Los personajes pertenecen a SM.
Muchas gracias por sus increíbles reviews a todas y espero que continúe gustándoles.
Después de que Charlie se marchara del hospital, para descansar en nuestra casa, yo me dirigí a la habitación de Bella. Quería estar ahí para verla despertar y para decirle la noticia. Ella sabe que nadie entendería, su dolor como yo. Era nuestro hijo a fin de cuentas.
Tomé una de sus manos y comencé a juguetear con sus dedos. De pronto los movió y noté que estaba despierta.
-Hola -susurré sonriéndole un poco. Ella parecía desconcertada.
-¿Dónde estoy? –dijo con el ceño fruncido.
-En el hospital -no podía hablar sin que el nudo en mi garganta interfiriera.
-¿Por qué? –sus ojos se abrieron por la sorpresa e instintivamente llevó una mano a su vientre. No estaba completamente plano, pero sí más bajo que antes. Al sentirlo sus ojos se llenaron de lágrimas. -¿Mi bebé? –dijo con desesperación.
-Lo siento mi vida -dije acercándome a su rostro y limpiando las primeras de muchas lágrimas por venir.
-No, no -dijo negando con la cabeza. –No puede ser. Edward, mi bebé.
-Nuestro bebé. Algo ocurrió, perdiste mucha sangre. Cuando llegamos al hospital el bebé estaba muerto -dije sosteniendo sus manos entre las mías y luchando por no llorar. Tenía que ser fuerte por ella. –Tuvieron que sacarlo por medio de operación.
-¿Estuvo muerto dentro de mi vientre? ¿Dónde estaba yo? No recuerdo nada, sigo teniendo esta clase de lagunas mentales que odio, no recuerdo qué hice ni nada. Edward, ¿Y si yo maté a mi hijo? –dijo horrorizada con los ojos como platos.
-Tú estabas dormida y… empezaste a sangrar y yo te traje al hospital, estabas inconsciente. No hiciste nada malo. Fue algo relacionado con la matriz. No fue tu culpa, sólo tu cuerpo no reaccionó de forma correcta al embarazo -preferí mentir, ella no merecía una preocupación más.
-¿Podré tener más hijos? –sólo negué con la cabeza. Ella comenzó a sollozar en silencio y comprendí que me estaba apartando. Se estaba encerrando en su dolor. Me acerqué y me acosté a su lado, tomándola en mis brazos.
-No huyas de mí, yo estoy contigo y siento el mismo dolor que tú. No tienes derecho a dejarme fuera, ¿entendiste? –dije con voz firme. Ella asintió y recostó su cabeza en mi pecho, dejándome consolarla. Dándome a entender que no me dejaría fuera esta vez.
Cuando Bella estaba por ser dada de alta, Ben me llamó y me dijo lo que Charlie predijo. Me recomendó que me mudara a un lugar más tranquilo. La ciudad era muy ruidosa y podía causar efectos secundarios en la enfermedad de Bella.
En cuanto instalé a Bella en el cuarto y se quedó dormida comencé con la búsqueda. Bella y yo habíamos hecho un fondo de ahorros para nuestros hijos. Por ahora lo utilizaría y después trabajaría duro para volver a juntarlo. Estaba pensando en que había tantos niños con necesidad de amor, lo cual a nosotros nos sobraba. Más adelante podía mencionarle a Bella sobre la adopción.
Encontré una casa hermosa en el pequeño pueblo de Wilmette, Illinois. Era un vecindario común y tranquilo. El clima era más frío que Phenix, pero mejor que Forks. Bella amaba el sol y éste aparecía en el verano, pero los inviernos eran fríos.
Traté de hacer el trato lo más rápido posible y arreglar todo en mi trabajo. La suerte estaba de mi lado, en 6 meses estábamos listos para marcharnos. Hablé con Bella, y aunque, no le di la verdadera razón de la mudanza: ella, la convencí para irnos. Le mostré una fotografía de la casa y ella aceptó.
Había estado más triste que en toda su vida. Sabía que era difícil, pero yo no podía perder tiempo. Ella podía empeorar en cualquier momento y si mudarnos le ayudaba, yo con mucho gusto abandonaba todo y me iba.
