Bueno, el sábado subí esto, pero ocurrió un problema y me salió mal (partes borradas y signos cambiados). En fin, es lo que pasa cuando publicas con fanfiction(.)net escacharrado. De nuevo, gracias por los reviews :) Aquí va la versión buena.
Tres, dos, uno,...
~Amor competitivo~
Draco&Hermione
―Que no, Ron. Que los duendes ladrones de calcetines no existen ―repitió cansinamente Hermione por cuarta vez en la tarde―. Nunca han existido y no van a hacerlo. Lo que dices es absurdo.
―¿Ah? ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Y si tratan de vengarse de los magos por el pasado sangriento al que les sometimos? ¿Y si esta es la segunda rebelión de los duendes?
―Y lo hacen… ¿robando calcetines? ¿La venganza va de dejarnos los pies fríos o que nos volvamos locos buscándolos? ―ironizó la chica haciendo alusión al frenético estado de su amigo. Cada semana era lo mismo. ― Ron, vete a volver a mirar por tus cajones y déjame estudiar. Mañana tenemos examen de Transformaciones.
―¿Para qué voy a hacerlo? Me han robado los calcetines unos malvados duendes y no voy a encontrarlos… ¿Cómo puedes pensar en estudiar en una situación así?
―¿Sabes? Creo que pasas demasiado tiempo con Luna Lovegood.
―Que ella sea la única persona que me crea no significa que… ¡espera, Hermione! ¿A dónde vas?
Ella simplemente meneó la cabeza y salió por el hueco del cuadro de la sala común de Gryffindor. Así no había quien estudiase. Ron debería preocuparse más por sus notas que por la misteriosa desaparición de calcetines. ¡Por Merlín, si hasta a ella le estaba costando aprenderse el temario de la materia! La profesora McGonagall había subido mucho el nivel de un año para otro, por lo que Hermione se pasaba las semanas previas a los exámenes estudiando en la biblioteca o en la sala común ―siempre que a Ron no le "robasen" prendas unos seres imaginarios―. Respetaba mucho a la jefa de su casa, pero aquel intensivo régimen de estudio al que les estaba sometiendo le estaba resintiendo los ánimos. Harry y Ron decían que se lo tomaba todo demasiado en serio y que debía descansar de vez en cuando, ¿pero cómo hacerlo con los EXTASIS tan cerca? No, era completamente imposible. Debía esforzarse por sacar la mejor nota posible.
Con paso decidido entró en la biblioteca. Soltó un profundo quejido al verla abarrotada. No debía extrañarse, después de todo, era época de exámenes. Ojalá en su sala común no hubiera tanto ruido ―tampoco es que estuviera muy llena, pero la presencia de Ron se hacía notar―. Emitiendo un lastimero suspiro, buscó alguna mesa vacía donde sentarse sin ser molestada. La zona central de la biblioteca estaba llena de alumnos de todos los cursos hablando en crecientes murmullos. Los ojos de Hermione se iluminaron al ver una mesa libre, pero cuando cayó en la cuenta de que los Slytherin de séptimo estaban en el mueble contigo, sus esperanzas se evaporaron. "Mi gozo en un pozo", gruñó para sí mientras iba recorriendo las estanterías. Después de haber pasado por casi toda la biblioteca, dio con lo que buscaba. Era una mesa solitaria, idónea para ella y sus deseos de estudiar en tranquilidad. Esbozó una sonrisa complaciente mientras se sentaba y abría el libro de Transformaciones. Ahora iba a poder concentrarse.
Crash, crash, crash.
Ignoró aquel molesto rasgueo y fijó su mirada en el libro. "Para cambiar la especie de un animal, es necesario alejar pensamientos secundarios de la mente y pronunciar correctamente el hechizo transmutador. En caso contrario, podría darse que el mago se auto-embrujara en el intento. En 1876, la bruja Ann Millers sufrió un extraño accidente con…", leía para sí misma. No se estaba enterando de nada.
Pum, pum, pum.
