Holaaa! Aquí estoy de nuevo y quisiera preguntarles algo, conforme la historia avanza se vuelve un poco más, ¿como decirlo? ¿fuerte?, la pregunta es ¿Desean seguir leyendo esta historia?

Sin más espero saber su opinión al respecto y advertirles de nueva cuenta que la historia contiene lenguaje soez y muchooo sexo.


8 de Julio. Nueve semanas antes

Mi teléfono sonó. Lo agarré y encontré el mensaje de Kiba.

Krissys sta nche. No m sprs dspierta.

Si un mensaje de texto podía generar una sonrisa estúpida, este era uno de ellos. Negué con la cabeza y me reí en silencio, empujando mi teléfono a mi bolsillo. Kiba tendría sexo esta noche y estaba muy contento al respecto.

Eso está muy bien para mí también.

Era el final de la jornada y solo tres niños fueron dejados en el patio de recreo. Naoki ya había empezado a limpiar, así que pronto cerraríamos, y ahora tendría el remolque para mi solita. Decidí que me gustaría hacer una parada y conseguir un DVD de Redbox de camino a casa, y tal vez un poco de helado. La vida era mucho mejor ahora que recibí mi primer cheque de pago. Cuando el último niño se fue, fui a buscar a Naoki y descubrí que toda la limpieza ya estaba hecha, como supuse. Nos despedimos y me fui a mi auto. El Redbox que se encontraba fuera de Wallmart estaba lleno esta noche, pero no lo suficientemente como para que renuncie a mi helado. Me decidí por un helado cremoso francés, el que supuse era prácticamente un alimento saludable porque en el paquete decía que tenía la mitad de grasa y un tercio menos de calorías que el tipo regular. Esto, combinado con la película de Johnny Depp en mi bolso, casi garantiza una noche orgásmica.

Mi estado de ánimo seguía mejorando a medida que me acercaba a casa.

Una de mis canciones favoritas de baile empezó a sonar por la radio, lo que era demasiado guay, ya que no tenía un enchufe para un iPod o incluso para un reproductor de CD en mi pequeño cacharro. Casi choqué por detrás a un viejo camión de granja que iba demasiado lento, pero se quitaron del camino para permitirme pasar.

Me moví al ritmo de la música mientras bajaba por nuestro largo camino de entrada a través del huerto de árboles frutales para encontrar una sola motocicleta negra de asiento bajo estacionada al frente de la casa.

No era parte del plan.

Me bajé del auto y miré a mí alrededor con cautela, pero no vi a nadie.

Nadie cerca de la mesa, nadie en las sillas plegables en la zona del césped recién limpiado. ¿Qué demonios?

Me acerqué con cautela a la puerta, agarrando mi teléfono como arma. No estaba segura de lo que pensaba hacer con él, porque si era un asesino quien me esperaba dentro no tendría tiempo para pedir ayuda. Debatiendo entre entrar a mi remolque o marcharme, una parte de mí se preguntaba si era Sasuke quien regresó. Tú sabes qué parte. Esa pequeña protuberancia entre mis piernas, la perra. La puerta se abrió con un solo toque y encontré a Sasuke sentado en mi encimera, escribiendo un mensaje de texto, todo musculoso y tatuado e increíblemente caliente.

Abrí mi boca y luego la cerré.

—Necesitas conseguir una mejor cerradura —dijo casualmente Sasuke—. Me tomó diez segundos entrar.

Negué con la cabeza, mirando alrededor de la habitación, aunque no tenía ni idea de lo que buscaba. Una especie de duende mágico para preguntarle qué demonios pasaba.

—Vine a ver a Kiba —dijo guardando su teléfono—. Tiene algo para mí. ¿Dónde está?

—Se fue con alguna chica —Le contesté, todavía aturdida—. Su nombre es Krissy, me dijo que llegaría tarde. Intentaré llamarlo.

Él me observó mientras marcaba a Kiba. Directo al buzón de voz. Le envíe un mensaje de texto, con la esperanza que no estuviera ocupado, porque de lo contrario no querrá contestar. Para nada. Miré a Sasuke y me encogí de hombros.

