Ehm... pedir perdon por el retraso no vale, no?
De todos modos...PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN,PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN,PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERdón, Perdón, perdón, perdó... per...
El caso, hice un dibujo de los chicos tal y como yo les he descrito (otra de las razones por la que tardé tanto) Ya sé que parecen mayores de 5 años, pero es que se me da fatal hacer niños. Ah, aviso a aquellos que seguis Both Sides (otra que tengo que actualizar pero ya) que no veais el resto de imagenes de mi galeria si no quereis que os Spoileen (es facil saber de que va a tratar mas adelante BS medainte mis dibujos)
kyurengo . deviantart . com/art/Como-crios-90132245 (juntar los espacios y ya esta)
DGM no me pertenece
Apenas habían pasado unas pocas horas y toda la orden era consciente de los "cambios" que les habían sucedido a los cuatro exorcistas más jóvenes de la Orden.
La idea de ver a chibis rondando por la Orden había encantado a la mayoría. Curiosamente, Lenalee no era el objeto de todas las miradas. Sí, era una monada andante y a muchos les servía como recuerdo de otros tiempos pasados pero, era precisamente por eso por lo que la niña no recibía la misa atención que los otros 3, ya que la mayoría estaba acostumbrado a verla de pequeña.
Sí, realmente eran los otros tres pequeños los que eran dignos de ver.
Por un lado estaba Lavi, al que las facciones infantiles no hicieron más que acentuar su faceta de "diablillo" Si ya de por sí el pelirrojo sentía cierta atracción por las gamberradas, su nuevo y adorable aspecto solo hacía que mejorar sus posibilidades de engañar a sus compañeros pues, con un simple puchero, era capaz de hacerle bajar la guardia hasta al mismísimo Jerry.
Como resultado, todos los que comieron algo de pan aquel día tuvieron que salir corriendo en busca de algún liquido lo suficientemente frió como para calmar su ardor.
Lección nueva aprendida: nunca dejes solo a Lavi en al cocina con un tarro de tabasco.
Luego estaba Allen. Con esa carita, que casi le hacía parecer una chica, esos enormes ojos plateados, mucho más grandes de lo normal para un niño de su edad, y ese pelo, tan largo, liso y de color canela, cuya sombra en la piel del moreno lograba darle un tono completamente diferente a esta. En definitiva, todo el mundo se deshacía ante la presencia del inglés. Algunos incluso babeaban cuando al pequeño le daba por sonreír. Y, siendo Allen quien era, eso provocaba que los miembros de la Orden se viesen obligados a ir con montones de paquetes de pañuelos, si no querían mancharse la ropa o el piso.
Pero, y contra todo pronóstico, el que más atención estaba recibiendo era ni más ni menos que el frío, seco, constantemente temido y recientemente chibi samurai de la Orden, Yuu Kanda.
No solo era increíble ver al japonés de pequeño (al fin y al cabo entró en la Orden con el doble de edad de la que ahora aparentaba), con esos ojos oscuros, más grandes de lo normal en comparación con las proporciones normales de su cara. Sin duda alguna, lo que más llamaba la atención era el corte de pelo que ahora tenía. Su interminable melena había desaparecido, provocando que los rasgos de la cara de Kanda estuvieran más al descubierto que de costumbre.
Nunca nadie había visto así a Kanda, ni nunca habían tenido la oportunidad de ver tan claramente sus elegantes ángulos faciales, a pesar de estar bastantes redondeados por el hecho de ser un crío.
Definitivamente, nadie estaba dejando pasar la oportunidad y, cada dos por tres, se podía oír el sonido de una máquina de fotos capturando a su objetivo.
Aunque pronto aprendieron a guardar las distancias si no querían salir malheridos.
- Malditos pirados!!- gruñó Kanda, después de destruir la cámara de un rastreador que había osado robarle una fotografía.
- No seas así, Yuu. Solo era una foto.- le reprendió Lavi, que no podía evitar sonreír de oreja a oreja. Realmente se lo estaba pasando bien con la nueva situación.
