Escrito en colaboración con Anansi's Acolyte. La idea original es toda suya.
Por gentileza de Anansi's Acolyte, co-autora de esta historia. Así que denle las gracias XD
Por la fiesta de Martes de Carnaval... ¡Feliz Día!
- Tachibana Katsuki, a tu servicio…
Katsuki. El Katsuki de Dark Moon. Su papel más importante hasta la fecha. El profesor que finge amar a Hongo Misao para vengarse de toda esa familia, mientras guarda en secreto su amor prohibido por la joven Mizuki. Y Kyoko interpretaba a Hongo Mio, la hermana de Misao. Apenas tuvieron escenas juntos, salvo en la escuela. Claro, por eso la había llamado Mogami, como si pasara lista en clase. Bueno, fue su sensei (el de Mio), su profesor de secundaria en la serie. Pero Mio no tenía relación afectiva con Katsuki, como la que tenían Setsu y Cain. Bueno, para ser precisos, Mio no tenía relación afectiva con nadie. Odiaba a todo el mundo, especialmente a su familia. Su corazón era negro y retorcido, como la cicatriz que lucía en la sien. Y ahora, Katsuki/Ren la llamaba Mogami, un eco de sus tiempos como su docente. Así pues, parece que también aquí haría distinción entre la Kyoko real y su personaje Mio. Sí, seguramente sí…
- ¿Sensei? -dijo ella.
- No me llames Sensei, Mogami. Llámame Katsuki… -con el dorso de la mano deja caer una leve caricia en su mejilla-. Siempre me ha gustado cómo suena mi nombre en tu boca…
- Sens…, Katsuki… ¿Pero qué haces aquí? -e involuntariamente Kyoko retrocede ante ese gesto íntimo.
- ¿No es obvio? Visitar a mi prometida…
Ya está. Ya la armó… Yashiro al borde del desmayo... Kyoko a punto de explotar por culpa del rubor hirviente que la cubre de pies a cabeza… Y Katsuki, tan serio y tranquilo, como si la cosa no fuera con él…
- Mogami…, permíteme una pregunta… Si todavía no estamos casados, ¿cómo es que acabamos anoche en la misma cama?
Yashiro está al fondo abanando el aire con las dos manos y sin perder detalle de la conversación. Kyoko alza su dedo admonitorio (sí, el que se usa para regañar) y le increpa muy seriamente (aunque el rubor que la recorre le resta algo de formalidad):
- Tachibana Katsuki, ¡sabes perfectamente que estábamos vestidos y que no hicimos nada!
- Bueno… Eso siempre se puede arreglar…
Yashiro se desmayó. Y a Kyoko se le doblaron las rodillas… Como si fueran de mantequilla en vez de hueso…
¡Su prometido! Por Dios, ¿cómo podía su corazón soportar tanto sobresalto? Novia de Cain y prometida de Katsuki. ¿Pero es que los dioses estaban borrachos o qué? ¿Qué burla era esta? Como si no fuera ya lo suficientemente duro ver a Tsuruga-san ser Cain. Dolía… El hombre que ama diciéndole palabras de amor, abriéndole su corazón, pero no es él. Es un maldito personaje… Las palabras de Cain, las caricias de Cain, los besos de Cain, pero no es Cain. Cain no existe. Todo es falso. Una mentira. Producto de la pobre mente enferma de Tsuruga-san.
Y para colmo, ella le devolvió el beso. Se dejó envolver por las emociones. Un momento de debilidad. Sí… Llamémoslo así… Ella también tiene derecho a dejarse llevar alguna vez. Además, está claro que Tsuruga-san jamás la besaría de estar en sus cabales. Jamás podría quererla a ella. Jamás podría amarla.
Jamás.
Yashiro y Katsuki estaban haciendo la visita turística de rigor por las instalaciones de LME. La gente le saludaba y él cortésmente respondía. Aunque no tenía ni idea de quiénes le hablaban. No reconocía a nadie. Mejor dicho, no conocía a nadie. Era Katsuki, y Katsuki nunca había estado en LME. Aceptó de buen grado la compañía de Yashiro mientras Kyoko atendía sus deberes en el trabajo. Porque su prometida era actriz. Sí, entre conversaciones y charlas aparentemente casuales, habían extraído lo fundamental de su relación. Después de que Katsuki cumpliera su venganza contra los Hongo, y de que Mogami terminara la secundaria, y tras su compromiso formal, su prometida había marchado a Tokyo a probar fortuna como actriz, libre de las garras de su familia. Él había seguido en el pueblo impartiendo sus clases. Llevaban sin verse cuatro meses, desde febrero.
