Lo último que quería ser
Capítulo 3: Coraza.
~ No me atrevo a decir nada, no estoy seguro, aunque esos ojos sin duda son los tuyos. ~
Pasos sin rumbo lo condujeron a ese lugar. No esperaba haber llegado ahí después de tanto tiempo, un año para ser precisos. Se detuvo frente al pórtico de la casa y abrió la pequeña puerta de madera, puerta que ántes no estaba ahí... Una gran cantidad de recuerdos llegaban a medida que se acercaba a la puerta de la casa. Cuando se hayóo frente a ella, hizo el ademán de golpear, pero se arrepintió y retrocedió unos pasos.
- No vas a encontrar a nadie.- Sonó una voz aguda y chillona.
El peli negro volteó y vió en la cerca a una pequeña niña haciendo burbujas de jabón. Tendría un metro de alto como mucho, un bonito vestido azul marino y el cabello rubio atado en una trenza corta.
- ¿Ah si?
- Sí. La señora se mudó hace un mes.- Dijo y le señaló un cartel.- ¿Ves? Ahí dice en venta.
Sonaba como una adulta por el tono de las palabras que usaba para tener como mucho seis años de edad. Ryoma se acercó más a la cerca y la bonita niña lo miró de reojo inspeccionándolo. La madre de la pequeña apareció por la puerta y miró a Ryoma con desconfianza.
- Mei, ¿Qué haces jugando afuera? Ven aquí que ya es tarde.- Reprochó la mujer de brazos cruzados.
La niña corrió hacia la casa y saludó a Ryoma con su mano. La madre se acercó al muchacho y le sonrió.
- Disculpa, ¿Puedo ayudarte en algo?
- Emm sí, estoy buscando a la familia que vivía aquí, ¿Sabe dónde puedo encontrarlos?- Preguntó esperanzado. si
- ¿Te refieres a los Ryuzaki?- Dijo la mujer con una mueca de pena.
Ryoma asintió.
- El señor Ryuzaki estuvo un tiempo muy enfermo, la pobre mujer estaba ayudandolo en todo, cada día iban a un hospital nuevo con la esperanza de que se cure. Se veía cansada. Hace dos años nos enteramos de que tuvo un accidente, se durmió al volante y falleció. El hombre estuvo enfermo unos meses más y también falleció.
Ryoma retrocedió un paso anonadado. ¿Y qué había pasado entonces con Sakuno? ¿Huérfana?
- Sumire era única de los Ryuzaki que quedaba y se mudó hace un mes.
Empezó a caminar hacia atras, quería irse de allí y desaparecer del planeta si le era posible.
Caminó largo rato, a paso lento, calmado y recordó a aquella chica que había chocado. Era espléndida. Su cuerpo bien contorneado, su tez pálida, sus ojos rojos cual sangre y cabello rojizo desde la raíz hasta la mitad, porque después se volvía de un tono oscuro, casi negro, en las puntas. Desafiante, rauda, todo lo contrario a Sakuno... Pero, ¿Qué le importaba esa chica? Quizás sus ojos se la recoraban, quizas solo quería enfocar sus pensamientos en algo que no fuera ella. Realmente no era más que una chica. La única que importaba en ese momento era Ryuzaki.
oOoOoOoOo
- ¿Solo querías abrazarme?- Sora empujó suavemente a Sakuno de él.- ¿Quién eres y que hiciste con mi hermana.
- Ya te lo dije, yo no soy tu hermana.- Reprochó de brazos cruzados como una niña.
- Vivimos bajo el mismo techo, es lo mismo. En fín, ¿Me vas a dejar pasar a mi casa o me voy a quedar en la puerta?- Dijo y echó un vistazo al interior.
- Seguro, pasa.- Lo miró de reojo, burlándolo.- A fin de cuentas, como dijiste, es tu casa.
Sora la siguió al tiempo que la recorría completamente con su mirada.
- No me malentiendas Sakunito, tú y yo sabemos que esta es nuestra casa, pero tú eres la nueva así que tengo mayor jerarquía.- Dijo con una gran sonrisa.
- Yo no malentiendo nada Sora.- La peli rojiza volvió hacia atras para cerrar la puerta.- Y por favor deja de llamarme Sakuno.
