Parte 3: Milagros del Comandante

El Queadol Magdomilla del Comandante Krochet era una nave que tenía demasiados años de uso. Su vida útil había caducado hacía algún tiempo y por razones desconocidas el viejo Comandante nunca había querido sustituirla por otra en mejores condiciones, lo que era inconcebible para los zentraedis dado que no sabían reparar ningún tipo de avería. Por esta razón en el dakan abundaban luces titilantes, sitios iluminados con luces de emergencia, sillas y mesas rotas, controles que no funcionaban, techos al borde del derrumbe, cables que colgaban, puertas que no cerraban y lo más molesto: puertas que no abrían. Ante esta última situación la mejor solución era romper el obstáculo formando un orificio lo bastante grande como para que los zentrans pasen a través de él de la forma más cómoda posible. Como era de esperar los subordinados de Krochet protestaban casi todo el tiempo por este cúmulo de problemas continuos. Pero el anciano no había sido totalmente odiado dado que era muy despistado y se le pasaban por alto todos los errores de sus oficiales. Incluso si detectaba algún fracaso o desacato de sus órdenes su actitud era notablemente benevolente comparada a la de otros superiores. Como si todo esto fuera poco, el desgraciado Krochet fracasaba frecuentemente en sus misiones aunque no en todas ellas. Muchos atribuían estas nefastas cualidades a sus años y a las aterradoras experiencias que había sufrido siendo apresado por los Protodevlins. El hecho de que hubiera sobrevivido y escapado lo convirtió prácticamente en un héroe y esa era la única razón por la cual sus superiores nunca se habían atrevido a bajarle su rango.

Kamjin tenía contrariados sentimientos hacia su superior. Por un lado lo consideraba un incompetente que tomaba decisiones erradas, pero por el otro le tenía cierta simpatía como el resto de su tripulación. Aunque lejos de considerarlo un héroe, admiraba en parte que haya podido escapar de los temidos Protodevlins. Ciertamente disfrutaba también del "compañerismo" que reinaba en su nave junto con la permisividad del anciano.

Mientras Kamjin corría por los estrechos pasillos de la nave persiguiendo a Lap Lamiz, recordaba a su viejo Comandante al tener que esquivar trozos de techo en el piso. Esperaba que la meltran se topara en algún momento con algún obstáculo muy grande como para no poder continuar ya que le costaba alcanzarla. Así ocurrió y finalmente la capitana no tuvo más opción que detenerse al ver que el corredor por el que venía circulando estaba clausurado mediante unas vigas que lo cruzaban a modo de X. Del otro lado se podía observar un cable principal y el ducto de ventilación peligrosamente desprendidos seguidos por una oscuridad total.

- ¡Dígame como llegar! – ordenó la meltran volviéndose hacia Kamjin con voz apremiante.

- ¡¿Cómo llegar a dónde?! ¡Capitana por favor tranquilícese!- respondió éste confundido por el comportamiento de la meltran.

- A la sala principal de comandos.-

- Yo la guiaré… Pero ¿qué ocurre? ¿Qué quiere hacer ahí?-

- Comunicarme con Bodolza.- respondió Lap Lamiz cruzándose de brazos y mirándolo en forma desafiante.

- ¿Ha cambiado de parecer? ¡¿Por qué?!- preguntó algo alterado el joven.

- ¡Porque es lo correcto!-

- ¡Pero es que no lo entiendo! Usted había aceptado mi proposición.-

- Sí, pero me di cuenta que estaba errada. No es la forma de proceder y usted lo sabe.-

- Muchas veces la forma correcta de proceder no lleva a nada… Ya hablamos de esto.-

- ¡Deje de querer persuadirme! Además… ¡usted es sólo un Teniente y yo soy su superior y debe obedecerme aunque seamos de distinto género y estemos solos!- exclamó la cada vez más alienada Lap Lamiz.

- ¿Qué tiene que ver eso?-

- ¡¿Qué tiene que ver qué?!- vociferó la meltran.

- Pues que seamos de distinto género y estemos solos…-

- ¡No lo sé! Es usted tan insubordinado que la única explicación que encuentro es lo peculiar de nuestra situación… - contestó Lap lamiz llevándose las manos a su cabeza y bajando la mirada. La "insubordinación" a la que hacía referencia no era ni más ni menos el hecho de que Kamjin quisiera tomar acciones por cuenta propia sin consultar al Supremo Comandante. Pero había algo más que la turbaba y no podía definir que era.