Hermione frunció el ceño. ¿Es que la gente no podía hacer menos ruido en una biblioteca? Aquellos rítmicos y chirriantes sonidos le estaban martilleando la cabeza. De mal humor, recorrió con la mirada su alrededor para dar con el culpable. Se sobresaltó cuando sólo vio a un alumno de séptimo, aparentemente enfrascado en la lectura de "El mundo de las plantas aromáticas II". No era su día, se dijo con fastidio."Ignórale, Hermione".
Trash, trash, trash.
Sus ojos brillaron llenos de ira. No era posible crear tanto ruido mientras se leía. No podía no saber que esos sonidos eran molestos. No había pasado de página desde que había hecho aparición en el pasillo y cogido el libro. A Draco Malfoy no le interesaba la botánica.
―Disculpa, ¿te importaría leer en otra parte? A algunos nos gusta estudiar en silencio ―comentó con una educación que no creyó que él mereciese. Éste esbozó una media sonrisa y la miró por encima del libro.
―A mí también, Granger. ¿Por qué no te callas? Interrumpes mi lectura ―dijo arrastrando las palabras con un deje burlón.
Hermione no iba a dejarse picar. Volvió a concentrar su atención en el libro, ignorando deliberadamente su próxima presencia. Él era una de las razones por las que ponía tanto empeño en el estudio. No es que ella quisiera ser la primera en todo o que no soportara que alguien sacara mejor puntuación ―no era una maniática, ¿eh?―; pero que ese Slytherin la superara en su campo la enervaba. Nunca le había visto preocupado por sacar el curso adelante; ni preguntaba dudas, ni levantaba la mano para responder las cuestiones planteadas, ni tan siquiera mantenía la boca cerrada en clase. Aún así, la mayoría de las veces casi igualaba su nota ―en pociones, evidentemente, la superaba―. ¡No era justo!
―No sabía que tardaras tanto en leer un párrafo, Granger. Creí que estudiabas tanto por ser una rata de biblioteca sin remedio. Ahora me doy cuenta de que en realidad es que necesitas más tiempo que los demás para comprender la lección ―rió burlonamente el chico mientras apoyaba la espalda en la estantería.
―Y yo no sabía que era tan interesante como para que me miraras durante "tanto tiempo" ―replicó Hermione con rabia. ―¿Por qué no te vas y me dejas en paz, Malfoy?
Draco hizo como si se lo pensara.
―Veamos, las opciones son estar aquí molestándote o ir a estudiar el soporífero tema de Transformaciones. ¿Qué hacer? Molestarte, por supuesto.
―Ni por esas me desconcentrarás para sacar mejor nota que yo ―se le escapó a la chica, que se dio de bofetones mentales. ¡Cómo podía decirle esto!
―¿Mejor nota que tú? ―repitió genuinamente sorprendido. En un segundo se recuperó y esbozó una sonrisa maliciosa― Si eso es lo que te preocupa, te recomiendo que te resignes. Una sangre sucia nunca podrá ser mejor que yo en una materia mágica. Te dejo Historia de la magia (cuyo profesor es casi tan divertido como tú) y Cuidado de criaturas mágicas (en la cual podrías sustituir a ese bruto de Hagrid y nadie se daría cuenta).
―Puedo hacer cualquier cosa mejor que tú si me esfuerzo ―insistió apretando los puños bajo la mesa. Era insufrible.
―Es normal que pienses así. ―Draco asintió como si hubiese dicho una gran verdad. ― Si no te esforzaras, no me llegarías ni a la suela de mis zapatos (italianos, ¿sabes?).
―No me refería a eso, estúpido. Si tan seguro estás de que sacarás mejor nota que yo mañana, ¿por qué no te vas a practicar quidditch? La semana que viene competiréis contra Gryffindor, y todo el mundo sabe quién va a ganar.
―Nosotros, por supuesto. Como si unos patéticos traidores a la sangre y sangre sucia nos pudieran derrotar ―aseguró con desdén impregnada en su suave e hiriente voz―. Entérate, Granger: yo puedo ganarte a ti a cualquiera de tus amigos idiotas cuando quiera y donde quiera.
