Capitulo 3.
- Es normal que los caballos no se quisieran acercar a ese lugar. Los animales son muy sensibles ante las auras malignas. Y si lo que vimos era tierra maldita… - Dean paro en seco en las escaleras y encaro a Sam. Ambos estaban bajando hacia el comedor para cenar con el resto de los vaqueros.
- ¿Y que mas iba a ser? – le espeto, molesto. – Tu lo viste. Un circulo perfecto y todo muerto. – Sam puso los ojos en blanco y adelanto a su hermano.
- Si, Dean, lo vi. Pero… ¿Qué clase de criatura destroza reses, ataca a humanos y deja un rastro de tierra maldita? Porque yo jamas habia oido algo semejante. – el mayor chasqueo la lengua.
- Lo se. Yo tampoco. Cuando acabemos de cenar tendremos que investigar esto a fondo. – los chicos entraron al comedor, donde el resto de vaqueros esperaban al dueño para la cena. Sam rio por lo bajo cuando vio la sonrisa complacida de Dean al ver tanta comida. – Que hambre… - cuando por fin llego Jeff, todos se sentaron a cenar. La comida estaba muy rica y todos estaban hambrientos, asi que durante un buen rato nadie hablo. Pero cuando ya estaban por la mitad de la cena, los vaqueros empezaron a echar miraditas nada discretas a los hermanos.
- ¿Qué tal vuestro primer dia, novatos? – pregunto uno de ellos con burla. Dean compuso una sonrisa falsa.
- Estupendo. – los hombres rieron, pero el mayor no quito la sonrisa. Al contrario, la amplio, lo que desconcerto un poco a los vaqueros.
- ¿Si? Mañana a la tarde iremos a buscar unas cuantas reses que se han separado del rebaño. A lo mejor quereis uniros y jugar un poco con los mayores… - Sam maldijo mentalmente. Si habia algo que Dean no dejaba pasar, era un reto. Lo miro frunciendo el ceño y rezando para que no cayera en la provocacion, lo que por supuesto fue completamente inutil.
- Claro. ¿Por qué no? – respondio Dean con ligereza, dando un bocado a su filete. – Sera divertido, ¿verdad, Sammy? – el pequeño bufo, contrariado. Y el que todavia no se encontraba a gusto montado a caballo… ¿Cómo iba a hacer para perseguir vacas por el prado?
- Animate, Sammy. Va a ser muy entretenido… - Sam se volvio hacia el vaquero que le habia hablado y le fruncio el ceño.
- Solo el me puede llamar asi. – gruño con voz tan amenazadora que sorprendio a todos en la mesa. Dean contuvo como pudo una risita al ver las caras del resto. Estaba claro que no se esperaban que el tranquilo de su hermano les contestara asi de cortante.
- Tio… antes has sido tan borde y desagradable con esa gente… - Sam levanto la vista del portatil a su hermano, que se estaba quitando las botas sentado en su cama y le arqueo una ceja. Dean le sonrio. - ¡Estoy tan orgulloso de ti! Ya empezaba a pensar que nos dieron el cambiazo en el hospital cuando naciste, porque a veces no pareces un Winchester. – el mayor rio divertido cuando Sam le arrojo la almohada dandole de lleno en la cara. - ¡Ouch! Que poco sentido del humor tienes, hombre.
- Si, ja ja, muy gracioso. – Dean puso los ojos en blanco y le lanzo la almohada de vuelta. Sam la atrapo antes de que le diera y volvio a colocarsela en la espalda.
- ¿Has descubierto algo del bicho? – pregunto sacandose la camiseta y lanzandola por ahí.
- Poco. Lo de la tierra maldita me ha descolocado. No hay constancia en ninguna parte de que un perro negro pueda causar eso.
- Ya… solo una criatura infernal, pero… ¿Cuál?
- Ni idea. Estoy haciendo una busqueda de casos similares, pero por ahora no hay nada. – Sam bostezo y se froto los ojos. Dean sonrio al ver el gesto, que le trajo muchos recuerdos de cuando eran pequeños. Su hermano siempre hacia eso cuando se estaba cayendo de sueño.
