Capítulo 3:

-Katie…-escuchó ella. Aún tenía los ojos cerrados. Angelina le estaba hablando.

-¿Qué sucede?-preguntó somnolienta

-Ya es muy tarde, ¿Vas a seguir durmiendo?

-No…-respondió levantándose perezosamente.-No…ya me levanto.

Salió de la cama y tomó una ducha para despertarse. Luego, se sentó a desayunar junto a su amiga.

-¿Quieres ir a algún lado hoy?-le preguntó Katie, mientras tomaba de un sorbo de su café

-No, lo siento Kat. Pero hoy mis padres me invitaron a que pasara el día en casa, porque llegan mis tíos de Bulgaria.

-Ah, entiendo…-respondió ella-Entonces supongo que me quedaré en casa.

-Lo siento, amiga. Volveré por la noche.

Y sin decir más desapareció.

-Genial-murmuró amargamente y se terminó su café de un trago.

Se dirigió a su habitación y vio el libro de George en la mesita.

-Bueno…supongo que puedo leer un poco más-murmuró y se recostó en su cama con el libro en las manos, ya estaba comenzando el segundo capítulo.

A partir de ese día, George dedicaba cada parte libre de su horario (cuando no molestaba a Percy o hacía explotar algo o hacía enojar a Flitch) a buscar a Katie.

Su gemelo lo seguía a regañadientes. No le gustaba mucho la idea de buscar a una niña de primero cuando podría estar arrojándole globos con agua a Percy.

-A ver…déjame ver si entendí…estamos buscando a…

-A Katie-completó George, buscándola por los pasillos.

-Y… ¿la estamos buscando porque…?

El chico se encogió de hombros.

-Es linda-dijo

-Lo sé, pero es más lindo hacer explotar el aula de Snape…-dijo con tono soñador.

-Sí…y cuando se enfada mucho y empieza con su tic…-George comenzó a abrir y cerrar las manos y a crispar los ojos.

Ambos estallaron en carcajadas.

-Si, ¿ves? Ven, vamos a echar unas bombas fétidas en la clase de Binns.

Los chicos salieron corriendo hacia Historia de la Magia.

El problema fue que a la mitad de la clase, estaban siendo perseguidos por Filch. Por suerte lo habían dejado bastante atrás cuando Peeves había mojado el suelo y Filch se resbaló, mientras que ellos, riendo a carcajadas, continuaron corriendo.

En ese momento pasaba Katie caminando por un pasillo, al llegar cerca de ella Fred siguió corriendo, pero George se detuvo bruscamente.

-Hola, Katie-la saludo agitado

-Hola, George-dijo ella, ya había perdido la timidez, porque el primer día esta nerviosa.- ¿Por qué corrían?

-Oh, por nada-respondió él, sujetándose un costado sin dejar de sonreír.-Son muy exagerados en esta escuela. Uno tira una pequeña bomba de olor y al instante todos lo persiguen.

-¿Una pequeña bomba de olor?-repitió sonriendo

-Bueno, bueno…cinco pequeñas bombas de olor. Pero esos chismosos de Slytherin en seguida salieron a contarle a Filch.

-Bueno, espero que no te atrape…-

-No lo hará-aseguró George-Ten en cuenta que es cincuenta…o cuarenta, bueno no importa, es años luz más viejo que yo.

Ella se rió.

-Tengo que ir a Transformaciones. McGonagall se enfada mucho si llegamos tarde. Nos vemos, George-se despidió y le dio un beso en la mejilla.

-Adiós, Katie-respondió él, y cuando estaba seguro de que estuviera muy lejos como para oírlo, largó un grito de triunfo.

-¡Tú!-exclamó una voz a sus espaldas. Filch estaba en el pasillo y volvía a perseguirlo.

George corrió rápidamente lejos del alcance de él, riéndose a carcajadas.

Katie sonrió recordando ese día, donde no prestó atención a una palabra de McGonagall por estar pensando en George. Y continuó con su lectura.

-Señor Weasley, señor Weasley. ¿Me firmaría mi libro?-exclamó una pequeña rubia con dos trenzas y con una sonrisa muy grande estirando las manos donde descansaba el famoso libro.

-Claro, pequeña-respondió George, encantado-¿Cómo te llamas?

-Catherine-respondió la pequeña de inmediato

-Aquí lo tienes-dijo, después de haberlo firmado.

-Señor Weasley. ¿Cómo termina el libro?-preguntó la pequeña con los ojos brillantes

George sonrió

-Pues vas a tener que terminar de leerlo.

-Es que es muy largo-se quejó la niña.

Él se rió. Luego su madre llegó a buscarla y él se dirigió a Sortilegios Weasley donde su hermano lo esperaba.

-Hermano, tu libro se vende bien.-le dijo Fred, radiante-Ya han llegado como treinta personas preguntando si los vendemos. Deberíamos ponerlos.

-Oye, no somos librería-dijo George-¿Crees que ella lo haya leído?

-Angelina me avisó que hoy iba a estar en la casa de sus padres. Así que estuve un rato en la tarde. Y…si hablamos de Katie…además de otras cosas…-dijo con una sonrisa pícara.

-Sí, sí, otras cosas… ¿Qué dijeron sobre Katie?

-Angelina me dijo que ella leyó el libro. Hasta ahora el primer capítulo. Y luego que no pudo continuar y casi lloró.

-Genial…espera… ¿eso quiere decir que la conmoví o que escribo tan mal que le dan ganas de llorar?

-Pues…conociéndote desde antes de nacer…optaría por la segunda opción.

-Gracias, hermano.

-Oye, basta de charla, hay clientes-dijo Fred y sin decir más ambos gemelos comenzaron a atender a sus clientes.