A/N: Hola gente! :P
Me encuentro de nuevo actualizando este fic, me ha gustado como ha quedado he de ser sincera jeje. Pues, déjenme decirles que me fui de vacaciones una semana. Mis padres me obligaron a ir con ellos a la playa, y alejarme de la muy sana adicción al Internet. Debo admitir que después de los primeros dos días me empecé a desesperar, sentía que perdía comunicación con el mundo. Jaja. Pero bueno, si me divertí :D.
Aquí respondo los reviews del capítulo anterior:
Lord Pata: Han pasado exactamente dos meses y medio. Hasta el momento ninguno de estos digimon han visto a Tk, principalmente porque el Digimundo esta grande jaja. Sigue leyendo, ojala y te guste este capítulo.
Erk92: Tienes razón sería raro, aparte no me gusta mucho digimon frontier, así que como que no. Youta es… especial. Disfruta este chapie!
teddy666: pienso hacerlo en forma de flashback, pues por ahora quiero narrar bien que ocurre con Tk en el Digimundo. Las habilidades del hibrido las conoceran a futuro. Espero y no me abandone jaja. Continúa con la lectura. :D
dark-fallen-angel91: creeme, conozco tu dolor jaja. Espero te agrade este episodio.
Jekari: Jaja, haces que me sonroje :P Muchas gracias! Pues claro que lo ayudará….Espero.
Painalli Tlahuilli: Me costó escribir tu pen name por cierto jaja. Que bueno que te haya gustado, y como lo pides aquí esta la continuación.
Capítulo 2:
Tks Pov
Me desperté con la cara mojada. Pase una mano por esta para secarla sin obtener muchos resultados. Mire a mí alrededor con cuidado. Seguía en el bosque. Patamon se encontraba dormido cerca de mí, movía sus patitas como si estuviese soñando algo bastante agitado. Suspiré, ayer había conocido la verdad sobre mi pasado y mi futuro. Aunque Youta me había negado cualquier tipo de información hasta que el considerase que estuviese listo, yo sentía desde el fondo de mi alma que aquella misión que me sería otorgada, fuese lo que fuese, tendría que cumplirla pues Youta me inspiraba mucha confianza y por alguna razón me parecía haberlo visto antes. De cualquier forma tenía prohibido llamarlo por su nombre, pues lo correcto era decirle "Maestro" que era la manera en la que yo me refería a él cuando el mismo se encontraba presente. Yo ya había decidido llevar a cabo el entrenamiento que el me propusiera, ni siquiera sabía cuales eran las finalidades de aquel entrenamiento, pero confiaba ciegamente en el, quizás por que el era el primer humano que veía en casi tres meses.
Mire el horizonte, apenas amanecía, la cruda realidad estaba atorada en mi garganta y sentía que algo amargo me inundaba el paladar. Era un hibrido. Era el perteneciente a un reino inexistente. No había otros como yo, pues la situación en la que fui creado había sido excepcional, Youta me había dicho que por eso yo más que nadie estaba destinado a proteger el digimundo como un guardián. Mi maestro me explicó que esa sería mi eterna responsabilidad. Aunque venciera a la amenaza que debía derrotar, el digimundo siempre debía de ser protegido por mí, al igual que el mundo de los humanos.
Me levanté del suelo con destreza y comencé a buscar por Youta. No lo veía por ningún lado, me pregunte donde se pudo haber metido. De repente, algo helado me cayó en la cabeza y me acabo de despertar. Youta estaba en la cima del árbol del cuál yo había dormido en las raíces y me miraba con una sonrisa. Me había arrojado una cubeta de agua fría. Sentí ganas de llorar, pues mi maestro era cruel, pero me contuve, mostrar debilidad no solucionaría nada.