En febrero tuvo lugar el fin del rodaje de Dark Moon. Era una extraña mezcla de realidad y ficción la que su mente había entretejido, pero que para él tenía sentido y funcionaba…
El 'trabajo' de Kyoko esa mañana era reunirse con Lory y el doctor que había atendido a Ren esa madrugada. Ella les contó cómo Cain era ahora Katsuki. Y sí, también tuvo que contarles la vergüenza de que ellos [él] la consideraran novia y prometida, respectivamente. El doctor reflexionaba y finalmente dijo:
- Su trastorno disociativo es mayor de lo que pensaba. Ha mostrado dos personalidades distintas hasta el momento. Cada una de ellas perfectamente diseñada, y congruente con el pasado y el carácter de sus personajes. Se ha fundido en ellas, y ha fusionado la realidad con la ficción. ¿Cuántas identidades creen que pueda llegar a mostrar?
A Kyoko los nervios le pudieron, y contestó sin su habitual urbanidad.
- ¡Por amor de Dios! ¡Es actor! Mil y una personalidades, tantas como papeles haya interpretado en su carrera. ¡Pueden ser infinitas!
- Mogami-kun, no pueden ser infinitas. Muchas sí, por supuesto, pero infinitas no… -dijo con calma Lory.
- Intenten identificar el patrón del cambio -continuó el doctor-. Cuándo cambia y por qué. Así podrían llegar a prever los saltos de identidad. Y también estén atentos a si se repiten o no. O si desaparecen y ya no vuelven. Tomen nota de todas estas circunstancias.
- Doctor, me atrevo a pensar que tenemos una constante… -dijo Lory.
- Sí, yo también lo pienso… -repuso el doctor. Y entonces Lory se giró hacia Kyoko y le habló directamente.
- Mogami-kun, perdona, pero creo que…
- ¿Eh?
- Las identidades que ha mostrado Ren hasta ahora tienen una cosa en común... Bueno, dos…
- ¿Sí? ¿El qué?
- Tú.
- ¿Yo?
- Sí, tú.
- Ah…
- Mogami-kun…
- ¿Y la otra?
- Los dos te quieren.
- ¡No! Se equivoca usted. Él no me quiere… Él está mal… Tsuruga-san se hizo daño en la cabeza, y eso le afectó… De estar bien, ni me miraría dos veces… Así que no, Presidente, usted se confunde.
- Me temo que no, Mogami-kun. Pero si creyendo eso estás más tranquila, pues de acuerdo…
- Pues Takarada-san, en realidad lo que está diciendo usted tiene mucho sentido... -dijo el doctor.
- ¿Eh? -exclamó Kyoko.
- Si el paciente tiene una pasión inexpresada, una obsesión o un sentimiento ocultos a los que no ha podido o sabido dar voz o salida, y que nunca ha dado a conocer, como puede ser el caso de un amor no correspondido, es más que probable que este trauma haya hecho aflorar a plena vista dicho sentimiento reprimido -se dirigió a Kyoko-. Es por eso, señorita, que, independientemente de la personalidad que adopte, usted es su constante. Usted siempre es usted en ambos casos. Él la considera a usted su novia o su prometida. Sí, usted debe ser su pasión secreta…
Nada en su vida la había preparado para esas palabras.
Ella, su pasión secreta…
Y entonces Kyoko se convirtió en piedra.
(Casi) literalmente.
Después del almuerzo, Katsuki se había resistido a ser confinado en el apartamento.
- Me niego a pasarme el día entre cuatro paredes. Takarada-san, sé que ha arreglado la agenda de mi prometida para concedernos tiempo juntos, pero por favor, convénzala. Usted es su superior.
- Sí, Mogami-kun. Hazle caso a tu prometido. Salgan a dar una vuelta por Tokyo. Tachibana-san no ha estado antes en la ciudad. Estoy seguro de que hay mil sitios que le gustaría ver…
- Pero Presidente…, no podemos ir por ahí…, la gente… -repuso Kyoko.
- Oh, es cierto… Tachibana-san… -dijo Lory.
- ¿Sí?
- Deben disfrazarse.
- ¿Disculpe? -contestó Katsuki.
- Estoy seguro de que comprende que Mogami-kun es bastante conocida, y podrían atraer la atracción indeseada de fans y curiosos, por no hablar de la prensa…
- Sí, claro… Pero ¿por qué debo disfrazarme yo? Aquí no me conoce nadie.
- Imagine que por una casualidad les toman una foto que acabe en la prensa. ¿De veras quiere tener después a paparazzi y periodistas detrás de usted, todo el santo día, preguntando por la naturaleza de su relación con Mogami-kun? ¿Indagando en la vida privada de ambos?
- Tiene razón, por supuesto, Takarada-san.
