Capítulo 3: Al fin

¿No lograron que confesasen? -preguntó el ministro de magia, quien precedía una reunión de emergencia. Inefables y aurores estaban allí. Refus Scrimagerun miró a Alexander Kashinau con enfado.

Tienen la memoria borrada. -dijo el inefable.

Pues rompan el encantamiento. -dijo Sirius Black.

No es tan sencillo. No es muy parecido romper un encantamiento de una bóveda a romper un hechizo potenciado con magia negra. -respondió César Lecter con mal carácter. Desde Sydney, el auror estaba inaguantable con él.

Me metí en su mente y lo único que obtuve fueron esas dos imágenes. Parecen una mezcla de diferentes lugares... -dijo Hermione Granger, intentando interrumpir la pelea.

¿Los descifraron?

No -dijo el jefe de inefables con molestia.- Y antes que lo sugieras, el veritaserum no sirve con ellos.

¿Cómo? -preguntó Harry Potter confundido.

Voldemort tuvo la gentileza de inmunizar a sus mortifagos a los venenos. No por caridad, obviamente creía que era una muerta digna y menos dolorosa que en sus manos... -Algunos aurores se miraron espantados, sin embargo Sirius Black le sorprendió de la calma de Hermione Granger ante la información.

Sigan trabajando en ello...Necesitamos una pista de que sucederá o quien dirige todo esto. -dijo el ministro.- Por cierto Alex, espero que le des una buena oficina a la chica.- sonrió en dirección a Hermione. Sirius y Harry se miraron sorprendidos.

¿Oficina? -preguntaron a la vez.

Accedí a trabajar en inefables... En investigación.- dijo Hermione. Sirius y Harry la felicitaron a la vez, mientras, del otro lado de la puerta, César Lecter la felicitaba en silencio por la buena actuación.

00000000000

¿Saldrás de nuevo? -preguntó la monótona voz del conde de Granger.

Si, iré a Londres a comprar unas cosas para la fiesta.

¿Qué fiesta? -preguntó el hombre sorprendido. No recordaba haber visto ninguna invitación.

La que haré en honor a la libertad de nuestra hija. -sonrió la mujer. Lo abrazó por el cuello y le dio un delicado beso en los labios.- Por fin se ha separado de ese insulto a... -¨su sangre¨ pensó, sin embargo se corrigió rápidamente.- al buen gusto -sonrió con picardía. Su marido seguía con el rictus serio. Sin embargo sonrió en una mueca y le acarició las mejillas. La mujer intensificó su sonrisa y lo volvió a besar.

Vuelve temprano, usa el helicóptero -sugirió. No solía ser muy intuitivo, pero en ese momento sintió como si una oleada de sobreprotección y celos hubiesen entrado a él.- Cualquier problema que tengas, no dudes en ir a Kent Street. -Le dio un beso en la frente antes de regresar a sus papeles. Irina sonrió embobada por un momento, antes de figurarse el tono posesivo que había usado con ella y el hecho que conocía su refugio de Kent Street.

0000000000

¿Mamá? -preguntó Hermione Granger al ver una figura de pie en la chimenea. Físicamente era su madre; pero era imposible. Lucía más joven, aproximadamente de veinte años y usaba una ceñida ¿túnica? De color negro con bordados azafrán.

La mujer parecía no verla, de hecho empezó a caminar y la traspasó, como si fuese un fantasma. Se dio vuelta y miró donde estaba.

Era una enorme sala, cubierta de libros excepto la pared con orientación sur que daba a un extenso parque, al parecer encima de una colina desde donde se observa un poblado pequeño.

La habitación estaba vacía. Su madre se sentó en una butaca y suspiró enfadada al tiempo que sacaba un reloj de plata con múltiples manecillas:

L. L. decía una de las manecillas, que figuraba en un minúsculo dibujo de una casa de aspecto sombrío de altos techos negros.

L.E., la otra manecilla, en cambio figuraba en... ¿marca tenebrosa?

Hermione gimió espantada. Su madre acababa de estirar su brazo y la manga de la túnica se corrió, revelando la marca tenebrosa en su antebrazo.

Hermione miró a su madre con horror, antes de ver como la mujer sonreía con una mueca maligna y miraba a un gato negro que acababa de pasar por allí. Se paró y con un rápido movimiento gritó:

¡Crucio!