-No tenías porque hacer eso Maestro, ya estaba despierto-
Youta rió un poco y suspiró, de un salto bajo del árbol y despertó a Patamon de una patada, yo sabía que había sido suave, y no lo había herido, pero me sentí impotente al no poder defender a mi amigo. Patamon en cambio lo vio como nada, y voló hacía nosotros con expresión somnolienta murmurando cosas sobre estar despierto.
-Pongan atención los dos- Nos dijo el Maestro a Patamon y a mi. Ambos lo miramos con los ojos abiertos, dispuestos a aprender lo que sea de el.
Una gota de sudor resbalo por el cuello de Youta y nos miró algo nervioso.
-Calma, calma, parece que me quieren comer con esa mirada.- Patamon y yo nos relajamos un poco y el Maestro sonrió delicadamente entrecerrando los ojos.
-Ustedes son dos grandes amigos ¿Verdad?-
-Así es- respondimos los dos sonrientes.
-Serán una pareja poderosa ¿No?-
-Invencible- Respondió Patamon.
-Y siempre están juntos ¿O me equivoco?-
-Esta en lo correcto Maestro- conteste con mucha efusividad.
-Muy bien. Entonces Takeru la primera parte de tu entrenamiento comienza ahora. Deberás separarte de mí y de Patamon por un año y sobrevivir por tu propia cuenta-
Patamon y yo nos quedamos sin habla. Nos quería separar. Pero…
-Así te volverás independiente de tu digimon y si lo pierdes en batalla o en cualquier otra ocasión sabrás como resolver cual sea el problema que se te presente-
Yo y Patamon aún estábamos sin habla, lo único que pudo salir de mi garganta fue un leve:
-¿Qué…?-
Youta me miró molesto.
-¿No has oído bien? Debes lavarte esas orejas de vez en cuando. He dicho que la primera parte de tu entrenamiento será separarte de cualquier tipo de protección con el fin de que te vuelvas independiente, y espero que en este tiempo puedas aprender a controlar a voluntad tu poder de digimon, pues existen cosas sobre el, que aún no has descubierto.-
Volteé a ver a Patamon sorprendido, este miraba a Youta enojado y yo sabía que mí querido digimon esta apunto de reclamarle por lo que hable con Patamon primero.
-No digas nada Patamon-
Mi camarada se volvió a verme confundido.
-Pero, ¿Por qué Tk?-
-Muy sencillo- conteste mirando al piso –Debo de volverme más fuerte, y mientras sigas acompañándome nunca lograre este cometido, ya que si me meto en problemas todo lo que tienes que hacer es digievolucionar y sacarme de aprietos, debo a aprender a pelear yo solo.-
Sentí la fría mirada de Youta sobre mí pero yo no lo mire de vuelta.
-Tk, te has vuelto muy valiente, yo pensaba que estarías llorando por ahora-
No pude evitar sonrojarme ante este comentario, y el color de mi cara aumento más cuando oí la risa del maestro.
-Patamon, no me avergüences por favor-
-Lo siento Tk, pero ¿Estas seguro que estarás bien? Puede que encuentres enemigos muy poderosos-
-Estaré bien, recuerda que yo también tengo poderes de digimon, por lo tanto solo debo aprender a controlarlos, de esa manera podré defenderme sin problemas-
-Entonces es tiempo de que nos vayamos y dejemos a Tk solo Patamon- pronunció Youta sin quitarme la vista de encima.- Tk antes de irme, entrégame tu digivice, te lo regresare en un año, lo prometo.-
Me desprendí mi digivice del cinturón y lo observe por unos segundos, gracias a ese pequeño aparatejo había tenido tantas aventuras a lado de mis amigos. Sonreí con nostalgia y entregue el objeto a mi Maestro.
-Muy bien, entonces es hora de despedirnos, nos veremos en un año, espero que cuando nos volvamos a encontrar seas excepcionalmente fuerte Tk- Youta me extendió la mano y yo lo salude cordialmente.
