Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Jin, esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo 3: Gatito travieso.

La hora de la cena llegó, y con ella las alabanzas de Seto hacia las chicas que lucían los kimonos comprados hacía unas pocas horas. Shintaro y Hibiya se mantenían al margen, el primero por miedo a ser llamado pervertido, y el segundo porque esas tonterías de atuendos femeninos no le interesaban en lo más mínimo. Konoha por su lado tenía toda su atención puesta en la comida, y Kano bajo su máscara observaba la puerta esperando que cierta personita cumpliera su promesa y no lo obligara a ir a buscarla en ese laberinto incomprensible que era la ciudad.

Finalmente cuando la cena terminó y todos fueron a sus respectivas habitaciones a descansar, Kano se desvió saliendo de la posada, al diablo si se perdía, tenía que molestarla por no cumplir su promesa.

–¿A dónde vas?– preguntó ella recostada en la pared exterior del hotel cuando él pasó a su lado.

–¿Kido?– preguntó estúpidamente, eso lo había tomado por sorpresa –¿Cuánto hace que estás aquí?

–Un rato…

–¿Por qué no entraste?

–No quería llamar la atención– comentó mirando a otro lado –Pensé en ir directo a la cama, pero quien sabe qué hubieran pensado las chicas si entraban y veían a alguien dormido en el futón.

La observó unos segundos, algo andaba mal, era desesperante saberlo y no poder hacer nada –Detesto que me ocultes cosas– murmuró sombríamente.

–Ahora ya sabes lo que se siente…– comentó ella entrando a la estancia, dejándolo solo con sus pensamientos.

–¿Entonces lo hace para darme mi merecido?– dedujo varios minutos después mientras sus ojos brillaban en rojo dejando ver en su rostro una atemorizante sonrisa –Esto no se quedará así… kukuku~~


–¡Lo sentimos!– así fue recibida Kido al entrar a su habitación, Mary y Momo, ya con sus pijamas, de rodillas frente a ella haciéndole una reverencia, y en la mano de esta última el celular en el cual Ene imitaba a sus amigas.

–¿P-pueden olvidar lo que pasó?– preguntó Kido incómoda, odiaba ese tipo de situaciones en las cuales era el centro de atención.

–¡Por favor Kido-san di que nos perdonas!– le suplicó Momo levantándose y colgándose del brazo.

–¡Por favor!– la imitó Mary tomando el otro brazo de su Danchou.

–¡Porfisssss!– resonó en sus auriculares la voz de Ene.

–Si si, las perdono, ya dejen de hacer tanto escándalo– no terminó de decir eso cuando escuchó los gritos de las tres festejando, dos de las cuales la abrazaron, abrazo que no pudo rechazar –. Bueno chicas ya es bastante tarde, vamos a dormir– ellas la miraron con desilusión –. No querrán despertar tarde mañana y perder la mitad del día.

–Es verdad, yo no querría eso– comentó Mary soltando a la líder.

–Eso sería terrible, tenemos que aprovechar al máximo estos cinco días– asintió Momo yendo a su futón.

Minutos después cuanto ya estaban acostadas Kido apagó la luz caminando hacia su futón guiándose por la luz de su celular.

–¿Dónde estuviste todo ese tiempo Kido?– preguntó Momo girándose hacia ella.

–Estaba dando una vuelta– comentó esta acostándose.

–¡Fuimos con los chicos a comprar kimonos!– le contó Mary.

–Me alegra, ¿se divirtieron?

–¡Si, mucho!– asintió la peliblanca.

–Mañana te mostraremos nuestros kimonos nuevos– le prometió Momo.

–Estaré esperándolo, ahora a dormir.

Ambas chicas obedecieron las palabras de la que por momentos se comportaba como la mamá del grupo.


Tres de la madrugada, en esa cálida noche un gato negro se coló por la ventana, recorriendo la habitación de las chicas con descaro hasta llegar al futón de la más alta. Ronroneó frotándose contra el rostro de ésta haciéndola despertar.

–¿Un gato?– preguntó adormilada levantando una mano para acariciar al minino.

–Prr…– se dejó acariciar gustoso por un rato antes de acostarse a su lado pegado a su pecho.

Acción que le resultó tan tierna que lo abrazó pegándolo aún más y cerró los ojos con la esperanza de que ese tierno gatito le regalara un poco de la paz perdida desde que llegó a ese sitio.

Dos horas más tarde el tierno gatito despertó, aunque ya no se veía como tal, al abrir sus ojos vio con claridad el rostro de Kido, casi pegado al suyo. No tuvo tiempo de sonrojarse ya que de inmediato se percató de qué fue lo que lo despertó.

Sus músculos tensos y puños apretados, su rostro compungido de transparente sufrimiento, pequeñas lágrimas formándose en sus ojos, y esos quejidos que salían de su boca. Todos estos signos inequívocos de que estaba teniendo una pesadilla.