- Que se meta las fotos por donde le quepan-
– No hables así! Además, mírale, no te da pena? Le has dejado llorando por las esquinas…-
- Ninguna.- respondió cortante. – Oye, por qué me estas siguiendo?-
- No te estoy siguiendo- canturreó el pelirrojo
- Te estás divirtiendo con todo esto, verdad?-
- Sip!! Cuantas personas pueden decir que se les ha dado la oportunidad de vivir la infancia una vez más? Exacto, ninguna!- respondió antes de dejarle hablar al japonés- Este es un acontecimiento único!! Me preguntó si el Panda me dejará incluirlo en las páginas de la historia…-
- Eres un imbécil. Además, es mentira que hayamos recuperado la niñez. Simplemente hemos retrocedido a nuestros cuerpos de aquel entonces. Es imposible recuperar aquello que ya se ha perdido.-
- Que hablador estás, Yuu. Casi no te reconozco.- el mayor le lanzó una mirada de odio, que el pelirrojo ignoró.- Pero tienes razón, sabes? Este estado es temporal. Probablemente mañana volvamos a ser los mismos de antes. Peero…- canturreó alegremente Lavi, mientras se ponía de frente a Kanda, quien se puso en guardia. – precisamente por eso, debemos disfrutar de toda esta locura, ya que, una vez todo acabe, volveremos a nuestras estresantes vidas como exorcistas!-
Kanda se le quedó mirando durante unos instantes, sin poder hacer nada más que parpadear ante la lógica de su compañero.
Ciertamente, no estaba tan mal la idea de tomarse un pequeño descanso…
Kanda sacudió al cabeza. Él era un exorcista (aunque ahora no pudiera invocar a Mugen), era un guerrero. No debía dejarse tentar por la comodidad.
La lucha era su vida, y eso no iba a cambiar ahora.
Estaba claro que Lavi estaba siendo una mala influencia para él.
- Lárgate con tus payasadas y déjame tranquilo-
- Eh? Pero es que no quiero Y si te rapta algún pervertido, Yuu-chan? No ves que ahora estas adorable?-
- Una palabra más y te juro que no volverás a tener necesidad de usar ese trapo de la cabeza.-
- Que cruel eres conmigo, Yuu, con lo que yo te quiero.- Acto seguido, la hoja de Mugen pasó peligrosamente cerca de su cabeza. Lavi daba gracias a Dios de que, debido a su cuerpo, Kanda no fuese capaz de controlar completamente a Mugen.- Hablando de cosas adorables – continuó Lavi, mientras seguía esquivando los ataques de Kanda.- Y Allen y Lenalee? –
Paff
- Ni idea.- le respondió Kanda que, cansado de no lograr acertar con la espada, optó por lanzarle un puñetazo a Lavi, que lo tiró por el suelo.
- Yuu, no me des tan fuerte… Y si me quedo tonto? – se quejó Lavi, frotándose el lugar del golpe.
- Más?-
- Bah, eres un aburrido! Voy a buscar a Allen!! –
Antes de que siquiera le diera tiempo a pestañear, Lavi había desaparecido de su lado e iba recorriendo los pasillos a gran velocidad.
- "No esta Lavi más hiperactivo de lo normal?" – pensó Kanda, mientras seguía su camino (completamente opuesto al de Lavi, gracias a Dios). La verdad es que el pelirrojo se estaba comportando de una manera aún más infantil de lo normal, si eso era posible.
Kanda no pudo más que compadecerse del Moyashi, que parecía estar destinado a ser la próxima víctima de las jugarretas de Lavi.
KYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYU
Lavi se recorrió toda la Orden de arriba abajo en busca de su amigo, pero no tuvo suerte. Mirara donde mirase, era incapaz de encontrar a Allen.
Donde demonios se había metido el Moyashi!?
Necesitado de un largo descanso, pues su cuerpo de niño no le permitía hacer demasiados esfuerzos sin cansarse, optó por apoyarse en la pared más cercana y dejarse caer hasta el suelo, intentando recuperar la respiración.
No habían pasado ni un par de minutos cuando oyó la inconfundible voz del cocinero, que estaba echando humo.