La puerta se cerró de un golpe. Fueron a la sala y se tiraron en el sofá, solo que Sakuno apoyando los pies sobre él, como si de una mesita ratona se tratara. Ambos se miraron y sonrieron.
- ¿Sabes qué me ensucias con tus sucias sucias botas, no?
- Sí, solo que así estoy comoda.- Dijo de mala manera.- Por cierto, te llevaste las llaves equivocadas.
- Sí, lo noté en el ensayo.
Sakuno se levantó del sillón y se paró frente a Sora al tiempo que soltaba su cola de caballo para dejar su cabello suelto. Sora quedó hipnotizado ante la belleza de la peli rojiza que solo lo miraba esperando.
- Que miras?- Extendió su mano.- Vamos, dame mis llaves.
El castaño se paró frente a ella con una sonrísa malévola. Metió la mano en su bolsillo y sacó un juego de llaves que hizo tintinear frente a la peli rojiza. Esta tiró un manotazo, pero Sora le alejó las llaves de su alcance.
- Hagamos un trato Sakunito.
- No haré ninguna clase de pacto contigo.- Sacó de su bolsillo las llaves de Sora y las arrojó sobre la mesa.- Haz lo que quieras con ellas.
Lo miró con desdén y se alejó de él. Poco a poco subió las escaleras dispuesta a ir a su habitación. La puerta cerrada. Escuchó ruidos tras de si.
- Toma.
Sakuno simplemente tomó las llaves y entró a su habitación.
oOoOoOoOo
No había forma de describir la tranquilidad de la habitación de Sakuno. Era una extraña mezcla de paz y armonía. En ese lugar ella era la reina y todos la obedecían, ese era su lugar favorito en todo el mundo. Era libre.
Abrió su armario y tomó un gran estuche negro. Al sentarse en la cama lo abrió con mucho cuidado y sacó de él una guitarra, unas notas y un lápiz.
Sakuno tocaba hermosas melodías y con una sonrisa en el rostro escribía algunos versos, algunas notas. Sus hábiles dedos se movían de manera lenta y suave, y a su vez iluminaba el ambiente con una sonrisa triste. Con el miedo latente en su voz comenzaba a tararear, para luego ponerse a cantar.
No quiero que te enteres
que te estoy hablando a vos.
Voy a decirlo al viento
y que te envuelva así el rumor
y que en las noches al dormir
te ronden los fantasmas y el miedo,
que te hable tu conciencia
y creas que haya sido Dios.
Ya no te quiero, no siento nada,
soy tan vacía como el silencio de tu cara.
Ya no te quiero, estas marcado,
vos me enseñaste a dar silencio por amor.
Sakuno dejó de cantar y siguió tocando solo que esta vez con los ojos cerrados, aliviada. Tomó aire y suspiró con una sonrisa.
Yo quiero que te enteres
que la gente ya escuchó
que te cambió la suerte
y que sepan lo que sos.
Que sientas que en el aire
hay algo frío dando vueltas y vueltas.
Que vivas presintiendo
que algo malo te tocó.
Ya no te quiero, no existe nada,
estoy vacía como el silencio de tu cara.
Ya no te quiero, ya ni te odio,
vos me enseñaste a dar silencio por amor.
oOoOoOoOo
Sora se sentía terriblemente mal por Sakuno, no entendía muchas cosas de su vida, puesto que ella era un enigma. Nunca había forma de saber en que pensaba o que sentía, pero sus bonitos ojos expresaban todo un mundo que él no sabía como describir, algo que él desconocía completamente. El muchacho estaba perdidamente enamorado de ella desde que la había conocido. Arrogante, fría, autoritaria, pero con él ella era, al menos, un poco diferente y eso le daba esperanzas.
Solo había escuchado un nombre: Ryoma Echizen.
Sin dudar Sora golpeó la puerta de la habitación.
- Es hora de cenar.
La puerta se abrió y Sakuno miró a Sora, apoyandose en el umbral de la puerta.
- No te dí las gracias.- Miró al suelo y luego a los ojos del peli negro.- Digo por las llaves.
- No, no importa.- Sora dudó.- Te oí.
- ¿Qué?
- Cantando. Te oí cantar hace un momento.- Sakuno agachó la cabeza.- Deberías unirte a la banda... Por favor.
Sora continuó mirándola. Seguía sin comprender muchas cosas de ella, sobre todo por qué no era así de dulce siempre, por qué era tan cerrada con todas las personas menos con algunos pocos.
