YASHIRO

Él antes tenía una vida feliz y tranquila.

Sus obligaciones se limitaban a la gestión de una agenda super-super-busy, conseguir las mejores condiciones para su representado, y mantener bien alejadas de él a las locas fanáticas. Y en ocasiones desilusionar a alguna que otra actriz con problemas para distinguir la realidad de la ficción. No por nada Tsuruga Ren era el co-star killer

En fin… Qué tiempos aquellos, cuando la vida era fácil…

Pero no… Las cosas han cambiado… Ahora tiene que andar haciendo malabarismos para conseguirle tiempo libre a Ren… Pero no cualquier tiempo libre, no… Tiempo libre que coincida necesariamente con el de Kyoko-chan. Porque todos sus esfuerzos (sin descuidar, por supuesto, sus obligaciones como mánager), están orientados a un único fin. Conseguir que estos dos estén JUNTOS. Así, con mayúsculas… De resultas de tal misión autoimpuesta, Yashiro se veía controlando dos agendas. Y uno pensaría que la de una actriz principiante que aún no ha debutado estaría más bien despejada. Pues se equivoca. Porque resulta que esa actriz sin debut formal, se ha ido haciendo un nombre por su propia cuenta, a fuerza de trabajo duro, y además es el miembro nº 1 de la sección Love Me. Por todo ello, en la agenda de Kyoko-chan, Yashiro encontraba desde audiciones, sesiones de rodaje, pruebas de vestuario, hasta la recogida del catering para algún evento de LME, sin olvidar la debida limpieza de salas y salones de la empresa, y misiones secretas que la llevaban todos los martes por la noche a TBM. A saber qué… Porque de todo tiene encomendado esta muchacha. Y te ves entonces a Yashiro todos los lunes, a primera hora, poniendo su cara más formal, solicitándole el planning semanal de Mogami-san a Sawara-san. Con todo el descaro del mundo. Porque sí. Porque Tsuruga Ren es su senpai. Y no lo llames acoso, por favor… Es más bien, no sé, digamos preocupación genuina por la trayectoria profesional de su kohai.

Sí… Las cosas son ahora más difíciles… Aunque ha de reconocerlo, ciertamente son mucho más interesantes…

Nada le emocionaba más que un buen romance… Y delante de sus narices se estaba desarrollando uno de los buenos… Él, actor consagrado y famosísimo, enamorado en secreto de una novata; ella, renegando del amor con el corazón roto. Y si añadimos a la receta que ella hasta el otro día era menor de edad, y que él está encasillado en el rol de senpai, hmm, jugoso… Algo típico, pero delicioso… El amor debe florecer, y en opinión de Yashiro, si esperamos a que Ren dé el primer paso, le saldrán canas. Pero si él hiciera algo demasiado evidente, Ren le mataría, o por lo menos le dejaría impedido por una temporada. No es que él fuera violento, ni mucho menos, pero de un tiempo a esta parte, en ocasiones su mirada se tornaba oscura. Normalmente cuando algo o alguien (Fuwa) interfería en la vida de Kyoko-chan. Así que no podía inmiscuirse en el romance. No lo haría. Pero eso no quería decir 'necesariamente' que se fuera a quedar mano sobre mano… Ja, ni modo… Así que lo que hacía mejor, y lo hacía muy bien, era crear oportunidades y fabricar excusas para que estos dos pasaran tiempo juntos, así, como quien no quiere la cosa… Y para eso necesitaba saber los horarios de Kyoko-chan. Esa es la verdadera razón por la que todos los lunes se tragaba su vergüenza y pedía los horarios de la muchacha. Por metiche.

Yashiro aún estaba escandalizado por los sucesos de hace tres días. Era 14 de febrero y él se había mentalizado para pasarse toda la jornada espantando moscas y moscones. Siendo el mánager de Tsuruga Ren, era lo que venía con el puesto… Deshacerse de las cantidades ingentes de regalos, ositos de peluche, ropa interior y kilos y kilos de bombones, también. Pues iba él con el carrito atestado de productos que haría salivar a un hipoglucémico, y pensando en cómo organizar 'casualmente' un encuentro entre sus lindos animalitos de laboratorio, cuando se encontraron de frente con Fuwa. El rival. El bastardo que había hecho sufrir a Kyoko-chan. El desgraciado que la había hecho renegar del amor. El cabrón que ahora la quiere de vuelta en su vida. Oh, las chispas saltaron… Ninguno aguantaba al otro. Los dos se disputaban el amor de la pobre Kyoko-chan, y ella vivía feliz e ignorante de la batalla soterrada que se libraba por su corazón. Uf, esto no puede acabar bien…

Sabía, por las largas e inflamadas peroratas de Kyoko-chan, que Shotaro era un idiota desagradecido, un engreído, un niñato mimado con la inteligencia emocional de un rata de alcantarilla y las habilidades sociales de una cucaracha. Pero comprobarlo en persona, una vez más, era sorprendente. ¿Pues no está desafiando a Ren? ¿¡Directamente!? ¡Se atrevía a retarlo por el derecho de ir detrás de Kyoko-chan!