Parece ser que la creatividad de Lavi en la cocina no había sido del total agrado de Jerry (vete a saber tú por qué)
No obstante, el pelirrojo intuía el peligro, por lo que prefirió salir de allí lo antes posible y evitar al cocinero malhumorado.
Sin embargo, la suerte no estaba de su parte y, en cuanto se dispuso a correr para ocultarse de Jerry, se chocó con algo (o alguien) provocando que cayera al suelo y soltara un gemido de dolor que, desafortunadamente, atrajo la atención de Jerry.
- Mierda.- gruñó Lavi, mientras se frotaba la nariz.- Esta claro que hoy es mi día de recibir…-
- Ten más cuidado, Lavi.- se quejó una voz a su lado.
Al alzar la vista, Lavi se encontró con su presa-amigo. Allen parecía haberse llevado también un buen golpe en la cabeza, pues tenía la frente enrojecida y por sus ojos se empezaban a asomar pequeñas lágrimas.
- Perdón, Allen, no estaba mirando por donde iba- se disculpó.
- Ya me he dado cuenta.-
Lavi se quedó mirando a su compañero por unos instantes, analizando su aspecto. Intentando suprimir una carcajada, se levantó y fue a ayudar a su amigo.
- Y… de donde vienes?- preguntó con malicia, intuyendo de antemano la respuesta.
- Yo… pues….- Allen se estaba poniendo rojo por momentos. No obstante, no pudo terminar su explicación.
- AHÍ ESTAS, ASESINO DEL BUEN GUSTO!!- rugió Jerry, que había llegado por fin hasta el lugar donde se encontraban los dos niños.
Tanto Lavi como Allen palidecieron ante la visión de aquel hombre, normalmente tranquilo, que ahora blandía un cuchillo de carnicero como si de una espada se tratara.
Objetivo en mente: matar a Lavi.
Este, sintiendo que peligraba su vida, buscaba desesperadamente un modo de salir de aquella situación. De repente sus ojos recayeron en Allen.
- Bueno, por intentarlo que no quede-
Justo cuando Jerry estuvo a escasos metros de Lavi, este cogió a Allen de los hombros y se lo puso bajo las narices.
- Quieto!! Tengo un chibi y sé como utilizarlo!!- bramó Lavi, mientras se escondía disimuladamente detrás de Allen.
Ni que decir tiene que el efecto fue instantáneo. Anda más ver a la versión en miniatura de su exorcista favorito, quien aún tenía rastro de lágrimas en los ojos, se olvidó por completo de sus instintos asesinos.
- Ay, Allen-chan!! No dejes que ese monstruito que tienes ahí detrás te corrompa, ok? Eres demasiado encantador para eso!!- comentó Jerry, al más puro estilo de una abuela sobreprotectora, mientras acariciaba la cabeza de un Allen completamente paralizado ante la situación. – Bye, bye!!- se despidió el cocinero, mandándole besos al inglés.
- Fiuu, eso estuvo cerca, verdad Al-ay!!-
Lavi no pudo terminar su frase de alivio, pues en cuanto Allen se recuperó del shock le propinó una colleja.
- Pero es que os habéis puesto de acuerdo para golpearme o que?-
- Pues no sería una mala idea- respondió Allen, sobriamente. – Dime, Lavi, se puede saber a quién has llamado chibi?- preguntó Allen, con un aura oscura rodeándole.
-"Uh-uh, nota para mí mismo: nunca llamar a Allen chibi."- pensó Lavi, mientras observaba el resurgir del Allen oscuro. – "Ju, saltar de la sartén para caer al fuego…"-
- Algunas palabras finales?-
Vale, ahora estaba definitivamente en un aprieto, pues Allen estaba activando a Crown Clown y se acercaba él peligrosamente.
- O-oye, Allen, solo era un broma, vale? –
-Pues no me ha hecho ninguna gracia-
- "Ya lo veo"-
La diosa fortuna parecía estar de su parte, pues en ese momento apareció su ángel de la guarda para rescatarle de un Allen vengador.
- Estúpido aprendiz, donde se suponía que estabas!?-
O no.