-Te va a encantar mi vida, ya verás -dije tomando su mano. Íbamos en el auto. El viaje sería bastante largo. Pero prefería hacer esto, de esa forma no perderíamos muebles ni nada. Ella me miró y sonrió ligeramente. –Te amo Bella.
-Yo también te amo Edward -dijo tomando mi mano entre las suyas. –Reharemos nuestra vida ahí, ¿cierto? –dijo más para ella que para mí.
-Claro, verás que empezaremos de cero. Volveremos a ser ese par de jóvenes enamorados que solíamos ser. Te haré el amor tantas veces que olvidarás lo que es tenerme fuera -dije en tono pícaro. Ella soltó una risita.
-No puedo esperar -dijo acariciando mi brazo.
El resto del camino fue en silencio. Pero no era incómodo, era sólo pacífico. Decidimos manejar de día y noche para llegar más pronto. El camión de mudanzas venía detrás de mí. Bella se quedó dormida en el asiento y a media noche tuve que parar por un café. Desperté a Bella para que comiera algo. Ella sólo decidió tomar café y unos panecillos. Yo al contrario, comí como si no lo hubiera hecho en días. Bella se rió de mí y fue reconfortante escuchar su risa de nuevo. En ese momento creí que sí sería como ella dijo. El comienzo de una nueva vida. Algo que sería especial. Pero la verdad era que sólo nos dirigíamos al lugar donde sería nuestro fin.
Llegamos al medio día, después de manejar por día y medio. Lo único que quería era tirarme en el suelo y dormir. Bella parecía cansada también. Pero no había muebles en la casa, y el camión de mudanzas tenía que irse. Lo bueno es que ellos desempacaban y nosotros los guiábamos. Mientras sacaban todo yo me quedé en el jardín delantero, observando el vecindario. Era hermoso, verde y limpio. De pronto Bella pegó un pequeño gritito y me giré.
Una mujer de corta estatura y cabello negro estaba frente a Bella. Me acerqué corriendo al ver la cara de desconcierto de Bella.
-Hola -dije abrazando a Bella por la cintura y pegándola a mí. Estiré mi mano hacia la chica y ella me sonrió. Sus ojos eran color caramelo, parecidos a los de mi madre.
-Hola, soy Alice Whitlock -dijo con una radiante sonrisa y estrechando mi mano.
-Soy…
-Edward, lo sé -fruncí el ceño y antes de que pudiera decir algo apareció un joven más o menos de mi edad, alto, rubio y con ojos azules.
-Alice, ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hostigues a los vecinos? Vamos cariño.
-No seas amargado, es sólo una bienvenida -dijo sonriendo hacia nosotros. –Él es mi esposo, Jasper. Cariño, ellos son Edward y Bella Cullen.
-Mucho gusto, lamento que sorprendiera a tu esposa, Alice es hiperactiva -dijo con una sonrisa amable y estrechando mi mano y después la de Bella.
-No hay problema, gracias por la bienvenida Alice.
-Vamos mi amor, nos esperan Rosalie y Emmett.
-Ellos vienen para acá a presentarse.
No más de medio minuto después apareció una pareja. El hombre era musculoso y de cabello oscuro. La mujer era rubia y con un cuerpo que hubiera sorprendido a cualquiera. La verdad nunca me gustó ese tipo de chicas con belleza despampanante y cabeza hueca. Y vaya que había visto en la universidad. Aunque no debía juzgar por la apariencia.
-Hola -dijo en chico en tono alegre. –soy Emmett McCarthy, ella es Rosalie, mi esposa.
-Hola -dijo Rosalie con una sonrisa amable. No, no debía juzgar por la apariencia. Estrechamos manos y comenzaron a hacernos las típicas preguntas.
-Wow, Phoenix. No se ven bronceados. De hecho se ven tan fantasmales como nosotros. Principalmente la chiquilla, se ve tan pálida. ¿Estás bien cariño? –dijo Rosalie con dulzura.
-Está cansada, hemos estado viajando por un día y medio. Lo único que queríamos era llegar -todos me miraron.
-¿No habla? –dijo Emmett.
-Claro que sí, sólo es tímida -le di un apretón a Bella y besé su frente. -¿Cierto, cariño?
