3. EN 25 HORAS
Eran las seis de la mañana, cuando Hermione Granger se levantó en un muy nublado lunes. Se bañó y se vistió con el uniforme de la escuela: zapatos negros bien boleados, calcetas largas y completamente estiradas, falda con sus tablas definidas, camisa blanca con el cuello almidonado, abotonada hasta arriba y fajada; bien atada la corbata donde se entrelazaban los colores oro y rojo, su túnica negra completamente cerrada y portando, justo debajo del emblema de Hogwarts, la insignia de Premio Anual. La chica se miró al espejo, tomó de su escritorio una pinza de metal negro con pequeños brillantes (un brillo de esperanza) para sujetarse una media cola. Agarró su mochila luego de haberle echado un rápido vistazo a su horario y cerciorarse de que llevaba todos los libros necesarios. Al bajar hacia la sala común de su torre, se encontró con Draco Malfoy dándole la espalda; éste, instintivamente, volteó hacia ella. Sus ojos se encontraron (mirada que parece desnudar tu alma) y no se desconectaron; desde hacía semanas no se dirigían la palabra (no retrocedas, no decaigas). Un ligero temblor se apoderó de la castaña cuando sintió la mirada escrutadora del rubio, revisándola de pies a cabeza.
-Aburrida… como siempre -dijo Draco con monotonía.
Hermione abrió la boca indignada, pero no sabía qué decir (las palabras huyen de tus finos labios a través de tu cálido aliento). Optó mejor por pasar de largo y salir de la sala lo más pronto posible… sólo que un brazo la detuvo justo antes de llegar a la puerta.
- ¿A dónde crees que vas? -preguntó burlonamente el rubio.
- Al Gran Comedor -ella ni siquiera se atrevió a voltear mientras respondía con voz queda.
- ¡Por Merlín, Granger… apenas son las siete de la mañana!
- Tengo hambre -alcanzó a contestar con torpeza.
- Mientes. Te he visto probar tu primer bocado del día hasta las once, y de ahí no comes hasta como las ocho de la noche.
La chica volteó asombrada hacia su compañero ¿él cómo podía enterarse de esos detalles?
- Los estudios te absorben por completo -prosiguió con voz imperiosa- Si sigues así irás directo a San Mungo en no más de un mes.
- ¡Y a ti qué te importa! -gritó asustada mientras se soltaba bruscamente de su agarre.
- ¡Granger, entiende! -el chico se veía cada vez más molesto- ¡No comes, no duermes, estás estresada por los EXTASIS, haces las cosas dos veces por querer perfeccionarte…! -Draco respiró profundamente para en seguida proseguir- Y para acabar de empeorar las cosas, el trabajo con los threstals te ha hecho decaer en energías; sé que tienes asma y que temes a esas criaturas.
Un largo silencio se apoderó del lugar.
- Yo… -Hermione se quedó muda; sabía que se exigía demasiado, pero nadie se enteraba, nadie reconocía sus límites humanos más allá de la actitud propia de una Sabelotodo- ¿Cómo sabes eso?
- "Conoce a tus amigos, pero todavía más a tus enemigos"-recitó- Es una de mis reglas.
Draco volvió a tomarla por el brazo y la dirigió a una habitación contigua de la sala, una cocineta con desayunador. Hermione nunca antes había visto ese lugar.
- Dumbledore sabe de tus problemas… hablé con él. Así es que de ahora en adelante yo me encargo de cuidarte de cerca. Comerás conmigo, harás las tareas aquí… NADA de biblioteca –agregó cuando notó la mirada de la chica- y me cercioraré de que duermas al menos siete horas…
- ¿Por qué?
- Órdenes de Dumbledore.
- Pero ¿por qué tú?
- Soy tu compañero de torre -contestó con indiferencia.
