hombres más poderosos del mundo.

Buon viaggio, oompa loompas. Y que la suerte este siempre de su lado.


Omake: La cita de Ciel.

El sonido de neumáticos les llegó a través del silencio desde el camino de entrada, acalló a todos y cada una de las cabezas giró en dirección a la puerta principal. Con una mirada apresurada en la dirección de la que Ciel regresaría en cualquier momento, los cinco hombres presentes se dirigieron a la puerta. No sin que antes Tsuna diera el permiso, a través de un intercomunicador, que dejaran pasar al chico hasta la mansión.

—Voy a tener que matar cualquiera de esas ideas perturbadoras antes de que siquiera sean planteadas —fue la declaración de Mukuro, quien encabezaba la comitiva.

Todo el mundo se miró el uno al otro y asintieron en acuerdo. El grito de Chrome de —: ¡Oh, por favor, dejen en paz al chico! —fue ignorado.

El grupo espero sólo hasta que el muchacho levantó el dedo para tocar el timbre, antes de jalar la puerta y abrirla, y agrupándose en el porche obligando al pobre chico regresar unos cuantos pasos. El chico era guapo, le concederían eso.

—Um, hola, estoy buscando a Celes Di Cranio —parecía nervioso ya.

—Sabes —comenzó Mukuro —. En mis días, era costumbre que el chico recibiera el permiso del respectivo tutor antes de pedirle a la chica salir en una cita.

— ¿Qué edad tienes, muchacho? —preguntó Tsunayoshi.

—Um, diecisiete señor.

— ¿No crees que es un poco extraño que quieras salir con mi sobrina de quince años? —Tsuna mantuvo su mirada de Jefe en el niño.

—No, señor.

Realmente no era extraño en absoluto, Tsuna lo sabía, pero él preguntaría cualquier cosa sólo para ver sudar al chico; Reborn había influido mucho en él al final —. Disculpa, ¿acabas de decirme que no?

— ¿Qué sabes del sexo, mocoso? —Hayato se llevó un cigarrillo a los labios, lo que aumentó su apariencia amenazante.

— ¿Se-sexo? —el muchacho se había tornado rojo brillante.

Hayato se dirigió al menor con frialdad —. Sí, sexo, me alegra que puedas oír. Ahora, ¿qué sabes de eso?

— ¿Eres virgen? Ahora piensa cuidadosamente tu respuesta —Takeshi se mostró serio y frío.

—S-sí, señor. Soy virgen.

Una ceja arqueada por su parte fue lo que Takeshi necesitó para mover el miedo del muchacho más cerca de su corazón.

— ¿Acabas de mentirme, chico?

—Sí… no… no, señor.

— ¿No qué? ¿No me mentiste o no, no eres virgen? Vamos, niño, estoy esperando.

— ¿Tú piensas que puedes tener sexo con nuestra pequeña Ciel? —Ryohei fue directo al grano.

— ¡¿Qué?! —y tenía el descaro de mostrarse horrorizado.

—Mira, criatura de Dios, me inventé todo el truco de las palomitas de maíz. Soy un sacerdote y he confesado a muchos como tú, sé lo que los adolescentes piensan.

—Y olvídate de ponerla como copiloto. Nuestra niña se irá en el asiento trasero —agregó Hayato.

—Basta de la charla sobre el sexo antes de que Mukuro mate al niño —Tsuna fue quién cambió el rumbo de las cosas.

Pero aún así, el chico llevó la mirada al hombre con peinado de piña y prácticamente podía ve al hombre planeando su asesinato a través de sus ojos.

— ¿Qué vas a hacer en la vida, niño? —continúo Tsuna.

—No lo sé todavía, señor.

— ¿Qué quieres decir con qué no sabes, cuando se supone debes cuidar esta noche de nuestra niña, sin un plan de antemano? Tienes diecisiete, chico —acribilló Takeshi.

— ¿Crees en el sexo antes del matrimonio? —Ryohei pidió.

—Contesta sinceramente porque ya nos mentiste una vez, no sería prudente hacerlo dos veces —Hayato dejó caer su cigarrillo al suelo y lo pisó.

—Yo… por supuesto… quiero decir… yo —el pobre ya no tenía idea de lo que decía.

—Mira, no importa. Voy a ser directo contigo —empezó Mukuro, tornando su ojo al número seis—. Tú no me gustas, no ahora, no mañana, ni nunca. El contacto más físico del que quiero oír hablar esta noche es tomarla de la mano, y estoy siendo generoso. No la beses, lo sabré; no la toques por cualquier lugar debajo de la cintura, lo sabré. Olvídate de que siquiera sabes lo que es un aparato reproductor, porque si hay cualquier insinuación antes de que termine la noche, lo sabré. Voy a arrancar esa parte más sensible de ti y ponerla en hielo, sólo para poder ponértela de nuevo y arrancarla una vez más.

