Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Feisty Y. Beden. Yo sólo me adjudico la traducción autorizada por la autora.

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Capítulo 3: Colisión


Balanceando mis brazos casualmente caminé por el medio de la carretera, justo por sobre la doble línea amarilla, sin tener que preocuparme por el tráfico. Estaba haciendo mis rondas diarias. Principalmente ya había revisado las casas cercanas en búsqueda de comida no perecedera, pero algunas hedían mucho por los cuerpos en descomposición. Esas pobres almas que fueron las últimas de sus familias en irse sin tener a nadie quien se encargue de enterrarlos Diariamente revisaba esas casas para ver si el olor había desaparecido lo suficiente para poder entrar y buscar algo que pudiera usar.

Nuevamente pensé lo afortunada que fui por haber podido estar ahí para Charlie. Navegué en las memorias de mis últimos momentos con él, con su cuerpo sin vida. Envolviéndolo en una sábana así podía jalarlo por el suelo y arrastrarlo hacia abajo por las escaleras. No podía creer que él no estuviera más en ese cuerpo conocido. ¿Dónde había ido? Todavía estaba cálido. Mientras tiraba de la punta de la sábana tuve un malestar en mi estómago cuando su cabeza golpeaba fuertemente contra cada escalón. —Lo siento, oh Dios, lo siento, — seguía diciendo. Sabía que él ya no estaba más en ese cuerpo, no de verdad, pero era duro no creer que lo estaba lastimando. Nada puede lastimarlo ahora, me recordé. Encontré un poco de alivio en aquello. Pude sentir un poco de consuelo pensando que Charlie ya no estaba sufriendo, que ya no tenía más miedo.

Si me concentraba en él, en su salvación, en su paz, podía mantenerme sin entrar en pánico de que yo era la única con vida.

Podía no haber estado en mi cabeza mientras cavaba una tumba poco profunda en el patio trasero. La sábana seguramente estaba manchada a estas alturas, su gran peso aplastando los filamentos del pasto, liberando la clorofila mientras su cuerpo aplasta un camino en el césped. Sabía que no podía arrastrarlo muy lejos y no había forma de que hubiese podido subirlo al camión para llevarlo a algún lado. Además, de esta forma, él siempre estaría cerca de mí. Comencé a cavar con la pala que mi papá usaba para plantar árboles y hacer de nuestro hogar un hermoso lugar. Pronto mis manos estuvieron adoloridas y empezando a ampollarse y mi espalda a estar resbaladiza por el sudor de haber cavado en la tierra sólida. Estaba agradecida por el dolor físico, me hizo concentrarme en la tarea de cavar y no en lo que la muerte de Charlie significaba: mi completo aislamiento.

Los cementerios habían sido llenados en su total capacidad hacía tiempo, mucho antes de que Charlie estuviera enfermo. Nosotros fuimos unos de las últimas, si no fuimos la última, familia en ser afectada. Empezaron a enterrar cuerpos en fosas comunes, poniendo lejía en la parte superior. Los supervivientes usaban barbijos mientras trabajaban. La tristeza era el estado de ánimo que reinaba en la atmósfera. No podía recordar la última vez que había odio a alguien reír, o haber visto una sonrisa.

Mientras Charlie estaba muriendo, lo había intentado. Contaba chistes cursis. —Sonríe para mí, pequeña, — decía él mientras temblaba, y yo trataba duramente de darle lo que quería, pero mi rostro estaba rígido, mis músculos ya habían olvidado lo que alguna vez fue algo natural. Era tal vez su último deseo, me reprendí. Sólo una maldita sonrisa, ya. Pero mi corazón se sentía pasado y mis mejillas eran de concreto.

Pensé en todo aquello, como lo hacía casi todos los días, mientras caminaba a lo largo de la carretera principal. — ¿Hola? — le dije al cielo. — ¡Soy Bella Swan! — grité. — ¡Estoy viva! — Quería oír mi voz rebotar en algo, incluso un eco hubiese sido confortable. Pero nunca hubo nada que me contestara.

Conocía tan bien lo que había quedado de Forks que podría haber caminado por ahí con los ojos cerrados. Cincuenta y dos pasos para llegar hasta el final de la entrada de autos. Dos mil cuarenta y siete pasos hasta el centro del pueblo. Conté cada paso. Cada día, los contaba, porque ¿qué otra cosa podía hacer? A veces iba al parque y me acostaba en uno de sus bancos. No lo quería hacer en el pasto porque no sabía si había cuerpos descomponiéndose debajo de mí. Me recosté en un banco del parque y miré al cielo, tratando de ver mi futuro en las nubes. Recordé cuando era niña y me imaginaba que allí arriba estaba el paraíso.

No estaba segura en qué creer en estos días.

Hoy me estiré en mi banco preferido, el que tiene la vista más clara del firmamento y miré a las nubes pasar, perezosamente envueltas en el viento. A veces las nubes se parecían a caras. A veces podía jurar que podía ver gente que había conocido alguna vez en mi vida en ellas. Hablaba con ellos como si pudieran escucharme. Hoy había una nube que tenía una enorme semejanza con Mike Newton, un chico popular de mi clase. — Hola Mike, — le dije a la nube. — ¿Te acuerdas de mí? ¿Qué hay de nuevo? ¿A qué universidades piensas aplicar?

La nube cambió, ya no pareciéndose más a un humano. — Adiós Mike, — dije — Fue agradable haber hablado contigo. Gracias por haber parado a visitar.