- Pero Harry y Ron podrían…
- ¡Esos dos tontos no sirven para nada! -la interrumpió Draco con suma molestia- La Comadreja ni se percatará de si comiste o no, tú eres quien les ayuda con las tareas y con ello haces doble esfuerzo, no sabrán si te desvelas porque no pueden ingresar aquí, te hacen repelar a cada rato y desgastas energías. Sólo viven para el Quidditch, ni siquiera se han dado cuenta de tus problemas en la clase del semigigante ese.
- ¡Es Hagrid!
- Como sea.
- ¡Pues tú no ayudarás en mucho, que digamos, porque no tenemos los mismos horarios y sólo estás para tu vida social!
- Error. Para tu información, gracias a ti y tus desgracias me han puesto tu mismo horario; en cuanto a mi amplia vida social… tendré que dejarlo porque, como ya te dije, son órdenes del de arriba; así es que no tengo otra opción, ni tú tampoco.
Fueron muchas las represalias que la chica quiso poner, pero Draco siempre se mantuvo firme.
Adivina, adivinador,
¿Qué ojos degustan el desazón de unas lágrimas?
- Me abandonarás… tarde o temprano… no vas a soportar las 24 horas con el olor de una sangre sucia… -murmuró Hermione, recostada en su cama, enferma y con fiebre en la misma noche en que el slytherin comenzó a hacerse cargo de ella.
- Shh… mejor duerme.
- Porque yo no te importo…
- Oye -llamó la atención de la morena- no te voy a dejar sola ¿entendiste? Es una promesa; un Malfoy nunca falta a sus promesas.
Y así lo hizo, durante los días venideros, sin excepción.
En Hogwarts se sentía la emoción por un próximo baile. El castillo ya estaba adornado con guirnaldas, flores de nochebuena, ramitos de muérdago y, por supuesto, el tradicional árbol de navidad dentro del Gran Comedor.
El tiempo acalla
los latidos de la vida.
La luz se esconde
tras el manto nocturno.
Esa mañana de navidad, unos constantes gritos insistían en despertarle.
- ¡Malfoy, ya levántate! -decía la Premio Anual mientras tocaba la puerta.
- ¡Déjame dormir, Granger!
- ¡No, es Navidad y quiero abrir mis regalos!
- ¡Pues hazlo!
- ¡Vamooos… la tradición es que estemos todos! -esta vez ya no hubo respuesta dentro de la habitación- ¡Abre ya, Malfoy! -la chica comenzó a golpear la puerta con más fuerza- ¡Quiero abrir mis regalos, quiero mis regalos YA!
Por fin la puerta se abrió dejando ver a un somnoliento, y muy molesto, Draco.
- Bajamos, abres tus jodidos regalos y me dejas dormir de una puñetera vez.
- Pero la tradición es que todos los abramos… -dijo algo dudosa Hermione.
Draco echó la cabeza hacia atrás respirando hondo, después miró a la chica con fastidio.
- Muy bien… entonces bajamos, AMBOS abrimos los regalos y luego me dejas en paz ¿entendiste?
- Pero…
- ¡Granger!
La chica bajó la cabeza con pena y comenzó a jugar con sus manos.
- Es que… yo quería que tuviéramos un "Desayuno de Navidad".
- La tradición es CENA -le contraatacó con lo mismo, divertido por la situación- cena de Navidad, Granger.
- ¡Pero a esa hora será el baile!
- ¿Y?
- Que… bueno, no vamos a estar juntos -la castaña se ruborizó hasta la munta de su cabello.
- ¿Y no puede ser comida en lugar de desayuno? -preguntó Draco, todavía pasmado por lo que acababa de pasar.
- Es la salida a Hogsmade… -soltó un largo suspiro y agregó- Pero si no quieres no importa. Ve a dormir, yo bajaré.
- ¿Y la tradición?
- Es sólo una tonta tradición muggle y tú eres "sangre pura" -contestó la chica con aparente indiferencia sin voltear.
Draco se desesperó, no sabía qué hacer. Sueño ya no tenía, era Navidad y parecía ser que sería el único momento tranquilo que disfrutaría en el día. Bajó las escaleras con rapidez para encontrarse con su compañera.
