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Canción: Jazz del Canon y Giga en D de Pachelbel, propuesta por Japiera.
Personajes: Tú, los niños elegidos.
Summary: Todos los días son una oportunidad, quizá necesitas que alguien te lo recuerde.
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Acordes desafinados
3. Un día cualquiera, para olvidar o empezar
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Es un día cualquiera, uno sencillo de olvidar. Estás esperando a alguien. Te sientas en la terraza de una cafetería, miras la carta para decidir qué tomar. La plaza está llena de niños que corretean, de adultos que charlan, del sol que brilla en lo más alto del cielo.
Llegan una chica, de ondulada melena castaña, y un pelirrojo. Se paran en el centro de la plaza. Ella sonríe, de oreja a oreja. Él pone gesto de concentración.
Y es entonces cuando todo empieza.
La chica, sin música alguna, empieza a bailar. Con pasos suaves, moviendo brazos y piernas, girando sobre sí misma. Despacio, elegante, sonriente. Se mueve con un compás, como si siguiera un ritmo imaginario.
El chico, sin decir palabra, mete las manos en su chaqueta. Saca una bombilla. La observa de cerca antes de mostrarla a un público inexistente. Y, sin otro contacto que sus dedos, la bombilla se enciende.
La camarera se acerca para preguntarte qué quieres tomar, pero has olvidado elegir algo. Le pides que vuelva en unos minutos. No llegas a mirar a la carta, porque un chico de gafas se une a la bailarina y al ilusionista en el centro de la plaza.
El joven, de aspecto intelectual, saca una caja y algunas herramientas de la mochila. Se sienta sobre una pequeña banqueta y empieza a trabajar. Talla la madera lisa sin dudar, como si viera algo que tú no.
Intentas dejar de mirarles. Pides una bebida al azar, sin mirar siquiera lo que has señalado, porque dos personas más se unen a los tres artistas.
Una chica de pelo corto se arrodilla en el suelo, sin miedo a mancharse su vestido floreado de margaritas. Mete los dedos en unos botes y pinta trazos en las baldosas grises. Formas sin lógica, solo explosiones de color en aquel suelo apagado.
El chico que la acompañaba, de enmarañada melena castaña, corre en el sitio. Se estira, jurarías que escuchas crujir algo aunque está demasiado lejos. De pronto, da un salto hacia atrás y cae sobre sus pies. Y grita, eufórico, antes empezar otra pirueta.
La camarera te trae un vaso. No miras qué contiene, no saboreas nada al beber. Hay algo que no te permite apartar los ojos del centro de la plaza. Y la llegada de una pelirroja te distrae más.
Lleva un kimono, el pelo recogido en un moño perfecto y desprende un aroma suave cuando pasa por tu lado. Se arrodilla en el suelo, junto a la pintora y el tallador, y comienza un arreglo floral. Con delicadeza, como si cada uno de los pétalos fueran lo más valioso del mundo.
La persona a la que esperabas se sienta en la silla a tu lado. Apenas saludas, ni siquiera procesas quién es, solo puedes seguir con la atención puesta en los artistas. Parece que el grupo se completa cuando aparecen dos rubios.
El mayor se sienta en el suelo, algo apartado de los demás. Se pone una armónica en los labios, sujeta con unos hierros, y saca la guitarra de la funda. Al mismo tiempo, hace sonar los instrumentos, con suaves caricias y soplidos que parecen salirle de lo más hondo.
El menor se mantiene en pie, delante de los demás. Tiene papeles escritos a mano, pero no los lee. Comienza a hablar en tono normal, sin importar si le escuchan o no, por suerte tú estás cerca. Recita historias sobre vidas lejanas y magia que puede existir si crees en ella.
Los miras, uno a uno. Tienen gestos de emoción, de paz, de alegría.
Lo sientes. Es bello y conmovedor. Todos juntos forman uno solo. Crean un mundo donde los colores salen del dibujo de la pequeña pintora, los sonidos de la armónica y la guitarra, el viento del movimiento de la bailarina, la vida de las flores, la energía de las piruetas, la inteligencia de los trucos del ilusionista, el trabajo y el esfuerzo del chico que talla, y la historia, pasada y futura, de lo que relata el escritor.
Y algo cambia en ti. Nunca podrías explicarlo con palabras.
Cuando terminan, eres la única persona que aplaude. Pero no importa, los artistas te dedican la más sincera de las sonrisas y se marchan, tan rápido como han venido.
Mañana será un día cualquiera, uno sencillo de olvidar. Estarás esperando a alguien. Te sentarás en la terraza de la misma cafetería, mirarás la carta para decidir qué tomar. La plaza estará llena de niños que corretearán, de adultos que charlarán, del sol que brillará en lo más alto del cielo.
Pero tú serás diferente. Porque mañana será un día tan bueno como cualquier otro para empezar a perseguir tus sueños. ¿Qué te impide hacerlo?
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No creo haber podido plasmar la complejidad que mencionaba Japi al hacer la petición, pero esto es lo que me ha evocado la canción. Lo de "tú" como personaje sé que se lo he visto a alguien antes pero no recuerdo a quién aunque lo he buscado.