"Quien gane, tendrá el derecho de rondar y cortejar a Kyoko, y el otro se quedará atrás y no intervendrá jamás...".

"El primero que vomite, pierde".

La apuesta era tan infantil, tan de niño chico, tan de patio de colegio, de guardería incluso, que jamás se le pasó por la cabeza que Ren aceptara. Pero lo hizo, y la sonrisa en su cara cuando dijo 'De acuerdo' hizo que se le erizaran los pelos de la nuca…

A su pesar, tuvo que reconocer la ironía de toda esta estupidez. O lo romántica que era… O las dos cosas… A ver, deja que Yashiro recapitule… Punto uno: a Ren no le gusta el dulce. Punto dos: Ren se ofrecía voluntariamente para comer. Punto tres: el comer como acto caballeresco para librar a Kyoko-chan para siempre de las garras del villano. Punto cuatro: decididamente, el que Ren coma ya es por sí mismo un acto de amor… ¿No es maravilloso? Y punto cinco: tal sacrificio se revela totalmente desinteresado, porque Kyoko-chan no lo sabrá nunca… Más que nada, porque de saberlo, podrían ocurrir dos cosas. O sale corriendo al aeropuerto más cercano, huyendo de estos dos zopencos, o les suelta la reprimenda más vergonzosa jamás dicha y los pone de cara a la pared con las orejotas de burro… Por tontos…

Tales actos de amor y que no puedan ser proclamados a las cuatro vientos…

Pero en serio que jamás pensó que de verdad fueran a hacerlo… Creyó que se trataba de las bravatadas de machito de dos chavales a los que les gusta la misma chica… Pero en cuanto vio que estaban empezando a abrir las cajas de bombones, allí mismo, delante de todo el mundo, en público, a la vista de cualquiera que pudiera pasar con un teléfono móvil en la mano, tuvo que intervenir… Y Shoko sin decir nada, con los ojos abiertos de par en par… ¡Qué falta de profesionalidad!

A sugerencia suya, localizaron una habitación vacía para la ejecución de la prueba. Era una sala de reuniones, con una gran mesa en el centro, sobre la cual empezó a preparar los bombones de marras. Los dispuso en ordenados grupos, formando una serie de filas paralelas, atendiendo en todo momento al reparto equitativo de pesos, tamaños y sabores. Hasta Fuwa tuvo que reconocer la rectitud de dicha disposición. El pobre hombre estuvo supervisado en todo momento por los dos contendientes, cada uno de ellos asomando por encima de su hombro. Todo este proceso había llevado su buena media hora o tres cuartos. Pero en cuanto dio el metafórico pistoletazo de salida, los dichosos bombones empezaron a desaparecer, como si nunca hubieran estado allí… Las manos se movían rápidas, veloces, de la mesa a la boca, bocas que parecían ahora ardillitas del parque recogiendo frutos secos para la estación invernal. Los carrillos inflados, tensos hasta todo lo que daba de sí la piel de las mejillas. Mientras, Yashiro iba reponiendo a toda prisa las hileras consumidas, corría, corría y no daba abasto. Pronto Shoko tuvo que ayudarle en la tarea. Reponían los bombones casi tan rápido como los otros los hacían desaparecer.

Ren, en algún momento, dejó de masticar para tragar directamente los bombones. Sin masticar. Oh oh… eso no puede ser bueno…, pensó su mánager. Le recordaba al legendario Hizuri Kuu, del cual se decía que era capaz de comer el equivalente de cincuenta raciones. La verdad es que Ren podría pasar por digno sucesor del afamado actor, por la forma en que estaba engullendo bombón tras bombón…

Y de repente, la inmovilidad. Primero Fuwa, luego, Ren. Vio cómo Ren, haciendo gala de gran sentido común, retrocedió y se alejó de la mesa. Hum, él hizo lo mismo. Más lejos, por si acaso… Pues sí. Vomitó. Fuwa vomitó. Tres días después, Yashiro aún se estremece al recordar la escena. Cuánto quisiera olvidarla y poder borrarla de su memoria. Pero no, allí seguía, grabada a fuego… Baste decir que con solo ver a Fuwa en acción, y mientras luchaba contra sus propias arcadas, se le quitaron las ganas de comer chocolate probablemente por lo que le quedaba de vida.