La luna se muestra
ante tus ojos...
con una aureola de luz,
coronándola en la oscuridad.
Domina rincones furtivos
para el inocente;
acapara terrenos prohibidos
al bienintencionado.
Porque a ella
le tocó gobernar las tinieblas;
tan sólo mitad del tiempo,
un medio del espacio.
Son 24 las horas
que el día arrastra.
Son 12 las horas
que el reloj te marca...
Pero la noche amiga,
resguarda un secreto;
cuida con recelo
el poder del tiempo...
El día
habrá ganado
el respeto de la tierra,
el cariño de la vida,
el lugar de la esperanza.
Pero es la noche,
fiel compañera,
la que ha tomado
al tiempo en sus redes,
lo hace, deshace
y rehace nuevamente.
Son 24 las horas
que el día arrastra.
Son 12 las horas
que el reloj te marca...
Pero 25 son las horas
que diario acaparas.
- ¡Maldito seas, Malfoy!
- ¡Sabes que nunca lo haría!
- Pero es que yo creí que…
- ¡Pero nada! Suficiente tengo con cuidarte.
- ¡Pues entonces déjame, que no necesito de tu ayuda!
- ¡Sigues sin recuperarte!
- ¡Perfecto Malfoy, haz una fiesta entonces!
- Cállate.
- Sabía que te hartarías de mí, porque no te importo Malfoy… ¡Nunca te he importado por ser una estúpida sangre sucia!
A pesar de intentar (querer lograr lo imposible) convivir sin problemas, las diferencias seguían emergiendo igual que grandes murallas de piedra. Sus caminos no podían (no debían) cruzarse; por más que se forzaran… para ellos esos muros seguían demasiado altos.
No pretendas conocer,
si no te has enterado.
No asumas saber,
si nunca lo has vivido.
- Hermione, ¿a qué hora pasamos por ti, entonces?
- ¿Les parece a las 8:30?
- Está bien. Luna y Ginny llegarán antes que nosotros... ¿Estás segura de que no prefieres que mejor Dean sea el que pase por ti?
- No, chicos -la castaña les dedicó una apacible sonrisa- prefiero que vayamos todos como amigos.
- Está bien Herms.
- Bueno, entonces nos vemos en la noche y… -la chica estuvo a punto de caerse de no ser porque sus amigos la tenían fuertemente agarrada. Se levantó con cuidado y al alzar la vista, vio cómo un poco más adelante, el otro Premio Anual y sus amigos se iban riendo con burla.
- Malfoy. Más idiota no puede ser.
- ¡En serio que ese estúpido me está hartando! pero ya verá, uno de estos días le daré tremenda paliza que recordará el resto de su vida ¿tú qué piensas Mione? -no obtuvo respuesta.
- ¿Herms? -la aludida sólo estaba atenta a los movimientos del rubio. Al final del pasillo, cuando dio la vuelta junto con su grupo, una mirada flasheada le fue dirigida a ella… No estaba segura si había sido su imaginación, pero por esas milésimas de segundo notó que sus ojos grises no mostraban molestia, rencor ni asco…
Mira más allá de las apariencias;
ve a través del corazón.
Escucha mis silencios,
portadores de secretos;
descubre en mi mirada
la razón de mi existencia;
descifra mis palabras,
un mensaje llevan dentro.
¿Qué te dice mi poesía?
¿Qué oyes en mi melodía?
Tú en verdad no sabes nada
de mis alegrías
ni melancolías.
- ¡Hermiooooooneeeeeeeee!
-¡Ah, no grites que sí escucho!
- Pues no parecía.
- ¿De qué hablabas?
- Olvídalo.
La noche ya se cernía sobre el castillo. Y a pesar de tener un helado clima, dentro del colegio se sentía la calidez del evento: el Gran Baile.
