Noches de insomnio, de pesadillas, de despertares abruptos e intranquilos quebrantando el silencio mientras la oscuridad nocturna se filtra por cada poro de su piel, con el objetivo de envenenarle el alma.

Y entre toda esa locura, con su cuerpo bañado en sudor y la mente confusa, con el corazón temblando de puro miedo y sus ojos llorosos se clavan en el techo del cuarto tal si buscara divisar en él alguna aparición divina que le salvara, oye la voz de ella... está ella mirándole desde cerca. Siente su tacto, sus suspiros, oye su maldito nombre susurrado con una emoción inexplicable, aquella emoción con la que siempre lo pronunciaba y a la que nunca supo encasillar, así como nunca supo identificar el por qué de sus sonrisas cada vez que le veía o por qué sus ojos castaños siempre buscaban los suyos, casi de manera inconsciente.

Su pérdida lo hizo comprender cuánto la amaba y al mismo tiempo comprender que ella también lo hacía, que también lo amaba y aquello, en lugar de enaltecerlo como lo hubiera hecho antes, ahora lo atormentaba, lo hundía en una especie de depresión mezclada con ausencias. Las desgraciadas ausencias quejumbrosas que lo acompañan día y noche, cuando camina rumbo al instituto, cuando en clases echa un vistazo a su pupitre vacío, cuando al compartir la mesa con los Tendo siente aquella brisa fría imaginaria o real del puesto vacío a su lado, cuando entrena, pero sobretodo durante sus noches de desvelo, como esta.

Está en todos lados, la lleva dentro y no sabe hasta qué punto le hiere su carga, hasta qué punto le asfixia la vida.

La angustia se revela en cada rostro, en cada frase apagada y en cada silencio prolongado. La residencia Tendo, antes llena de vida, ahora parece un ir y venir de muertos vivientes, de monotonía y tareas que se llevan a cabo a diario, de gritos ahogados en sonrisas fingidas y palabras de ánimo ensayadas.

Todo es insoportable, insostenible.

Se quita las tapas del futón con movimientos violentos, flexiona sus piernas y las abraza mientras con las manos desordena su cabello trenzado con impaciencia.

Ahoga un grito entre los dientes y se levanta, se estira la camiseta blanca a tirantes tal si le estorbara, tal si quisiera rasgarla de un sólo tirón como si fuese aquello lo que le apretara tanto el alma.

Se asoma por la ventana y respira profundo el aire fresco. No hay estrellas, no hay luna. Una noche nublada que no se presta a la contemplación o a la salvación, que no se presta misericordias mediocres.

Agradece que su padre no estuviera, ¿Dónde estaba? Qué importa. Ha a decir verdad hace tiempo que no pasa tiempo en casa, seguramente para escabullirse de la depresión circundante y de la obligación imperiosa de consolar pese a que sea inútil.

Porque la tristeza no se cura con palabras estúpidas como "Ella está en un mejor lugar ahora", "Todo pasa por algo" o "A ella no le gustaría verlos así".

Ella murió asesinada, brutalmente asesinada y el sólo imaginar el miedo y el dolor que la acompañaron al morir, lo enloquece.

...Porque él no estuvo para ella...

...Él, quién se prometió cuidarla siempre, no estuvo para defenderla de su agresor, no estuvo para sostenerla mientras se perdía en la inconsciencia, o mejor aún, para arrebatarla de los brazos de la muerte...

...No estuvo ahí para confesarle cuánto la amaba, cuánto la amó siempre y cuánto la amaría aún después de su partida...

No estuvo ahí para ella.

Y eso le clavaba como una daga en su pecho sangrante. Ya nada tenía sentido sin ella, la vida no tenía sentido sin su tierna mirada castaña, sin su actitud rebelde, sin su sonrisa transparente, sus insultos impulsivos.

Ya no hay baldes de agua fría por las mañanas, ni asquerosas creaciones culinarias. No hay maestra personal de matemáticas, ni aprendiz de natación. No hay compañera de entrenamientos. Se le ha ido su compañera, su alma gemela, el amor de su vida... ¡Maldita cursileria barata!