—Su teléfono está apagado —Le dije—. Sin embargo, puedo decirle qué viniste.

Sasuke soltó una breve y áspera risa que no tenía nada que ver con un buen humor.

—Manejé tres horas y media para verlo —respondió—. Él sabía que vendría.

Sonreí débilmente.

—Um, sabes que él es un gran tipo, pero fuma mucho y puede ser un poco olvidadizo...

Sasuke entrecerró sus ojos.

—Esperaré.

No sabía cómo lidiar con eso, así que decidí guardar el helado. Luego, mi estómago gruñó audiblemente. Había planeado comer un bocadillo, pero se sentía extraño no ofrecerle algo.

—¿Quieres una tortilla? —Le pregunté, pensando que todo el mundo ama el desayuno para la cena.

—Suena bien —contesta—. ¿Cerveza?

—Um, sí —dije, abriendo la nevera. Estaba un poco sorprendida de que él no la hubiera cogido ya, teniendo en cuenta que irrumpió el lugar. Le entregué una botella y comencé a hacer la tortilla. Había hecho algunos rollos de canela la semana pasada y congelé la mitad de ellos, así que los saqué también, junto con un concentrado congelado de jugo de naranja.

Levanté la vista para verle tomar un trago de su botella, sus ojos me seguían, los músculos de la garganta trabajando mientras bebía. Podría lamer desde la pequeña caída en la base de su garganta hasta su mandíbula...

Tal vez no jugo, decidí. Ahora necesito una cerveza.

Sasuke me observó mientras yo cocinaba, sin decir nada, lo que me intimidaba y me calentaba al mismo tiempo.

—¿Qué tipo de trabajo están haciendo ustedes con Kiba? —pregunté.

—Eso es asunto del club —respondió—. No hagas preguntas como esa, te vas a meter en problemas.

Tomé nota. Suficiente de conversación.

La tortilla estaba lista y ya había metido los rollos al microondas, así que serví para los dos, pensando con nostalgia en mi película. No veo películas muy a menudo y encima no es como si hubiera invitado a Sasuke. Pero tuve la sensación de que no se alegraría de ver a Johnny Depp como yo. ¿Debía mencionarlo? Él decidió por mí, sentándose en el sofá y tomando el mando de distancia.

—¿Vienes?

—Um, sí —Le contesté, siguiéndolo hacia la sala. Pensaba sentarme en el sillón, pero él dio unas palmaditas en el sofá junto a él con un aire de desafío.

Nunca podía resistir un desafío.

Hizo clic a través de los canales, deteniéndose en otra de esas peleas en una jaula grande. Suspiré y decidí que no iba a compartir mi helado con él.

—¿No te gustan las artes marciales mixtas? —preguntó, dando un mordisco a su rollo de canela.

—En realidad, no —Le contesté, recostándome en los cojines. Él asintió con la cabeza.

—A muchas chicas no —respondió—. Pero a otras les gusta mucho. Por todos esos cuerpos sudorosos, ya sabes.

Miró por encima de mí, el más ligero rastro de humor en sus ojos, y no sabía si me tomaba el pelo o no. Decidí tan solo irme a mi habitación y comer allí, pero él alargó la mano y me cogió el brazo, deteniéndome.

—¿Cuál es el problema?

—Estoy cansada —dije—. Y sé que tienes negocios con Kiba y siento de verdad que te haya plantado, pero no tengo la energía para esto.

—¿Esto?

Me hizo un gesto con la mano señalándome su alrededor, abarcando a él, la televisión, etc.

—Esto —dije—. No entiendo si me estás tomando el pelo o no, y es confuso. Y tomaste el control remoto.

Se encogió de hombros.

—Entonces, escoge tú lo que veremos —respondió a la ligera—. No es la gran cosa, Sakura.

Me lo entregó, dándome una sonrisa que llegó a sus ojos. Lo estudié. Esta era una nueva faceta de Sasuke y me agradaba. Todavía era un tipo grande, fuerte y tosco (Bueno, él no era un buen tipo, estaba bastante segura de eso), pero parecía relajado y listo para dejarme salir de ese pequeño juego mental o lo que fuera que él disfrutaba jugar.