El sonido de pasos acercándose alertó a los hombres de que Ciel se acercaba.

—Tráela a casa a las diez. Ni un segundo más tarde.

La puerta se abrió y Ciel apareció.

—Y fue un placer conocerte, Flavio —cinco manos se cerraron en torno a los brazos y manos del chico, unos agarres demasiado apretados para su comodidad.

Eran las ocho con treinta cuando oyeron el coche de Flavio aparcar, esta vez, frente a las puertas de la mansión. Los cincos hombres se asomaron por la venta y vieron a una Ciel molesta bajar del coche y encaminarse, sin darle una mirada al chico, hacia las puertas.

Los cinco corrieron hacia la habitación contigua, lo mejor era darle espacio a su sobrina por el momento, pero eso no quería decir que no escucharían lo que había sucedido.

Chrome permaneció tranquila, sentada en su lugar en el mullido sillón, a la espera de su hija. Envió una mirada de muerte a la puerta desde donde estaban sus compañeros, ellos nada más lanzaban la piedra y escondían la mano. Valientes hombres.

La puerta se abrió y Ciel asomó la cabeza al interior para ver a su madre sentada allí, esperándola.

— ¿Qué fue lo que pasó? —Chrome probó suerte.

— ¿Qué le hicieron a Flavio? —dijo en su lugar y enviando una mirada a la puerta donde sin duda se encontraban sus tíos, en serio, ¿a quién creían que engañaban?

— ¿Tú qué crees? —pudo escuchar los murmullos de los otros, indignados por no defenderlos —. ¿Qué te dijo el niño?

Ciel le dio una mirada oscura mientras caminaba más dentro del salón y se sentaba en el sillón opuesto al de la mujer —. Él no tenía que decir nada. Eran las ocho con veinte en un sábado por la noche, sólo vimos la mitad de la película, y él empezó a decir que era demasiado tarde ya. Actuó como si tuviera miedo de siquiera mirarme. Mamma, realmente no era difícil poner las piezas juntas.

Chrome sonrió tímidamente, pero se detuvo cuando su hija le regresó la mirada —. ¿Estás enojada con ellos? No te enojes.

Y vaya que Ciel quería estarlo. Quería patear e ignorar a sus tíos por toda una semana. Pero era imposible de hacer cuando podía escucharlos lloriquear y decir que todo era por su bien y porque la amaban. Suspiró con resignación.

—No, no estoy enojada. Además, si un chico no puede manejar algo como esto, entonces no vale la pena molestarme. Después de todo, estoy atascada con todos ustedes para el resto de mi vida —la azabache sonrió un poco al escuchar las exclamaciones ofendidas al otro lado de la puerta—. Es una pena, sin embargo, la película parecía ser buena.

Chrome se sintió culpable por no haber parado todo ese lío y ver la cara de decepción de su hija.

— ¿Hay más proyecciones para esta noche?

Ciel la miró, expectante —. Debe haber, son sólo las ocho.

—Bien, vamos ahí.

Esa sería una noche de madre e hija, no sin antes, por supuesto, trabar la puerta detrás de la que seguían escondidos los hombres de la familia.


N/A:

Diccionario Cholo de Hinata:

*Chale = Ni modo.

*Apapacha = Mimar.

***Manuela (por Tsukumo) = Usar la mano para masturbarse.

*Neta del planeta = Lo mejor de lo mejor.

*Cuates = Amigos.

*¿Qué hongo? = ¿Qué onda? ¿Qué pasa?

*Peinen me y díganme Don Juan = Díganme que ando guapo.

Otros detalles:

*Triden dalliance erotico = Tridente del coqueteo erótico, desde el Italiano.

*La canción del principio, la que cataba Yuu, es Payaso de rodeo por Caballo Dorado.

Okey~ Esto fue todo por ahora. Espero les gustara y ¿se dieron cuenta? Agregué un omake ewé

De aquí en adelante, cada capítulo tendrá un omake incluido. Estos omakes abarcaran, más que nada, los momentos de la infancia o algún momento épico en la vida de la Undécima Generación en compañía de sus padres.

Y ya saben, disculpen los horrores de ortografía, gramática y comidas de letras que nunca faltan en mis capítulos.

En fin, trataré de actualizar para este fin de semana o la semana que viene. Como siempre, gracias por sus sensuales reviews! Lynette Vongola Di Hibari, ChibiGoreItaly, 1827, Tomoyo0000001 y DaniVal. Este capítulo va dedicado a ustedes! Por supuesto, gracias también a todos aquellos lectores fantasma.

¿Reviews?