ACÁ EMPIEZA LA 2da HISTORIA.

Desde que Castle le había propuesto escaparse un fin de semana a su casa de los Hamptons, Kate parecía un poco distante. No todo el tiempo, pero el suficiente para que él notara algo raro. En la superficie, todo parecía estar bien, ella no había cambiado su forma de ser con él, pero de vez en cuando, la encontraba sumida en sus pensamientos. No es que eso fuera algo raro, lo raro era que siempre que le preguntaba qué era lo que le sucedía ella decía que nada y cambiaba de tema.

El comportamiento de Kate siguió y a medida que se acercaba el fin de semana, parecía empeorar. Castle estaba seguro de que algo no le estaba diciendo, de que algo pasaba, pero a pesar de sus varios intentos por tocar el tema, no había podido sacarle nada.

Se les había presentado un caso difícil que los dejaba sin energías de nada. Así que cuando volvían de trabajar, ya fuera en el apartamento de uno u otro o por separado, terminaban completamente rendidos en la cama. Durante esos días casi no tocaron el tema pero Castle no podía sacárselo de la cabeza.

Cuando terminaron el caso, ya solo faltaban unos días para el fin de semana. Castle estaba muy entusiasmado. En cambio, Kate, que si bien le había dicho que si sin dudar, ahora no parecía muy motivada con los planes que él le planteaba.

Cuando salieron de la comisaría, Castle le propuso quedarse en casa de ella y Kate no tuvo problema. No lo había hecho al azar, tenía un plan, hoy tendría que hacerla hablar, ya fuera por las buenas… o por las malas.

Llegaron al apartamento y Kate fue directamente a su habitación. Dejó su arma, su placa y las esposas en el cajón de la mesa de noche. Castle la siguió en silencio y cuando ella se metió al baño aprovechó la oportunidad. 'Solo por las dudas', pensó.

Kate salió del baño y se dirigió a la sala en donde Castle la esperaba con expresión seria, sentado en el sofá. Cuando la vio, se puso de pie.

- Ahora, tú y yo, vamos a hablar. – le dijo aproximándose a ella. Kate lo miró extrañada.

- ¿De qué quieres hablar?

- De lo que no me dices. – Se detuvo a un metro de ella. En ningún momento dejó de mirarla y mantenía su expresión seria.

- No hay nada que decir, no pasa nada.

- Kate, no soy tonto, me doy cuenta de que algo te pasa desde que te dije lo del viaje. ¿No quieres ir? ¿Es eso?

- ¡Si piensas eso sí eres un tonto! – le dijo levantando la voz, a la defensiva.

- Entonces dime porque te comportas así. – él no levantó el tono, se mantenía calmado, tenía que mantenerse en control, lo necesitaba. Sin embargo, dio un paso hacia ella haciéndola retroceder. – ¿Qué es lo que no me dices? ¿Por qué te cierras? – otro paso más.

- Yo… ¡Yo no me cierro! ¿Por qué no me dices que más planeaste para el viaje?

- No cambies de tema, Kate. ¿En qué piensas cuando te abstraes? – otro paso más.

- Ya te dije que no pienso en nada. Rick, por favor, deja de insistir eso. – su voz sonaba fuerte, pero había algo en sus ojos, en su expresión que le decían otra cosa.

- Bien… te di la oportunidad y la desaprovecharse. Ahora atente a las consecuencias. – Castle la tomó de la muñeca y Kate lo miró sin entender que pasaba. Cuando bajó la vista no pudo creer lo que veía, Castle no la estaba sujetando, le había esposado la muñeca derecha. Sin darle tiempo a nada, la rodeó con los brazos evitando que ella pudiera levantar los suyos, la levantó del suelo y la llevó hasta la habitación donde la tiró encima de la cama. Kate quiso levantarse pero él rápidamente se le puso encima y la tomó de la muñeca para esposársela a la cabecera de la cama.

- ¡Castle, sácame esto! – le gritó mientras trataba de sacárselo de encima. Trataba, porque había que reconocer que era más corpulento y más fuerte que ella cuando quería. En una pelea cuerpo a cuerpo probablemente podría ganarle pero no así.

- No te soltaré hasta que hables, hasta que me digas todo lo que pasa por esa terca cabeza. – le dijo él sonriendo maliciosamente mientras le sujetaba el brazo libre y aplicando todo el peso de su cuerpo contra ella buscando que se calmara.