-Te extrañare mucho Tk, por favor, cuídate quiero verte vivo en un año- Patamon y yo soltamos una risita ante ese comentario, pero tuve que morder la lengua para no soltar un quejido y comenzar con las lágrimas.
-Yo también te extrañare mucho Patamon, nos veremos en un año Maestro-
Al instante Youta agarró a Patamon y brincó al cielo, desapareciendo como un lucero en la mañana.
Y el tiempo paso desde que mi maestro me había dejado totalmente solo en aquel oscuro bosque, me había hecho el muy valiente pero ahora que no tenía nadie con quien hablar, temía que terminase perdiendo la cordura. Sin contar que las noches son muy oscuras sin las luces de la ciudad, y la verdad me daba mucho miedo estar solo entre tanta penumbra. Pero tuve que tragarme ese miedo con el que cargaba todo el tiempo. No podía rendirme. Tenía un propósito. Volverme muy fuerte. Quizás llegar a ser casi tan fuerte como Matt.
Ese tiempo que viví solo es uno de los que recuerdo con más frecuencia pues fue una época de transición para mí. En ese tramo fue cuando madure realmente. En todo el tiempo que estuve en el Digimundo no ocurrió un cambio tan radical que el año en el que Patamon estuvo absente.
Al poco rato de que mi Maestro y Patamon me dejaron mi estomago comenzó a rugir y traté de buscar comida de una u otra manera. Pero sin Patamon era muy difícil, pues aunque a mi me gustaba mucho tratar de hacer las cosas por mi mismo, en muchas ocasiones me rendía dejando que mi querido amigo hiciera todo el trabajo. Me mordí el labio al saber que me encontraba en aprietos, reconocí el área lo más rápido que pude, solo para darme cuenta de que la única posibilidad de comida era la fruta que se encontraba en la copa de un lejano árbol, pues no había ningún tipo de ecosistema marítimo cerca, y el pescado por lo tanto, no era una opción factible.
Me dirigí con muchas ansias hacía el árbol de fruta que había visto desde la punta de un pino al que trabajosamente me había subido. Me di cuenta que el árbol frutal se veía más cerca de lo alto de lo que en realidad estaba. Camine por dos horas hasta llegar a la maravilla vegetativa. Era un hermoso cedro frondoso con las hojas de color morado y la fruta colgaba sin esfuerzo de sus delgadas ramas. Subí por el tronco con mucha dificultad pero al final pude alcanzar una pieza del alimento, pero al arrancarla resbalé y caí de sopetón contra la tierra. Me había raspado ambas rodillas, pero no me importaba, estaba muy ocupado mordiendo con ahínco aquella fruta amarilla que sabía como durazno con plátano. Estaba deliciosa. Satisfecho me pare y decidí seguir con mi camino. Tenía que entrenar muy duro, pues mi misión a corto plazo era controlar mi poder de digimon.
Me establecí en una iluminada pradera cerca del atardecer, estaba tan cansado por la caminata y todos los obstáculos por los que había pasado al encontrar la comida que caí profundamente dormido al hacer contacto mi cuerpo con el suave pasto de aquel claro. Había escogido ese lugar puesto que estaba totalmente rodeado de los más variados árboles frutales y el encontrar comida no sería tan difícil. Además no había digimon habitando cerca del lugar. Ese día hubiese dado toda mi comida por la compañía de mi fiel Patamon.
Viví en esa pradera un mes y medio. Todos los días despertaba y me disponía a entrenar. Como no estaba muy informado de cómo entrenar el físico decidí hacer lo único que sabía. Correr. Correr y correr. Muchos años después me enteré que era lo mejor que podías hacer para ejercitar tu cuerpo. Corría durante horas, al paso de los días mi resistencia fue aumentando considerablemente. También trepaba mucho y no me gustaba estar quieto durante mucho tiempo. Me la pasaba en la cima de los árboles y colinas y me ponía a observar todas las maravillas que se veían a lo lejos.
