3. Odio, Crueldad
Gritos, desesperación, agonía, suplicas. ¿Cómo explicar la fría satisfacción que le provocan todas esas cosas? Ver a sus víctimas retorcerse de dolor, pedir compasión, mientras el, simplemente sonríe.
Como le gusta verlos sufrir. Y ser el quien lo provoque. Disfruta ver el miedo en sus ojos, sentir como la respiración se agita cada vez más, como el corazón palpita a una velocidad absurda.
Y es que les odia. A todos ellos
Les odia tanto que no le basta con lastimarlos. Necesita ir más allá. Más allá del dolor. Dicen que no hay nada más difícil que realizar una maldición imperdonable, pero para el es patéticamente fácil.
Ese odio sobrenatural que lo invade a cada segundo, el desprecio que le causan los mediocres que se hacen llamar personas, esos inútiles, tan comunes, tan normales.
Él sabe que nadie lo supera. Que es el mejor. Que no le teme a nada. A nada, excepto a la muerte.
Porque no hay nada peor que eso, no importa lo que digan los ancianos estúpidos. No hay nada peor que desaparecer, que no volver, que perder la oportunidad de ver como sufren los demás, como se arrastran en el suelo, como sus caras se desfiguran de dolor y como dejan todo atrás para pedir piedad. Es lo único que le impide alejarse. No soportaría perder el placer de observar su sufrimiento.
Y es que Lord Voldemort les odia. A todos ellos.