- No pasa nada, Rick, suéltame… – le dijo con voz más débil. Se calmó y relajó el cuerpo pero era como un gato esperando su oportunidad para atrapar a su presa. Había rabia en sus ojos, esperaba que la soltara para hacerle pagar por esto.

- Vamos a jugar a un juego, Kate. – le dijo él levantándose para sacarse el saco y los zapatos. Después se acercó cuidadosamente a sus pies y empezó a sacarle las botas cuidándose de que a ella no se le ocurriera darle una patada.

- ¿Un… juego? – le preguntó seria, disimulando la curiosidad. Castle sonrió de nuevo mientras terminaba de sacarle las medias. Cuando lo hizo volvió a sentarse encima de sus piernas.

- El juego consiste en que haré lo que quiera contigo hasta que decidas hablar. No de cualquier cosa, de cosas importantes…

- ¿Cómo qué? – quiso saber.

- Como… que es lo que te pasa últimamente. Quiero que me digas tus deseos más profundos, qué sientes cuando te toco… - le dijo suavemente mientras le metía la mano por debajo de la camisa acariciando su estómago. En ningún momento le sacó los ojos de encima, viendo cómo reaccionaba. Kate le mantuvo la mirada firme pero su estómago se puso tenso y sus labios se abrieron casi imperceptiblemente. - ¿Ves? Dime qué sientes… - Su tono de voz era suave, sugestivo, seductor, firme y demandante.

- No siento nada. – le contestó ella.

- No me mientas, Kate. – volvió a acariciar su estómago un poco más arriba. Ella ni siquiera pestañeó pero él vio algo que le hizo sonreír satisfecho.

- ¿Cómo sabes que si miento o no? – le preguntó acusadoramente.

- Si te lo digo no tendría gracia. Comencemos el juego. – Castle le desabrochó la camisa y cuando estaba por acercarse a su pecho rápidamente se apartó para esquivar su mano. – Cuidado con las uñas, amor. – le dijo burlándose. Kate le mantenía una mirada furtiva. Le sujetó la muñeca contra la cama y volvió a acercársele. Comenzó besándola a la altura de la cicatriz y fue recorriéndole de a poco el contorno del sujetador, subiendo hasta cerca de su cuello y luego bajando hasta su estómago, tomándose su tiempo para recorrer sus costados, jugar con la lengua en su ombligo, haciéndola estremecer con cada beso, con cada roce. Ella tenía los ojos cerrados y se mordía el labio con fuerza, apenas respiraba. – Dime lo que piensas… – le pidió y siguió besándola.

- No pienso… nada. – le dijo aparentando disgusto. Castle sonrió para sí y le rozó el vientre con los dientes. Kate soltó un suave gemido.

Llegó a su pantalón y se incorporó. Muy lentamente empezó a abrírselo mientras la miraba. Al sentir su tacto, ella abrió los ojos y lo miró, y luego dirigió la mirada a sus manos. Sus ojos eran una mezcla de lujuria contenida e incertidumbre. Él se levantó y tiró del otro extremo del pantalón para sacándoselos. Luego le sujetó las piernas y empezó a besarla desde los pies, besándole la planta, chupándole cada uno de los dedos, y luego subiendo lenta y tortuosamente por sus piernas.

- Cuéntame tus deseos… - le dijo mientras seguía recorriendo su pierna.

- Yo no… - empezó diciendo pero apenas podía hablar. Tenía de nuevo los ojos cerrados y la mano que tenía libre ahora la tenía sobre la cara, tapándose los ojos.

- Dime lo que pasa por tu mente… - llegó a la parte interna del muslo donde pasó de besarla a lamerle desde abajo hasta casi su entrepierna. Kate apretó los labios pero le fue imposible contener un gemido. Todo su cuerpo temblaba. – Ábreme tu alma… - Castle subió sus manos por sus piernas hasta llegar a su trasero apretándolo, acariciándolo.

- Yo… - dijo en un gruñido, su respiración se aceleraba cada vez más. Había sacado la mano de su cara y ahora se agarraba a las sábanas, tenía los labios casi blancos por la fuerza con que se mordía.