Al acabar el mes y medio, mi sentido de la seguridad fue vencido por la tentación de la aventura, todos los días observando la lejanía me había hecho añorar la exploración y ver aquellos paisajes a una distancia menor.
Camine por días buscando algo que realmente me llamará a quedarme y entonces me di cuenta que jamás lo encontraría pues, siempre querría seguir buscando y explorando más. Me aleje de las comunidades digimon lo más que pude porque quería evitar al menos por esos momentos cualquier tipo de enfrentamiento. Bueno, en realidad era un miedoso. Pero llegó el día en que mis shorts comenzaron a apretarme y mis brazos eran más largos que las mangas de mi camisa. Estaba creciendo. Por lo que tuve que buscar un lugar donde conseguir ropa.
Llevaba tres meses solo cuando esto pasó. Acababa de llegar a una ciudad de Tsunomon los cuales eran muy tímidos, y la mayoría se alejaban de mí. Pero yo tenía la esperanza de que se resolvieran mis problemas con la ropa, pues pronto tendría que empezar a andar desnudo sino me apresuraba. Hable con muchos digimon en la ciudad, pero todos me evitaban. Hasta que conocí al Tsunomon azul. Vivía en las afueras de la urbe solo y sin amigos, su color de pelo provocaba las burlas y la discriminación por parte de aquella dura sociedad.
La primera vez que lo vi se encontraba solo llorando a la orilla del pequeño puente para estos digimon. El verlo en esas condiciones me movió el corazón y me acerque a el.
-¿Por qué lloras Tsunomon?- pregunte con cautela
El Tsunomon se sorprendió y por el susto provocado cayó al agua. La corriente estaba fuerte y siendo un digimon bebé, no se salvaría fácilmente, sintiéndome culpable decidí acudir en su ayuda. Corrí siguiendo a la corriente, buscando el momento perfecto para ayudarlo. Mi mirada subió al norte del río y la sangre se me heló. El Tsunomon se dirigía a una cascada. Entonces lo sentí en mí de nuevo, aquel extraño poder digimon me corría por la sangre y me intoxicaba. Sin darme casi cuenta por puro instinto brinque al río como una gacela. Al estar adentro nade a gran velocidad hacía el digimon y lo cogí entre mis manos. Con la misma habilidad salté hacía afuera llegando a la orilla del río. Al darme cuenta de lo que había ocurrido, mi valor se esfumó y caí de sentón todavía con el pequeñín entre las manos.
El Tsunomon se libró de mi agarre y me miró a los ojos, yo estaba algo mareado por lo que mi vista no enfocaba bien.
-¿Te encuentras bien?- me preguntó el digimon.
Sacudí mi cabeza con fuerza y lo mire con decisión.
-Yo me encuentro bien, ¿Y tú? ¿No ha entrado agua a tus pulmones?-
Tsunomon me observó curiosamente por unos instantes antes de asegurar que estaba bien. Le sonreí y me presenté.
-¡Hola! Yo soy Takeru Takaishi, pero mis amigos me llaman Tk-
-Yo soy Tsunomon- dijo el pequeño ruborizandose
-Eso ya lo se tontito- reí con entusiasmo – pero pienso que tu eres muy especial, por lo tanto no deberías ser solamente "Tsunomon" cuando hay miles de digimon con ese nombre, ¿Qué te parece si te pongo un nombre especial, solo para ti?-
El digimon me miraba confundido pero asintió sin más.
-Desde hoy te llamaré….¡Tsuneo! ¿Qué te parece? Es bonito nombre ¿No crees?- le dije muy contento pues había usado mi poder.
-Es bonito- asintió Tsuneo – ¿Pero para que es el nombre?-
-Es para que yo te distinga entre todos los demás Tsunomon pues tú eres diferente, eres especial- dije
Tsuneo bajó la mirada con tristeza.