Ella les sonrió tímidamente y asintió. –Mucho gusto en conocerlos a todos -dijo poniendo una mano en mi pecho. –Espero que seamos buenos vecinos.
-Claro que lo seremos. Y seremos amigas, saldremos de compras. Haremos cosas de chicas que con los chicos no podríamos. Y tu esposo parece sensato, espero que pueda controlar a estos dos -dijo Alice sonriendo. –Además… -se quedó en silencio y sus ojos se vieron distantes. Jasper parecía saber lo que pasaba, al igual que Rosalie y Emmett. De pronto volvió y sonrió. –La carne está por quemarse -Emmett corrió de vuelta a la casa frente a la nuestra. –Emmett va a gritar…
-¡Maldita sea!
-Eso exactamente -Jasper y Rosalie comenzaron a reír, pero Bella y yo permanecimos en silencio por la sorpresa. Nos miraron y Alice sonrió más. –Soy psíquica o vidente. Como quieran llamarlo, sexto sentido o como mis padres, locura -se encogió de hombros.
-Alice fue internada en un hospital psiquiátrico por un tiempo -dijo Jasper tomando a la pequeña Alice en sus brazos.
-Antes de que mi caballero en armadura me sacara -dijo girándose y abrazándolo. Jasper rió y besó su cabeza.
-Nunca creerás el número de historias que hay aquí -dijo Rosalie. –Pero puedes saber las nuestras en la comida. Están invitados mañana a la barbacoa, ya que esta fue un desastre -dijo riendo por lo bajo. –Emmett va a estar molesto -de pronto Emmett llegó detrás de ella y la cargó en sus brazos.
-Furioso -dijo antes de bajarla y besarla. Ambos rieron y sentí que Bella me abrazaba con más fuerza.
-¿Entonces, vendrán? –dijo Alice.
-Claro, sólo descansaremos este día y nos veremos mañana. Tenemos que acostumbrarnos a la casa -dije sonriendo amablemente. Bella asintió
-Entonces hasta mañana, gusto en conocerlos -todos se despidieron y se marcharon riendo y bromeando.
-Vamos a casa, mi vida -dije jalando a Bella.
El resto del día se pasó rápido entre acomodar los muebles y desempacar lo necesario. Para las 6 de la tarde todo estaba listo, aún faltaba desempacar el resto de la ropa, pero eso podía esperar. Comimos sándwiches de jamón.
-¿Bella? –ella me miró y le sonreí. -¿Estás muy cansada?
-Podría dormir un día entero -dijo suspirando. Fingí decepción y bajé la mirada. -¿Por qué? –dijo frunciendo el ceño.
-Oh nada, sólo pensé que podríamos comenzar con eso de que no podrás olvidar lo que es tenerme fuera -me encogí de hombros y no la miré.
De pronto sentí que se sentó sobre mis piernas. -¿Entonces quieres comenzar a marcar todas las habitaciones o iremos directo al dormitorio? –susurró sobre mi oído, haciéndome estremecer.
-¿La cocina? –dije tomando su cintura. Ella rió y asintió.
Y así fue como terminó el día. "Marcamos" la cocina, la estancia, la gran sala de juegos, que aún estaba vacía pero tenía alfombra. También fuimos a las habitaciones vacías y por último en nuestra habitación. El cansancio que creí tener se fue en cuanto Bella besó mis labios en la cocina. Pero al momento de dormir, después de todo, sentí como si no fuera a despertar en días.
Cuando me levanté era medio día. Lo bueno es que era domingo, lo malo es que dentro de poco teníamos que ir a la comida. Me sentía plenamente feliz teniendo a mi esposa a mi lado. Ella estaba con medio cuerpo sobre mí y mi brazo fuertemente enredado en su cintura. Me giré y besé su cabellera. Ella se removió un poco y despertó. Nos miramos.
-Good morning sunshine -dijimos al mismo tiempo. El sol nos seguía llegando a la cara por la gran ventana en la habitación.
-Hay algo que quería comentarte -dije rozando su nariz con mi dedo y desviando la mirada.
-¿Qué pasa?
