Los personajes son de Naoko Takeuchi

La historia es de Sandra Chastain

Yo, solo me divierto =D


CAPITULO 2

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Mina Aino colgó el teléfono y, como había hecho cientos de veces, miro la foto en blanco y negro del hombre con el que se suponía se iba a casar. Era de alto y delgado y llevaba el pelo demasiado largo. Estaba apoyado en una gran roca y, aunque no estaba mirando directamente a la cámara, parecía como si estuviera en otro mundo. Su cara reflejaba nostalgia. No hacía falta que le dijeran que aquel hombre no se entregaba así como así. Lo sabía de sobra.

Lo sabía porque ella se había visto obligada a ser así también. Ahora prefería hacerlo sola, sin compartir sus ideas con sus compañeros de trabajo. Una vez lo había hecho. Había compartido sus creativas ideas y su vida con un compañero que había terminado por vender la idea a la competencia y por desaparecer de Baltimore. No le había dejado más que deudas. Su madre le había dejado el dinero para pagarlas y todavía no había terminado de devolvérselo. Montañas de Felicidad era su segunda oportunidad y no podía desperdiciarla.

Estaba claro que para Yaten Kou aquello no iba a ser más que otro trabajo. No esperaba que entendiera la gravedad de sus situación. Sin embargo, desde que había visto la fotografía por primera vez, había sentido que había un vínculo de unión entre ellos. Tal vez… la soledad.

Cuando su madre había visto la foto, se había quedado extasiada.

- Es perfecto Mina… y parece tan necesitado de cariño como tú. Tenemos que encontrar a este hombre.

- Mamá, solo es un modelo. Además, no necesito a ningún hombre. No sé cómo he dejado que me metieras en esto.

- Pero no es uno de esos ejecutivos con los que sales.

- Salía – le corrigió Mina. La historia con Armand le había enseñado que no debía confiar en los hombres que hicieran lo imposible para triunfar ni en los que fueran profesionales de éxito ya.

- Kakyu dice que Yaten está soltero, que es un alma errante sin hogar.

- Es la vida ficticia que Kakyu ha inventado para él. Seguramente, será un vendedor de fertilizantes de Yazoo City, Mississippi.

No sabía por qué, pero no lo creía así. Estaba claro que estaba inventando a un hombre que correspondiera con sus fantasías, pero al que nunca tendría. Lo decía su cara, pero no su voz. Su voz parecía llena de vida, la de un hombre que se dejaba guiar por el instinto y que era libre. No como ella. Ella se moría por sentirse libre, pero debía ser responsable. Lo que ella quisiera no importaba. Debía triunfar.

El sol de Georgia que entraba por la ventana hizo brillar el anillo de pedida que ella misma se había comprado una semana después de tener la foto. Tercer error.

Dejo la foto boca abajo sobre la mesa. ¿Quién sería aquel hombre y en qué estaría pensando para tener aquella expresión tan triste? Soñaba con él todas las noches pero no se lo había dicho a nadie.

Cuando había empezado a soñar con él despierta, se dio cuenta de que estaba en apuros. Yaten se había hecho demasiado real en su cabeza. Para colmo, sus compañeras iban a su despacho con cualquier excusa solo para ver la foto. Así que, para seguir ganándose el favor del señor Moon, había decidido presentárselo y ahora se encontraba con que iba a pasar el fin de semana con él.

Se dijo que no tenía opción, que tenía que pensar en su madre. No solo porque su padre le hubiera dejado una carta pidiéndoselo, sino porque, además, la había nombrado administradora del dinero de Luna. Desgraciadamente, después de pagar las deudas de los negocios de su padre, no quedo mucho dinero que administrar. De hecho, se vio obligada a pedir un crédito para mudarse de Baltimore a Atlanta. A Luna no le había importado lo mas mínimo, pero a Mina sí.

«Toda la vida me he sacrificado por mis hijos», le dijo su madre. «Ahora, voy a pasármelo bien. Cuando me quede sin dinero, me buscare otro marido. Es una pena que tú no hagas lo mismo… tienes que relajarte Mina. Deja de preocuparte por mí, diviértete, enamórate…».

Pero Mina siguió preocupándose de madre. Era la única ejecutiva de la empresa y no era el mejor momento para confesar que los había engañado. Necesitaba a su prometido para aquel fin de semana. De lo contrario, adiós a su carrera profesional y a devolver el crédito de su madre. No tenía opción. Aquel fin de semana debía ser un éxito.

Llamaron a la puerta.

- Es él – murmuró para sí misma –. Como no sea el de la foto, voy a tener que hablar con el señor Moon y confesarle todo.