—En realidad, renté una película en Redbox —dije después de una pausa—. Es una nueva película de Johnny Depp.

Sonrió, pero hizo un gesto magnánimo hacia la pantalla.

—Ponlo.

Inesperadamente, ver la película con él fue muy divertido. Durante la escena de lucha, me dijo por qué no habría funcionado en la vida real (me dio un poco de miedo que él supiera tanto sobre combate cuerpo a cuerpo), pero no se burló de mí o de nada durante las escenas de sexo. Cuando terminó pedimos otra en pago por ver. Esta vez dejé que él escogiera, y para su crédito, eligió un thriller con un toque de romanticismo sin siquiera detenerse en la sección de porno. Hacia la mitad, empecé a tener un poco de frío, así que me levanté y cogí una manta.

Pensé que también podría compartirle mi helado, llené tazones para los dos.

Cuando lo terminó, agarró los tazones, los puso sobre la mesa y me llevó hacia su regazo, y luego nos hizo girar hasta que él pudiera tumbarse en el sofá conmigo y con mi manta encima de él.

No protesté. Se sentía bien, y mientras su mano frotaba lentamente de arriba abajo por mi espalda, no me tocó furtivamente, lo que me hizo sentirme segura. De hecho, no quería levantarme o incluso reconocer lo mucho que disfrutaba de ser abrazada.

Los brazos de un hombre a mí alrededor se sentían bien. En realidad, se sentía tan bien que me quedé dormida.

Me desperté en mi habitación, confundida. Estaba en la cama con Hidan. ¿Por qué Hidan estaba aquí? Entonces, comprendí que el cuerpo que me acunaba era demasiado grande para ser el de Hidan y el brazo sobre mi estómago tenía más músculos que mi futuro ex tenía en todo su cuerpo. También tenía un negro tatuaje tribal alrededor de la muñeca.

Eso me despertó enseguida.

Sasuke estaba en la cama conmigo. No tenía mis pantalones puestos, solo mi camisa y mis bragas. No tenía sostén. Rocé mi pierna contra la de él y descubrí que él tampoco tenía pantalones, además, sentí su gigante polla erguida empujando mi culo.

—Sasuke —dije.

Solo es la típica tienda de campaña que se levanta en las mañanas. Me dije a mi misma. Es probable que ni siquiera esté despierto.

—Bueno días, culo dulce —susurró en mi oído, el calor de su aliento envió sangre directamente a mis partes íntimas. Sin embargo, sus palabras me molestaron. Optando por la emoción más segura, molestia, traté desgarradoramente alejarme de él. Apenas se dio cuenta de mi intento, eso me molestó aún más.

—No me llames así —murmuré malhumorada—. ¿Quién llama así a una mujer?

Se echó a reír, el sonido grave y cálido en mi oído.

—En realidad, no quieres saber —respondió, besando mi cuello y bajando su mano hasta presionar mi estómago. Mis bragas se humedecieron, y me moví contra su gran herramienta, preguntándome si me volví loca. Cuerpo y cerebro luchaban por el control, el ganador tomaba todo.

—Espera —dije, el cerebro tomando la delantera por un momento—. ¿Qué quieres decir con que no lo quiero saber? Quiero saberlo.

—No lo quieres saber —repitió—. No importa.

—Si no importa ¿por qué no me lo dices?

En respuesta, deslizó su mano aún más abajo, atrapando el dobladillo de mi camisa y tirando de ella, corriendo la punta de sus ásperos y callosos dedos a través de mi vientre. Oh, muy bien... mi cerebro decidió que podríamos hablar sobre el significado de ―culo dulce otro día. Retorcí mi trasero y él flexionó sus caderas, frotando su ahora épica erección contra la raja de mi culo. Su mano se movió hacia el norte, ahuecando mi pecho, tirando del pezón mientras besaba la parte de atrás de mi cuello.

—Oh, mierda... —murmuré—. Se siente increíble, Sasuke.

—Apenas comienza, nena —murmuró. Chupó el lóbulo de la oreja dentro de su boca y gemí. Mi cerebro se apagó por completo, cediendo el control a mi cuerpo, que lo quería dentro de mí.