-Si, se que soy diferente, todo el mundo me odia por eso-
-Pero que dices, ser diferente es bueno- le comenté sinceramente
-¿Qué dices? No comprendo- pronunció curioso.
-Pues si, como te puedo explicar…. ser diferente significa que no eres igual que los demás, que te destacas, puede que sea por algo bueno o malo, pero destacar en si siempre es bueno, asegúrate de que los demás vean que tu eres especial comportándote como todo un Tsunomon azul. Tú puedes cambiar lo que opinen de ti, simplemente comprobando tu valía.-
Tsuneo me miraba fascinado oyendo cada palabra como si fuese una enseñanza de un gran maestro, pero yo no era un gran maestro.
De repente oímos un sonido que venía de la aldea. Una explosión daba lugar.
-¿Qué es eso?- pregunté aterrado
-Son los saqueadores de aldeas, son los Gottsumon- respondió Tsuneo mostrando ira en el rostro para luego convertirse en miedo.
Lo observe por un segundo para luego darme cuenta de algo.
-Tsuneo, esta es tu oportunidad para probar tu valía, tu puedes hacerlo amigo-
-Pero que dices, ellos son nivel Novato y yo soy un inútil bebé.-
-Lo mejor siempre viene en empaques más pequeños, ¡Vamos!- Tome a Tsuneo en mis brazos y corrí hacía la ciudad con la intención de salvar la mayor cantidad de digimon posibles.
Cuando llegamos vimos con horror los destrozos que se estaban llevando lugar. Los Gottsumon reían mientras quemaban las casas de los digimon bebé. Lo peor es que eran 7 Gottsumon los que se encontraban en aquel lugar.
"Aunque mi poder resurja no podré pelear solo"
Entonces comencé a sentir una oleada de fuerza que corría al ritmo de mi sangre por mis transitadas venas y me intoxicaba el cerebro. Sentía que mis músculos se tensaban. No iba a dejar por ningún motivo que esos malos digimon destruyeran más de lo que ya habían dañado.
Solté a Tsuneo y me dirigí corriendo hacia donde estaban los saqueadores.
-¡Hey, cerebro de roca! ¡Métete con alguien de tu tamaño!- Rápidamente le pegué un golpe al primero que se me cruzó en el camino, el cuál a pesar de haber tumbado al digimon, me dolió mucho pues los Gottsumon estaban hechos de pura roca.
Me enfrasque en una dura pelea a puños y patadas contra los vándalos. Al principio creí que sería el vencedor porque de un golpe tiraba al enemigo. Pero a los pocos minutos estos se volvían a parar con intención de darme mi merecido, sin darme cuenta, por la poca experiencia que poseía en batalla, me habían rodeado.
Retrocedí unos pasos hasta que me di cuenta que había topado pared. Ya no había para donde moverme. Un Gottsumon se aproximó velozmente a mi para darme un buen gancho con su puño de roca. Así que cerré los ojos y espere el impacto, pero este no llegó, al abrir los ojos pude ver a Tsuneo tirado en el piso frente a mi lastimado, no me tomó mucho tiempo deducir que me había defendido.
-Tk,… huye amigo… estos tontos… están contra nuestra ciudad,… c…ontigo no tienen ningún problema, sal de aquí… antes de que te metan una tunda….- dijo con respiración entrecortada.
Dos gruesas lágrimas resbalaron por mis mejillas al ver a mi amigo en ese estado.
-Vaya, pero si es un Tsunomon azul, me encantaría encargarme de este tipo- grito un Gottsumon aproximándose a gran velocidad a mi amigo con el único fin de destrozarlo.
Tsuneo se río y me miró
-Tk… g..gracias por salvarme….amigo-
-¡¡¡¡¡¡TSUNEO!!!!!!-
Todo paso muy rápido en ese momento, de mi pecho salía una luz dorada que cubría a Tsuneo completamente. No tarde en darme cuenta que estaba pasando.