Todos se encontraban ya dentro de la estancia, disfrutando de una exquisita cena de Navidad y la compañía de seres queridos. El trío dorado, junto con Ginny, Luna, Dean y otros gryffindor, se encontraban en una de las mesas del centro, platicando y riéndose de las distintas anécdotas que en Hogwarts se habían suscitado.
- ¡Ay, no!
- ¿Qué pasa, Herms?
- Olvidé los regalos en mi torre. ¡Se me olvidó que pasaríamos a Gryffindor para el intercambio!
- Ya no te preocupes Mione, de alguna forma podrás traerlos.
- Dejé la varita también, Ron… Voy por ellos, ahorita vuelvo.
- Pero Hermione…
- Ya regreso ¿ok?
Los tacones de sus zapatillas provocaban un sordo eco en los pasillos. Apurada, subió las escaleras y, justo cuando doblaba una esquina, notó a una pequeña luz merodeando en esa área; así como la vio aparecer, desapareció al instante. No estaba segura, pero un escalofrío recorrió su desnuda espalda, por lo que prefirió tomar otro camino. Desde ese momento la castaña se encontraba inquieta y un poco asustada.
- Vamos, Hermione -murmuraba para sí misma, intentando recuperar el aplomo- tranquilízate. Sólo vas a la torre, todos están en el baile y… -sintió cómo la jalaban fuertemente, empujándola hacia la pared, con la boca tapada y una de sus manos lastimada.
- Vaya, vaya… ¿pero mira a quién me encontré? A la sangre sucia -Theodore Nott agarró firmemente sus muñecas hacia la pared, teniéndola a su merced y apretó su cuerpo con el de ella, casi impidiéndole respirar- Pero qué regalo más bonito me ha tocado… -susurró Nott mientras detallaba a Hermione- ¿Qué hacías aquí, tonta? -la chica estaba paralizada, el cuerpo entero le temblaba y se sentía a punto de desmayar- ¿Espiabas, tal vez? -no hubo respuesta alguna- No, bonita, eso no se hace… pude estar arreglando unos asuntos importantes ¿sabes? Pero… como hoy estoy de buenas y es Navidad, te daré un regalito -la morena no hizo ningún amago en seguirle, tan sólo se quedó en el mismo lugar, intentando buscar refugio en esos pasillos-. Haces que pierda la paciencia, Granger. Ven -dijo con voz autoritaria- ¡Que vengas, maldita sea!
Nott la jaló fuertemente del brazo, provocando un gemido de dolor por parte de ella (dolor y angustia). Hermione tan sólo comenzó a llorar en silencio; por instinto, su cuerpo insistía en querer alejarse, pero le fue imposible; sintió un gran peso en la parte baja de su estómago cuando el chico comenzó a repartir tenues caricias por sus piernas; se sentía débil, lloró con más fuerza e intentó nuevamente separarse de él, provocando que el chico le propinara una fuerte cachetada. La gryffindor llegó al tope de la angustia cuando sintió a las manos de Nott masajeando sus nalgas.
- ¡No… n-no… p-por favor…! -murmuró atropelladamente la chica, revolviéndose incómoda en ese "abrazo". Lo único que el chico hizo fue voltearla de espaldas a él- P-para ya… te lo ruego -la voz quebrada de Hermione Granger era señal de que las fuerzas la abandonaban. El miedo ya se había apoderado de ella, llegando a un punto tal que sintió cómo los conductos de sus pulmones se iban cerrando… impidiéndole tomar oxígeno; estaba mareada, actuando sin vida (muñeca de trapo).
- ¡Idiota, qué estás haciendo! -una tercera voz entró a escena.
- Vamos, sólo me divertía un poco.
- ¡Con ella no, estúpido!
- ¡Estaba espiando! -rebatió Nott a su compañero: el Príncipe de Slytherin- ¡Espiaba nuestra Junta; mientras iba saliendo ella estaba aquí!