―Lo cual demuestra que soñar es gratis.
―Tiene que serlo, de otro modo Weasley sería aún más pobre. Espera… ¿eso es posible? ―Nuevamente, se puso una mano en el mentón en actitud reflexiva.
―Mira, pedazo de…
―¡Draco!
Ambos se giraron para ver a una chica acercándose por el pasillo en el que se encontraba el Slytherin. Hermione compuso una mueca. Genial, la que faltaba. Ya podía ir olvidándose de estudiar.
―Draco, ¿qué haces aquí? ¿No vienes a estudiar? Al lado nuestro se han sentado unos Gryffindor de segundo a los que hemos… ―se interrumpió al ver a Hermione sentada en la mesa contigua a la estantería― Oh, tú. Draco, ¿no notas el aire enrarecido?
Hermione se levantó bruscamente del sitio y miró amenazadoramente a Pansy, quien le respondió con una sonrisa sarcástica.
―¿Qué les habéis hecho a los niños? ―inquirió ignorando el insulto. Total, la hueca cabeza de la Slytherin no daba para más. Lo primero era lo primero. Su orgullo de prefecta no podía tolerar las malas intenciones de los de esa retorcida casa.
―Nada que no se arregle con un buen psicólogo. ―Draco soltó una risita y Hermione bufó. ―Aunque creo que será dinero perdido si van a ver ese careto que tienes día sí, día también. ¿Cómo puedes dormir por las noches sabiendo lo traumática que resultas a los pequeños cachorros? Luego hablan de nosotros. Eres cruel, Granger.
―Y tú debes hacerte mirar eso que anda mal en tu cabeza, Parkinson, porque resulta preocupante.
Con estas palabras, Hermione recogió sus apuntes de Transformaciones y el libro para irse a otro sitio. Las peleas no le gustaban, aunque fuesen verbales, y discutir con los Slytherin era como hacerlo con la pared de tu cuarto ―aunque esta por lo menos te escuchaba y no te insultaba―. Buscó desesperadamente una mesa libre para sentarse, pero en la hora que había pasado la biblioteca se había llenado aún más. Suspirando resignada, se sentó contra una estantería en un lugar apartado. No era un sitio muy cómodo y los azulejos podrían hacerle coger un resfriado, pero por lo menos no había nadie a la vista que la molestase. Por fin podía estudiar…
―¿Sabes? Ni tan siquiera sabes contestar mejor que nosotros. Eres un desastre de persona, Granger.
La chica soltó un gemido sonoro cerrando los ojos, a lo que Draco contestó con una media sonrisa. Salió de detrás de la estantería en la que se había escondido ―porque Hermione estaba segura de que no se había puesto ahí casualmente― y se colocó de pie frente a ella. "No le mires. Si le ignoras, se aburrirá y se irá. Es como un niño malcriado. Bueno, ES un niño malcriado, y así es como se les trata", se dijo Hermione abriendo su libro de Transformaciones.
―Y es que lo más gracioso es que lo intentas. Nunca, repito, nunca podrás vencer a la venenosa lengua de un Slytherin. Se podría dar el remoto caso que llegaras a igualar alguna de mis marcas (creo que te animo demasiado), pero eso te va a ser imposible.
―La transformación de objetos inanimados resulta sencilla si se siguen los siguientes pasos…
―Y, para colmo, ni lees bien. Tu voz resulta de lo más monótona. Estoy a un paso de dormirme. Nada haces como Merlín manda.
Hermione cerró con fuerza el libro sobresaltando ligeramente al Slytherin y se puso en pie con violencia medida. Sus ojos estaban inyectados en sangre.