Abrió la puerta y oyó un grito ahogado de sorpresa. No supo si suyo o del hombre que tenía ante sí, que era, sin duda, el de la fotografía que le había dado Kakyu de aquel hombre que deambulaba por el mundo sin instalarse en ningún sitio. Era Yaten Kou y era… perfecto.

La fotografía en blanco y negro no le hacía justicia ni por asomo. La miro con sus ojos verdes bajo el sol de junio y Mina sintió que la recorría un escalofrió. Abrió la boca para decir algo pero no pudo. Se había equivocado de cabo a rabo con la expresión de sus ojos. No era nostalgia, no.

Yaten Kou tenía los ojos más seductores del mundo.

Era más alto de lo que esperaba y, aunque era delgado, tenía unos buenos hombros. Se tenía que cortar el pelo y Mina sospecho que el largo cabello que llevaba era parte de su espíritu rebelde. Con aquella piel ligeramente bronceada por el sol y su pelo gris plata, aquel hombre solo tenía que mirar a una mujer para prometerle placeres prohibidos.

La conexión que había sentido con la fotografía era todavía más fuerte con él en persona. Sintió como le bajaba el calor por la garganta, pasaba por sus pulmones, se los vaciaba de aire y llegaba a la boca de su estomago como si fuera lava incandescente.

No podía respirar. Espero. Supuso que su madre, al no verla en la boda, iría a buscarla y se la encontraría en la puerta de su casa convertida en una estatua de ceniza.

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Para Yaten Kou, ver a Mina fue como si lo golpeara una ola gigantesca o se lo llevara un tornado. Ya sabía cómo era la mujer a la que pertenecía aquella voz tan sensual. A una mujer que era puro fuego.

La miro en silencio. La voluminosa cabellera rubia le caía hasta la cintura y se movio cuando abrió la puerta. Con una orquídea en la oreja podría pasar por una mujer del Caribe.

- Señor Kou – consiguió decir Mina –, gracias por venir.

Yaten asintió. Le costaba hablar.

- Es usted de verdad, es usted mi Yaten Kou.

- Sí, soy yo, el de verdad.

Desde luego, si aquello era una broma de Kakyu, había estado bien. Yaten se había imaginado a Mina Aino fea y seca. Se había equivocado completamente.

Aquella mujer era elegante e interesante. Llevaba unos pantalones cortos de color caqui, igual que la camiseta. Encima, se había puesto una camisa de gasa beige con grandes flores turquesas, como las sandalias. Yaten sintió ganas de sacar la cámara y fotografiarla. Se dijo que, si fuera un hombre inteligente, debería darse la vuelta y largarse. Imposible. Lo tenía encandilado.

No le sorprendió querer fotografiarla, pero sí la electricidad que había entre ellos. Ella también la estaba sintiendo. Estaba claro por como lo estaba mirando. Tenía la boca entreabierta y se quito un mechon de pelo de la cara para ponérselo detrás de la oreja. Yaten se quedo mirando sus movimientos sin poder articular palabra.

- Gracias por venir – repitió Mina con aquella voz tan maravillosa.

Su novia lo miro de arriba abajo y se fijo en sus vaqueros. Su hermana siempre la había dicho que se pasaba de informal vistiendo. Nunca le había importado, pero, en aquellos momentos, a los ojos de aquella mujer tan elegante… bueno, ya no había nada que hacer.

- ¿Me va a invitar a pasar o nos vamos a quedar mirándonos?

- Uy, perdone. Pase, pase.

Yaten entro, dejo la bolsa en el suelo y cerró la puerta. Miro a su alrededor y descubrió que la casa de Mina era como una cabaña de playa. Aquello no le sorprendió. Había imaginado que viviría en un ático, no en una casa de madera en una pequeña calle. Era pequeña y muy acogedora. Desde donde estaba, en el salón, veía casi todo. A la derecha, un comedor con la cocina y a la izquierda un dormitorio con un pequeño porche. Las paredes estaban pintadas de blanco y frente a la chimenea había dos grandes sofás tapizados en azul y coral, los colores de las islas.

- No creía que fuera a ser el de la foto. Estaba rezando para que lo fuera, pero me parecía imposible.

- Y yo no esperaba que fuera tan guapa. Me parece que los dos nos hemos llevado una buena sorpresa.

- ¿Pensó que sería fea?

- Mejor que no sepa lo que pensé. Digamos que no me puedo creer que haya tenido que recurrir a una agencia para encontrar novio.

- No he sido yo sino mi madre.

- ¿Su madre?