Un Bookman furioso había aparecido de la nada y había golpeado a Lavi en la cabeza. (y luego se preguntan por qué Lavi se comporta es tan idiota)
- P-panda? – Lavi recibió otro golpe por usar aquel nombre.
- Deja de hacer el vago, tienes un montón de informes que entregarme para mañana.-
- Estarás bromeando, no? Ahora no puedo ponerme a trabajar!!-
- Por qué no? Acaso de has quedado manco?- y sin añadir nada más, Bookman agarró a Lavi del cuello de la camisa y empezó a arrastrarlo (ahora podía, pues Lavi era más pequeño que él)
- Aghh!! No es justo, abuelo!!- se resistió Lavi. Sin embargo, el agarre de Bookman era firme, por lo que no se podía soltar. Pero Lavi no se rendía, y empezó a gritar.- Socorro!! Me secuestran!! UN EXPLOTADOR INFANTIL SE ME LLEVA!!
Allen no podía más que observar la absurda escena con la boca abierta, todas intenciones de castigar a Lavi olvidadas.
De repente, un sonido proveniente de su estómago le recordó lo hambriento que estaba.
KYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYU
Kanda llevaba un rato esperando en la cola de la cafetería con cara de mala uva. No sabía qué era, pero había algo en la reciente situación en la que se encontraba que no le acababa de encajar del todo.
Cuando llegó a la ventanilla donde se pedía la comida se dio cuenta de qué era lo que fallaba. Era incapaz de llegar.
Si se tratara de cualquier otra persona, el problema se habría solucionado simplemente con pedir ayuda. Pero Yuu Kanda no era cualquier persona, y su orgullo, ya de por sí dañado con el hecho de tener un cuerpo que aparentaba apenas 5 años, le impedía rebajarse tanto.
Prefiriendo quedarse sin comer a tener que humillarse de esa manera, se dispuso a salir de la cafetería, cuando una figura tan pequeña como él se cruzó en su camino.
- Kanda! Que haces aquí?- preguntó Allen, sorprendido por casi haberse chocado con Kanda. Aún no se acostumbraba a verle con el pelo tan corto
- Es la cafetería, idiota, piensa un poco.-
- Ah, perdón. Entonces, ya has comido?-
- Eso a ti te da igual.- sin embargo, el traicionero sonido que provino de su tripa respondió por él.
Allen se le quedó mirando, mientras veía como el japonés intentaba mirar a todos lados menos a él, avergonzado por lo que acababa de ocurrir. Allen no comprendía por qué, si tenía hambre, no pedía nada de comer.
Cuando Allen se fijó en la altura que había desde el suelo a la ventanilla de los pedidos, comprendió.
- Hay que ver lo orgulloso que eres, Kanda.-
El japonés se giró apra lanzarle una mirada asesina, pero se encontró solo. Buscando a Allen con la mirada, pudo ver como, sin pudor ninguno, Allen pedía que le ayudaran con su enorme orden de comida.
Acto seguido de hacer su petición, un grupo de rastreadores se ofrecieron voluntarios, encantados de ayudar al pequeño.
Allen les dio las gracias con una de sus encantadoras sonrisas, dejando a aquellos hombres en un estado de semiinconsciencia, mientras se dirigió de nuevo a Kanda.
- Te sientas conmigo?-
-Ni de broma-
- He pedido soba.-
En contra de su voluntad, y maldiciendo por lo bajo, Kanda no tuvo más remedio que aceptar a sentarse en la misma mesa del Moyashi si quería saciar su hambre. Pero ni por asomo se lo iba a agradecer.
No obstante, Allen interpretó el acto de acceder a sentarse con él como muestra de agradecimiento, por lo que se puso a devorar su comida con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando Kanda terminó su comida estuvo tentado a irse pero algo en el pelo de Allen le llamó la atención.
- Moyashi.-
- Es Allen.- como pudo responderle con tanta claridad a pesar de tener la boca llena superaba la capacidad de comprensión del japonés.
- Has estado con Lenalee, verdad?-
Ante esa pregunta, Allen se atragantó.
- Q-Que te hace pensar eso?- balbuceó, poniéndose rojo como un tomate.
