Tema del día uno de la UshiOi Week: Celebración.
Como empecé tarde ésto terminó hecho un desorden, sepan disculpar.


Esa mañana Oikawa se levantó más tarde que de costumbre y aún cuando la alarma de su celular llevaba sonando más de una hora, él no hizo el esfuerzo por apagarla. No recordaba del todo cómo fue que llegó a su casa o lo que hizo inmediatamente después de salir de la oficina; sólo miró la pantalla siendo consciente que era lunes y el día anterior lo habían despedido del trabajo.

De golpe una mueca en su rostro opacó su atractivo y la vena en su frente aumentó de tamaño. Era obvio que seguía molesto porque su inepto jefe creyó más en las mentiras de su mano derecha y no en sus palabras y básicamente eso le costó a Oikawa el puesto.

La mano derecha del jefe, asunto sabido por los demás empleados, estaba celoso de Oikawa y por cómo el rendimiento de las chicas bajaba porque preferían platicar con él, por cómo Oikawa era más joven y guapo y por cómo parecía que iba a volverse el nuevo favorito y por eso tomó cartas en el asunto poniéndole una trampa. Y tan buena suerte tuvo que le resultó.

Esa noche Oikawa no se marchó del lugar sin antes gritarle a su modo, cruel y agudo, todos lo improperios que se sabía y le habría regalado un ojo morado de no ser porque Ushijima pasó por ahí y le detuvo. Cosa que tampoco ayudó a Oikawa a calmarse.

Diez minutos después Oikawa había dejado su cama para ir al baño, acordándose que dejó sus malditas cosas en el locker de su trabajo porque con todo el tumulto que se hizo, chicas pidiéndole que no se fuera y/o reclamándole al culpable en cuestión, olvidó por completo recogerlas y precisamente por el escándalo que causó debido a su ira, dudaba que lo dejaran subir otra vez al piso por ellas. Tampoco algunas de esas chicas podría ayudarlo porque seguramente estarían amenazadas para no hacerlo.

Por qué su lunes era tan malo.


«Te trataban mal.»
Cosa que era cierta porque la mano derecha reñía con él por todo, hasta le inventaba defectos.

«No valía pena.»
Los horarios eran flexibles; pero esa mano derecha a últimas fechas le dejaba todos los encargos a él y lo dejaba salir súper tarde.

«Ni ganabas tanto, Oikawa.»
La más dolorosa de las verdades. Tanto así que hasta había olvidado a qué sabía el pan de leche.

Para el miércoles de esa semana algunos amigos terminaron convenciéndolo de celebrar su libertad y hubiera sido buena idea de no ser porque, luego de haber parado a comer en un sitio cerca de su ex trabajo, se topó a Ushijima que llevaba consigo una caja de cartón.

—Oikawa.

—Ushiwaka-chan.

Oikawa no estaba contento de verlo, todavía no le perdonaba que defendiera a ese tipo y no lo dejara darle su merecido; pero su disgusto pasó a ser sorpresa cuando Ushijima le entregó la caja y Oikawa vio todas sus cosas adentro.
No le agradeció, básicamente porque esperaba algún tipo de burla de su parte; pero la burla nunca vino.

—S-san quería libre tu locker.

Le fue inevitable no sentirse molesto por el comentario.

—Y tú debías obedecerle como siempre, ¿no? Como esa vez cuando impediste que lo rompiera —escupió, mirándolo a los ojos con intensidad.

—Hacer eso te habría perjudicado, Oikawa.

—Desde cuándo estás de mi lado, Ushiwaka-chan —dijo, sin realmente esperar una respuesta de su parte, sobre todo cuando él se encargó de molestarlo a su manera.

—El trabajo no es lo mismo sin ti, Oikawa.

Eso pasmó a Oikawa y a sus amigos, de modo que éstos asumieron que era momento de emprender retirada y darles algo de privacidad; aunque Ushijima no duró mucho tiempo ahí y luego de una breve despedida se fue.

Oikawa se sintió tan raro e incómodo luego de eso que despertó con dudas asaltándolo a la mitad de la noche.

—Maldito Ushiwaka-chan —ahogó contra su almohada, un poco avergonzado.

Aunque Ushijima nunca le dijo eso con alguna doble intención.

Pero lo peor para Oikawa vino cuando Iwaizumi se enteró de lo ocurrido; pero no de los detalles importantes.


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