SANGRESUCIA
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es propiedad de la señora Rowling.
Y para terminar, voy a escribir algo que gire en torno a la última emoción que me tocó en gracia: la fe. ¡Vamos a ello!
3
FE
Caradoc Dearborn pierde la fe en el ser humano una fría noche de invierno.
Las tierras del gélido norte de Escocia se han visto cubiertas por la nieve y Hogsmeade se despierta con una noticia terrible: los McKinnon han sido salvajemente asesinados. Y aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta porque el miedo a que el vecino de enfrente sea uno de ellos es cada vez mayor, todo el mundo sabe que han sido los mortífagos. Porque Marlene McKinnon nunca ha sido una de esas personas que guardan silencio, porque su esposo estaba a punto de formar parte del Wizegamont y porque ninguno de los dos ha ocultado nunca el desprecio que sentían hacia lord Voldemort y sus secuaces, porque han peleado abiertamente contra él, porque han defendido los derechos de los nacidos de muggles y porque eran valientes y osados y lucharon con fiereza hasta el final.
Lo que los habitantes de Hogsmeade ignoran es que los McKinnon formaban parte de la Orden del Fénix y que realmente es por eso por lo que están muertos. Porque a lo largo de los últimos meses tuvieron ocasión de desbaratar en dos ocasiones los planes de los mortífagos, porque gracias a ellos Alastor Moody estuvo a punto de capturar con vida a Evan Rosier, importante lugarteniente de Voldemort que prefirió morir con las botas puestas. Porque los mortífagos están cazando uno a uno a los miembros de la Orden y era sólo cuestión de tiempo que les tocara el turno a ellos. Marlene y Albert. Y sus dos niños pequeños.
Aunque los habitantes de Hogsmeade saben que todos los miembros de la familia están muertos, ignoran que ni Marlene ni Albert permitieron que los mortífagos pusieran un dedo encima de sus niños pequeños. Fue Caradoc quien los encontró tumbados en sus cunas, el rastro del dulce veneno que Marlene les dio aún presente en la comisura de la boca. Fue Caradoc quién se estremeció ante el descubrimiento y quién observó con admiración el cuerpo de Marlene mutilado a sólo unos metros de las cunas de los pequeños. Porque los vecinos de Hogsmeade saben que los McKinnon están muertos, pero ignoran que Marlene y Albert fueron salvajemente torturados durante horas y que sus cadáveres están prácticamente irreconocibles.
Aunque Caradoc ha visto muchas veces cómo son las consecuencias de enfrentarse a los mortífagos, lo que ve en casa de los McKinnon se le queda grabado en la retina. Sabe que esos monstruos no se andan con chiquitas a la hora de librarse de sus enemigos, pero nunca ha visto tal nivel de barbarie. Y lo que es peor, es consciente de que aún no han alcanzado su techo. Se pregunta una y otra vez cómo es posible que un ser humano sea capaz de hacerle algo así a otro ser humano y siente que las ganas de luchar se le están agotando. Porque, ¿merece la pena luchar para terminar de esa manera? ¿Realmente lo que están haciendo les llevará a la victoria o terminarán ganando los mortífagos para convertir el mundo en un infierno? Porque por el momento van perdiendo y Caradoc comienza a estar más cansado de lo que ha estado en toda su vida.
Ya no piensa en luchar por un mundo mejor. Ya no se enorgullece de ser un auror porque los aurores le han demostrado que pueden ser igual de salvajes que los mortífagos. Ahora actúa por simple inercia y teme que le llegue la hora de morir a manos de sus enemigos. Y no sólo ha perdido la fe en el hombre, ha perdido la fe en todo. No cree que una victoria sea posible y no cree que si la victoria llega al final las cosas vayan a mejorar. No le gusta pensar en ello, pero Caradoc Dearborn sabe que es un hombre devastado por el miedo y la guerra. Está agotado y lo único que quiere es que todo termine de una vez.
Cuando llega a casa después del funeral de los McKinnon, se toma una taza de chocolate y se mete en la cama. Últimamente ha tenido muchas pesadillas, pero esa noche es peor porque no puede evitar imaginarse a Marlene envenenando a sus hijos. Imagina la angustia que debió sentir esa madre para hacer algo como aquello y se echa a llorar. Y realmente lleva mucho tiempo sin hacer nada como aquello porque Caradoc se ha convencido a sí mismo de que es poseedor de una fortaleza que realmente no tiene. Pero ya no puede más. No quiere seguir con aquello. Está cansado y asustado y quiere que todo acabe. Le da igual cómo, pero que termine ya. Por favor.
Durante un instante no ve con malos ojos un ataque de los mortífagos, que se decidan y vayan a por él y pongan fin a ese sufrimiento, pero enseguida cae en la cuenta de que no necesita ser asesinado para librarse de todo y de todos. Se siente medio enloquecido y algo en su interior le dice que no está obrando correctamente, que está siendo aún más cobarde que aquel día en Hogwarts, cuando atacó a Thorfinn Rowle escondido tras una armadura. Como en aquella ocasión, no hace caso de su conciencia y lanza un hechizo tras otro sobre su propia casa, destruyendo por completo la sala de estar, quemando la planta superior y arrasando con todo lo que ha sido valioso para él hasta ese día.
Caradoc está enloquecido y no duda a la hora de hacerse un corte en el brazo. Su sangre riega el suelo y las paredes y sabe que con aquello bastará para que todos crean que está muerto. Justo lo que quiere que pase. Porque no necesita morir para escapar del infierno. Sólo necesita que todos los crean y desaparecer. Irse muy lejos, a un sitio en el que nadie haya escuchado hablar sobre él y en el que no tenga que ser Caradoc Dearborn. Ni siquiera necesita ser un sangresucia. Con ser un muggle bastará.
FIN
Y otra vez son 1000 palabras exactas. Espero que las tres viñetas os hayan gustado y que hayáis disfrutando descubriendo a Caradoc Dearborn tanto como yo he disfrutado escribiendo sobre él. Por cierto, estoy convencida de que está vivo porque nunca se encontró su cadáver y porque me resulta bonito pensar que aún quedan miembros de la Orden del Fénix original pululando por ahí. Muchísimas gracias por acompañarme hasta aquí. Espero que tengamos ocasión de leernos en el futuro.
Besetes.
