se trataba del castillo de su hermano, la fortaleza familiar, la casa que había sido suya desde pequeño. Y aunque la relación con Hoster nunca fue la deseada, los muros le traían malos recuerdos y nunca pudo considerar Aguasdulces su hogar, debía defenderla. Era su deber como Tully. Edmure estaba prisionero de los Frey y su hermano mayor yacía tragado por el río. Tenía que permanecer firme dentro del bastión, costase lo que costase.

El Matarreyes no entendía de honor, por eso le pedía entregar su casa a quienes los habían deshonrado y traicionado. ¿Qué honor era el que predicaba aquel Ser, que echó por tierra su juramento asesinando al monarca que prometió proteger? Brynden lo sabía, ninguno. Pero él sí tenía honor, lo demostraría. Daría a los infelices que traicionaron al rey en el norte y a su señor feudal una lección al resistir.

Sin embargo, cuando Edmure su sobrino, llegó por la noche limpio pero débil, pidiéndole que rindiera el castillo por el bienestar de su hijo pequeño y por el suyo propio, supo, mirando esos ojos azules tan parecidos a los de su hermano, que había algo más importante que el deber y el honor. La familia.