CAPÍTULO 3
Día tras día los avances eran más visibles. Ahora caminaba por si sola, le había costado, pero a quién no después de estar cinco años tumbada.
Podía mover su cuerpo tan lentamente que parecía una gran dama de sociedad en el siglo dieciocho. Le venían a la memoria sus años de ballet, sus piernas parecían tener vida propia, y como meta se había propuesto volver a colocarse en todas las posiciones, como cuando daba clase a las niñas.
No era el único recuerdo que acudía a su mente. Cada día sus pensamientos la acercaban a Boone y a Sayid. Pero no preguntaba, había decidido esperar y se conformaba con cerrar los ojos e imaginarlos sonriendo. De alguna manera sabía que podía volver a verlos, claro está, a cada uno de forma diferente, pero no cabía duda que los vería de nuevo.
- Shannon!. Cuanto me alegra verte mejorar tanto. Y además estás engordando un poquito.
- Eso no será un cumplido, verdad?. Contestó Shannon sonriendo a la mujer que la miraba.
- Estás preciosa. Afirmó la mujer tomando las manos de Shannon y mirándola con ternura, como hacia siempre.
- Gracias Maddie.
Maddie era el nombre de aquella señora que la cuidaba y la atendía a cualquier hora. Siempre que la revisaban los médicos estaba presente. Siempre le tendía la mano cuando la veía triste preguntado por Sayid, y siempre la animaba a avanzar.
Aquella mañana brillante de verano, Shannon vio un movimiento extraño detrás de unos arbustos del jardín. Por algún motivo le vino a la cabeza el recuerdo de un perro, pero cuando se acercó en su lugar vio una niña, con cabellos negros y rizados y ojos verdes, o al menos eso le pareció a ella. Su carita mostraba un poco de miedo al verse sorprendida, pero Shannon se agachó hasta dejar su cara a su altura y le habló con una voz tan dulce como cuando le cantó a Sayid en la playa.
- Y tú quién eres pequeña?
Un grito de hombre llamó a la niña.
- Mariam, quieres hacer el favor de volver de una vez!!
Mariam, bonito nombre pensó Shannon mientras vio como la niña se giraba y salía corriendo en dirección a la voz.
- Shannon, ven por favor. No te acerques a los arbustos cariño.
Era la voz de Maddie, pero esta vez no sonó tan tierna como otras veces. Su tono era serio, o mejor dicho, preocupado.
- Maddie, he visto una niña. Era preciosa, con el pelo rizado y negro, tenía la piel morena y los ojos verdes. Como los tuyos!!. Decía Shannon caminando hacía Maddie sonriendo.
Pero Maddie pareció no hacer caso de las palabras de la joven y la tomó por un brazo suavemente, indicándole el camino hacia la piscina cubierta.
Los días de Shannon eran completos. Deporte, artes marciales, lectura, hasta clases de idiomas, cualquiera hubiera dicho que la estaban entrenando para una misión secreta pensaba Shannon sonriente. Pero claro, ahí no había ni televisión, ni periódicos ni radio. La música era escuchada libremente en cadenas con cd pero sin emisoras. La excusa que le daban era muy socorrida, los pacientes en reposo o curación no deben tener agitaciones. El caso es que tampoco había visto a otros enfermos. Aunque visto el mutismo general, Shannon optó por dejar de preguntar cosas que sabía de antemano que no tenían una respuesta, al menos por el momento.
El tiempo pasaba, y Shannon cada vez se sentía más fuerte, tanto como a veces se sentía observada, de nuevo tras aquellos arbustos, pero no conseguía ver nadie.
- Maddie, dime si ya sabes algo de Sayid.
Maddie la miró muy seriamente.
- Ven...hablaremos en la sala azul.
Una vez dentro, se sentaron en un cómodo sofá. Aquella sala, como las del resto de la clínica, estaba decorada con un gusto exquisito.
- Creo que es hora que hablemos, pero antes hay alguien que ha venido a verte.
A Shannon el corazón se le aceleró. Sayid había venido. Cinco años y tres meses y de nuevo le vería. Ya no se acordaba de como la dejó en el frío y húmedo suelo sin ni siquiera gritar su nombre.
Shannon sintió de nuevo la sensación en el estómago, le amaba tanto como lo hizo tiempo atrás, nada había cambiado para ella. No se planteaba si él la seguía queriendo, nunca se lo había planteado, de hecho ya se lo preguntó una vez, sutilmente, pero la respuesta que obtuvo fue directa y ruda, "hago todo esto por todas las chicas que encuentro en islas desiertas", no pensaba volver a preguntar.
Se levantó del sofá, nerviosa, frotando sus manos una contra la otra y se encaró hacia la puerta. No fue Sayid quien entró y Shannon no pudo esconder su decepción. En su lugar aparecieron un hombre de unos sesenta años y una niña, la que había visto días atrás entre los arbustos.
- Shannon, por favor vuelve a sentarte. Estarás mejor. Hemos de hablar de muchas cosas. Dijo Maddie.