-Lo más probable es que pregunten sobre nuestro pasado -la miré y ella tenía el ceño fruncido. -¿Les diremos todo? –ella pareció comprenderlo.
-No creo que debamos comenzar una amistad con mentiras o verdades a medias. Si preguntan, contestamos, lo más seguro es que en cuanto lo escuchen se sentirán incómodos y cambiarán de tema. La verdad es que nunca habíamos tenido amigos, como pareja quiero decir. En la preparatoria nadie me hablaba más que tú y en universidad no tuve amigas y tú sí, pero no los conocí. Siempre fuimos tú y yo y no me quejo, es lo más maravilloso del mundo. Pero creo que para empezar una nueva vida hay que comenzar con costumbres nuevas. ¿Qué te parece?
-Lo que pienso es que eres la mujer más maravillosa del mundo y que te amo. Es el pensamiento más positivo que ha salido de tus labios en toda nuestra relación -dije lo último en un susurro. Ella comprendía. Sonrió y besó mis labios.
Nos vestimos rápidamente para ir a comer con nuestros nuevos vecinos. No sin antes bañarnos juntos y "marcar" el baño. De verdad parecíamos recién casados. Llegamos riendo y tomados de la mano a la casa de Rosalie y Emmett. Nos dieron una bienvenida igual de alegre a la de ayer, quizá era el ambiente lo que nos contagiaba.
-¿Y cómo les fue en su primera noche? –dijo Emmett sentándose al lado del asador y Rosalie del contrario.
-Es una muy hermosa casa y se parece un poco a la que teníamos antes. Seguimos despertando en la misma cama, con la misma persona al lado y el sol en el rostro. Es prácticamente lo mismo -dijo Bella sonriendo. Todos la miraron desconcertados. Supuse que era porque había hablado mucho más que ayer.
-Es grandioso, creo que nos acostumbraremos muy rápido -dije tomando la mano de Bella al sentarme a su lado y entregándole un refresco. Ella me agradeció.
-Muy bien, seguimos con el interrogatorio –dijo Rosalie. -¿Por qué se mudaron para acá?
-Necesitábamos un cambio de aires -dije con sencillez.
-Oh vamos, de verdad creen que estaremos conformes con eso.
-Tuvimos que mudarnos porque perdimos un hijo -dijo Bella rápidamente y sin mirarlos. Sabía que era difícil, nunca lo habíamos hablado con nadie. Todos se quedaron en silencio.
-¿Un hijo? ¿Cuántos años tienen de casados? –dijo Alice sorprendida. -¿Fue un accidente? –Rosalie le mandó una mirada de advertencia.
-Tenemos 5 años de casados, nuestro hijo fue planeado. Sólo que no todo salió de acuerdo al plan -dije sonriendo tristemente.
Guardaron silencio por un momento.
-Lo sentimos mucho -dijo Rosalie. Se puso de pie y tomó la mano de Bella. –Sé que debe ser muy difícil, pero al menos tuviste la oportunidad de sentir a un ser creciendo dentro de ti. ¿Cuánto tenía cuando murió?
-Seis meses, tuve que abortar -dijo Bella con los ojos llenos de lágrimas. Rosalie pareció sorprendida y arrepentida.
-Lo siento, creí que había nacido y muerto en un accidente o algo. Yo no puedo tener hijos -dijo tratando de animar a Bella.
-¿En serio? –Dijo Bella –Yo tampoco, ya no. ¿Por qué no puedes?
-Cuando tenía 18 años fui violada por 5 hombres. Te ahorraré detalles desagradables, pero digamos que no me violaron sólo con su pene, -dijo mirando a lo lejos. –Destruyeron todo mi aparato reproductor.
-Lo siento mucho, -dijo ahora Bella. Yo asentí, sonriendo a Rosalie.
-Después de eso pensé que mi vida estaba perdida. Viví muchos años enojada con la vida, hasta que conocí a Emmett -dijo mirándolo. Él le sonrió de vuelta.
-Ayer comentaste que estuviste en un psiquiátrico Alice -dije para continuar con la charla. Rosalie volvió a su lugar no sin antes abrazar a Bella y darle un apretón en la mano.