El chico miró atentamente a su compañera. Se asustó al notar los estragos que habían hecho con ella; veía cómo a duras penas podía mantenerse de pie, sin poner atención alguna a la conversación de las serpientes. La furia contenida explotó al instante; agarró a su compañero de Casa por el cuello y lo pegó contra la pared.
- Te lo advierto, Nott… la vuelves a tocar y no vivirás para contarlo.
- Sólo porque estés a cargo de ella no quiere decir que…
- Ella es MI misión -murmuró el rubio para que Hermione no escuchara- Entiéndelo, ella es MÍA ¡y no quiero saber que tus sucias manos han vuelto a tocarla! -por unos momentos, no se escuchó nada más que el ligero sollozo de la castaña.
- Sí, Malfoy -el chico sólo bajó la cabeza con enojo.
- Ahora vete ¡ya! ¡Váyanse todos! –gritó el rubio a todos los Slytherin mayores que los rondaban. Cuando vio que el último ya había doblado la esquina, se volteó instantáneamente hacia su compañera.
- ¡Eres una tonta! -le propinó una fuerte cachetada en la misma mejilla en la que había sido golpeada con anterioridad- ¡Cómo pudiste permitir que te hicieran esto!
- Y-yo… él…
- ¡Maldita sea, Granger, no puedo estar detrás de ti todo el tiempo!
- Pero…
- Pero, pero -dijo con fastidio, imitando una voz asustada- ¡Qué pasa contigo! -la tomó por los hombros con fuerza- ¿Acaso no eres una Gryffindor, no se supone que valor es lo que te destaca? -no hubo respuesta- Eres una vergüenza para los de tu Casa. En estos momentos Godric Gryffindor se estará retorciendo en su tumba por ver que permitieron el ingreso en su honorable Casa a una hija de muggles cobarde -la chica lloraba desesperada, sin hacer ruido- ¿Dónde quedó la ratón de biblioteca que siempre se mostraba altiva y orgullosa, esa sangre sucia que hacía oídos sordos a insultos y defendía con uñas y dientes su propia persona, la que ha luchado constantemente por querer pertenecer a este mundo? ¡Dónde la dejaste Granger, DÓNDE!
- Yo… -pero la chica no pudo continuar; su respiración discontinua y acelerada se hizo presente. Cayó al suelo al verse sin fuerzas. Draco se arrodilló a su lado y la apuntó con su varita.
- ¡Aero! –gritó desesperado para inyectarle una bocanada de oxígeno a sus débiles pulmones. La llevó cargando a la torre, la recostó en su cama y buscó con apuro su medicina para dársela al instante.
La morena se tranquilizó y poco a poco su respiración comenzó a ser pausada de nuevo. Abrió un poco los ojos y miró atentamente cómo el rubio le curaba sus heridas, le ponía su pijama con un hechizo y la arropaba en la cama. Vio de cerca sus ojos grises, su piel blanca y aquellos cabellos dorados... sintió su fría mano tomar la suya propia... Constantes recuerdos se agolparon en su mente; una tras otra, las imágenes se intercalaban…
- Te lo advierto, Nott… la vuelves a tocar y no vivirás para contarlo.
- Sólo porque estés a cargo de ella no quiere decir que…
- Ella es MI misión…
Esas palabras se quedaron grabadas en su mente al rojo vivo; estaba confusa y desorientada, el miedo la embargaba, la desesperación de no poder respirar seguía presente… estaba asustada.
MI misión
MI misión
MI misión…
-Shh… duerme niña… tranquila -sus palabras le llegaron hasta el fondo de su ser y, justo antes de quedar dormida, miró por última vez en la noche aquellos ojos...
Son 24 las horas que yo necesité,
para despertar de mi letargo.
Son 12 las horas que compartí,
sin saber, con un príncipe.
Pero es en la noche
cuando me doy cuenta de ello.
Entre mis ensoñaciones
me encuentro, atada a mis anhelos.
Es por eso que la noche
me permite
un poco más de tiempo.
Son 24 las horas que
día a día pienso en ti.
Pero 25 son las horas que
cada noche te sueño a ti.