Pues así habían acabado dando vueltas por Tokyo. Él, con unos jeans, deportivas, y una camiseta de béisbol, una gorra a juego y bigote postizo. Hmm, y sí que resultaba interesante… Por supuesto, su altura y esa vestimenta reforzaban la idea de que era extranjero. No parecía que lo fueran a confundir con quien realmente era.
Kyoko también tuvo que transformarse. Llevaba una peluca oscura, con la melena justo sobre los hombros, y un pañuelo de colores como diadema. Y además, tenía puesto un vestido de verano con estampado floral y sandalias.
Y los dos con gafas de sol. Es increíble el sol que luce en Tokyo…
Kyoko daba mentalmente las gracias a Lory por hacer que resultara lógico que Katsuki se disfrazara. Solo faltaba que una horda salvaje de fans se abalanzara sobre un Tsuruga Ren que no sabía que era Tsuruga Ren…
Y ahora estaban en el Parque Kitanomaru. Pensando en los posibles gustos de Katsuki, Lory les había recomendado este destino. Iban de la mano. Para no ser separados, le había dicho él, ofreciendo la suya. Había gente, cierto. Pero no tanta como para perderse. Se supone que él era extranjero, y ella ya había ido de la mano con Cain. Podía hacer esto… Y la entrelazó con la suya. Ciertamente disfrutaron de su visita. Habiendo sido antes parte de los terrenos del Palacio Imperial, el Parque estaba abierto al público, y allí se podía disfrutar de sus hermosos jardines, pero también de la cultura, pues en él se encontraban dos de los más importantes museos de Tokyo, el Museo de las Ciencias y el Museo Nacional de Arte Moderno.
Pero todo lo bueno se acaba, pensó Katsuki. Estaba anocheciendo y Kyoko les hizo volver al apartamento para visitantes que les había dejado Lory. Lo primero que hicieron, una vez a salvo de miradas indiscretas, fue quitarse Katsuki el bigote, y Kyoko la peluca. Mientras preparaban la cena, él no podía evitar tener una sensación de déjà vu. Le hacía recordar aquella vez que había estado enfermo y Mogami había ido a visitarlo, a riesgo de desatar las lenguas del pueblo y la ira de su prima.
- Has aprendido a cocinar… -le dijo.
- ¿Eh? -respondió extrañada Kyoko.
- Sí, esto tiene una pinta estupenda. Antes eras incapaz de hacer un arroz sin quemarlo…
- Ah… -sí, Kyoko entendió a qué se estaba refiriendo-. Sí, claro… Cuando vives sola, te tienes que espabilar o si no, morirte de hambre… Ya lo sabes… No me quedó más remedio que aprender algo… -buena respuesta, Kyoko…
- ¿Sabes a qué me recuerda esto?
- Sí…
- ¿Sí?
- A la vez en que insistí en cocinar para ti cuando estabas enfermo.
- Exacto. Pero hay algo que nunca te he dicho sobre eso. Aquella vez…, aquella noche, cuando caíste al suelo y te tuve en mis brazos, fue cuando me di cuenta de que me estaba enamorando de ti…
- Katsuki…
- Déjame terminar, por favor… O no seré capaz de decírtelo… Fue la primera vez que fui consciente de tener sentimientos por ti. No quería soltarte. No quería dejarte ir de mis brazos… Tuve que convencerme de no besarte allí mismo. Quería besarte… Sí, toda una revelación en el suelo de la cocina... ¿Extraño, verdad? -la sonrisa de ambos tiene un punto de tristeza-. Y luego, al día siguiente, cuando te cortaste con la taza rota y acabamos tocando el piano juntos, ya no pude negarlo. Te amaba, pero solo podía ocultarlo. Debía ocultarlo. Yo estaba prometido a Misao y tenía planes de venganza para los Hongo. No podía arrastrarte conmigo. No podía destruirte a ti también. Así que lo oculté… Oculté lo que tú me hacías sentir, para no hacerte daño. Pero tú me traes la luz, Mogami. Tú haces retroceder a la oscuridad…
- Katsuki…
- Mogami… -se acercó y la tomó de la mano, depositó un beso gentil en ella, luego la miró a los ojos, como si se perdiera en ellos, y se acercó más aún...
"¡¿No me irá a besar?!", pensó Kyoko. Pero no, Katsuki acortó la distancia y besó su mejilla. Pero no un beso de mejilla con mejilla, no… Realmente fueron sus labios los que besaron su piel. Pero ese beso no se sintió del todo inocente, y algo más tuvo que tener, porque ella, para variar, se ruborizó…
- Anda, vamos a cenar… -dijo él, alejándose-. Veamos cómo han mejorado tus habilidades culinarias.
Katsuki no podía dormir.
