Advertencia: Descripciones de violencia.
Siga bajo su propio riesgo.


I.

Para Bakugou Katsuki la vida no ha sido muy divertida desde que tenía 7 años.

En algún momento dejo de pensar que la vida podía ser divertida, pero también descubrió que la única forma de sobrevivir era patear con fuerza. Las manos, los ojos, las vidas, todo en general.

También aprendió que aferrarse no era muy útil.

No si se terminaba perdiendo de nuevo.

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II.

—¡Aquí estoy, maldito hijo de puta! —es lo que grita, al seguirlos al callejón, los ojos de Kirishima clamaban que era un trampa, y Katsuki no era idiota el sabia cuando era una trampa, y cuando era una invitación formal a la casa de "Sensei"...

—Suelta el arma, —sonrió Dabi— o aquí, el mocoso de pecas...

Fue un dolor casi físico el que sintió cuando su Smith and Wesson golpeo el pavimento, fue un verdadero dolor físico el golpe en la parte trasera de la nuca, lo suficiente como para aturdirlo pero no para dejarlo inconsciente.

Sintió como atajaban sus brazos en la parte de atrás, eran nudos premeditados, de alguien que los había hecho muchas veces, las suficientes como para que fuera casi imposible escapar sin dañarse la muñeca, o los huesos del hombro.

En medio de la niebla en al que lo había puesto ese golpe vio como a sus futuros nuevos acompañantes en el arte y obra de ser prisionero les ataban las manos de manera distinta.

—Eso es discriminatorio —refunfuño con sorna— ¿Por qué ellos si pueden tener las manos atadas adelante?

Dabi le dirigió una mira de soslayo, si tuviera un encendedor el maldito pirómano ya lo hubiera chamuscado, Bakugou sabe que hay órdenes, que alguien sabe... Lo que el ahora conoce, el peligro creciente que acecha por lo bajo.

Es con otro golpe, un puntapié en la mandíbula, con el que siente que uno de sus dientes podría estar flojo.

—Trato especial para la princesa.

Aun así Katsuki no evita su mirada y eso es lo que enoja más a Dabi que cualquier otra cosa.

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III.

Ahora están apretados en un auto separado del que se llevaron a Bakugou. Izuku debería sentirse más preocupado, y no es que no lo esté es que la situación entera se siente como un mal sueño. Kirishima a su lado se remueve, él está actuando como escudo.

Un escudo entre el hombre que mantiene un arma con el pulgar en el seguro demasiado cerca para su propia conservación, Kirishima solo aprieta su hombro con fuerza contra la puerta.

Izuku entiende que es su forma de decir que están a salvo.

Las calles pasan en un borrón desagradable que hace que su estómago se revuelva en formas confusas, no se molestan en taparles la cabeza, ellos saben que aun si escapan en estos momentos nadie se molestaría en ayudarlos.

Kirishima lo sabe porque durante mucho tiempo nadie lo ayudo.

Cuando termino en un reformatorio a los 13 años, había estado tan solo y asustado. Aun así intentaba mantener una sonrisa en la cara todo el tiempo, lo suficiente como para que los otros no se dieran cuenta de su temor.

Tenía que ser esa figura para Midoriya, no importa lo terrible que fuera.

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IV.

La fábrica en la que terminan es amplia, Bakugou había estado en un lugar parecido ayer mientras entrenaba a sus subordinados, cada uno de ellos tenía una indiscutible marca que permitida decir que pertenecían a su pandilla, no era un gorra o un tatuaje, era una actitud, un sentimiento.

Katsuki no había estado tan orgulloso en mucho tiempo.

Pero actualmente el concreto se estrella contra su rostro, o más bien el contra el cemento.

—Dinos, mocoso —cuestiona Dabi, retorciéndose por su encendedor— ¿En dónde la ocultaste?

—Creí que solo íbamos a divertirnos —añade otra vocecilla, más aguda y molesta, la perra molesta de la navaja. Hace un par de años la enviaron a un reformatorio, escapo asesinando a 15 personas, Katsuki sabe que solo esas son las que la policía pudo demostrar. Con una placa él podría demostrar el doble cualquier día.

—¿Katsuki-kun? —Dice ella, en sus ojos destila lujuria sin edulcorar— Eres tú, me pregunto si hablaras rápido, la última vez no me dejaron tocarte, pero ahora tengo permiso, ves.

—Parece que vamos a divertirnos. —contrarresta.

Pero al terminar esa frase el aire ha abandonado sus pulmones, su cabeza se estrella contra la pared.

—Que no se te suban los humos.

—Toga, —ella parece encontrar toda la escena encantadora, Dabi solo quiere deshacerse del pequeño hijo de puta para que deje de importunar—. No dañes su mano derecha, ordenes de arriba.

—Pero, —suena demasiado excitada, como para ser algo saludable, pero él no es quien para juzgar—. ¿Puedo cortarlo y despellejarlo?

—Todo lo que quieras desde que siga vivo.

Cierra la puerta con fuerza, tiene otra visita a las pequeñas ratas que capturaron.

Además de que los cortes no son lo suyo, el prefiere ver marcas de quemaduras en la pálida piel de Bakugou Katsuki, quizás ahora en la del mocoso de cabello verde.

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V.

La cuchilla que corta a través del musculo en su brazo derecho arriba, casi en el hombro, el golpe es tan repentino que no puede tragarse el grito. Aun así ni una sola lágrima escapa de sus ojos.

Ella parece complacida, Katsuki piensa que sigue siendo una amateur, incluso con 35 personas en su haber... Aun así ella sonríe de oreja a oreja. Katsuki esperaba que fuera más parlanchina, pero ella no le habla, parece demasiado concentrada tajando en su pecho.

Katsuki siente el piquete del aire contra la carne, y sostiene en su boca los improperios que debería estar diciendo, pero sabe que entre menos e mueva más frustrada se pondrá, y es más posible que lo dejen salir rápido de esto.

Quiere comprobar, con...

¡Maldita sea esa en abdomen fue buena! Escucha la risita infantil... No le ha arrancado las uñas simplemente porque ella piensa que eso no es estético. A Toga Himiko le gustan sus juguetes bonitos.

Katsuki-kun es simplemente el mejor de la colección, al menos la actual.

Es por eso que toma su tiempo tallando patrones agradables, sabe que debería estar buscando sacarle información, pero ella no es una tonta, quizás tiene un par de tornillos en lugares inapropiados para la sociedad actual.

Pero Bakugou Katsuki-kun no hablara. Ella lo sabe.

Lo sabe porque alguna vez él fue quien la obligo a hablar y esto es mera venganza.

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Notas:

A ratos pienso que he estado escribiendo mucho hoy... Diran, "¿Oh? ¡Este autor está de buen ánimo!" Pues no, estoy enfermo como el carajo, pero necesito que mi mente se mueva en algo. Es así que terminamos como con 5 actualizaciones...