Hola! Espero que hayáis pasado un buen fin de semana y hayáis descansado. Yo por mi parte me he dedicado a leer y a escribir, os subo la segunda parte del segundo capítulo, espero que os guste todo lo que vais descubriendo.

PD: Muchas gracias por los ánimos iLoveCaskett y por los favoritos y followers (guiguita, alejandra, macaneena, verispu y skepticus) la verdad es que me inspiran y me hacen sacar tiempo para ponerme a escribir.

CAPITULO 2 (Completo)

- Muy graciosa, Lan...Si esta es tu manera de convencerme no te va a resultar efectiva.- dijo Beckett dejando pasar a su amiga y cerrando la puerta cuando ya estuvo dentro.

- No necesito convencerte. Ya no. - contestó la morena quitándose el abrigo y sentándose en el sofá de tres piezas que había en el enorme salón.

- Ahora me explicas eso de que no necesitas convencerme. Voy a cambiarme.- decidió Kate tras un suspiro y unos segundos en los que debatía internamente si inmiscuirse en una discusión con su representante desnuda en medio del salón.

- Está bien, ve a cambiarte, aunque sinceramente sólo vengo a informarte de una cosa.- dijo Lanie mientras Kate entraba en su habitación buscando algo cómodo para ponerse.

Kate aprovechó esos minutos para ordenar sus argumentos y exponerlos claramente. Sabía que si hablaba a su amiga sin pensar antes muy bien las cosas, Lanie la ganaría por goleada. Su amiga era sumamente perspicaz, cualidad que, sin duda, era muy buena cuando ellas dos estaban de acuerdo pero que resultaba irritante cuando sucedía todo lo contrario.

Kate entendía que la situación no era la más cómoda. Demonios, era ella la amenazada, la que virtualmente estaba en peligro. Si ella decía que no necesitaba protección era por algo. No creía que alguien la pudiese hacer daño en la vida real. Una cosa era mandar notas o cartas y otra muy distinta llevar a cabo todo lo que en ellas se decía. Nadie había matado a nadie porque no le gustase una escena en una película o en una serie.

Lanie, sin embargo, sí creía que era posible. Tenía una corazonada y ella no solía equivocarse. Era muy intuitiva y su experiencia vital le había enseñado a dejarse llevar por sus instintos para lograr todo lo que se proponía y evitar situaciones desagradables. Sus instintos la decían ahora que su mejor amiga y representada estaba en peligro y ella no iba a dejar que la ocurriera absolutamente nada y menos si era evitable al cien por cien. Por eso y tras ver que su amiga para nada la iba hacer caso en esta ocasión, decidió tomar cartas en el asunto y decidió llamar a su amigo Ryan, al fin y al cabo, él era policía y sabría ayudarla para encontrar una solución urgentemente. Cuando Ryan le habló de un compañero suyo que se había retirado y había montado por su cuenta un despacho de investigador privado, comprobó que no se había equivocado al llamarle y menos cuando le dio las referencias del señor Richard Castle. A pesar de todo lo que Ryan le había dicho de su ex compañero, Lanie tenía curiosidad por saber el motivo por el cual se había retirado de la policía, tan joven. Aunque decidió pasarlo por alto ya que mucha gente y, sobre todo, cuando se es joven decide cosas para su vida que cuando logran lo que se habían propuesto, en un momento de inmadurez, se dan cuenta que eso no era lo que querían.

La morena suspiró y se acomodó en el sofá. Últimamente no había descansado bien así que decidió que cuando su amiga estuviera protegida por Castle se dedicaría un día libre para ella. El pensamiento de un baño de inmersión, buena música y una copa de vino le hizo sonreír un poco. Pero todo eso se desvaneció cuando escuchó los pasos de su amiga acercándose. Definitivamente sus ansias de descanso debían esperar. Ahora se avecinaba tormenta, su amiga podía ser muy cabezota pero a eso nadie la ganaba.

El domingo a primera hora, en la gran ciudad de Nueva York, en la decimo cuarta planta de uno de los enormes rascacielos que poblaban el Upper East Side, un hombre tocaba la puerta del despacho del dueño de ese edificio, quien sin esperar más tiempo, le hizo pasar.

- Todo listo, aunque no sé por qué te interesa tanto esa chica. No es nadie. Al menos no para nosotros, aparte ya hemos comprobado que no sabe absolutamente nada.- Dijo nada más sentarse en uno de los dos butacones de piel marrón que se encontraban al otro lado del gran escritorio de madera antigua. Mientras el dueño de aquel edificio llenaba un par de vasos de whisky maltés del 87 en una mesita al lado del gran ventanal desde donde podía observar Central Park de un lado y el East River de otro.

- Me interesa. Punto. Ya sabes que no se deben dejar cabos sueltos y ella definitivamente es un cabo suelto. - sostuvo dando un sorbo de su vaso y entregando el otro vaso al hombre que para nada estaba convencido de todo aquello. Las cosas estaban bien como estaban, no entendía la fijación que tenía por esa chica aunque tampoco era tan valiente como para llevarle la contraria, así que, sin más, asintió y brindó al aire el vaso dando su consentimiento a lo que ya consideraba una locura.