Disclaimer: Los personajes de Kung Fu Panda no me pertenecen.

Advertencia: Esta capítulo contiene spoilers de Kung Fu Panda 1.

Capítulo 3: El Guerrero del Dragón

Tigresa respiró hondo mientras terminaba de vestirse. Estaba contenta. Había llegado el tan esperado día. Por fin el Maestro Oogway elegiría al Guerrero del Dragón. Los preparativos estaban listos y se estaba anunciando en el Valle el gran acontecimiento.

Se sentía emocionada, pero a la vez un poco asustada. Era consciente del nivel de sus compañeros y de que podía ser que uno de ellos a quien eligiera Oogway Aun así, no podía dejar de pensar que ese título le pertenecía a ella desde que el maestro Oogway le habló de él. Estaba destinada a ser la Guerrera del Dragón. Estaba dispuesta a reemplazar a Tai Lung en el corazón de Shifu, y por eso daría todo lo que tenía en la exhibición antes de que la anciana tortuga diera el veredicto.

—Tigresa —la llamó Víbora desde fuera —, ¿estás lista?

Tigresa sonrió. Estaba más lista que nunca.

—Sí —respondió al salir de su cuarto —. Vamos...

—¿Estás nerviosa? —preguntó su mejor amiga, aún sabiendo que lo estaba. Conocía la obsesión de la felina por ser la mejor a los ojos de su padre adoptivo. Si ese día no conseguía el nombramiento que tanto ansiaba, sería una gran decepción para ella.

—¿Cómo no estarlo?

—Cierto —contestó la serpiente con una gran sonrisa —. Hoy es un gran día.

Al contrario que Tigresa, Víbora no estaba nerviosa. A ella no le importaba que la eligieran o no Guerrera del Dragón, pero estaba casi segura de que sería su amiga la que conseguiría el Pergamino. Al fin y al cabo, era la que más horas dedicaba al entrenamiento y la que más empeño y nivel tenía. Era imposible que no ganara. O al menos, eso parecía...

Una vez que hubieron mostrado sus dotes delante de un público fascinado, se pusieron en fila para que el Maestro Oogway pudiera escoger. La tortuga se dirigió a ellos con los ojos cerrados, paseando la mano de uno a otro hasta sentir la fuerza que le indicaría que estaba señalando al verdadero Guerrero.

Tigresa seguía su mano con la mirada, con el corazón latiéndole más rápido que nunca. Vio, ansiosa, cómo su dedo estaba a punto de detenerse delante de ella. Apretó las manos por detrás de la espalda de puro nerviosismo. Estaba a punto de conseguirlo. Por fin haría que su padre se enorgulleciera de ella.

De repente, se oyó un grito proveniente del cielo. Unos fuegos artificiales explotaron en el aire. Los Cinco Furiosos y los espectadores miraron hacia arriba a tiempo para ver caer un oso panda justo delante de Tigresa, quien retrocedió un par de pasos, poniéndose en posición de ataque. Cuando pudo verlo claramente, bajó los brazos. ¿Qué demonios hacía ese panda ahí?

Po balbució palabras ininteligibles mientras abría los ojos. ¡Menudo golpe se había dado! Vio siluetas borrosas que parecían no quitarle ojo. Vislumbró entonces un dedo que lo señalaba, miró la cara del propietario del dedo y se dio cuenta de que acababa de meterse en un buen lío.

—¡Ala! —exclamó —. Lo siento, solo quería ver quién era el Guerrero del Dragón —se excusó, poniéndose de pie.

—¡Cuán interesante! —dijo Oogway, confiando ciegamente en el destino.

—Maestro, ¿me...me está señalando a mí? —preguntó Tigresa, queriendo acabar con esa situación lo más pronto posible. Necesitaba saber quién era el Guerrero del Dragón.

—A él —corrigió la tortuga, señalando al panda.

—¿Qué? —murmuró el panda, moviéndose de un lado a otro para asegurarse que le apuntaba a él.

Tigresa lo miró con desprecio. ¿A él?

—A ti —volvió a decir Oogway.

—¿A mí?