Maldita sea el fantasma hiriente que ahora mismo le observa derrumbarse.


-¡No puedo creerlo! - exclama Nabiki dando un fuerte golpe a la pared, haciendo retumbar las paredes del cuarto.

"Y dice que no tiene madera para artista marcial", pensó el hombre sudando frío.

La chica de melena castaña se pasea de un lado a otro sintiéndose impotente, deseando romper todo a su paso. ¡Y es que es inconcebible!

Tanto tiempo y aún nada... ¡NADA! Son todos unos incompetentes.

-KUNO.

Se tensó al oír su nombre dicho de modo tan potente, y tanto más al recibir aquella mirada sulfurada.

-Más te vale que tu gente comience a operar más rápido. Cada día que pasa es importante.

A pasos agigantados se acercó a la silla en cuyo respaldar había dejado su abrigo al llegar, y lo quitó de ahí bruscamente.

-Confío en ti, Kuno - suspiró viéndolo fijo a los ojos -Por favor, no me decepciones.


La rubia chica suspiró. El oficial entrecerró la mirada.

La oficina parecía encogerse conforme avanzaban los minutos. El olor a tinta, a portafolios, a libreta nueva, ...básicamente, ese maldito olor a librería circurdante resultaba asfixiante.

En el desordenado escritorio una fotografía ocupaba su centro, encima de una carpeta amarilla. En dicha fotografía figuraba ella misma junto a otras dos chicas, la del medio era Tendo Akane... Pero una Tendo Akane completamente distinta a la que sonreía en su fotografía el día de su funeral.

-Yo, a la Tendo Akane por la que todos lloran, lo siento pero nunca la conocí - declaró- La chica que era mi amiga es esta - dijo apuntando a la fotografía- La de largo cabello ondulado y ojos verdes. De ella sí puedo hablar.

El oficial enarcó una ceja pero no contestó.

-Tenía una personalidad...envidiable - dijo enseñando una encantadora sonrisa - Se reía con ganas, no temía hacer el ridículo, no temía encarar a alguien con tal de defenderte o... defender lo que para ella era injusto. La Tendo Akane que yo conocí era muy segura de sí misma.

-¿Sabes si tenía alguna mala relación con alguien?

-No, no que yo supiera, o quizás si, pero ya sabe. Tendo era una chica linda, y las chicas lindas suelen despertar envidia en otras chicas. O bueno... quizás no era especialmente linda físicamente hablando, pero su personalidad era muy poderosa - explicó la rubia, clavando sus ojos celestes en la fotografía-¿Sabe? Cuando fui a su funeral y vi la fotografía que había de ella, no lo podía creer. Es decir, ¡Wow! -sonríe.

El oficial hurgó en los cajones de su escritorio y diciendo: Y te encontraste con esto... - y coloca junto a la otra fotografía, una de Tendo Akane de corta cabellera azulada, ojos castaños, y vistiendo una camisa y una larga falda roja.

La joven observó la nueva fotografía y volvió a mirar la primera, antes de afirmar:

-La sonrisa es la misma, oficial. Pienso que... Quizás Tendo deseaba salir de su propia piel y quiso jugar un poco. La chica que yo conocí jamás, y enfatizo JAMÁS, usaría esa falda como de abuela - apuntó.

-¿No te imaginas qué motivos habrá tenido ella para "jugar a ser otra persona"?

-No, como le dije nunca pensé que fuera en realidad tan distinta - se pendió un mechón de cabello tras la oreja.

-¿Nunca te habló de su pasado? - arrugó el ceño.

-Hablaba poco sobre sí misma.

Se echó sobre su silla giratoria, cruzándose de brazos. Sin aflojar el ceño.

-¿Cómo se conocieron?

-Era amiga de mi hermano.

-¿Su hermano? - se incorporó -¿Él fue al funeral? - preguntó cogiendo una libreta y un bolígrafo.

-No. Estaba enfermo ese día - informó la chica enarcando una ceja.

-¿Y porque él, sabiendo las extrañas circunstancias de muerte por las que atravesó su "amiga", no se ha acercado a declarar o a interesarse por la investigación?