Parecía divertida al ver el aullido de dolor del animalito que se retorcía. Hermione gritó que parase, pero su madre no la escuchaba.

De repente, el gatito negro saltó con una ferocidad inusitada y arañó el rostro de Irina. Se alejo unos metros y el gato cambió a la forma de una chica, joven y pelirroja.

Con los ojos verdes de Harry.

Lily...Gracias por la delicadeza de arañarme la cara. -dijo Irina mientras se sentaba en el sillón como si nada. Su piel pareció absorber rápidamente los arañazos sin dejar marca de nada.

Te la merecías, primita. -sonrió con falsa dulzura... Fría y calculadora. Harry no era así.

¿Llegó o me hará perder mi tiempo?

Pensé que te había enseñado la lección, Irina. -dijo la voz de un hombre que acababa de llegar por la chimenea. Vestía una túnica de terciopelo y un abrigo de armiño... Su cabello negro y corto estaba peinado con gomina y sus ojos azules transmitían frío.- ¿Muy apurada por reunirte con tu amante?-dijo el hombre con desprecio.

El mismo apuro que tú en correr a las piernas de Bella. -respondió Irina. El hombre levantó su varita con gesto amenazante, sin embargo la bajó cuando un mago que vestía una túnica negra sencilla apareció detrás de su madre y puso su mano en el hombro.

Haya paz.

Por supuesto, mí lord. -dijo el hombre.

Me alegro que hayan podido venir... Tengo los planos de Gringrotts.

Inefables custodian el callejón en general, los duendes no los dejaron entrar al banco...- dijo Irina. Hermione la miró con curiosidad, ¿Cómo es que sabía de inefables?

La Orden aún se está recuperando del ataque de Liverpool.-sonrió Lily con descaro.- Mi querido marido. -Irina contuvo una carcajada y Voldemort sonrió al verla.- Aún no me confesa que lo intentaron reclutar para inefables.

Black aceptó. -dijo Irina con la mirada gacha.

¿Padre o hijo? -preguntó Voldemort.

Antares sólo se dedica a hacer inversiones; trató con Kashinau por unas licitaciones. Sirius creo que se unirá al campo activo.-

Te pediría que lo espiases si no resultase tan llamativo.-dijo Voldemort. Hermione temblaba cada vez que hablaba.

Todo por culpa de esa Skeeter. -dijo Irina con asco. El hombre de ojos fríos sonrió de lado, sin que el mago oscuro se diese cuenta.- No puedo salir a ninguna parte sin que me digan que rompí a la ¨ perfecta familia Black ¨ o que la pobre Walburga llora por los rincones por mi culpa...

César, me alegro que llegases chico...- dijo Voldemort con ¨alegría¨ recibiendo al recién aparecido César Lecter. El inefable era joven y estaba vestido con elegancia y rectitud. Irina saludó con un movimiento de cabeza y Lily simplemente lo ignoró.

Copia de los archivos de inteligencia que pediste -dijo sacando una carpeta de su túnica y entregándosela. EL mago sonrió, mostrando una dentadura perfecta.- Y le saqué las fotos a Rita Skeeter. No tendrás más problemas que unas cuantas calumnias. -dijo dándoselas a Irina. La bruja sonrió agradecida y lo abrazó.

Tengo que chantajearla... -Voldemort lo negó rápidamente.

No, seguirás en tu papel de novia recatada y perdidamente enamorada de Antares. Cuando te pida matrimonio, aceptarás.

Marcius Lefey sintió una voz en su cabeza que susurró: ¿Estás dispuesto a sacrificarla por un mestizo?

Hermione miró asqueada como su madre asentía y sonreía, conforme con su misión. Sin embargo, captó la mirada preocupada de César y la confundida de Lily Evans.

Hermione se levantó confundida y bañada en sudor. Miró para todos lados antes de enterarse que estaba en su departamento, en su enorme cama y sola.

Miró una foto en la mesita de luz... Los ojos de Harry nunca habían sido tan fríos como los de Lily Evans.

¿Lily Evans mortífaga? – sonó en su cabeza, como si fuese una alarma. Era imposible. La madre de Harry era muggle; por eso Harry era mestizo, ¿no?

Se miró en el espejo de su armario. Su cabello estaba ondulado, parecía el de su madre. Sus ojos tenían el mismo brillo de determinación, sin embargo no eran azules como los de ella... ¿Por qué estaba pensando en su madre y consideraba la idea que fuese mortífaga?