—¡El universo nos ha enviado al Guerrero del Dragón! —anunció Oogway, levantando el brazo de Po.

En ese momento, volaron los "¿qué?" por todas partes. Tigresa no se lo podía creer. Definitivamente, no podía ir en serio. Debía ser una pesadilla. ¿Desde cuándo ese panda sabía algo de Kung Fu? ¡No era más que un simple cocinero!

El encargado del Gong lo hizo sonar, y la muchedumbre empezó a vitorear y a aplaudir al elegido. Cuatros endebles patos intentaron inútilmente llevar al Guerrero del Dragón hacia la Sagrada Galería de los Guerreros mientras Shifu intentaba por todos los medios parar esa terrible jugarreta del destino. El panda rojo se dirigió a su maestro, tratando de hacerle entender que todo había sido un accidente, y que debería haber sido Tigresa la elegida.

—No existen los accidentes —le dijo entonces el sabio maestro.

Los Cinco Furiosos no pudieron hacer más que juntar las manos e inclinar la cabeza ante su nuevo compañero, pero en cuanto cuatro cerdos ayudaron a subirlo por la larga escalera, Tigresa fue la primera en acercarse a Shifu con una expresión de tristeza.

—Perdónanos, Maestro —le dijo, arrodillándose —, te hemos fallado.

—No, si por la mañana ese panda no ha renunciado, seré yo quien os haya fallado —aclaró antes de disponerse a subir las escaleras.


Tigresa fue la primera en entrar en el gimnasio, seguida por los demás. Estaba que echaba humo. Su día, ese día que prometía tanto, se había estropeado por completo. O mejor dicho, lo había estropeado un maldito panda. Apretó los puños, intentando calmarse, pero en cuanto llegó a la carrera de obstáculos, se tiró contra el primero de ellos como si fuera una presa. Necesitaba descargar su frustración con algo, y prefería que ese algo fuera un objeto y no un amigo.

Los cuatro Furiosos restantes observaron unos segundos cómo Tigresa se desahogaba antes de entrar en la pista con ella. La comprendían perfectamente. Incluso ellos, que no habían tenido demasiadas esperanzas en conseguir el título se sentían estafados. Las cosas no deberían haber salido de esa manera.

Víbora quiso intentar un acercamiento y hablar con su amiga, pero lo pensó mejor y desistió de la idea. Cuando Tigresa estaba triste era mejor dejarla en paz hasta que pasara un rato y se acostumbrara a la idea. Lo mejor sería tratar el tema con ella más tarde.

Estuvieron un rato practicando hasta que oyeron cómo se abría la puerta. Tigresa vio de refilón de quiénes se trataba y frunció el ceño.

Ese panda...

Repentinamente, su fuerza aumentó, hasta tal punto que golpeó un trozo de madera lleno de objetos punzantes que se dirigía hacia ella, destrozándolo y golpeando a Po prácticamente adrede con uno de sus restos.

El resto de la tarde dejó bastante que desear. El panda hizo una demostración de sus habilidades, si es que tenía alguna...Resultó patético, y eso acentuó el cabreo de Tigresa, que veía cómo Po se daba golpes sin parar y acababa chamuscado. Llegó un momento en el que hasta le pareció sentir lástima por ese chico, pero ¿lástima por qué? Él se lo había buscado. Se había quedado con un puesto que no le pertenecía. Ahora, que asumiera las consecuencias de sus actos.

Con cada torpe movimiento, la felina afirmaba aún más su teoría. Y lo peor de todo era que el estúpido panda seguía sonriendo a pesar de todo, tomándoselo como una broma.

Esa noche, cuando volvió a su habitación después de tan largo y duro día, sintió que explotaría si no le decía a ese intruso todo lo que pensaba, y cuando oyó sus estruendosos pasos por el pasillo, no se lo pensó dos veces. Abrió la puerta de par en par y le asesinó con la mirada.

—¡Maestra Tigresa! —balbució Po, tomado por sorpresa —. No pretendía despertarte. Solo...

—No pintas nada aquí —le soltó como si nada.

—Oh, sí, sí, entiendo...Es tu habitación...