La chica apretó los labios.

-¿Qué insinúa?

-Nada, sólo pregunto lo obvio, señorita- contestó sin inmutarse por lo ofendida que se pudo haber sentido - Por favor, le ruego que me coopere.

-Odia a la policía, para él son todos una manada de corruptos buenos para nada - dijo esbozando una sonrisa incisiva.

-Bien, ¿Podría facilitarme el nombre y el número telefónico de su hermano?

La chica se acomodó en su asiento, enseriándose de pronto.

-Lo siento pero no, si él viene será por su voluntad no para que lo vayan a buscar como un posible criminal.

El oficial cierra de golpe la libreta y la golpea contra el escritorio.


Caminan uno junto al otro. Él con las manos en los bolsillos, ella con la vista clavada en el piso.

El invierno se cuela por entre sus ropas, siendo el responsable de la piel fría, de la nariz rosácea, del aliento convertido en humillo blanco al hablar o suspirar. Pero ellos caminan sin separar los labios, arrastrando palabras muertas.

Y pese al deprimente escenario de aceras húmedas y cielos grises, sienten el corazón alborotado y el alma vibrante. ¿Culpa?! ...Injusta culpa porque ellos creen estar siendo egoístas, sin embargo, ya han pasado meses desde "su partida" y no puede vivirse en duelo eterno. La vida sigue, el mundo continúa su ciclo de siempre. Inmutable, insensible... obligándote a superar ya aquello que te lastimó y a seguir adelante.

Él, por su parte, ya ha llorado, ya ha sufrido, ya ha maldecido mil veces a Dios, ahora como bien le aconsejó Mousse, es hora se ensayar la mejor sonrisa y enseñarle a la vida que hoy es más fuerte que antes.

Nunca la olvidará, eso es seguro y es que la piensa siempre.

Un día por semana se presenta en la comisaría para conocer el avance de la investigación. Aunque la información que se le brinda de mala gana -y es que ya están resignados a la llegada del susodicho Hibiky cada domingo a eso de las cinco de la tarde, tanto que a veces hasta lo esperan con su café servido- es la misma que se filtra a la prensa y se publica en periódicos y en las noticias, él sigue concurriendo y ofreciendo su ayuda en todo lo que sea posible para que el responsable de la muerte de su amada Akane, se pudra en el cárcel, según proclama siempre.

Los meses tras su partida han sido duros, realmente duros, ...pero si algo ha podido rescatar de entre tanto dolor, es sin lugar a dudas el apoyo y el consuelo impensado que le brindó Kuonji.

Él, quién llegó a ella pidiendo empleo y alojamiento, no pensó en que Kuonji se transformaría en una amiga tan especial. Aprendió que esta chica quién se esfuerza en parecer fuerte es realidad muy frágil, que ella -a diferencia de lo que creía- también sufrió la muerte de Akane... tanto como por la barrera inquebrantable que Saotome construyó a su alrededor. Y es que pareciera que los dos hubieran perdido a sus seres más amados, sólo que de maneras distintas.

Se acompañaron como dos animales indefensos bajo una tormenta que pensaron no acabaría nunca, y de pronto se sorprenden a sí mismos caminando tranquilos aquella tarde de invierno, completamente sanos de alma y comprendiendo el poder curativo que trae la lluvia consigo, que todo lo limpia, que todo lo purifica y lo renueva. Se inflan los pulmones de aire fresco y les enervan las nuevas pretensiones.

Por supuesto que la pesquisa relacionada a la muerte de Tendo les sigue cual fantasma con rostro y nombre, y tampoco pueden negar que arrastran una cicatriz imborrable...pero juntos, sienten que pueden con ello. Sí, si están juntos, estarán bien.


-Los días aquí son largos. Te aburrirás como nunca pero la paga no es tan mala. Es una pena sí, que siendo tan joven y hermosa, te desgastes en este antro de mala muerte.

La mujer luciendo un falso color de ojos y una falsa larga melena, esboza una falsa sonrisa.

Continuará...