Inmediatamente.

Di media vuelta, por lo que mi espalda quedó tumbada en la cama, y envolví mis manos alrededor de su cuello, tirando de su boca hacia la mía. Él había sido tierno hasta ahora, así que no esperaba lo pasó después.

Tomó mi boca de manera dura y rápida, rodando encima de mí y acuñándose entre mis piernas. Me abrió para él y metió su lengua con fuerza, hundiéndose hacia adentro y hacia afuera mientras sus caderas comenzaban a empujar contra las mías. Solo dos capas de tela fina nos separaban mientras su polla chocaba contra mi clítoris, casi brutal en intensidad. Me estremecí, la lujuria y el deseo estallando a través de mí, tratando de ver si podía levantar mis caderas y moverme con él. En el proceso, accidentalmente empujé contra su pecho, haciendo que él interpretara como si estuviera intentando apartarlo.

Sasuke se apartó de mi boca y gruñó, sus ojos oscuros de deseo y una necesidad tan fuerte que me hizo congelarme. Tenía el aspecto de un animal en celo, su dura polla parecía estar decidida a impresionarme.

—Estoy a cargo aquí, no lo olvides —afirmó.

Asentí, hipnotizada. No me podía quejar, ya que él se alzó lo suficiente como para rasgar mi camisa y sacármela por la cabeza, llevando mis brazos hacia arriba. En lugar de tirar de mi camisa hasta el final, lo enredó alrededor de mis muñecas, sujetándolas cautiva con una fuerte mano sobre mi cabeza mientras se deslizaba hacia abajo, tomando mi pezón y chupándolo con profundidad. La sensación explotó a través de mí y gemí. Fuerte. Un vacío doloroso crecía entre mis piernas y me lo imaginaba metiéndose dentro de mi cuerpo, abriendo ampliamente mis piernas mientras me tomaba con placer.

Sasuke tentó su cintura con su mano libre, bajándose su bóxer. Luego empujó sus caderas entre las mías de nuevo. Oh, mierda, eso se sintió tan bien. Ahora la cabeza de su polla se presionaba contra mi raja a través de mi ropa interior, su longitud ya no acariciaba mi clítoris. La fina tela presionada creó una sensación indescriptible, empujando a mi cuerpo con la punta de su polla.

No me opuse a él, desesperada por más.

Alejó su cabeza de mi pecho y se inclinó sobre mí, sin soltar todavía mis manos cautivas. Me retorcí, dolorosamente y desesperadamente.

—Joder, eres un pedazo caliente de culo —murmuró. Cerré mis ojos, tratando de atraparlo con mis caderas, gimiéndole para que me tome.

—Mantén tus manos sobre tu cabeza o lo pagarás —Me ordenó, sujetándome con su intensa y azabache mirada.

—De acuerdo —Le dije, más que dispuesta a hacer cualquier cosa que él me pidiera. Nunca me había sentido tan caliente como me sentía ahora, casi a punto de alcanzar a la Gran O en menos de cinco minutos.

Nunca fue así con Hidan.

Sasuke soltó mi mano, deslizándose abajo, frotando su nariz a lo largo de mi vientre mientras yo me retorcía, luego sus manos atraparon los lados de mis bragas y tiro de ellas hacia abajo. Di una patada al aire para sacármela por completo, abriendo completamente mis piernas. Él no dudó, prendiéndose de mi clítoris con su boca mientras empujaba dos dedos con fuerza en mí. Sin previo aviso, sin ninguna preparación, las almohadillas ásperas de sus dedos atacaron mi punto G.

Maldita sea. Esto era mejor que mi vibrador rosa, el que tiene dos cabezas y la cosa movediza. Mi cuerpo se puso rígido y gruñí, los dedos de mi pie curveándose. Estaba justo ahí, justo a mi alcance.

Alejó su boca y se rió.

—Sabía que sería así —dijo—. No puedo esperar para entrar dentro de ti, estás tan jodidamente apretada que te lastimaré si no estás lista. Así que voy a estirarte poco a poco y luego joder, esto será bueno. Ya lo verás.