¿Su habitación? ¿En qué demonios estaba pensando ese panda? ¿Es que acaso a parte de gordo y torpe era tonto, o simplemente no quería entender?

—Lo que digo es que tú no pintas nada en el Palacio de Jade —aclaró —. Eres una deshonra para el Kung Fu, y si aún te queda respeto por lo que somos y lo que hacemos, tú, al amanecer, te habrás ido. —Y dicho esto, cerró la puerta.

Te admiro..., oyó detrás de la puerta.

La felina se volvió hacia ella con la mandíbula apretada. Definitivamente no era capaz de tomarse nada en serio. Estaba a punto de volver a abrir la puerta y lanzarse contra él, pero no. Sabía controlarse. Era toda una Maestra del Kung Fu, aunque en ese momento lo que más deseaba era gritar y romper todo lo que estuviera a su alrededor.

Caminó hasta su cama y se sentó, posando la cara entre sus manos. Había fallado.

Tantos años entrenando...tantísimo esfuerzo...tirado a la basura por culpa de un panda que no tiene ni idea de Kung Fu, pensó amargamente.

Sintió como sus ojos se humedecían de frustración, pero no iba a permitir que se le escapara ni una sola lágrima por alguien que no merecía la pena. Ella era fuerte, mucho más que eso. Y sin embargo, no podía dejar de pensar en su padre adoptivo.

—Ahora sí que le he defraudado —murmuró, recostándose sin deshacer la cama, y quedándose dormida al poco tiempo.


El día siguiente pintó mejor cuando fueron conscientes de que Po no se encontraba en su habitación, y todos pensaron que había abandonado el Palacio, como debía haber hecho desde el mismo instante en el que le habían proclamado injustamente Guerrero del Dragón.

—¿Qué hacemos ahora que el panda se ha ido, Maestro? ¿Quién será el Guerrero del Dragón?

—Sigamos entrenando y confiando que, con el tiempo, el verdadero Guerrero del Dragón sea elegido —respondió este con renovadas confianzas.

Pero a Tigresa esas palabras no la hicieron sentir mejor. El panda se había ido, que era lo que ella quería, pero la idea de poder ser elegida después de haber sido elegido él no le hacía ni pizca de gracia. Sería el segundo plato. Ese título no tendría tanto valor como podría haberlo tenido antes.

Pero para sorpresa de todos, el panda no había renunciado. Se encontraba intentando hacer una complicadísima apertura lateral en medio del patio. Intentándolo, que no consiguiéndolo. Grulla se vio obligado a ayudarlo, pues se había quedado atascado.

El Maestro Shifu se rió de él y de su patético intento, lanzando dos tablas de madera al aire para demostrarle cómo lo hacía una verdadera experta. Tigresa se puso en posición, y, cuando Shifu chasqueó los dedos, pegó un salto, realizando la apertura lateral en el aire para romper ambas tablas. Cuando cayó al suelo, agazapada, lo miró de reojo, dándose cuenta de cómo la observaba. Parecía a punto de babear.

¿Qué demonios mira con esa sonrisa bobalicona?, pensó la felina.

Esa tarde, como la anterior, también fue desastrosa. Po recibió todo tipo de golpes, y aun así, continuó levantándose. Eran claras las intenciones de Shifu: quería deshacerse de él a toda costa, y en un intento desesperado por hacerlo, lo lanzó escaleras abajo.

Esa noche, Mantis y Víbora se apiadaron del desgraciado panda, llevándolo a su habitación para darle una sesión de acupuntura. Los gritos se escuchaban desde el fondo del pasillo cuando Tigresa entró en él después de haberse dado un baño. La voz de Víbora resonó en la cabeza de la felina.

—Según la leyenda, hubo un tiempo en el que el Maestro Shifu incluso solía sonreír.

—No —soltó Po, sin poder creérselo.

—Sí, pero eso fue antes...

—¿Antes de qué? —preguntó el panda.

Tigresa no pudo resistirse, y abrió de golpe ambas puertas, sorprendiendo a todos los presentes en el dormitorio.

—Antes de Tai Lung.