Castle subió hasta su cuello y empezó a besarlo intensamente, chupándoselo, mordisqueándolo, mientras que una de sus manos se dirigió hasta su entrepierna y empezó a rozarla por arriba de la tela. La respiración de Kate se fue haciendo cada vez más entrecortada y empezó a suspirar audiblemente, su cuerpo poco a poco iba perdiendo el control, estremeciéndose cada vez más. Estaba volviéndola loca, sentía tanto calor, transpiraba, era incapaz de controlarse, estrujaba la sábana y la estiraba. Estaba cerca del orgasmo… ya casi… tan cerca… Y entonces…

Castle se detuvo repentinamente y se levantó de la cama.

- Veo… - dijo simplemente y le dio la espalda para salir de la habitación.

J l = ` gn:justify;text-justify:inter-ideograph; text-indent:14.2pt'- Ahora me toca a mí… Zapatos y medias van juntas. – Bajó por su cuerpo y llegó hasta sus pies para sacárselos. Después volvió a donde estaba. – Esto se pone interesante... – le dijo cerca de su boca. Castle hizo un intento por besarla pero ella se apartó. – No tan rápido. Seguimos… - Kate se concentró en sus pectorales, besándolos, apretándolos, acariciándolos, 30 segundos. Castle soltó el aire que había estado aguantando. – Bien, dime.

- El sujetador. – Kate lo miró sugestivamente. Se sacó primero un bretel, luego el otro, lentamente viendo como él no le sacaba la vista a cada uno de sus movimientos. Se lo soltó atrás. – Yo te lo saco. – le dijo él repentinamente. Kate lo pensó unos segundos y volvió a inclinarse hacia él. Castle lo agarró con la boca presionando más de lo necesario, y ella lo sabía pero él no era el único que se estaba quemando por dentro. Tiró de él mientras ella se incorporaba y luego lo dejó a un costado. Castle cerró fuerte los ojos un momento, necesitaba calmarse o no llegaría.

- ¿Seguimos? – le preguntó ella cerca de su oído viendo que mantenía los ojos cerrados. Castle abrió los ojos y asintió. – Así me gusta… - Kate bajó por el torso de él y besó, lamió y acarició su estómago, bajando peligrosamente a la cintura del pantalón. Castle se mordió la lengua y apretó los labios para aguantar. 30 segundos. – ¿Así que quieres jugar rudo? Elige. – Castle respiró hondo y suspiró.

- Las medias. – Le dijo inflando el pecho orgulloso. A ella solo le quedaba una prenda y a él dos, solo tenía que aguantar un poco más. Kate volvió a recostarse a su lado y deslizó lentamente las medias por sus piernas mientras le mantenía la mirada. Luego volvió a acomodarse sobre él pero sin apoyarme.

- Estas muy cerca del premio. – Le dijo rozando sus labios. Se acercó a su oreja y jugó con su lóbulo, chupándolo, lamiéndolo, mordiéndolo. Castle aguantó el dulce tormento pensando en que muy pronto podría hacerla suya, faltaba poco. Pero ella no se daría por vencida tan fácilmente. Bajó su mano hasta su entrepierna y le acarició la parte interna del muslo. Él estaba tan excitado que el simple roce hizo que todo su cuerpo temblara.

- ¡Oh, dios…! – gritó sin poder contenerse. – Eso no vale. – se quejó. El pulso le latía sin control.

- Mmmm… me toca elegir. Me muero por un beso, ¿tú no?

- Si, mucho. Elige el beso.

- Mmmm… no, no, no. Prefiero los pantalones. – Se los sacó y siguió. – Parece que estamos empatados. Muerte súbita. ¿Listo? – Castle golpeó la cabeza contra el colchón para concentrarse, y luego asintió. Kate sonrió y bajó hasta sus piernas y se acercó lentamente a la parte interna de sus muslos. Castle levantó la cabeza para ver lo que hacía y luego la bajó resignado. Ella le lamió el muslo ávidamente.

- ¡Ah, mierda, no puedo! – dijo en un fuerte gemido. Kate se reincorporó para mirarlo.

- Gano de nuevo. Elijo los bóxers. – le dijo mientras le daba un beso en la comisura de los labios. Se los sacó y pudo ver su marcada erección, que era obra suya y no pudo evitar lamerse los labios. – Vamos, chico escritor, ¿dónde está ese control que tenías hoy? – le dijo provocándole.

- Soy hombre escritor. – le dijo mirándola fijamente.