Su boca se apoderó de mí de nuevo, chupando profundamente. Sus dedos empezaron a empujar dentro y fuera y gruñí, mis músculos temblando mientras me ponía rígida. Tan cerca. Se detuvo de nuevo, pero no abrí los ojos para ver lo que estaba haciendo. Tal vez debería ver, me hubiera dado alguna advertencia.

Cuando empezó a follarme con los dedos de nuevo, él encontró mi culo con su otra mano. Grité mientras empujaba un dedo en mi entrada trasera, explotando en su boca mientras mi espalda se arqueaba en la cama.

Me tomó un par de minutos para volver a mí misma.

Abrí los ojos para encontrarlo a mi lado, apoyado en su codo, estudiándome con satisfacción pero con melancolía, determinada necesidad. Parpadeé, aturdida.

—Te voy a follar ahora.

—Claro —dije en voz baja, aturdida—. No estoy segura de poder participar demasiado, creo que estallaste un circuito o algo.

Sonrió con una expresión de sombría satisfacción. Luego, cuidadosamente se colocó encima de mí, agachándose entre nosotros para colocar la cabeza de su polla contra los labios de mi raja. Regresé a mis sentidos.

—¡Condón! —Jadeé, empujando su pecho—. ¡Alto! Necesitamos un condón.

—Quiero tener sexo sin protección —murmuró, entrecerrando sus ojos—.Estoy limpio.

Me estremecí, cerrando mis ojos.

—Quizás tú sí, pero puede que yo no. Hidan estaba engañándome.

Eso llamó su atención, y suavizó sus ojos. Alzo la mano y pasó su pulgar contra mi mejilla, donde había estado el moretón.

—Él te hizo esa marca, ¿verdad? —preguntó. Yo asentí—. Tu hermano dijo que él es historia. ¿Es eso verdad?

Asentí de nuevo, mirando a cualquier lugar menos su rostro, lo cual era difícil ya que él estaba encima de mí.

—No quiero hablar de Hidan. ¿Tienes un condón?

—Sí, en mi alforja —dijo—. Lo creas o no, no planifiqué todo esto.

Me eché a reír.

—Yo tampoco.

—Lo sé —dijo, rodando fuera de mí y dejándose caer sobre su espalda. Me puse de lado y miré a su polla por primera vez.

—Oh, Dios mío...

Era enorme. Quiero decir, enorme. No solo el largo, sino también era gruesa, dura y de un brillante rojo enrojecido por lo que parecía casi enfadado. Se curvaba hacia arriba, más ancho en el centro del eje antes de reducirse debajo de la cresta de su cabeza.

No podía evitarlo. Me agaché y delineé el largo, hipnotizada por el calor de su suave piel sobre algo tan duro y formidable.

—Te dije porque me llamaban Sasuke —dijo. Alejé mis ojos de su polla para mirarlo a su cara, leyendo la satisfacción mezclada con su deseo.

—¿Hay condones así de grandes? —pregunté, medio seria.

—Te sorprenderías —murmuró—. Decir esto va en contra de todo lo que creo, pero es mejor que dejemos de lado mi polla.

Salió de la cama, inclinándose para agarrar sus vaqueros, colocándoselo con esfuerzo.

—Voy a ir a buscarlo en mi moto. No te muevas.

No habría ningún problema.

Abrió la puerta y se detuvo en el umbral.

—Mierda —dijo, sonando resignado.

—Ese culo dulce es una gritona, me gusta eso —Oí una voz de hombre que provenía desde la sala, justo afuera de mi puerta. Oh, mierda. Agarré la sabana, tirando de ella alrededor de mí. No podía creer que tuve audiencia. Las paredes de este lugar eran muy finas, debieron de haberlo oído todo.

Me giré y gemí en mi almohada.

—Suena como una zorra excitada —dijo otra voz—. ¿Está lista para otra ronda? Quiero mi turno.

Oh, Dios.

Sasuke salió, cerrando la puerta detrás de él. Escuché que gruñó algo.

Entonces se rieron, seguido de un ruido sordo y un gruñido. Más risas. La puerta principal se abrió y se cerró de golpe. Sasuke abrió la puerta de mi habitación un minuto más tarde y entró de nuevo a la habitación, llevando una bolsa de cuero. Se sentó en la cama, rebuscando en ella sacó un puñado de condones, arrojándolos hacia mí.