La pequeña biblioteca de la Torre de Premios Anuales se encontraba silenciosa en esa noche de sábado. La alumna modelo se encontraba escondida detrás de aquellos muebles, revisando libro tras libro… sin poder dar con el indicado.
-"Cómo sacar la chispa luego de un siglo juntos", "1000 y 1 hechizos de amor: mitos muggles", "Encuentra en las estrellas a tu media naranja"… tonterías -la castaña siguió sacando libros, revolviendo el resto, abriendo y cambiando de página constantemente- "Filos: verdades y mitos en el amor" -atraída por el título, abrió el libro para revisar su contenido, quedándose concentrada en su lectura (pretendiendo olvidar a la memoria).
El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un "estar continuado", no un "súbito arranque". En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente "dar", no recibir. (…)
Se dice que, cuando el amor es verdadero, este sentimiento rompe los esquemas del tiempo y espacio, venciendo hasta a la mismísima muerte… ensoñaciones muggles que son una realidad para el mundo mágico. Recordemos que el amor es el arma más poderosa que tenemos, magias blanca y antigua combinadas para un mismo fin: tu bienestar.
Existen, efectivamente, algunos métodos para mantenerse junto al ser amado luego de la muerte; aunque arriesgados, confusos, callados…
- Granger.
- ¡Ahhh!
- ¡Ni que fuera un monstruo!
- Ah, sí… es que… -Hermione intentó calmarse y luego agregó con una sonrisa- el parecido es taaan enorme…
- Ja ja, muy graciosito, niña.
- ¿Qué quieres, Malfoy?
- ¿Qué haces?
- Te pregunté algo.
- Y yo no pienso responder.
- ¡Genial! Ahora vete.
- Pero…
- ¡Whhhhhaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh!
Un ruido ensordecedor se escuchó por todo el castillo, aumentando de volumen ante el eco que el inmenso lugar provocaba.
- ¿Qué fue eso?
- ¡Whhhhhhhheeeeeaaaaaaaaaaaaaaahhhhh!
Antes de que el rubio le pudiera contestar a la chica, una vez más se escuchó aquel grito, y al instante, las luces se apagaron.
- Quédate aquí.
- ¡A dónde vas! -Hermione temía. Intentó agarrar a Draco por un brazo, pero el chico se zafó en seguida.
- Debo ir a revisar qué sucede…
- ¡Voy contigo! -la castaña ni siquiera permitió que el chico terminara de hablar; sólo tomó su varita y se acercó a la puerta.
- ¡Ah no, Granger; tú de aquí no sales!
- ¡No pienso quedarme sola, además de que soy Premio Anual y…!
- Comprendo el punto, pero en estos instantes no me importa.
- Voy a ir.
- ¡Intento velar por tu seguridad!
- No me interesa -se acababa de abrir el cuadro, mostrando a los pasillos en penumbras; Granger ya estaba poniendo un pie afuera y se había olvidado de una regla importante: alerta permanente.
- ¡Petrificus totalus! -Draco levantó el cuerpo de la gryffindor y lo puso en el sillón, cubriéndola luego con una frazada- Lo siento, pero me obligaste. No permitiré que te pongas en riesgo sólo por uno de tus caprichos -el rubio se dirigió hacia la salida, y justo antes de irse, se volteó una vez más- Vuelvo pronto.
No temas, mi niña. No temas.
No le temas a los monstruos del clóset.
No le temas al fino rasgueo de la noche.
Témeme a mí.
Estaba atento al sonido de la oscuridad (al sonido del silencio), andando con sigilo. Suponía que los maestros se encontraban en el despacho del director, discutiendo sobre el suceso, y algunos otros andarían vigilando los pasillos y cerrando las entradas de las Casas… sería un desastre si los alumnos comenzaran a salir… porque Draco era consciente de lo que estaba sucediendo, a pesar de no estar enterado, sólo existía una razón para escuchar los gritos de una Banshee… un atentado.