La silueta de Grulla se vislumbró a través del tatami. Su habitación era la contigua a la del panda.

—Sí, aunque creo que no debemos hablar de él —dijo, intentando parar a Tigresa, que parecía decidida a contar toda la verdad acerca de Shifu.

—Bueno, ya que se quedará aquí, tendría que saberlo —habló esta, con cierto desprecio en la voz.

Po interrumpió la conversación de los Maestros, aclarando que sabía perfectamente quién era Tai Lung. Su padre le había hablado de él después de que pronunciara su nombre el día que vio por primera vez a Tigresa, y más tarde, había recopilado información, buscando en toda clase de libros. Le fascinaba el Kung Fu y toda su historia. Y aunque Tigresa no lo sabía, el amor de Po por las artes marciales se lo había dado ella. El panda empezó a apreciar la belleza del Kung Fu cuando la vio pelear por primera vez en uno de los torneos que había ganado. Desde ese día, quiso saber más sobre esos difíciles movimientos que la pequeña había realizado para derrotar a su rival.

Tigresa se acercó a él con una ceja arqueada. Le sorprendía que estuviera tan informado sobre el tema, pero aun así le faltaba mucho por saber. El oso fue bajando el tono y entusiasmo de su voz a medida que Tigresa se aproximaba, y cuando por fin guardó silencio, la felina comenzó la historia de Tai Lung. No se dejó nada. Le contó desde que Shifu lo encontró abandonado en la puerta del Palacio hasta el trágico final, donde el Valle quedó destrozado y Shifu fue incapaz de detener a su propio hijo.

—Shifu amaba a Tai Lung como jamás había amado a nadie. A nadie...—dijo para terminar su relato. Sin darse cuenta, su expresión se había transformado en un semblante triste. — Y ahora que podía reparar su equivocación entrenando al verdadero Guerrero del Dragón, tiene que cargar contigo, un panda gordinflón incapaz de tomarse nada en serio.

El panda bajó la mirada. Parecía triste. Seguramente con sus palabras había conseguido el efecto deseado.

Espontáneamente, Po deformó su cara en una mueca burlona. Tigresa no se lo podía creer. Acababa de contarle la trágica historia de Shifu, y había resumido la suya en apenas una línea, y él, en vez de sentirse mal, le hacía burla.

La ira de Tigresa surgió de la nada. Estaba harta de él. Levantó la garra, sacando las uñas y se lanzó hacia él.

—¡No lo aguanto!

—¡Quieta! —gritó Mantis justo a tiempo, subiéndose en la cara de Po —. ¡Culpa mía! Creo que le he pinzado el nervio facial. —Po cayó al suelo inmóvil y con un tic en el ojo. Su espalda estaba llena de agujas. —Y a lo mejor, también le he parado el corazón...—añadió, tocándole la cara, con nerviosismo.

Tigresa salió del cuarto de inmediato, pegando un portazo, y se metió en el suyo, que estaba justo en frente. Empezó a dar vueltas por su cuarto como un león enjaulado, o en este caso, como un tigre. Tenía demasiada rabia contenida. Todo lo que había pasado en tan poco tiempo la estaba superando hasta tal punto que había estado a punto de atacar al panda.

En una de las miles de vueltas que dio intentando tranquilizarse, tropezó con una bolsa que sobresalía de debajo de la mesa, y montones de fichas de madera se desparramaron por el suelo. Tigresa se agachó para coger unas cuantas y se preparó para tirarlas contra el tatami, pero antes de que pudiera hacerlo, las oyó crujir y volvió a abrir la mano. En ella sólo quedaban los restos de lo que habían sido tres fichas. Permaneció mirándolas unos segundos y suspiró, dejándose caer de rodillas al lado de la mesa. Apoyó los brazos y la cabeza en ella mientras sentía que sus ojos se humedecían una vez más.

Tantos años entrenando, para que llegue un estúpido panda y me haga perder el control...

Sintió algo tocándole el hombro, pero no se molestó en levantar la mirada. Supo enseguida quién era. Lo único que la extrañó fue el sigilo con el que había entrado.

—¿Tigresa, estás bien? —preguntó Víbora, muy preocupada.