- Mi madre… bueno, da igual. No debí dejar que sucediera. Si conseguimos salir bien parados de este fin de semana, juro poner fin a esta situación – le explico metiéndose la mano en el bolsillo –. Tenga su dinero.

- ¿No sabe que no se debe pagar por adelantado? ¿Y si no cumplo con sus expectativas qué?

- Señor Kou, vamos a dejar las cosas claras. Solo quiero un hombre que sea capaz de convencer a mi jefe de que nos vamos a casar. ¿Le interesa el trabajo sí o no?

Le interesaba más de la cuenta. Tanto que hubiera preferido llevar unos buenos vaqueros nuevos y más apretados.

Mina se quedo mirándolo fijamente. Seguro que lograba poner nerviosos así a sus clientes. A él, desde luego, lo había puesto a mil.

- Dije que lo haría y, si usted sigue deseando que sea yo…

«Muy buena frase Kou», pensó.

Mina ignoro el «deseando» y paso a explicarle la situación.

- No se preocupe por nada. Lo tengo todo bajo control. Vamos a ir en mi coche al lago Lanier. Ya tengo la maleta en el coche y todo. Vamos a pasar la tarde en la cabaña de un amigo ensayando. Esta noche tenemos una fiesta en casa del señor Moon y mañana la boda. Se ha traído un traje ¿verdad?

- Sí, no se preocupe. No la dejare en evidencia.

- Bueno, la verdad es que mis compañeros saben que es fotógrafo, así que le perdonarían sus excentricidades.

- ¿Fotógrafo? – repitió secamente.

¿Por qué Kakyu le había dado su verdadero nombre y le había dicho a qué se dedicaba?

- ¿De quién fue la idea que fuera fotógrafo?

- De Kakyu. Así, cuadraba que casi nunca estuviera en la ciudad. A mí me gustó la idea de estar con un hombre que se gana la vida viajando donde quiere.

- ¿De dónde se supone que llego ahora?

- De Sudáfrica. No sé exactamente lo que estabas haciendo porque Kakyu no me lo dijo y nadie me lo pregunto. Lo único que les interesa es saber cuándo nos casamos.

- ¿Y qué les has dicho?

- Que no lo hemos decidido, que estaba esperando que volvieras.

- Bueno, pues aquí estoy, ¿doy la talla?

- ¿Cómo?

- Sí, que si le gusto como amante…

Mina parpadeo y miro hacia otro lado.

- No, no, nada de amante, mi novio.

- Si fuéramos novios y nos fuéramos a casar también seriamos amantes. Haríamos una buena pareja Mina Aino.

Mina tembló, pero pronto recobro el control.

- A ver si queda claro señor Kou, eso no está incluido en el trato – contesto. Movió la cabeza –; lo siento, pero esto me está resultando más difícil de lo que creía. Ahora, que ya no es solo una foto… me parece que no estaba preparada para verlo en persona. No sé si debería olvidarme de todo esto y contar la verdad al señor Moon.

En ese momento sonó el teléfono.

- Mamá, contigo quería hablar; ¿te das cuenta de que la mentirijilla que le contaste al señor Moon me podría haber costado el ascenso e incluso el puesto?

- Mamá, ¿Dónde estás? Mira que te he dicho que me avises cuando te vayas a ir de viaje… ah, maravilloso, en Cayo Hueso con un pintor… no, no sabía que los gatos de Hemingway tienen seis patas… mamá, escúchame; voy a ir a la boda de la nieta del señor Moon, que es mañana, con mi prometido… sí, el de la foto que me dio tu amiga Kakyu.

Ajá. Así que su madre y Kakyu eran amigas. Aquello empezaba a tener sentido.

- Sí, mamá, es él, sí… sí… es… como tu dijiste. Bueno, pero eso da igual.

¿Qué habría dicho su madre de él? Aquello era la mar de intrigante. Yaten sentía verdadera curiosidad. Las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar. Su hermana sabía que iba a estar en la ciudad justo el fin de semana de la boda. Todo entendido. Mina no había tenido nada que ver. Estaba siendo sincera y él decidió hacer lo mismo.

Se fijo en su trasero y en sus piernas mientras hablaba por teléfono de espaldas a él. Aquello podía ser divertido y hacía tiempo que no se lo pasaba bien.

- No mamá, no hace falta que vengas a arreglar nada. Ya me ocupo yo de todo. ¿Cómo que ya vienes para acá? ¡Mamá! ¡Mamá!

Mina suspiró.

- Me ha colgado.

Yaten se sorprendió a sí mismo sonriendo.

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Y bueno, un capitulo mas arriba, gracias por leer, saludos =)