Era una idiotez, sólo una pesadilla... Muy real.

0000000000

Entro al departamento de misterios. Todo era silencio, el enorme hall lleno de puertas que se movían era intimidante, sin embargo caminó con decisión a la última puerta y golpeó tres veces. Desapareció para volver a aparecer del otro lado de la puerta, en el corredor de las oficinas de inteligencia.

Caminó todo el pasillo y llegó a su despacho; donde César Lecter la esperaba.

Hola. -dijo Hermione colgando su abrigo en un perchero.

Hola, Por favor cierra la puerta. -pidió el hombre con voz, grave, sin mirarla en ningún momento directamente a los ojos. Hermione obedeció preocupada.

¿Sucede algo?-

Tengo tus resultados de aptitud física. -dijo el hombre extendiéndole un sobre.

¿Pasa algo? ¿estoy enferma? -preguntó preocupada.

Hermione, tranquila, no estás enferma. -sonrió de lado.- Pero preferirías estarlo...-

¿Estoy embarazada? -preguntó más asustada aún, abriendo el sobre con rapidez. El hombre la miró extrañado y rápidamente lo negó.

No...

Me salieron bien los exámenes.

Tu ADN es familiar al de Irina Lefey.

¿Qué? -preguntó confundida. Dejó el sobre en el escritorio y se sentó.- Mi madre se llama así...

Me parece que tienes que saber un par de cosas. -dijo impactado, entendiendo que la chica no sabía de quién le hablaban.- ¿Qué sabes de la primera guerra?

Que Voldemort construyó su ejército basado en las ideas de Salazar Slytherin.

¿Quiénes lo apoyaron? -preguntó, con la mirada perdida en un punto de la pared.

La mayoría de las familias de linaje puro -respondió como si nada, sin ver la relación.

¿Conoces el apellido Lefey?

No -respondió con franqueza.- ¿Eran mortífagos?

Más que eso... -dijo César.- ¿Recuerdas el guardapelo que Regulus Black destruyó pensando que era un horrocrux?- Hermione asintió, recordando el trabajo que les había dado encontrar el verdadero horrocrux.- Contenía cabello de Irina Lefey.-

No entiendo. -dijo más confundida.

Fue la amante de Voldemort, y la estratega de los mortifagos... Tuvo muchos enemigos de los dos bandos y los traicionó a ambos.

¿A quiénes traicionó? -preguntó, sintiendo que había una fuerte conexión con su sueño de anoche.

A Voldemort, principalmente y al padre de Sirius. -dijo César. Hermione lo miró intrigada.

¿Y tú dices que tengo algo que ver con ella?

Tu ADN es positivo con el de ella... comparamos con el cabello guardado en el horrocrux y con los archivos que teníamos de ella del departamento...

¿Fue inefable? -preguntó muy rápido, llamando la atención de César.

Sí. -respondió mirándola directamente a los ojos.– Queremos hacerte unas pruebas y también a tus padres.

Son muggles. -dijo Hermione, como descartándolos.

Los Lefey no se hubiesen juntado con muggles y tu eres Lefey... Quizá estemos en lo correcto o nos estamos equivocando; pero es importante analizar el caso.

¿Por qué? -preguntó confundida.- No soy esa mujer, probablemente los exámenes estén mal hechos y sea un error...

Yo mismo los hice. -cortó César con mal talante.- y de cierta manera, tienes un aire a ella.

No soy muy parecida a mi madre, si a eso te refieres, ésta es. -dijo mostrándole una foto en el celular.

¿Estás segura que no eres adoptada?

No, he visto fotos de mi madre con migo de recién nacida.

Los bebés son muy parecidos de recién nacidos... -dijo el inefable.

No creo que haya dos personas que tengan la misma marca que tengo en la espalda. -dijo desechando la idea.- ¿Tan imposible es que hayan dos personas con el mismo nombre?

Lefey es un apellido que proviene de Morgana... -dijo César. Hermione lo miró sorprendido.- Ella era parecida a Morgana, se disfrazó de ella en una fiesta de Halloween de Hogwarts.- dijo el inefable, perdido en sus recuerdos.- Los Lefey ( le fee es hada en francés) eran inversionistas de Voldemort, sin embargo, tiempo después me enteré, también invirtieron en el ministerio...-decía el hombre.- Siempre...-Hermione no lo dejó continuar, adivinando la frase:

Siempre ponle una vela a dios y otra al diablo. -César la miró y asintió.- La frase de cabecera de mi madre... Creo que yo también tengo inquietud por conocerla...-dijo Hermione, desapareciendo del despacho.