-¡Tsunomon digivolves a Gabumon!-
Un Gabumon de color negro apareció luciendo muy fuerte y serio.
-Gracias Takeru, gracias por salvarme brindándome tu luz dorada. Solos no podríamos derrotar a tantos enemigos Tk, pero juntos se que podremos lograrlo. ¡Luchemos como equipo!-
Asentí. Sentía como mi cuerpo se volvía más fuerte que antes y estaba ahora definitivamente listo para pegarle una buena paliza a los bandidos.
La batalla terminó muy rápido después de eso. Tsuneo y yo peleamos mano a mano tirando a todos los Gottsumon que habían atacado y haciéndoles huir de la ciudad de los Tsunomon. Como premio Tsuneo recibió una mención honorífica por defender a su querida ciudad, y a mi me dieron ropas nuevas, unos pantalones negros, una playera blanca y una chaqueta hecha de una piel parecida a la que llevan los Gabumon. Al final pude observar como los Tsunomon admiraban a Tsuneo por lo que había hecho, salvado a todo su pueblo. Con una sonrisa decía que sin mí nada de eso hubiera sido posible, y rogaba que no lo llamasen Gabumon sino Tsuneo. Porque sería un Tsunomon siempre, en el corazón.
Seguí mi camino, después de despedirme de mi buen amigo Tsuneo. Lo que había ocurrido me tenía perplejo, ¿Era un poder especial el digievolucionar digimon que no fueran camaradas? ¿Y como había ocurrido? ¿Necesitaba tener una conexión especial con el digimon? ¿O se podía digievolucionar a cualquier digimon a voluntad?
La duda me sofocaba, pero al no encontrar manera de resolver mis cuestiones decidí ignorarlas por el momento. Pasaron otros tres meses en los que camine sin descansar, con el fin de encontrar algo que me hiciera más fuerte. Como los niños elegidos habíamos restaurado la paz en el Digimundo, era sumamente extraño encontrar digimon atacando o actuando de manera impropia.
En una ocasión llegue a una cueva en la que pensaba pasar la noche. Hacía mucho frío afuera y pensaba que quizás hubiese calor en lo profundo de la caverna. Me adentre con un poco de miedo, apretando la chaqueta de Gabumon contra mi piel temblorosa. En cuestión de minutos pude encontrar el lugar perfecto para pasar la noche.
Acomodé, en un espacio de 30 segundos, todo lo que cargaba conmigo en el piso de la cueva, me acosté en el suelo, y quedé profundamente dormido en poco tiempo. Un sonido me despertó de mi sueño. Como un quejido. Un escalofrío recorrió mi espalda y me incorporé de un brinco. Estaba seguro de que era real, y esto mismo hacía que mis manos temblaran, pero ya no del frío. Volví a oír el sonido, proviniendo de una parte aún más recóndita y oscura de la caverna. Cargándome de valor, decidí buscar que producía aquel sonido. A cada paso que daba, la vibración sonora se hacía más fuerte y clara. Finalmente entre las sombras pude diferenciar dos cuerpos abrazados que lloraban.
Perplejo los observé con cuidado. Eran más pequeños que yo, por lo tanto debían estar en el nivel de Novato, por lo cuál yo no debía de sentir temor. Me acerqué aún más y los monstruos digitales sintieron mi presencia y me vieron en un santiamén. Entonces pude ver que tipo de digimon eran. Frente a mi se encontraba un tierno par de llorosos Bearmon, un macho y una hembra.
-¿Quién eres tú?- me preguntó hostilmente el macho, poniéndose enfrente de la hembra en señal de protección.
-Yo soy Takeru Takaishi, pero llámenme Tk, no les haré daño, lo prometo- dije con voz clara mostrando mi mano en señal de juramento.