–Kido…– le susurró moviéndola levemente en un intento por despertarla lo antes posible y al mismo tiempo con la mayor suavidad –Sólo es un sueño, despierta…

Las demás chicas estaban durmiendo como troncos, y Ene no parecía estar allí, probablemente volvió al celular de Shintaro durante la noche. La sacudió más fuerte al ver que no despertaba hasta que ella abrió los ojos.

–Hola…– la saludó sonriéndole en un intento por demostrar que todo estaba bien, que en la realidad nada estaba lastimándola como en su pesadilla.

Ese rostro confundido que lo miraba poco a poco se transformó en uno furioso, él sólo alcanzó a tragar en seco al recordar su pequeña bromita, cuando ella ya estaba tomándolo por su ropa y levantándolo hasta dejar sus pies colgando.

–¡¿Cómo demonios te metiste?!– le preguntó en voz baja para no despertar a las demás, pero claramente eso no haría menor el castigo.

–Jeje…– rió nerviosamente, cuando planeó la venganza estaba contemplado que ella le diera una paliza, pero tenía la esperanza de poder escapar de alguna forma, cosa que en su posición actual resultaba cuando menos... complicada –¿Pero qué dices? Tú me abrazaste y me dejaste dormir pegado a tu pecho– respondió sonriente, la inevitable paliza no iba a acobardarlo, llevaría su venganza hasta el final –. Que por cierto es muy suaveci…– no pudo terminar ya que una patada lo mandó volando por la ventana por la que entró.

Aterrizó de cara en el césped, al levantar la cabeza y mirar hacia la ventana estaba ella respirando fuerte en un intento por calmarse –¡Te salvas ahora porque no quiero despertarlas! ¡Pero mañana te daré tu merecido!– aseguró cerrando la ventana así se murieran de calor y volviendo a su futón.

–Me la dejó barata…– sonrió con trozos del pasto que tragó entre sus dientes.


Esa mañana el primero en despertar en el cuarto de los chicos fue Seto, seguido por Konoha.

–Buenos días– lo saludó Seto.

–Tengo haaambrew…– declaró éste en medio de un bostezo, mientras con una mano se tallaba un ojo y con la otra abrazaba su triceratops de felpa.

Una tierna risita se escuchó desde el celular de Shintaro, cuando Seto lo tomó se podía ver a Ene cubriéndose la boca.

–Buenos días Ene-chan– la saludó Seto sonriéndole mientras caminaba con el celular hasta Konoha.

–Buenos días Seto– lo saludó ella aliviada por que él no preguntara nada.

–Buenos días Ene-chan– Konoha repitió las palabras de Seto.

–B-buenos días…– saludó ella no entendiendo por qué Seto dejaba el celular en manos del androide.

–Voy a recorrer un poco la ciudad antes que los demás despierten– explicó éste al tiempo que se ponía su chaqueta verde –. Ayer mientras caminábamos vi una tienda interesante, espero encontrarla sin perderme– se rió apenado –. Volveré para la hora del desayuno– se despidió saliendo.

–¿Cuánto falta para el desayuno?– preguntó Konoha a la nada misma.

–Una hora al menos– respondió Ene observando la esquina superior derecha de la pantalla donde aparecía la hora.

–Pero tengo hambre ahora…– murmuró tristemente abrazando más su peluche.

–Lo que yo hacía cuando tenía hambre y aún no estaba lista la comida era intentar distraerme con algo– le explicó ella, enternecida por cada infantil acción del impostor.

–¿Tú también sientes hambre, Ene?– preguntó él logrando que ella se sobresaltara.

–Pues…– murmuró nerviosa buscando una excusa hasta recordar con quién hablaba. De seguro olvidaría el asunto en unos minutos, así que darle un poco de información no era tan grave –Antes si lo hacía– asintió.

–¿Con qué cosas te distraías?– preguntó atento a la pantalla del celular.

–Jugaba– respondió sonriéndole –. Y por cierto, soy muy buena– aclaró guiñándole un ojo.

–Yo… ¿También puedo jugar?– preguntó inocentemente señalándose con la misma mano que sostenía el peluche.

–Ahm…– murmuró pensativa –¡Claro, el amo tiene algunos juegos en su celular!– exclamó –Pero es muy aburrido jugarlos solo– pensó en voz alta.

–¿Ene-chan puede jugar conmigo?– preguntó él en un ataque de inteligencia nunca antes vista –¿Ene-chan está... bien?– le preguntó al ver su rostro con esa expresión que no llegaba a comprender, pero había lágrimas en sus ojos, eso era malo, ¿no?

–S-si…– asintió sonriéndole forzadamente –Está bien, jugaremos juntos Haru… ehm… Konoha.

Lo siguiente que apareció en la pantalla fue el loading del juego. Y mientras ambos jugaban, en el ciber-espacio la virus derramaba numerosas lágrimas. Le resultaba tan irónico que ese "cuerpo" que no sentía dolor, hambre, sueño o frío… pudiera derramar todas esas lágrimas sin que ella fuera capaz de evitarlo.

Juega igual que él…– era el único pensamiento que pasaba por su mente.


–Devuélveme mi celular– volvió a exigir Shintaro con la mano extendida al albino.