—No —respondió de forma franca. La serpiente pudo notar su voz rota.

Víbora pensó muy bien lo que iba a decir a continuación. Sabía que Tigresa necesitaba tiempo, pero ella no quería ver a su mejor amiga en esas condiciones. Debía abordar el tema de una vez por todas.

—Sé que el Pergamino era muy importante para ti, pero si no te fue concedido será porque las cosas debían suceder de otro modo.

—¿Pero por qué a él, Víbora? Es un inútil. No tiene ni idea de Kung Fu —masculló Tigresa llena de amargura —. ¿Por qué él cuando yo me he llevado toda la vida preparándome para ser la Guerrera del Dragón? Si al menos hubierais sido alguno de vosotros...

—Pero ese pobre chico no tiene la culpa. No tienes por qué ponerte tan agresiva con él. Está metido en un problema, como lo estamos nosotros.

—Pues que se largue —volvió ella a la carga de forma testaruda —. No merece estar aquí.

Víbora suspiró. No habría manera de convencerla por ese camino. Debería intentarlo de otro modo.

—Tigresa, tú vales mucho. Lo sabes. Eres la mejor de todos nosotros, la que tiene más nivel. No tienes que demostrarle nada al Maestro Shifu. Él ya sabe lo grande que eres, y si no lo quiere ver, no es tu culpa. Cuando llegue el momento, se dará cuenta. Por el momento, sólo queda esperar.

Tigresa por fin levantó la cabeza de la mesa. Sus ojos estaban más rojos que de costumbre, pero sus mejillas no estaban mojadas. Típico de Tigresa, pensó Víbora. Siempre haciéndose la fuerte. Siempre intentando retener las lágrimas.

—Tú no puedes entenderlo, Víbora, porque tú siempre has tenido una familia. Desde el día en que naciste, has tenido un padre y una madre que te han querido, pero yo no he tenido nada de eso, ni siquiera cuando fui adoptada, y cuando por fin creía que lo iba a tener...ha tenido que llegar ese...panda a arruinarlo todo. ¡Mira esto! —dijo, mostrándole las fichas destrozadas que aún conservaba en la mano —. ¡Hacía años que no me pasaba!

Víbora observó las fichas. Al parecer, no habría forma de hacerle ver que Po no era culpable de nada. Había sido cosa del destino, no de él. Pero Tigresa estaba cegada por la rabia.

—Sabes que conseguir el Pergamino no te hubiera asegurado el reconocimiento de Shifu, ¿verdad?

La felina estuvo a punto de contestar, pero se mantuvo en silencio, afirmando lo que ambas sabían. Desde pequeña, la Maestra Tigresa se había empeñado en conseguir un título que para ella sólo significaría estar más cerca de su padre adoptivo, pero había sido consciente en todo momento que podía caber la posibilidad de que Shifu no cambiara de actitud aunque ella fuera nombrada Guerrera del Dragón.

Detrás de la puerta de la habitación de Tigresa, Po terminaba de escuchar las últimas palabras de las amigas entristecido. Se había dirigido al cuarto, dispuesto a pedir disculpas por su comportamiento, a pesar de que este no había sido intencionado, pero cuando se había dispuesto a llamar a la puerta, había escuchado las palabras de una dolida Maestra.

Con un gran sentimiento de culpa, se alejó de allí, dirigiéndose a la cocina para ser de utilidad en algo y preparar los riquísimos fideos de su padre.

Continuará...


¡Hola a todos! ¿Qué tal?

He aprovechado un ratito que tenía para actualizar. Tenía que descansar de tanto estudio, estoy agotada...En fin, este capítulo a lo mejor ha podido pareceros un poco aburrido, pues hay varias escenas de la primera película, pero bueno, es un tramo que hay que pasar. El siguiente capítulo también contendrá spoilers, pero en quinto será totalmente mío. ^^

Gracias a todos por vuestro entusiasmo. Espero no decepcionaros. Sé que estos capítulos no son nada del otro mundo, pero os prometo que a partir del capítulo cinco todo cambiará.

¡Hasta la próxima semana!

Pétalo-VJ