Los Bearmon aún no muy confiados me miraron de abajo para arriba en busca de reconocerme. Entonces la hembra abrió los ojos como de platos y exclamó con voz cortada:
-Pero si es… ¡Un humano!-
-¿Qué has dicho?-cuestionó el otro muy sorprendido.
-Estas en lo correcto, yo soy un humano, bueno casi, y soy uno de los niños elegidos-
-Hablas de las criaturas humanas que salvaron al Digimundo de su inminente destrucción- preguntó el macho con los ojos muy abiertos.
Me ruboricé pues no esperaba tal alabo, pero les sonreí con amabilidad y asentí. Los Bearmon entonces comenzaron a llorar más fuerte que antes. Sorprendido me apresuré a preguntar que ocurría.
-Tk Takaishi, gran niño salvador, hemos pasado por un suceso horrible, Monzaemon, a quien nosotros queremos como si fuera nuestra madre ha sido secuestrada.- sollozó la Bearmon hembra.
-¿Secuestrada dices?- dije reflexionándolo, ¿Quién sería capaz de dejar a dos niños sin su madre?
-Así es, un grupo de Ogremon la han tomado presa, porque Monzaemon siempre defiende a los digimon débiles de los abusones, pero estos Ogremon se juntaron formando un grupo numeroso con el único fin de borrarla del mapa- continuó el digimon macho.
Sentí como fuego líquido me pasaba por el corazón, yo no podía dejar a esos dos pequeños digimon sin su protectora.
-Pues entonces, la rescataremos, pelearemos juntos- dije con resolución
Los Bearmon me miraron sorprendidos.
-Pero… ¿Como haremos eso? Ellos son muy fuertes, y nosotros no tenemos tanto poder…-
-Ya nos las arreglaremos, pero no podemos dejar a Monzaemon estando cautiva por una banda de brutos- dije tratando de sonar como Tai.
Los Bearmon me veían con admiración, y asintieron la cabeza, amaban mucho a la enorme osa digimon como para dejarla sola.
-Entonces somos amigos ¿Verdad?- pregunté con entusiasmo, me gustaba mucho hacer amigos nuevos.
-Así es- dijeron los dos al mismo tiempo sonriendo como si fuera Navidad.
-Bueno, en ese caso les pondré un nombre especial que los diferencie como mis amigos entre los otros digimon.- dije pensando en dos buenos nombres para ellos.
Los dos Bearmon me miraban con expectación y deduje que no tenían idea de que estaba yo hablando. Iluminado por la inspiración sonreí y los miré.
-A ti- dije señalando al macho- yo te llamaré Chaz, y a ti- pronuncié volteando a ver a la hembra- serás nombrada por mi como Cass, ¿Qué les parecen? ¿Les gustan los nombres que les he encontrado?
Los Bearmon me miraron como si mis nombres no fueran muy buenos, pero al instante me sonrieron y asintieron.
-Bueno, entonces, a buscar a Monzaemon- dirigí corriendo fuera de la caverna, siendo seguido de cerca de mis dos nuevos amigos.
Recorrimos el bosque varias veces buscando a los Ogremon sin éxito. Me sentía muy decepcionado, pero no podía rendirme, me había prometido a mi mismo ayudar a los Bearmon. Con mucho trabajo les dirigí una sonrisa y les pedí que no se preocuparan porque al final los encontraríamos. Cual fue mi sorpresa cuando ocurrió al revés.
Nos habíamos sentando a descansar en un claro del boscoso valle cuando oímos unas risas que no me gustaron en absoluto. Miramos hacía los lados y nos estremecimos cuando vimos a 15 Ogremon que mantenían inmóvil a un Monzaemon que se encontraba amarrado. El digimon secuestrado se mostró muy sorprendido y asustado de que nos encontráramos ahí. Era fácil adivinar que ese era el Monzaemon que buscábamos. Nos paramos rápidamente y esperamos a que los malvados hicieran un movimiento.
-Miren lo que tenemos aquí, un par de ositos cariñositos y un bebé humano.- Río el Ogremon que parecía el líder.