–Luego– respondió él sentado en la mesa del comedor esperando el desayuno mientras continuaba jugando con Ene.

–Eres muy celoso con tu celular hermano– lo regañó Momo vistiendo su kimono rosa –. ¿No te das cuenta de que se divierte?

–Entonces dame tu celular, necesito revisar algo.

–Nop– negó riendo –. Quiero mantener las obscenidades en mi celular al mínimo– molestar a Shintaro se había convertido en deporte olímpico en el Dan, claro que nadie lo hacía mejor que Ene, bueno tal vez Kano.

Y hablando de él, su situación en esos momentos no era precisamente un sueño vuelto realidad; Kido estaba sentada a su lado, eso era algo bueno ¿no? Lo hubiera sido si no lo tuviera acorralado contra la pared viéndolo fijamente con su mejor mirada asesina. Tal rostro de loca psicótica tenía que ni siquiera pestañeaba.

–Jeje… Kido, odio decir esto pero, ¿po-podrías alejarte un poco…?– preguntó él sudando frío sin obtener respuesta alguna de la chica con mirada de hielo a su lado –¡Lo siento Kido! ¡Tengo hambre, por favor déjame comer en paz!– le suplicó pero nada parecía funcionar.

–¿Dónde está Seto?– preguntó Mary por décimo quinta vez.

–Te dijimos las otras catorce veces que no lo sabemos– respondió Hibiya fastidiado, al tiempo que algunas empleadas comenzaban a llevar la comida a las mesas.

–Comida…– lo ojos de Konoha brillaron con emoción pura –Ene-chan, ¿podemos seguir jugando luego?– le preguntó.

–Cla-claro– se escuchó desde el aparato.

Le sonrió al aparato dejándolo sobre la mesa para atacar el desayuno como si éste fuera a irse corriendo.

–Al fin– murmuró Shintaro tomando su celular –. Ene, ¿qué temperatura habrá hoy? No quiero salir si hace demasiado calor– le dijo al virus pero esta no respondió –. ¿Ene?– preguntó cambiando a las distintas pantallas del dispositivo, pero ella no estaba por ningún lado –¡¿Ahora por qué te ofendiste?!

En un lugar muy oscuro de ese mundo fabricado por el hombre se escondía ese mal llamado virus. La chica abrazaba sus rodillas escondiendo su rostro en ellas –Aún no estoy preparada… no lo estoy… no lo estoy…- se repetía internamente.

–Lamento la tardanza– todos giraron para ver a Seto aparecer con una cajita de regalo en una de sus manos.

–¡Seto!– gritó Mary corriendo a abrazarlo –¿Dónde estabas? Me preocupé.

–Lo siento Mary, no era mi intención– respondió el abrazo –. Salí a recorrer la ciudad y, ¡mira lo que te traje!– puso la cajita frente a ella.

–¿Para mi?– preguntó ella emocionada, a lo que él asintió –¡Gracias Seto!– se abrazó a su cuello obligándolo a inclinarse y le besó la mejilla.

–N-no es nada– tartamudeó bastante sonrojado, viendo como ella tiraba de la cinta desarmando el moño.

–¡Es hermoso!– chilló feliz al sacar el broche con la forma de una rosa celeste de la caja.

–Pensé que se vería bien con tu kimono– explicó él tomándolo de las manos de ella y poniéndoselo en el cabello, al final no encontraron un kimono como el de la imagen para ella, así que compró el más parecido que era blanco con detalles en celeste.

–¡Me encanta!– asintió sin dejar de sonreír.

–Mary es tan afortunada…– comentó Momo observándolos.

–Obaa-san está celosa porque nadie le hace regalos– comentó Hibiya sosteniendo un trozo de pescado con sus palillos.

Palillos que casi se traga cuando Momo se lanzó sobre él –¡Deja de llamarme así niñito insoportable!

–¡Déjame en paz!– gritaba el chico pataleando –¡Auxilio una vaca muy gorda y pesada me quiere mataar!

–¡Que te calles!

–¡Te acusaré con la asociación protectora de menores!

–¡La de animales querrás decir!

El resto del desayuno transcurrió más o menos igual, Hibiya y Momo peleando, Seto y Mary dándose de comer mutuamente en su nube rosa, Konoha en otra nube rosa con su comida, Shintaro pidiéndole disculpas a Ene sin saber qué había hecho para ofenderla, y Kido sin moverse de su lugar ni dejar mover a Kano a quien le rugía el estómago de hambre, pero su instinto de supervivencia era más fuerte y lo mantenía congelado.

Luego del desayuno salieron de compras guiados por Seto, todos a excepción de Kido quien, para la tranquilidad de Kano, prefirió quedarse en la posada descansando.

Continuará.

No sé a ustedes, a mi me está gustando un poco más la historia, y eso que aún no llega a su nudo. Tal vez sí sean más de seis capítulos, ¿quién sabe? Yo no.

Muchas gracias por leer, soy muy feliz escribiendo esto.

Saludos.

Trekumy.