―¡¿Se puede saber qué problema tienes, Malfoy? ¿Es tan aburrida tu vida que tienes que venir a molestar a otros para sentirte realizado? Saco mejores notas que tú, mi caligrafía es mejor que la tuya, leo con perfecta dicción, no me rebajo a vuestro nivel con palabras tan soeces y mi casa es la favorita para ganar el campeonato de quidditch. NO me estás superando en nada. NO eres superior a mí. NO haces nada mejor que yo.
―Beso mucho mejor que tú.
La Gryffindor se descolocó momentáneamente ante la salida de Draco, pero no se dejó confundir.
―¿Ah, sí? ¿Y cómo sabes que beso mal? ―inquirió con tono misterioso. Lo cierto es que sólo había besado a un chico en su vida, pero éste no se había quejado. Por estadística, a todos los que besaba les encantaba.
―No lo sé. Pero ya que me pides que lo compruebe…
―¿Qué yo te he pedido…? Espera un momento…
Hermione se vio repentinamente aplastada contra la estantería, con un cuerpo pegándose completamente al suyo. La boca de Draco se apoderó de la suya con brusquedad, como si estuviera ansioso. La chica no pudo reaccionar, la cabeza le estaba dando vueltas. Aquello no podía estar pasando, el insufrible Draco Malfoy no la podía estar besando. Por un segundo pensó en apartarse y pegarle un bofetón, pero no pudo. Su cuerpo no quería responder.
Debía ser una pesadilla. Era completamente irreal, imposible. No obstante, el roce de su lengua contra la suya le provocaba unos extraños estremecimientos que no podía ignorar ni hacerse creer que no existían. Sí, le estaba besando. No, no tenía ningún sentido. Lo cierto es que no la importaba.
Contó desde diez en tanto ponía ambas manos en la espalda del Slytherin. Se arrojó completamente al beso mientras la cuenta iba llegando a su destino, sorprendiendo a Draco. Cuatro, tres, dos, uno. Entonces empujó fuertemente al chico para separarlo de ella ―eso ya no le produjo mucha sorpresa―. Dignidad, ante todo.
―Y éste es el momento en el que yo digo que estás para que te encierren, Malfoy ―comentó modulando su voz. Como si fuera a permitirle saber lo agitada que estaba. Ya podía decir que había besado a dos chicos, aunque uno fuera más bien una serpiente.
―¿Por besar mejor que tú? Ya te gustaría ―contestó él con un jadeo.
―¿Cómo se puede saber quién besa mejor así? Merlín, tratas de volverme loca, pero no te dejaré. Adiós, Malfoy.
Draco vio marchar a la Gryffindor a paso firme y se revolvió el pelo. No tenía que haber hecho eso. Una cosa eran las fantasías morbosas y otra muy diferente llevarlas a cabo. Era una sangre sucia, por Morgana. Por suerte no había interpretado sus intenciones como en verdad eran. Mejor así. ¿Cómo podría molestarla tanto si supiera qué ocultaban sus pensamientos? Se reiría en su cara.
Se dirigió lentamente hacia su mesa en la sala principal de la biblioteca. Podía hacer una concesión a Granger. Él era superior a ella en muchos aspectos, pero en el beso se había producido un innegable empate.
A todo esto, debía ponerse a estudiar Transformaciones. Su pequeña obsesión podría creerse alguien si al día siguiente sacaba mejor nota que él.
Pobre ilusa. Todavía no conocía a Draco Malfoy.
Hermione llegó a la sala común tras emprender una descontrolada carrera. Quienes la veían pasar miraban tras ella para ver si alguien la perseguía. Y es que Hermione huía, por supuesto, pero de la escena del crimen. Sin hablar con nadie se dirigió a su cuarto y se tumbó en la cama mirando al techo. Se tocó los labios con la yema de los dedos. No había estudiado Transformaciones. Puede que fuera a suspender. No había ayudado a los Gryffindor con quien Parkinson y los suyos se habían metido. No había hecho ni caso a Ginny al pasar junto a ella en la sala común. Había besado a Draco Malfoy.
Y lo que era aún peor: le había gustado.
Bueno, ahora sí. Opiniones y demás, por review.
Nos leemos,
Neissa.