- ¿En qué momento fui insubordinado? Lo único que hice fue proponerle una alternativa y usted parecía dispuesta a escucharme… Tal vez nuestra conversación sobre el susodicho Dalkarni la hizo cambiar… ¡¿Acaso teme que al no hacer todo lo que quiere Bodolza, no llegue nunca a ese sitio aburrido donde no se lucha y la felicidad proviene del aire…?!- exclamó el joven con tono inquisidor y al vez acusador.

-¡Ya basta! ¡Le ordeno que me lleve a la sala ahora! – exclamó la meltran furiosa.

Kamjin sintió que no tenía elección. Además se percató de que la capitana estaba en extremo perturbada y que incluso unas lágrimas se habían asomado en sus ojos. Esto lo asombró de sobremanera y corroboró su suposición acerca de la susceptibilidad de la meltran. Pensó que todo esto le podría traer aparejado un sumario y nada menos que una ejecución y viendo todo lo que podría pasar, finalmente decidió acatar la orden.

- Sígame por aquí… - dijo con tono de resignación y a la vez pensó "Si no va a ser por las buenas, va a ser por las malas".

Tomando un camino diferente, Kamjin comenzó a guiar a la capitana hacia la sala principal. Estando más calmada, Lap Lamiz observaba la cantidad de desperfectos que tenía la nave. En un principio había creído que se trataban de las consecuencias de los disparos recibidos por la base debran y el forzoso descenso, pero ahora se daba cuenta de que se habían producido mucho antes. Había estado previamente en un Queadol Magdomilla y aprendido los caminos principales, pero en este dakan todo era diferente. Así se encontraba con corredores sin salida, pasillos alternativos, aberturas donde originalmente no las hay y demás irregularidades. Esta era sencillamente la nave más desastrosa que había conocido. Por suerte el joven Kravshera parecía conocerla como la palma de su mano moviéndose por ella con familiaridad y no tardaron en llegar a la sala principal.

- Pase mi capitana… - dijo el joven extendiendo su mano al abrirse la puerta.

- No tardarán en venir a buscarnos ya lo verá.- repuso la meltran al entrar.

- Si usted lo dice… ¡Ah y no olvide decir que mande una flota mixta! No sea cosa que me pongan en una nave de meltrans y siga siendo "insubordinado" porque estoy con el otro género…

Las facciones de Lap Lamiz se crisparon, pero pensó que lo mejor era concentrarse en entablar la transmisión con el Supremo Comandante. Buscó las coordenadas de la Base Central y al encontrarlas se paró rígida dispuesta a saludarlo. La cara del rasurado y pecoso Bodolza apareció en la pantalla. Presentaba una expresión seria y expectante ya que esperaba algún informe sobre lo ocurrido en Golgran.

- Capitana Moruk Lap Lamiz reportándose señor… - dijo con solemnidad. Pero la imagen se esfumó. Repitió el procedimiento pero en este segundo intento sólo consiguió que la cara del Supremo Comandante se viera sobradamente distorsionada y finalmente que desaparezca la imagen. Luego de otros fallidos intentos se volvió hacia Kamjin que había quedado apoyado en el umbral de la puerta con brazos y piernas cruzadas en forma insolente.

- No funcionan las comunicaciones… ¿Cómo hizo su Comandante para comunicarse en este estado?- preguntó desconcertada.

- Oh… Capitana… Esta es la nave de Krochet… Aquí todo puede funcionar un día y al otro no. ¿Es que no conoce su reputación? ¿Sabe qué?… le voy a confesar que cuando la esperaba en el comedor… tenía miedo por usted.- reveló el joven en tono franco.

- ¿Miedo por mí?-

- Sí, por su seguridad. En este dakan todo es impredecible. Tuvo suerte de no quedar atrapada en el baño.-

- ¡¿Atrapada el baño?!- exclamó escandalizada Lap Lamiz de sólo imaginarse desnuda atrapada en un baño zentran.