- Querido Draco… veo que llegas pronto -de entre las sombras salió la silueta de una mujer algo baja de estatura y terriblemente raquítica; se acercó a uno de los grandes ventanales y sus cabellos negros, en rizos descuidados, cayeron desordenadamente por su pálido rostro.
- ¿Qué hacen aquí, tía?
- ¿Te gustó la sorpresa?
- Para nada, dime ¿por qué no estaba enterado?
- Porque si no, no sería sorpresa…
- ¿Y cómo se les ocurre atacar ahora? Estás perdiendo el toque, tía.
- Draco, Draco… es sólo una advertencia… hoy no habrá ataque.
- La Banshee no está controlada…
- YO la controlo, obedece mis órdenes.
- Sabes que nunca se puede dominar por completo a una, mucho menos si no tienes la suficiente energía, y tú estás muy débil.
- ¡Retira lo dicho! ¡Yo siempre estoy en las mejores condiciones para servirle a nuestro Señor!
- No vine a discutir. Sólo retira a la bestia y váyanse.
- Pero si no hemos hecho nada… aún.
- ¡Hablo en serio, Bellatrix! -una mueca burlona y de fingido dolor se asomó en la mortífaga, pareciendo disfrutar de cada instante.
- Pero mi Draco… ¿no soy tu linda tía, acaso?
- No eres más que un muerto andante. Comprende que cuando entraste a Azkaban terminaron los años de gloria para ti… -el rubio se acercó a su tía con determinación, y susurrándole al oído, agregó- El Señor Oscuro te está buscando un sustituto…
- ¡NO! -Bellatrix comenzó a temblar.
- Sabes bien que ya no tienes las fuerzas de antaño; y ten algo por seguro… YO obtendré ese puesto, permitiéndome pisarte y machacarte las veces que sea necesario -Draco realizó un hechizo no verbal y lanzó a Bellatrix contra una de las paredes- Te recomiendo que te retires con dignidad y no manches tus proezas del pasado.
Al día siguiente, los rumores de lo que pudo haber sucedido no paraban. En los pasillos, el Gran Comedor, las Casas, jardines… historias cada vez más extrañas y "mágicas" se escuchaban constantemente… pero nunca nadie se enteró de la verdad; el profesorado no tocaba el tema y Dumbledore no estaba.
Aullidos de la noche
que matan,
sombras sin dueño
que te chupan el alma.
Hermione iba caminando por los pasillos, distraída; sus pensamientos estaban divididos entre lo de anoche y Malfoy; cómo la había abandonado, petrificada, sin posibilidad alguna de defenderse… la chica quiso quitarse esos absurdos pensamientos de la cabeza; se sintió sola, cierto, pero estaba segura, no había por qué defenderse de alguien…
No se fijó que había llegado a un pasillo desolado, donde, sin enterarse, unas fuertes manos la tomaron por la fuerza y la llevaron a un salón.
La chica estaba asustada, intentaba soltarse con desesperación, pero quedó inconsciente luego de recibir un fuerte golpe en la cabeza.
Todo quedó negro.
- ¡Nott!… ¡Nott!
- ¿Qué pasa? -al ver el rostro de su compañero, se dirigió con rapidez hacia él; lo tomó por los hombros y lo golpeó contra la pared.
- ¡Dónde rayos estuviste en la cena!
- ¡Suéltame!
- ¡Dónde estuviste, Nott! -repitió en un rugido de furia.
- ¡En mi cuarto… pregúntale a quien quieras! -unos ojos fríos y secos miraron a su alrededor, intimidando a los alumnos que se hallaban en el lugar.
- ¡Dime la verdad, maldito!
- ¡Es cierto, Malfoy! -el chico lo aventó contra las lozas del piso, arrodillándose en seguida a su lado.
- Alguien la lastimó, pero nada más encuentre algo que te delate… y vengo por ti -el slytherin mandó una última mirada acerada a los espectadores y salió de la Sala Común.