- Piénsalo bien, cantas, sabes componer y necesitamos un guitarrista.
- No seas ridículo, yo no puedo estar en esa banda.
- Es en serio, Ann y Kamio no tendrían problema, tocaríamos juntos.- Dió unos pasos adentrandose en la habitación y se quedó callado unos segundos, comprendiendo los motivos de la cobriza.- ¿O juntarte con perdedores como nosotros le haría mal a tu reputación de "Niña mala" Tsuki?
Sakuno elevó su rostro y lo miró, cuando escuchó esas palabras se sintió ofendida, defraudada, no se lo esperaba de él.
- No es por eso, ¿A quién demonios le interesa si me llamo Sakuno o Tsuki?
- Tu problema es que no puedes aceptar como eres, Sakuno eres...- Se acercó a ella y acarició levemente su mejilla.- Tú eres genial. Pero Tsuki es una maldita engreída.
Sakuno empujó a Sora fuera de la habitación con el odio en su mirada. Le costaba, no iba a negarlo, odiaba tener que echarlo, pero nuevamente se sentía herida y no iba a permitirlo de ninguna manera.
- Tsuki sabe defenderse Sora... Acepta que Sakuno ya no existe.
oOoOoOoOo
La tarde se tornaba de un color rojizo y las nubes invadían el cielo. La leve brisa anunciaba la lluvia y aquella chica vagaba por las calles buscando alguna respuesta en la soledad. De pronto pequeñas gotas comenzaron a caer, una después de otra, interminables.
- ¡Qué estupidez!- Miró al cielo y se puso la capucha.- Cuando pregunto si el día no puede estar peor, es una pregunta retórica...- Le gritó al cielo frustrada.- No un reto.
En cuestión de minutos se encontró empapada. Era lindo caminar bajo la lluvia y dejar que todos los pensamientos fluyan y se conviertan en ideas más claras, pero aún así prefería estar seca.
Pasó por un pequeño bar. Al ver a las personas divirtiéndose entre ellas, le recordó tantas épocas bonitas y sin dudar entró. Se sentó a esperar que la atendieran, cuando vió llegar a dos de los sempais: Momoshiro y Eiji, aunque ellos no la notaron, y se sentaron en la mesa de un chico peli negro: Ryoma. Trauma. Era Ryoma que la miraba con extrañeza. ¿Por qué siempre la miraba si no la reconocía? ¿Qué hacía en ese lugar?
Una bonita chica de cabello anaranjado hasta los hombros y una gran sonrisa llegó a la mesa para atenderla.
- Tsuki.- Exclamó efusivamente la joven mesera.- ¿Qué se te ofrece? Estás empapada.
- Hola Ann, la lluvia me tomó por sorpresa. Ya sabes, lo mismo de siempre.
Sakuno no podía evitar mirar hacia él. Se sentía furiosa porque no la reconocía y a la vez débil porque deseaba que así fuera, pero por fuera parecía segura de que ni siquiera lo conocía. Ryoma escuchaba atentamente la conversación de las chicas mientras asentía a lo que los sempais le decían.
- ¿Vienes sola o esperas a Sora?- Ann elevó sus cejas mientras reía.
- Acabamos de pelearnos.- Soltó el menú sobre la mesa con actitud arrogante.- Idiota.- Dijo y miró al peli negro.
- Lo lamento Tsuki. Luego hablaré con él en los ensayos de la banda.- Tomó su bolígrafo y anotó en una pequeña libreta.- Chocolate con galletas en un minuto.
Sonrió y la dejó sola.
- O'Chibi, aún no puedo creerlo. ¿Qué haces aquí? Es impactante tu regreso de la nada.
Eiji estaba emocionado de ver al pequeño Ryoma y trataba de contener toda su emoción, pero la sonrisa no podía borrársele del rostro. Ryoma había crecido unos buenos centímetros y ya no tenía la misma personalidad que cuando era más niño. Se podía decir que había madurado, aunque aún le quedaban rastros de arrogancia, frialdad y egoísmo. Lo que había cambiado era su cortesía, al menos con las personas que lo rodeaban o que no conocía. Ahora era un tanto mas respetuoso y amable, pero en el fondo seguía siendo igual.
Ryoma deseaba contestar pero, al igual que Momoshiro, estaba pendiente de la charla de las chicas que estaban a dos mesas.