Pero de Ren era la victoria.

Y un rival menos con quien disputarse el corazón de Kyoko-chan.

En cuanto Ren reclamó su premio con una lóbrega amenaza, apenas velada, bueno, de acuerdo, totalmente desvelada, salió de aquella habitación dejando a Fuwa con su vergüenza. Pues muy bien.

A una señora de la limpieza que encontró no muy lejos de la sala, le dejó encomendada la ingrata tarea que le aguardaba dentro. Con la debida recompensa económica, por supuesto. Pero Yashiro dudaba que la señora considerara justo el pago. Ugh, no… Seguramente no… Iba a tardar una eternidad en limpiar aquello, la pobre señora… Pero más no podía hacer… Ren había empezado a acelerar el paso, y corría el riesgo de perderlo de vista. En su camino se cruzaron con los paramédicos que venían… Ren los ignoró, pero Yashiro, siendo el alma buena que es, les indicó la habitación correcta. En cuanto se apresuró a ponerse a su lado, se dio cuenta de por qué Ren iba tan rápido. Se estaba poniendo verde… Su cara tenía el mismo tono verdoso que la del otro justo antes de… Bueno… Justo antes de la explosión chocolaticia.

Al otro lado de la puerta del baño, protegiendo la intimidad de su representado, pero sin librarse de los tristes y asquerosos sonidos que de allí dentro salían, Yashiro intentaba que Ren fuera atendido.

- Voy a buscar a los paramédicos.

- No.

- Pero Ren…

- He dicho… -aquí fue interrumpido abruptamente por causas de fuerza mayor- …que no.

- Están a diez metros de aquí, no tardo nada…

- Si lo haces estás despedido, Yashiro.

Yashiro abrió los ojos tras sus gafas todo lo que daban de sí.

- ¿Serías capaz de hacerlo?

- Ponme a prueba…

- Ah, muy bien… Hmm… Pues llamaré a Kyoko-chan…

- Ni se te ocurra… -nueva interrupción… La misma causa de fuerza mayor que antes.

- La ambulancia o Kyoko-chan, Ren. Elige.

Silencio…

"Por supuesto…", pensó Yashiro. Y con la mano convenientemente enguantada, procedió a marcar el número de la muchacha.

Tuvieron que pedir un taxi, y Yashiro robar una papelera del pasillo, porque el pobre hombre no estaba en condiciones de conducir. A duras penas y con graves y muy prosaicos exabruptos por parte del señor taxista, llegaron por fin al piso de Ren. Y allí fue donde se reunió con ellos Kyoko-chan. Yashiro, por supuesto, le contó la versión K de la historia. K de Kyoko-chan, evidentemente. Es decir, la versión libre de referencia alguna a las verdaderas razones de la apuesta de marras.

Y allí dejó a Ren sabiendo que estaría bien atendido bajo las amorosas manos de su ángel particular.

De eso hacía tres días. Tres días que había tenido que reorganizar de arriba a abajo porque Ren no fue capaz de ponerse en pie hasta el día después de su victoria. Era día y medio que había tenido que reagendar. Más o menos el tiempo que tardó en dejar las tuberías bien despejadas. Pero ugh, poco precio fue con tal de librarse de la competencia.

- ¡Yashiro-san! -le dijo un borrón escandalosamente rosa que se acercaba con premura.

- Kyoko-chan, buenos d… -"Hum, algo no va bien", pensó él. La muchacha lucía unas ojeras enormes y ese aire vagamente ausente que tienen aquellos que han pasado una noche vela, como si los estímulos del mundo exterior les llegasen con unos segundos de retraso- ¿Te encuentras bien, Kyoko-chan?

- Perfectamente, Yashiro-san… Buenos días para ti también.

- ¿Seguro?

- Sí, sí… Verá, Yashiro-san… Yo quería hacerle una pregunta…

- Dime.

- ¿Es verdad?

- ¿El qué, Kyoko-chan?

- La apuesta… Las razones de la apuesta…

Yashiro se envaró, congelado en una expresión de pánico. Ren lo iba a matar.

- P-Pe-pe-pero…

- ¿Yashiro-san?

- ¿P-Pero cómo…? –acertó a decir.

- Shotaro vino ayer a verme.

- ¿S-Shotaro?

Ella asintió.

- ¿Y bien?

- ¿Y bien qué?

- ¿Es verdad?