-Sí, mis padres no podían afrontar el hecho de que su niña era vidente. Me juzgaron de loca y me metieron a un manicomio. Estuve encerrada por dos años, hasta que conocí a Jasper -dijo mirándolo. Su mirada era intensa. –Él me ayudó a salir de ahí, convencer a mis padres de que firmaran para ceder mi custodia. Yo aún era menor. Me hicieron estudios y salí después de unos meses. Nos casamos al año.
-¿Y cómo fue que se conocieron? –dijo Bella ya más tranquila y volviendo a tomar mi mano entre las suyas.
-Esa es mi historia -dijo Jasper. –Yo era soldado, estuve en Irak por cuatro años, hasta los 22. Pero sufrí muchas cosas ahí, me dejaron algo traumado. Y muchas cicatrices -dijo extendiendo sus brazos. Era cierto, tenía todo lleno de pequeñas líneas blancas donde se regeneraba la piel. –Me mandaron a un manicomio de inmediato. Ya sabrán cuál habrá sido -dijo sonriendo. –Conocí a una pequeña duendecillo que me robó el corazón. Cuando yo salí ella no podía, fue entonces cuando comencé a buscar la solución.
-Es muy romántico todo -dijo Bella, la fan número uno de novelas románticas.
-¿Tú Emmett? –dije mirándolo.
-Na, yo soy normal -dijo despreocupadamente. –Lo más emocionante que me ha pasado, aparte de tratar de conquistar a Rose claro, fue el ataque de un oso. Aunque siento que todo se conecta. Estaba en el bosque un día, me atacó un oso que casi parte mi cabeza. Me encontraron casi muerto, me llevaron al hospital. Una hermosa enfermera vestida de blanco, la cual parecía un ángel, fue lo primero que vi. Cuando comprendí que era una persona y que yo no estaba muerto, supe que ella sería mi esposa.
-Sé primeros auxilios -dijo Rosalie. –Trabajo en el hospital de Wilmette.
-Todo es tan dulce, ¿no es cierto, Edward? –dijo Bella con ojos soñadores.
-Claro que lo es, mi vida -dije sonriendo.
-Todo el vecindario está lleno de historias. James y Victoria es mi favorita -dijo Alice saltando de un lado a otro.
-¿Quiénes son?
-Los conocerán después.
-¿Cuál es la historia de James y Victoria? –dijo Bella un poco entusiasmada. Yo reí al verla tan feliz.
-Bueno pues Victoria es irlandesa. Cuando tenía 13 años fue vendida a unos norteamericanos que resultaron ser de la trata de blancas. Victoria era hermosa, aun a su corta edad. Los que la compraron sabían que sería una hermosa mujer algún día. James trabajaba para ellos, aunque él solo manejaba camiones. Solo tenía 18 años, no sabía lo que hacía. Y no le decían lo que llevaba. Si no lucía nervioso en la aduana, no lo atraparían. Cuando llevaban a Victoria en el camión, decidieron que James era lo suficientemente maduro como para saberlo todo. Se lo dijeron mientras comenzaban a descargar a las chicas. James estaba horrorizado, quería vomitar y matar a todas esas personas. Pero al posar sus ojos en los de la tímida pelirroja, el mundo se desvaneció. No perdió la compostura en ese momento porque sabía que sería la única forma de salvar a ese ángel de ojos verdes y cabello color fuego. Trabajó duro y se ganó la confianza de todos, aunque nunca descuidando a Victoria. Cuando tuvo la oportunidad, la tomó y se la llevó tan lejos como fue posible. Ahora viven felizmente casados. Victoria es residente y James la cuida y la mira como si fuera su sol personal. La luz que iluminó su vida.
Las tres mujeres suspiraron y yo sólo reí. – ¿Ha quedado descartado Darcy de tu héroe favorito amor? –dije mirando a Bella. Ella sonrió y acarició mi mejilla.
-¿Celoso?
-Claro que sí, Darcy es ficticio, James es nuestro vecino.
-Tonto -dijo riendo, -Tú eres el único para mí.
Sonreí como el tonto que era y la besé rápidamente en los labios. Me sentía tan feliz, tan esperanzado de que todo iba a salir bien.
Pobre ingenuo.