000000000000

¿Hermione? -preguntó el conde de Granger, sorprendido por escuchar a su hija correr por la escalera.

¿Dónde está mamá? -preguntó la chica, con un presentimiento extraño.

Fue a Londres, necesitaba comprar unas cosas... -respondió el hombre, sin comprender.- ¿Sucede algo?

Sí...No... –se contradijo la chica, debatiéndose internamente entre explicarle o no a su padre la verdad.- ¿Tú qué sabes de la familia de mamá?

Murieron cuando era chica. -Hermione recordó al hombre de ojos azules fríos y sintió que eso no era exactamente verídico.- ¿Sucedió algo? -preguntó con una mirada calculadora que a Hermione se le antojó rara... como si ocultase algo.

Prométeme que no dirás nada de lo que te diga...

Lo prometo. -dijo el hombre con seriedad. Entraron a la biblioteca y cerraron la puerta. EL conde de Granger se sentó en un sillón mientras Hermione se sentaba en la butaca.

Encontré un libro de la primera guerra de Voldemort donde aparecía Irina Lefey.

Puede ser un nombre común en tu mundo. -dijo su padre, demasiado rápido a su gusto. Hermione lo miró durante unos minutos antes de chasquear la lengua.

¿Sospechaste algo, cierto?

No sé a... -pero la mirada de su hija lo detuvo y le hizo cambiar de parecer.- Hace un tiempo, me di cuenta de algo extraño... tu madre no se reflejó en el espejo del baño y yo sí...

¿Qué? -preguntó sorprendida.- No es vampiro, eso no es posible. -murmuró.

Y hace unos días, en la cama le vi como la piel del antebrazo se hacía más oscura, una calavera con una serpiente...

Oh por dios. -dijo llevándose las manos a la boca.- Dime que es la primera vez que esto sucede.

Al menos que yo veo esa marca. -reconoció el hombre.- Cuando tú eras pequeña, me acuerdo que sólo con ella te quedabas dormida, era extraño. Cuando no dejabas de llorar, ella te miraba y tú te tranquilizabas. Siempre pudo prever qué harías o que pensabas.

No creo que pensase que era bruja.

Al contrario, me sorprendí cuando te llegó tu carta de Hogwarts y ella dijo en murmullo: al fin.

00000000000

Al fin. -murmuraron los carnosos labios de Irina Lefey. Estaba apoyada contra la baranda de la escalera, su hija corría feliz por el hall de la casa, sosteniendo una carta en mano. Sabía que su hija en el fondo esperaba esa carta, que era la explicación lógica que había buscado durante todos esos años.

¿Sucede algo? -preguntó su marido sorprendiéndola. Irina se dio vuelta y sonrió, como si no sucediese nada.

Veía a Hermione, no entiendo que le sucede. Pero me agrada verla feliz.

A toda madre le gusta que sus hijos sean felices. -respondió el hombre con tono bonachón. Irina lo miró sin sonreír y luego hizo una mueca.

No a la mía. -murmuró antes de darle un beso a su marido y bajar con una sonrisa para ver que le sucedía a su hija.

000000000000

Hermione miró como el sol se escondía detrás de unas colinas. Odiaba como la temperatura caía, odiaba el sentimiento de tristeza que la invadía cada vez que el sol se escondía y odiaba, no saber nada sobre su madre.

Miró a su alrededor. Su padre había salido a caminar. Siempre que estaba estresado o tenía algún problema, caminaba.

Ella, sin embargo había subido al altillo de la enorme casa galesa. Los últimos rayos de sol se colaban por el tragaluz que había en el muro oeste de la habitación, sin embargo necesitaba luz eléctrica para poder ver con certeza las cosas allí guardadas.

Miró su antiguo baúl de Hogwarts. Recordaba haber ido a comprarlo con su madre. De hecho ella se lo había regalado. Era un enorme baúl Louis Vouitton original; cerrado herméticamente y gracias a su magia, con infinito espacio.

Al costado del baúl, había un enorme reloj cucú. Nunca lo había visto funcionar, era grande, de madera oscura y tallada.