- ¿El qué?

- Ya-shi-ro-san… -dijo ella con voz cavernosa, que venía de lejos, casi de ultratumba.

Lo notó. Yashiro notó cómo la temperatura descendía abruptamente, cómo el aire se enfriaba, y cómo su aliento se transformaba en una nubecilla de vaho ante él. Y ahora mismo, podría él jurar que mil furias y rencores rodeaban a la muchacha de rosa, pero tal cosa no podía ser posible. Sugestión. Eso es… Te sugestionas y ves cosas raras… Pero…

Kyoko-chan le daba miedo a veces.

Y no lo pudo evitar.

Cantó…

Cantó cual pajarito…

No se dejó nada…

Pero no se crean que solo le contó la historia de esta estúpida apuesta. No… El pobre Yashiro había entrado en tal espiral confesional que lo largó todo. TODO. Sí, otra vez con mayúsculas… Todo desde un año y pico para acá…

Empezó con la narración, con profusión de detalles, que por otra parte podría haberse ahorrado, de la derrota definitiva de Fuwa Shotaro… Y luego, aturrullado y hablando muy deprisa, nervioso a más no poder, como un caballo desbocado, comenzó el relato vertiginoso de ese año y medio de amor no correspondido…

La forma horrible en que Ren le quitó aquellos diez puntos cuando estuvo enfermo, cómo no se separaba del teléfono cuando estaba rodando, cuando él JAMÁS había hecho eso antes, el malhumor eterno cuando se enteró que el del vídeo era Fuwa y sus razones para trabajar con él, sus trucos con la Princesa Rosa, para que le aceptara el regalo, sus días en el rodaje de Dark Moon, el espantón a Kijima cuando mostró interés en ella, los cambios de humor de Ren cuando la veía con el Fuwa, su preocupación en Karuizawa y su prisa por llegar antes, el enojo al saber que fue Fuwa quien la rescató… Por cierto, aún no sabe por qué desayunó dos veces aquella mañana… La cara de idiota enamorado que se le puso a Ren aquel día de San Valentín… O la que tenía aquella mañana después de pasarse toda la noche enseñando a Natsu a caminar… Su tiempo en el rodaje de Tragic Marker, los hermanos Heel… ¡Qué no hubiera dado él por haberlos podido ir a visitar en el plató! Los meses y meses de mantenerse a su lado haciéndose un hueco en su vida y no queriendo retroceder, haciéndolo precisamente porque ella no se daba cuenta de nada… La noche infausta en que su madre renegó de ella y Ren se desapareció de la habitación para ir a buscarla…

Le habló también de las encerronas, de las excusas urdidas para que cocinara para Ren, de su decisión de mantenerse al margen por su juventud, pero incapaz de mantenerse lejos… No queriendo mantenerse lejos… Esperando…

Y terminó… En cuanto pronunció la última palabra, se desinfló, exhausto.

Las furias habían ido desapareciendo poco a poco… Cuanto más iba revelando de esta historia, una tras otra se iban desvaneciendo en el aire, hasta quedar ante él solamente la muchacha. La pobre… Su cara había ido cambiando a lo largo de todo el relato, pero jamás le interrumpió. Le miraba con los ojos abiertos de par en par, la boca en un gesto de asombro, y se abrazaba el torso. Para cuando terminó Yashiro, Kyoko, con un suspiro, se dobla sobre sí misma, las manos apoyadas en las rodillas, como se hace cuando estás a punto de desmayarte, para que te llegue la sangre a la cabeza, su respiración es entrecortada. Yashiro sabe que la ha tomado por sorpresa, que todo esto es nuevo para ella… Que ella no está lista para esto…

- Pero él no hará nada al respecto, Kyoko-chan… -dijo con infinita tristeza-. Sabe que tú aún estás herida y no puedes amar… Y jamás te forzaría a nada… Se contenta con estar cerca de ti… -suspiró-. Él sabe que tú no lo quieres…

Kyoko se enderezó, miró a su alrededor, como buscando a alguien, y luego Yashiro vio brillar la chispa de una nueva determinación en sus ojos.

- ¿Dónde está?

- ¿Dónde está quién?

- Tsuruga-san, Yashiro-san, Tsuruga-san…

- Oh… E-En su apartamento…

Y se fue. Yashiro se quedó mirando la puerta por la que salió Kyoko-chan, pensando en que tenía que actualizar su currículum. Sí, de la forma en que habían resultado las cosas, más le valía ir presentando solicitudes para un nuevo empleo.

- Ren me va a matar…

O igual no, Yashiro… Igual no…