Capitulo II

El brillante sol matutino atravesó las cortinas de seda, chocando directamente con mí cara, me removí bajo las sabanas intentando recuperar aquel estado quimérico y pacifico, intente volver al mundo que vivía dentro de mi cabeza, un mundo sin preocupaciones, ni dones, un mundo donde nada hacia daño, un mundo perfecto… Perfecto, la simple palabra atrajo a mi mente las imágenes de la noche anterior, era así, la única palabra que le describía, Perfecto, él era perfecto.

Recordé entonces que tenía una decisión que comunicar a mi madre, una hilera de sensaciones atravesaron mi cuerpo, angustia, miedo, pánico, amor y plenitud, pero sobre todo, duda, esa incertidumbre que calaba en mi cabeza, ¿quien era él?, y ¿por que era tan decisivo en mi porvenir?

Me levante pesadamente de la cama, estirando mis músculos entumecidos, me dirigí aun adormilada al baño, despojándome de la bata de seda color rosa, abrí la llave dejando que el agua caliente relajara mi cuerpo.

El vapor comenzó a llenar la habitación, y la sensación tibia fue sustituida por un frió desolador que caló en mis huesos, la vista se me nublo en un instante eterno, y entonces comprendí que ya no estaba en la ducha, el verdoso bosque me rodeaba de nuevo, esta vez era de noche, lo sabia por que sobre mi podía ver la luna atiborrada entre nubes grisáceas, y frente a mí una tenue silueta femenina, de baja estatura, cabello corto, en forma de lancetas que salían de su cabeza en estilizadas formas, caminaba hacia mi cual bailarina ejecutando un complicado y hermoso paso de ballet, sus ojos topacio centellaban en la oscuridad, con una mirada amable y alegre, su piel era tan pálida como la de él, y sus blancos dientes iluminaron al sonreír con grácil gentileza.

-"Alice"-

Su voz resonó en mi cabeza, como cantarino soprano, junto con él demasiada información que no pude asimilar, lo siguiente que escuche fue el ruido del agua caliente vaciándose en la tina dorada, estaba paralizada, no me percate de que el agua comenzaba a desbordarse, con un rápido movimiento cerré la llave y me deje caer en el agua, alejando de mi todo sonido, toda perturbación, pero solo conseguí más perturbación, cuando me di cuenta estaba dentro de una amplia sala, de paredes blancas, una pared de vidrio se erguía de un lado, y un hermoso piano dominaba un ala de la estancia, bajando las escaleras, estaban cinco rostros que jamás había visto, excepto en mi visión anterior, los reconocí de entre el golpe de información que recién había ingresado en mi mente.

-"Esme…Carlisle…Jasper…Emmett…Rosalie" –

Sus nombres fluyeron en mi mente conforme pasaba mis ojos por sus rostros, y luego de la nada, apareció él…

-"Edward"-

Con un respiro forzado, me senté de golpe, dejando que mis pulmones se llenaran nuevamente de aire, había pasado un tiempo inmensurable, la luz del sol reflejada sobre los azulejos cautivo mi mirada mientras trataba de que mi respiración se regulara, estaba paralizada, un nuevo flujo de información llego a mi cabeza, aclarando miles de dudas, y creando miles nuevas.

Tenia que llegar al fondo de esto, no podía quedarme así simplemente, como si no estuviera pasando, recordé la decisión que había tomado la noche anterior, salte de la bañera, y me apresure a vestirme, con mi cabello aún húmedo baje corriendo las escaleras hasta el lobby.

El cabello castaño y rizado de Reneé se alzaba sobre el sofá marroquí, titubee, no por miedo a su reacción, si no por miedo a los resultados que tendrían mis acciones, puesto que lo que tenía que decirle cambiaria el resto de mi vida.

-¿mamá?- mi voz fue solo un murmullo, tenue y precoz que se extendió en la sala retumbando en las paredes de caliza pulida.

-Si, dime tesoro- se giro y sus ojos se encontraron con los míos, su frente se pobló de arrugas, era la señal de entendimiento, mi madre no necesitaba sus dones para saber que algo no estaba del todo bien en mí.

-Quiero pedirte- no, no, me reproche mentalmente- de hecho solo quiero decirte que…- mi corazón latía con fuerza, y un nudo se apoderó de mi estomago quitándome el aliento.

-Bella… ¿Qué pasa?- su voz era un simple atisbo de la preocupación que me mostraban sus ojos, y que yo misma podía palpar en el aire. Sentí su angustia, su agonía al suponer lo que podría estar pasando por mi mente.

Si bien, Reneé Himyedeva no poseía tantos dones como yo, poseía una mente calculadora y una precisión absoluta en sus presentimientos.

-Quiero irme a vivir con papá- la frase atravesó su corazón como daga al rojo vivo, le había herido de mil formas que no podría ni decir.

Si había algo que podría matar a mi madre era el hecho de que yo prefiriese vivir con Charlie Swan y no con ella.