No siempre hablé conmigo misma, no al principio. Por mucho tiempo estuve en conmoción, caminando como un zombi. ¿Por cuánto tiempo permanecí en silencio? Usualmente marcaba los días en un calendario, tomaba un crayón grueso como lo hacíamos en el jardín de infantes y los marcaba con una X. Pero finalmente el calendario terminó de tener días y no había nadie vivo para hacer unos nuevos. Fue después de que se acabaran los días en el calendario y mis pensamientos crecieran perezosos y fuera de lugar, que soñé que había olvidado como hablar, fue regresor, volviéndome un primate. Esa mañana prometí que hablaría en voz alta, y tanto como pudiera, no importando cuan tonta me sintiera.

Y lo raro es que fue duro al principio. Había olvidado como formar palabras; mi boca se sentía oxidada por falta de uso y abandono. Empecé a leer libros en voz alta a mí misma. A veces tomaba un libro e iba al patio trasero a leerle a Charlie. Y luego empecé a hablarme, imaginando conversaciones con otras personas.

Miré las nubes transformándose encima de mi cabeza y busqué más caras familiares, pero hoy no era un buen día. Ahora cada nube parecía una mancha de tinta. Reí pensando que debía de haber perdido mi mente si figuras ambiguas empezaban a parecerse solamente a otras formas ambiguas. Distraídamente piqué la pintura desconchada en el banco del parque.

De repente sentí una extraña necesidad de correr, de correr por todo lo que valía la pena. Corrí a toda velocidad por el perímetro del parque con mi pelo ondeando detrás de mí. Respiraba con dificultad y sudaba y se sentía bien. Gritaba de alegría y lanzaba chillidos y corría hasta que mis pulmones ardían. Había una estatua en el centro del parque, algún héroe militar a caballo. Traté de recordar lo que una vez leí sobre las piernas del caballo, ¿qué posición significaba que el hombre había muerto en batalla? Arrugué mi cara mirando hacia arriba, tratando de estrujar la memoria fuera de mi cerebro. Mis piernas se sintieron intranquilas por haber parado, entonces corrí de nuevo, haciendo una vuelta más al parque. Corrí hacia la estatua con mis ojos cerrados, doscientos ochenta y nueve pasos desde el borde del parque hasta la estatua, pero en el paso doscientos setenta y seis tropecé con… algo, algo con lo que estaba segura que hace cinco minutos no estaba allí. Mi aliento quedó atrapado en mi garganta y solté un alarido mientras movía mis brazos como si fueran aspas de molino y trataba de recuperar mi equilibrio. Abrí los ojos justo cuando golpeé mi pie contra algo duro. Pensé que la estatua del hombre sobre el caballo se había caído hasta que miré hacia arriba y vi el hombre sobre el caballo, en el mismo lugar dónde estaba la última vez.

Debo estar soñando, pensé, porque nunca nada cambia. Estaba asustada de mirar hacia abajo para ver dónde mi pie había aterrizado. ¿Por qué? No podía haber nada peor de lo que ya me había sucedido. — No seas infantil Bella, — me dije, mis mejillas seguían sonrojadas por haber corrido. — No es nada.

Dejé caer mi mirada y llevé mis manos sobre mi boca cuando vi el cuerpo, tan inmóvil que pudo haber sido una estatua. Él… eso… lo que sea era hermoso, como un ángel caído del cielo. Me arrodillé, muy segura ahora de que estaba soñando, y tracé las líneas de su rostro con mis dedos, frío y perfecto e inmóvil. Miré hacia el cielo para tratar de entender cómo es que él había llegado aquí. Miré por encima de mí y murmuré, — ¿De dónde vienes?

Algo frío se apoderó de mi brazo como si fuera un tornillo de banco, y grité. Traté de sacar mi mano pero no pude. Miré hacia abajo y la estatua se había movido, había rodeado mi muñeca con un su dedo y pulgar de piedra. Estaba definitivamente soñando. Si esto fuera un sueño, no necesitaba estar asustada. Así que traté de mantener mi aliento y darle sentido a la situación. Estas a salvo, estas a salvo, estas a salvo, me recordé una y otra vez. Nada puede lastimarte ahora, en tus sueños o estando despierta.

Pero entonces, la estatua me habló. Sus ojos permanecieron cerrados, pero vi mover sus labios. Definitivamente vi su mandíbula tensarse y sus labios formaban palabras que casi podía escuchar.

— Isabella, — murmuró la estatua, — ¿eres realmente tú?

Estaba tan acostumbrada a hablarle a las cosas y no oír nada a cambio que me quedé sin palabras.

— ¿Cómo puede ser que todavía sigas con vida? — dijo él.

Tragué saliva un par de veces, temerosa de haberme vuelto por fin completamente loca. — ¿Te conozco?, — pregunté finalmente.

— Isabella Swan, — dijo con esfuerzo, sus ojos permanecían todavía cerrados y luego se quedó en silencio otra vez, sus dedos todavía aprisionando mi muñeca en su garra helada.

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¿Y ahora? ...

Gracias a quienes dejan review, pusieron esta traducción en sus favoritos y alertas. Con respecto a las actualizaciones, actualizo cuando tengo el capítulo traducido. Ni antes, ni después. Soy totalmente un caos y no llevo una rutina por lo que no puedo decir un día en especial, lo único que puedo decir es que mas de una semana no me voy a tardar entre capítulo y capítulo. Así que, eso es todo.

¡Saludos!