No esta de más decir que el comentario me molestó bastante y no pude más que replicar.
-¿A quién le llamas bebé cara de muerto con diarrea?- Al instante me arrepentí de haberlo dicho, pero traté de no aparentarlo.
El Ogremon ofendido se torno rojo del rostro provocado por la ira. Me preparé para recibir un ataque en cualquier momento. Los enemigos miraban a su jefe con miedo, al parecer era un líder con todas las letras de la palabra pues parecía ser el más poderoso. Si derrotábamos a ese fanfarrón los demás digimon huirían.
-¿Qué has dicho mocoso? ¿Es que acaso no tienes miedo? No sabes lo poderoso que soy ¿Verdad? Pues déjame decirte que te acabaré de un solo golpe. ¡Insecto!-
El digimon se disparó al ataque en contra de mí, entonces supe que tenía que hacer algo, rogando porque mis fuerzas fueran las de un digimon, salté lo más alto que pude esquivando el ataque. Mi asombro apareció cuando supe que alcancé a pararme en una alta rama con facilidad evitando así el golpe de Ogremon.
-¿Pero que rayos...?- profanó Ogremon.
Me sentía muy feliz. A la mitad de mi período de soledad había logrado obtener los poderes de digimon sin siquiera perder la cordura, ahora estaba conciente de todo lo que hacía y sentía como mi fuerza se asentaba en mis músculos a mi voluntad. Estaba tan feliz que no vi como el digimon malo se abalanzaba contra mis amigos Bearmon. Cuando me di cuenta ya no podía hacer nada, ni siquiera con la velocidad de la luz podría alcanzar a detenerlo.
-¡Noooooo!- grité con todas mis fuerzas. En ese momento la luz dorada que había salvado a Tsuneo volvió a emanar de mi pecho y cubrió a Chaz y a Cass. Ogremon tropezó, cegado por mi luz. Y entonces mis compañeros Bearmon digievolucionarón.
-¡Bearmon digivolves a Grizzmon!-
Dos enormes figuras aparecieron. Eran Grizzmon. Apunto de patearle el trasero a la banda de malhechores. Brinqué hacía donde estaban y los mire a los ojos.
-¡Han digievolucionado, se ven muy fuertes!-
-Todo gracias a ti Tk, eres un verdadero amigo- dijo Chaz
-Sin ti esto no hubiera sido posible, y Monzaemon seguiría hasta la eternidad como rehén de esos rufianes- pronunció Cass.
Sonrojado y contento solo pude gritar.
-¡A la carga!-
Desde ese momento los Ogremon no pusieron mucha resistencia huyendo, dejando solo a su líder.
-¡Malditos cobardes!- gritó, pero al ver a los ojos a Chaz solo pudo correr el también despavorido.
Todos reímos ante su pánico y Cass liberó a Monzaemon de sus cuerdas con un movimiento de su garra.
Tuve que dejar a Chaz y a Cass al cuidado de las heridas de Monzaemon y continuar con mi viaje. Debo decir que me sentí muy triste al irme, pero sabía que ya no me necesitaban, ahora los tres podrían cuidar de los digimon indefensos de los alrededores. Tras expresarme su eterna gratitud y darme muestras de afecto, los tres osos se despidieron de mí efusivamente.
En mi camino no podía estar más que contento. Ya había logrado dominar el poder de mi digimon interno a mi antojo, ahora solo me quedaba una meta. Volverme más fuerte. No pude más que imaginar que estarían haciendo Patamon y mi Maestro en esos momentos. Sonreí al recordar a mi mejor amigo. Lo extrañaba muchísimo. Pero no me desanimé, pues debía ser valiente para lograr mi objetivo. Pero sobre todo, nunca perder la esperanza.
A/N: wooohooo. Me gustó, que puedo decir. Nos seguimos leyendo!
Sean felices!
Mj