Por fin, después de tantos meses, estaba con ella. Cómo la había echado de menos. Le había parecido una eternidad. Lástima que fuera una visita corta, pero era mejor que nada. Ni una palabra de reproche saldría de sus labios… Ella tenía todo el derecho a buscar su propio camino en la vida. Los años que vivió sometida a los Hongo, siempre pendiente de los deseos de otro, de los caprichos de otro, dando todo por otro, y sin poder jamás tener la oportunidad de tomar sus propias decisiones, de hacer algo para ella y por ella misma, todo eso se había acabado. Ella tenía que vivir su ilusión, buscar cumplir su propio sueño. Y él no iba a quitarle eso. Si tenía que pedir el traslado a Tokyo, lo pediría, porque dudaba que pudiera estar otros cuatro meses lejos de ella.
Y ella, allí, al otro lado del pasillo, tan cerca… Aún no sabía cómo ni por qué, pero esta mañana despertó en paz con el mundo cuando la descubrió a su lado, en la misma cama, enredados, respirando su piel y sintiéndola en sus brazos… Y ella empujándolo para despertarlo y que la soltara, y él fingiendo el sueño para poder disfrutar un poco más de la cercanía de su cuerpo… Sí, más vale que nos casemos pronto…
Y este dolor de cabeza que no se va… Y el sueño que no llega... No dejes, Katsuki, que tus pensamientos te den alcance, porque podrías arrepentirte… Y se alejó de la puerta de la habitación en la que dormía Kyoko, ajena a sus cavilaciones.
Se dirigió al salón y encendió el televisor, con el volumen bajo para no despertarla. Reposiciones, multidifusiones, comerciales, adivinos y echadores de cartas, doramas, algún documental… Dark Moon… ¿Qué es Dark Moon? ¿De qué conozco Dark Moon?
Kyoko no podía dormir…
¿Cómo había sido que hace menos de veinticuatro horas ella estaba en su propia cama, soñando con hadas? ¿Cómo es que pasó a ser la novia de Cain y la prometida de Katsuki?
Su pasión secreta… ¿Cómo voy a ser yo su pasión secreta? La gente no debería bromear con esas cosas… El doctor no sabe lo que dice… ¿Su pasión secreta? Eso no es posible. Nop.
Pobre Tsuruga-san... Su cabeza ha mezclado sucesos reales con pura ficción. Por ejemplo, la noche en que le ayudé a ensayar con Katsuki, y yo hacía de Mizuki. Esa noche en la que me caí y acabamos en el suelo de la cocina. Él me estaba dando una lección, y seguía estando en carácter. Es imposible que Tsuruga-san haya sentido lo que dijo que sintió aquella noche. Era Katsuki, el personaje. No él. Y la escena del piano, esa nunca fui yo. En su desbaratada cabeza he sustituido a Mizuki.
Vaya, el amor de este Katsuki es Mogami, no Mizuki. Irónico, ¿verdad? Más bien triste… ¿Pero entonces quién sería Mio?
Ante sus ojos, una Mio que se parece terriblemente a Mogami, se alía con un Katsuki idéntico a él en su venganza contra la familia Hongo, mientras que él (el otro Katsuki) rescata a Mizuki (¿quién es Mizuki?) de la vida de servidumbre a la que la tienen sometida. Katsuki y Mizuki. Una historia de amor. Katsuki y Mizuki… No. Katsuki y Mogami. ¿Pero quién es Mizuki? La historia del amor prohibido entre Katsuki y Mizuki florece ante él. ¿Por qué Mogami es como Mio? ¿Por qué está mi vida ahí? ¿Cómo saben todo lo que dije? ¿Cómo saben todo lo que hice? ¿Es que ese soy yo? No es posible. Yo amo a Mogami… ¿Quién es Mizuki? Mio, Mogami… Ella no es Mio. Imposible… Ella no es oscuridad. Ella no es odio. Mogami es la luz. La luz. No puede ser, no es posible… Todo eso es mentira. Yo quiero a Mogami. Solo a ella. Ella es mi luz…
¿Pero quién es Mizuki?
La Kyoko insomne por fin se levantó y fue a por un vaso de agua cuando lo vio de pie en el salón. Se dio cuenta de lo que estaba viendo en el televisor. Y un escalofrío de mal agüero le recorrió la espalda. Vio cómo la cara de este Katsuki empezó a cambiar, mientras en la pantalla se presentaba el plantel de actores del dorama. Uno detrás de otro. Nombre completo. Y personaje.
Tsuruga Ren como Tachibana Katsuki.
Momose Itsumi como Hongo Mizuki.
Kyouko como Hongo Mio.
Ficción.
Dorama.
Ficción.
Mentiras.
Vio Kyoko el asombro, vio el dolor, la incredulidad. El terror… Y finalmente, la comprensión.
Y vio también cómo la luz de sus ojos se extinguía antes de caer inconsciente al suelo.
Fundido en negro.