- El torneo de tenis acabó y no tenía nada que hacer en Estados Unidos.
- Un torneo de tenis no dura dos años Echizen.- Momoshiro tomó el menú.- Por algo vienes.
Ryoma se recostó más sobre la silla y apoyó la cabeza sobre sus manos. Sus párpados descendieron y muchos recuerdos aparecieron en sus pensamientos.
- No vengo por algo.- Abrió los ojos.- Vengo por alguien.
Eiji y Momoshiro largaron una risa, negando con la cabeza, desconcertando al muchacho que los miraba buscando respuesta.
- Te han atrapado amigo.- Eiji soltó una risa cuando Momoshiro pronunció esas palabras.
- Pues a ti tambien.- Dijo Eiji esta vez y elevó sus cejas sin parar de reir.
Momoshiro lo miró sin entender cuando sintió pasos acercandose. Rápidamente volteó y vió a la peli anaranjada parada a su lado.
- Hola Momo, Kikumaru...- Ann se quedó sin habla al ver a Ryoma allí, negó con la cabeza y dirigió la vista a Sakuno que la miraba haciendo una seña para que guardara silencio.- ¿Qué se les ofrece?
- Una ponta de uva, dos de naranja y para comer tres porciones de torta.- Eiji soltó el menú.- Hay que festejar el regreso del O'chibi.
- Claro...- Anotó en su libreta.- En seguida les traigo su orden.
Ann volteó lentamente mirando hacia el suelo y comenzó a caminar cuando la voz de Ryoma la detuvo. Paró de caminar y giró solo su cabeza para mirarlo.
- Tenemos que hablar Ann.
- Claro que no, yo no tengo nada que decirte.
Pov Sakuno
¿Cómo hacía Ryoma para llegar en el momento más inoportuno? ¿Por qué? Ya estaba harta de que se aprovechara de mis sentimientos. Ahora estaba muerta en vida, no estaba ni feliz ni triste, estaba vacía por dentro. ¿Y él? Él estaba divirtiéndose con sus amigos a tan solo metros de mi, y ni siquiera era capaz de reconocerme.
Dirigí mi mirada a él, quién me miraba fijamente. No me sentía intimidada como ántes lo hacía, simplemente trataba de desafiarlo con la mirada. Pero me di cuenta que esa era su forma de sentirse especial, no le daría esa oportunidad, él era solo otro más. Así que solo conté hasta tres y como si no me interesara desvié la mirada a mi celular y escribí un simple mensaje:
Sora, ven a al bar de Ann.
Deseaba mirar para comprobar si me seguía mirando o no, pero no lo hice. Al cabo de diez minutos Sora estaba allí, mirando en la puerta, buscandome. Me levanté de mi lugar y le hice una seña de que se acercara. A paso lento llegó a la mesa y se sentó.
- Hola.- Dijo el castaño.
- Hola.- Dijo también Sakuno.- ¿Quieres ordenar algo?
- No, descuida. ¿Qué querias?
- Cambié de opinión, quiero unirme a la banda.
- ¿Qué te hizo cambiar de opinión.- La miró directo a los ojos.- Tsuki?
- Eso no importa, voy a unirme... Solo quería avisarte y pedirte disculpas.
- ¿Me llamaste para eso?
- Sí.
Miré hacia la mesa, Ryoma seguía mirando fijo.
Ya nada era igual pero, quizás, eso demostraba lo fuerte que podía ser si lo deseaba. Mi corazón, mi mente y mi alma estaban decididos, cansados y sabían que él ya no formaba parte de mi vida. Lo único que costaba y que realmente dolía era mi orgullo. Sentía que se había burlado de mi en mi propia cara, que se había aprovechado de una joven niña que lo amaba con todo su ser, que se había entregado a él en cuerpo y alma, y que yo se lo había permitido sin siquiera dudar de sus intenciones.
Mi orgullo no estaba en juego, iba a ser reparado a cualquier costo...
oOoOoOoOo
N/A:
¡Hola aqui les traigo un nuevo capítulo! Decidi que publicaré los domingos (a menos que tenga algun inconveniente).
¿Qué les pareció? Se que Sakuno es bastante OC pero ya veran, no se alarmen.
No me molestaria que dejaran reviews, no toma nada de tiempo y me alentan a seguir.
Nos leemos.