Para su sorpresa, cuando lo examinó de cerca, no indicaba la hora. Sino que era un reloj mágico. Como el de los Weasley, pero de mayor calidad.

Hermione Lefey

Irina Lefey

Antares Black

Lily Evans

Lucius Malfoy...

Hermione sintió un escalofrío al ver ese reloj. ¿Hermione Lefey? No podía ser, eso confirmaba sus sospechas sin darle el más mínimo margen de duda a su madre y, tontamente, había guardado esperanzas con ese motivo.

La aguja de Lily Evans estaba clavada, junto con la de Antares Black y junto con la de Irina Lefey en una cruz.

Era imposible ¿Irina Lefey estaba muerta? . ¿Entonces quién era su madre?

Sin embargo, su ritmo cardíaco volvió a su cause cuando vio que su aguja, o la de Hermione Lefey, estaba en una especie de torre o castillo.

¿Hogwarts? No lo parecía...Aunque el dibujo era francamente malo. ¿Cardiff? Quizá, pero la piedra era demasiado clara para pertenecer a la edad que tenía el viejo castillo galés.

Miró el dibujo y sintió como un peso caía en su pecho, retorciéndose internamente.

Estaba abstraída en sus pensamientos, intentando descifrar dónde era ese lugar que no sintió un suave ¨plop¨ que indicaba que alguien acababa de aparecerse.

¿Hermione? -La inefable se dio vuelta y se encontró con el pálido rostro de su madre.

Te estaba esperando. -dijo sacando su varita. Su madre la miró sin entender y dijo:

¿Sucedió algo? ¿Tu padre está bien?-

Si, él está bien... Aunque ahora tampoco estoy segura si él es mi padre o un actor que contrataste para seguir esta charada, Lefey. -Irina la miró y palideció aún más. Su rostro blancuzco parecía el de un fantasma.

Es muy tarde para que te de explicaciones... No me arrepiento de lo que hice, hija. -Sacó su varita negra y la apuntó.- Un día entenderás por que hice todo esto.

¿Por qué te uniste a Voldemort?

No digas ese nombre.

¿Por qué lo obedeciste y sedujiste a Antares Black? ¿Por qué traicionaste al ministerio? ¿Por qué me mentiste por veinte años?

Desmaius. -gritó Irina, que no parecía la misma que hacía unos minutos. Su rostro había endurecido y su mirada refulgía con ira.

Protega, Petrificus Totalus.-

¿Por qué tienes que saber siempre todo? -gritó Irina enfadada.- Hay cosas que son mejores de olvidar.

¿Para que me sigas engañando? ¿Para qué esté en peligro y quieras matarme a mí o a Harry y volver a armar tu escuadrilla de mortífagos, Lefey?

Tuve oportunidades de hacer todo lo que dices, pero sigues aquí y Voldemort perdió... ¿Quién crees que destruyó el Horrocrux de Transilvana?

–¡Contusio!

–¡Diruo!

–¡Ímpetus facere!-

¿Qué pasa aquí? -gritó George Granger, abriendo la puerta de un portazo. Madre e hija lo miraron asustadas. No parecía un muggle en ese momento, parecía una sombra oscura, como un espectro de algo que fue y no volvería a ser más.- Tardé en entenderlo, Irina. Sé por qué hiciste eso y no justifico que pusieses en peligro a nuestra hija. -Irina lo miró asustada, como quien ve un fantasma por primera vez –Sí, a nuestra hija. -Hermione miró a su padre, tenía cierto aspecto delirante, parecía que cada palabra le costase mucho esfuerzo. Un estrépito sacó a las dos mujeres de su asombro, cada quien resignificando las palabras del hombre de una manera diferente.- Adiós Irina... Hermione, perdóname todo lo que hice. -EL hombre caminó a paso rápido, el enorme tragaluz se había abierto, siendo una enorme ventana.

Cuando comprendieron lo que iba a hacer era tarde... Ninguno de los dos petrificus sirvió, el hombre los evadió y siguió caminando en posición erguida. Se dio vuelta en el borde de la ventana y dijo:

Te amo, Irina.

Sin más, desapareció de su vista, caminando hacia el precipicio.

000000000000

Sniff... fin de capítulo. Gracias a la única persona que me dejo un review, espero que los demás se animen a dejarme uno (en serio, no muerdo).