- Dejalo ya por hoy. Ha sido un dia muy largo. Mañana seguiremos investigando. Vamos a dormir.
- No, Dean. Ya casi lo tengo y… - Sam se interrumpio cuando un Dean en vaqueros, sin camiseta y andares amenazantes se subio a su cama y le arrebato el portatil de las manos. - ¡Ey! ¡Devuelvemelo! – el pequeño iba a incorporarse para recuperar su ordenador pero Dean lo puso lejos de su alcance y coloco la otra mano en el pecho de Sam, reteniendolo. Sam sintio el calor de esa mano a traves de la camiseta y se le pusieron los vellos de punta.
- A dormir, Sammy. – le dijo Dean sonriendo. – Mañana tenemos que madrugar mucho otra vez. – cuando el mayor se levanto de la cama, llevandose el portatil consigo, Sam solto el aire que habia estado reteniendo sin darse cuenta.
La alarma del movil resono de manera estridente por toda la habitacion. Sam gruño y lo busco a tientas con la mano, apagandolo cuando al fin lo encontro. Bostezo, se restrego los ojos, gruño algo que ni el mismo entendio y volvio a bostezar. La noche anterior le costo mucho conciliar el sueño. Tanto pensar en el caso y en el dichoso calor de cierta mano en su pecho… calor que aun ahora podia sentir.
No era la primera vez que le ocurria algo por el estilo, penso Sam mientras le daba una patada a la cama de Dean para despertarlo y se dirigia al baño. Unos meses atrás, en otra caceria, su hermano cayo sobre el cuando le salvo de acabar aplastado por una roca que les lanzo un wendigo. Se quedaron los dos muy quietos, mirandose y a Sam sintio algo raro y agradable recorriendole entero. Como anoche. Si Dean lo sintio tambien o no, no lo sabia, pero ambos evitaron desde entonces cualquier contacto, salvo el imprescindible. Aunque a veces simplemente o se les olvidaba o era inevitable. Y pasaban cosas como las de la otra noche.
El pequeño suspiro y salio del baño para encontrarse con su hermano aun dormido como un tronco. Una sonrisa se le escapo al verle con esa expresion tan tranquila e inocente que tenia cuando dormia. Eso le hizo gracia. ¿Su hermano inocente? Esa era una palabra que, desde luego, no cuadraba con Dean. Para nada. Se acerco a su cama.
- Dean… levanta… - intento despertarle dandole un golpecito en el brazo. Esta vez se coloco algo alejado de la cama, para que no le volviera a agarrar como la otra vez. El mayor gruño y se dio la vuelta. – Tio… despierta… no llegamos al desayuno. – nada. Sam rodeo la cama y volvio a intentarlo, pero solo consiguio que su hermano se diera la vuelta una vez mas, solo que esta vez se quedo boca abajo y con la cara escondida en la almohada. - ¡Dean! ¡Venga ya! – nuevo gruñido, ahogado esta vez por la almohada. Sam bufo. Se quedo un rato mirandolo y entonces recordo algo que a Dean le daba mucha rabia que le hicieran de pequeño. Sonriendo torcido, se sento en la cama y llevo su mano hasta la nuca de Dean y se la acaricio de arriba abajo con las puntas de los dedos. La sonrisa de Sam se amplio al notar como el cuerpo de su hermano se estremecia entero. Siempre habia tenido el cuello muy sensible. Repitio la caricia una vez mas y un nuevo estremecimiento recorrio el cuerpo del mayor a la vez que gimio bajito. Sam trago en seco al oirlo y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no tocarle con la mano entera, como deseaba hacer en ese momento. A la tercera caricia un dormidisimo Dean levanto la cabeza y le miro frunciendo el ceño y con los ojos brillantes.
- Tio… odio que hagas eso. – gruño levantandose. Sam sonrio.
- Mentira. Te encanta. Si no hace tiempo que me habrias roto la mano.
- ¡Callate! – el pequeño solto una carcajada alegre. Su hermano solo lo mandaba callar cuando conseguia avergonzarle y eso era algo dificil de conseguir.
Continuara...