Kanda, por su parte, se limitó a señalarle cierto punto de su cabeza. Allen se llevó la mano al lugar donde le indicaba Kanda y, para su horror, notó el trozo de tela que había en su pelo, atando un mechón trenzado.
- Mierda!- con toda la rapidez que pudo se quitó el lazo y se deshizo la trenza.- Kanda, tengo más?-
- No que yo vea.-
-Maldito Lavi. Ya podía haberme avisado de que tenía un lazo en la cabeza! Como es que sabías que era cosa de Lenalee, Kanda?-
- Bueno…- Kanda desvió la mirada.
Allen, entendiendo el significado del gesto, no quiso presionar más, compadeciendo a Kanda por sus verdaderos años de niñez junto a Lenalee.
Quién habría dicho que la chica tenía cierta obsesión por manipular y adornar el pelo largo de la gente? Que acaso el suyo propio no le valía?
Un incómodo silencio reinó en la mesa de los dos chicos, roto repentinamente por los pasos acelerados del mayor temor de Allen en aquel momento.
- Allen-kun!! Donde se suponía que estabas?- le reprendió Lenalee, con ambas manos en las caderas y un leve puchero. La visión habría sido mona para Allen si no se encontrara ene ese momento temiendo por su integridad física.
- Ho-hola, Lenalee. Estaba comiendo, verdad Kanda?-
- A mi no me metas en esto-
- Lo que sea, Allen-kun. Ya has terminado, no?-
Sopesando la posibilidad de pedir otra ración solo para usarlo de excusa para no acompañar a su amiga Allen no tuvo más remedio que asentir.
- Genial!! Tengo algo que quiero que te pruebes!- añadió, entusiasmada.
Por qué Lenalee tenía que ser tan mona? Así era imposible negársele nada!!
- Q-que me pruebe?- Allen estaba empezando a temerse lo peor. El movimiento de incomodidad que pudo apreciar en Kanda no hizo nada para aliviarle los nervios.
- Si!! Tengo un par de vestidos que seguro que te quedarán genial!!-
El mundo se derrumbo a sus pies. Vestidos!?
Acto seguido miró a Kanda, incrédulo y observó como este hacía todo lo posible por hacerse invisible.
- Vamos!!- sin esperar la aprobación de Allen, Lenalee le cogió de la mano y empezó a tirar de él.
- No, espera Lenalee!! Cualquier cosa menos eso!! Te lo ruego!!-
- Que exagerado eres, Allen-kun! Ni que te fuera a matar!-
- Pero a mi masculinidad sí!! – lloró por lo bajo, mientras se resignó a ser arrastrado por Lenalee.
Kanda no les perdió de vista en ningún momento. Cuando por fin desaparecieron entre los pasillos de la Orden, se permitió suspirar de alivio.
- De buena me he librado-
Sin embargo, el destino no quiso que Kanda saliera tan bien airado de la situación
Kanda se puso alerta casi al instante pues pudo notar como un escalofrío le recorrió la espalda. Nunca era una buena señal.
Mientras analizaba todo lo que había a su alrededor en busca del origen de ese mal presentimiento, no se dio cuenta de la oscura presencia que se arremolinada tras de sí.
Fue demasiado tarde cuando se percató de esa presencia y se giró apra encararse a ella. No obstante, esta le había pillado desprevenido, por lo que no tuvo dificultad alguna para abalanzarse sobre el pequeño y ahogarle en su potente y sofocante abrazo.
- Yuu-kun!! Cuando me lo dijeron no me lo creía!! Estás tan adorable!!- gritó Tiedoll a los cuatros vientos, mientras abrazaba a Kanda, que se resistía con uñas y dientes.
- Suélteme de una maldita vez, maestro!!-
- No, no, no, Yuu-kun. Esa no es manera de hablar.- le regañó dulcemente Tiedoll- Ya sé, te haré un retrato para conmemorar este milagro!- anunció Tiedoll, para horror de Kanda, que se lo veía venir.
-No!! Suéltame!! –
-NOOOOOOOOOO!!-
El grito simultáneo de tres pequeños (en proceso de tortura) atravesó las paredes de la Orden oscura.