- Pues sí. Ha ocurrido. Generalmente había alguien cerca para socorrer al atrapado pero a veces no. Como por ejemplo le pasó al Teniente Jesmub que quedó atrapado allí dentro tanto tiempo que luego le quedó el apodo de Jesmub "el limpio".-

- ¡Esto es vergonzoso! Una nave tan disfuncional… apodos entre los subordinados… insubordinaciones… ¡¿en que pensaba ese zeltran?!-

- ¿Quién, Krochet? Bueno vivía paranoico de los Protodevlins. Aunque esto no quitaba que disfrutara de contar la historia de cómo había escapado de ellos. La debo haber escuchado como diez veces. Luego de que se le asignaba una misión, nos reunía a todos en el comedor y nos explicaba en que consistía. Generalmente encontraba alguna forma de relacionar lo que estaba diciendo con su aventura y terminaba relatando con lujo de detalles su "heroísmo".-

- ¡¿Y usted se crió en este caos?!- exclamó la pasmada meltran. – Incluso se reunían en el comedor en lugar de las salas de guerra para debatir los planes… -

- Sí. ¡Jajaja! Aquí me entrené y participé de una misión anterior a esta, luego de la cual el mismísimo Comandante me nombró Teniente Segundo por mi desempeño.- dijo con una sonrisa el zentran.

- Ahora veo que probablemente todo esto tenga que ver con su comportamiento…- dijo Lap Lamiz como para si misma. Estaba cada vez más intrigada y asombrada del mundo donde había vivido el zentran de cabellos celestes.

- Sigue recalcando acerca de mi comportamiento… Yo no veo nada de especial en él. Sólo que me considero algo ingenioso.- dijo Kamjin todavía sonriente.

- Le aseguro que usted no se parece en nada a otro zentraedi que haya conocido…- dijo la capitana con tono pensativo.

Los zentraedis nacían ya adultos de la Cámara de Clonación y en ella se les incorporaba en forma artificial los conocimientos básicos según el cargo que iban a ocupar. Luego de su nacimiento sobrevenía una etapa de entrenamiento en la que todavía no participaban de las misiones y que contribuía a madurar los conocimientos que tenían y desarrollarse como individuos. A esta etapa la llamaban "crianza". Aunque esta traducción del idioma zentraedi no es exacta. Finalmente a lo largo de su vida iban acumulando experiencia y muchos ascendían de rango aunque inicialmente hubieran sido creados para un rango menor. Lap Lamiz había sido criada en una nave meltran de excelente reputación. Su mentora la Comandante Kibrik Sluzul, era la meltran más eficiente y brillante de su época y había ejercido sobre ella una gran influencia. Lap Lamiz la admiraba al extremo que no soportaba que otro zentraedi hablara mal de su mentora aunque esto era muy poco frecuente. Habiendo vivido en un ambiente sobrio, sofisticado y ordenado, la capitana se asombraba considerablemente del mundo en que se había criado Kamjin. Pero esto le daba la pauta de que el joven zentran no era "insubordinado" por la situación en la que se encontraban. Estaba dilucidando que Kamjin tenía características inusuales en un zentraedi y que probablemente éstas provenían en parte del peculiar medio en el cual se formó. A la vez esto le daba cierta tranquilidad, dado que ahora lo entendía aunque sea un poco más. También se sintió extrañamente bien al saber que él se había preocupado por ella cuando la esperaba.

- Bueno capitana… ¿ahora está dispuesta a escucharme?- Preguntó Kamjin cambiando el rumbo de la conversación.

- Sí…- contestó ésta tomando asiento en la silla que había sido del Comandante Krochet.

Kamjin trataba de disimular su enorme satisfacción. Mientras la capitana se desvivía tratando de comunicarse con Bodolza, el joven Kravshera había interferido la transmisión con el sólo hecho de apretar el botón que cerraba la puerta. Había escuchado hablar sobre este desperfecto a otros oficiales. El mismo había generado diversas situaciones cómicas, pero una hizo furor entre los zentrans. Cierta vez el pobre Comandante Krochet se puso frenético al no poder comunicarse con el Comandante Tegher (dado que uno de los tenientes había utilizado la puerta) y comenzó a lanzar gran cantidad de insultos a la nave. Estos fueron finalmente escuchados por Tegher cuando se reanudó nuevamente la transmisión. Luego uno de los tenientes que presenció el hecho se encargó de difundirlo por todo el dakan.

Haciendo uso de sus "conocimientos triviales", Kamjin había logrado su objetivo: dejar a Lap Lamiz con la conciencia tranquila y preparada para escucharlo.