- Entonces demuéstralo. – lo retó. Kate bajó esta vez hasta sus pies y comenzó a subir besando y acariciando una de sus piernas hasta llegar al muslo. Castle apretó las sábanas y tiró de las esposas casi hasta el punto de hacerle doler. Estaba a punto de sucumbir y entonces... Kate volvió a sentarse sobre él y se recostó sobre él apoyándose completamente, piel contra piel.

- 30 segundos. – le dijo haciendo que él abriera los ojos. – Tú elijes.

- ¿En serio lo preguntas? – Kate le sonrió provocativamente. Se movió para sacarse la última prenda que le quedaba. – Suéltame las sábanas. – Le dijo ansioso. Ella obedeció pero se tomó su tiempo. Como ella nuevamente estaba recostada sobre él, Castle no perdió la oportunidad. Levantó la cabeza y le besó uno de los pechos. Esta vez fue Kate la que tuvo que controlarse pero él no le dio tregua, le haría pagar su jueguito. Castle le succionó uno de los pezones haciéndole estremecer al punto que tuvo que dejar lo que estaba haciendo para sostenerse.

- Deja eso si quieres que te desate. – le advirtió.

- ¿Dónde está su control, detective? – le preguntó socarronamente. Kate se maldijo por dentro mientras lo terminaba de desatar. Cuando estuvo libre, Castle se sentó y le pasó ambos brazos por arriba de la cabeza y por los costados a ella para abrazarla y acariciarle la espalda. Kate se estremeció al sentir las frías esposas tocando la parte baja de su espalda.

- ¿No te molestan las esposas? Puedo sacártelas.

- ¿Y perderme el intercambio de roles? Ni soñando. – Le dijo y sin darle oportunidad de nada la besó apasionadamente, con hambre, como si hubiese pasado toda una vida sin hacerlo, explorando cada rincón y ella le respondió con el mismo fuego, ambos se devoraban en ese beso que tanto habían esperado. Castle le mordió esos labios carnosos que le hacían perder la razón, le exploró ávidamente con su lengua mientras la besaba hasta no poder más. Cuando la necesidad de aire fue mayor que su sed por el otro se separaron mirándose con ojos cargados de deseo contenido hasta ese momento y que ahora salía por cada poro de sus cuerpos.

Todavía sin aliento, Castle fue por su cuello, lo besó y lamió mientras acariciaba su espalda presionándola contra él, intensificando el contacto de sus cuerpos. Kate podía sentir su erección bajo su peso quemándola de deseo. Castle fue bajando por su cuerpo hasta llegar a sus pechos para besarlos, primero con urgencia, luego deteniéndose en su pezones que estaban duros de la excitación. Kate se había recostado hacia atrás para permitirle el acceso y gemía y suspiraba totalmente perdida en sus caricias. Castle se separó y ella se incorporó para besarlo con vehemencia mientras él presionaba sus glúteos contra él sintiendo el tortuoso roce que enviaba oleadas de placer a sus cuerpos.

- Mmm… - gimió Kate, mordiéndose el labio ahogando un grito. – Castle… te necesito… - empezó diciendo entrecortadamente.

- Me vuelves loco. – le confesó dentro de su boca. – No puedo…

- Te necesito ahora. – Castle la acomodó encima de él haciéndola suya como otras veces y a la vez como nunca antes lo había hecho. – Si, así Castle. – le susurró mientras él empezaba a moverse dentro suyo. Al principio lo hizo despacio porque ambos estaban tan al límite que cualquier movimiento los haría perder el control completamente. – Un poco más... – le rogó entre suspiros.

- No creo que pueda…

- Solo un poco más… - le repitió. Kate empezó a moverme arriba de él acompañándolo y profundizando el contacto. De a poco, ambos fueron aumentando el ritmo hasta que Castle no pudo más y sintió como todo su cuerpo explotaba y cuando ella lo sintió llegó al orgasmo haciéndola estremecer violentamente, clavándole las uñas en la espalda.

Ambos se quedaron inicialmente en la misma posición mientras calmaban sus respiraciones.

- Creo que podría acostumbrarme… a estas… reconciliaciones. – le dijo él todavía agitado.

- La próxima vez que te portes así… voy a esposarte…

- Eso me gusta…

- Desnudo… - le dijo acercándose a su boca.

- Mucho mejor… - él se acercó a ella.

- ¡En el barandal de una plaza!