—De ninguna manera —Le dije con los dientes apretados.

Sasuke se puso de pie y se quitó sus vaqueros, se subió encima de la cama y se arrastró hasta quedar encima de mí de rodillas, su polla empujando agresivamente. Él entrecerró sus ojos y sacudí la cabeza rápidamente, sintiéndome frenética.

Se agachó, y se masturbó, una gota de líquido pre seminal en su raja.

—Sé qué quieres esto.

Lo quería, pero no con audiencia. Negué con la cabeza.

—No, en realidad —dije—, no voy a hacerlo con un montón de hombres en mi sala. ¿Cuándo llegaron aquí? No he oído ninguna moto.

—Vinieron en una jaula —respondió, apretándoselo fuertemente, deslizando su mano hacia arriba y hacia abajo. Nunca había visto nada más sexy en mi vida. Contuvo un aliento irregular y vi que el pulso en su cuello latía con fuerza—. Eso no importa. Abre el maldito condón. Quiero sentirte deslizándolo en mí.

—No.

Sasuke se quedó inmóvil, y algo oscuro y pesado rodeó la habitación.

—¿No?

—No —repetí, mi voz pequeña—. He oído lo que decían. No me gustó y no quiero tener sexo con ellos cerca.

Lenta y deliberadamente, Sasuke soltó su polla y se inclinó sobre mí, apoyando las manos a ambos lados de mi rostro mientras se acercaba bastante a mí. Sostuvo mi mirada, ojos fríos y duros.

—Follo cuando quiero y como quiero —dijo. Me estremecí, Este era el hombre intimidante que conocí el primer día. Había olvidado lo mucho que me aterrorizaba—. Lo mismo ocurre con mis hermanos. Es mi trabajo preocuparme por ellos, no el tuyo. Tú tienes que preocuparte por cuidar de mí.

—No —dije de nuevo, asustada pero decidida—. Lo que hicimos anteriormente fue increíble, y siento que no hayas tenido tu turno. Pero no voy a tener sexo con un público. Punto. Fuera de mi cama.

—Esto es un error —dijo.

—Fuera de mi cama —repetí, sujetándome de la cama. Extendí mi mano y lo empujé por el pecho. Él se alejó de mi toque, dando vueltas para chocar con la pared. Entonces agarró sus vaqueros, tirándolos de ellos por encima de su polla erecta. Su camisa vino después, deslizándose sobre su torso desnudo. Agarró su alforja y salió por la puerta, cerrándola detrás de él con tanta fuerza que escuché alguna grieta.

Y luego estaba sola en la cama, aturdida y cubierta de condones sin abrir.

Una hora más tarde, Kiba tocó cautelosamente a mi puerta.

—Sakura ¿estás bien? —preguntó, con su voz un poco temblorosa—. Um ¿sabías que tu puerta está rota por la mitad?

—Sí —Le contesté en voz baja, sentada en medio de mi cama, las rodillas a la altura de mi pecho. Ya había conseguido vestirme y le envié un mensaje a Kurenai, diciéndole que me sentía demasiado enferma para trabajar. Había oído la moto de Sasuke saliendo de aquí, escuché a Kiba y a los chicos discutir sobre algo.

Escuché una camioneta salir de la calzada. Ahora me encontraba sentada, tratando de procesar lo sucedido.

Yo nunca había estado con nadie más que con Hidan.

Sasuke me había impresionado, primero con su dulzura y su habilidad. Y luego, asustándome de muerte, por no hablar de que daño a mi habitación. ¿Cuál era el hombre real? ¿Quería volver a verlo?

—Sakura, ¿Puedo entrar?

—No —dije, mirando alrededor de la habitación. La camiseta negra de Sasuke, con el símbolo de Las Parcas, yacía acurrucada en el suelo, junto a su bóxer.

Una prolija pila de condones estaba en la cima de la mesita de noche.

Kiba no tenía necesidad de ver nada de eso.

—Voy a dormir un rato —Le dije, después de una larga pausa—. Dejemos las cosas así.