Cambiado. Ese era su mayor secreto. Desde pequeño su madre lo vestía con faldas y tutus rosas, a él le gustaban, incluso las diademas y pequeñas mariposas que reposaba en sus cabellos cuando lo peinaba en las mañanas para ir a la escuela.
Se veía bonito. Aunque algo llamó su atención cuando una chica de su curso dijo que Kurt es nombre de niña y luego lo apuntó. No comprendió lo que le decía hasta que su padre lo recogió esa tarde.
-Kurt es tu nombre. No es más que eso-el hombre se veía triste y dolido ante la pregunta que le había hecho ¿estaba mal que no le gustara que fuera nombre de niña?
-No soy una niña-murmuró quitando la diadema de su cabello y mirando por el espejo retrovisor su cabello castaño que caía por debajo de los hombros.
-No. Eres un niño-murmuró su padre con una sonrisa genuina ¿hace cuánto no lo veía sonreír así?
-Mamá se pondrá triste cuando le diga-susurró con suavidad-pero quiero llevar el pelo corto como los demás y usar pantalón y una chaqueta que vimos el otro día en el centro comercial-dijo ilusionado y mirando por el espejo retrovisor a su padre.
-Te puedo llevar ahora. No tienes por qué esperar a que mamá lo apruebe-dijo algo más aliviado de escuchar a su hijo decidir cambiar su ropa y cabello.
-Quiero que me lleves, papá-dijo con una sonrisa sincera, al fin su hijo se veía feliz. Su muchacho de 12 años elegiría tantas cosas desde ahora que no tendría que sentir que su madre lo obligaba.
Sin embargo, esa tarde algo se rompería en su alma.
-Tu no eres mi Kurt-dijo la mujer al momento que el castaño se paraba frente a ella. Ahora tenía el cabello corto y la ropa que le gustaba. Se veía como un muchacho, no como una niña.
-Mamá, sigo siendo tu Kurt, tu hijo-murmuró intentando tomar su mano.
-Yo tuve una niña llamada Kurt, nunca tendría un niño-dijo la mujer apretando los labios y empuñando sus manos.
-Mamá-trató de hablarle.
-¡No eres mi hija! ¡Sal de aquí!
A sus cortos 12 años su padre le contó la verdad y él debió entender, madurar y comprender que si su madre lo quería como una niña, no significaba que fuese una. Y luego, le tocó enfrentar que si era gay no tenía nada que ver con las decisiones de su mamá.
Se había escondido en esos recuerdos por unos minutos. Sólo cuando encontró esa caja con pertenencias olvidadas, todo porque buscaba algo para que Sebastián calmara su ansiedad y no tuviera algún impulso autodestructivo. Aunque hace más de un año que eso no ocurría.
-No te preocupes, estoy bien-murmuró el ojiverde apareciendo tras él, diciendo eso como si hubiese leído su pensamiento-pero creo que hay algo que aún no me dices-susurro con preocupación y tomando una de las manos que reposaba sobre una caja de color lila.
-Hay cosas que no te he contado-murmuró notando que estaban dentro del armario que contenía la ropa de ambos. Un buen escondite en caso de emergencia, pero en ese momento le parecía tan sofocante ¿Sebastián se reiría de él? ¿pensaría que era un tonto por conservar esos recuerdos tan sepultados en el pasado?
-No saques conclusiones. Sólo cuéntame, nunca me reiría de algo que es importante para ti.
Nuevamente sintió como las mariposas golpeaban en su estómago. Quizás podría revelar esa parte tan guardada sin que nadie se burlara, sin sentirse menos por ello. Sin embargo, tenía tanto miedo de la distancia que su novio podía tomar desde ahora, tal vez no querría estar con él nunca más.
-Hummel, no me molesta que pienses. Pero creo que sería bueno que nos sentemos y me cuentes-susurro tomando su mano y ayudándole a sentarse en el suelo. Ambos se sintieron como niños con un gran secreto, sin embargo, los trajes de etiqueta decían lo contrario.
Sebastián desabotono en la parte superior su camisa y se quitó la corbata verde que Kurt había insistido en que llevara. Luego, ayudó al castaño a retirar la azul que aún estaba ajustada a su cuello y también desabotono la prenda un poco.
-Te escucho-dijo tomando su mano y enlazando sus dedos.
-Bas, si después de esto piensas que no debemos seguir juntos, lo entiendo, sé que…
-Hey-dijo poniendo su mano libre en su mejilla-seguiré aquí para cuando termines de contar, siempre estas conmigo, no me podría ir de tu lado, sin importar lo que sea-dijo atrayendo el rostro del castaño e iniciando un beso suave, el que tiernamente correspondió Kurt, sin saber en qué momento se encontraba sobre Sebastián, quien estaba tumbado de espaldas al suelo y con una semi erección entre las piernas-no me distraerás con unos cuantos besos-dijo sujetando las caderas del ojiazul y atrayéndolo en un nuevo beso. El que fue más demandante que el anterior.
-Bas, detente-dijo abrumado con todo eso. No quería que una sesión de buen sexo antecediera a una confesión como esa.
-Entonces, habla-dijo quitándose a Kurt de encima y girando para volver a sentarse y escuchar sin perder ni una palabra.
Luego de unos segundos en silencio. El castaño se sintió listo para hablar.
-Mamá soñaba con tener una niña, ella quería que se llamará Elizabeth y llevará la ropa más hermosa de todo Ohio, sin embargo, nací yo-dijo destapando la caja-un niño llamado Kurt.
Sebastián observó algunas fotografías del castaño cuando niño, y se sorprendió de lo fácil que era transformar a un menor de un año en una nena, sólo con la ropa adecuada y los accesorios indicados.
-Hasta los 12 años fui una niña. No me molestaba. Pero me di cuenta de que no era yo. Ese día…-susurro abrazando un pequeño colgante. Sebastián sólo atinó a abrazarlo y no soltarlo-cuando mamá se enteró dijo que no era su Kurt, ya no más. Que había tenido una niña, no a mi. Murió una semana después-dijo acomodándose en el pecho del ojiverde.
-¿Ella vivía contigo y Burt?-murmuro suave y acariciando su cabello.
-No. Ella sufría de depresión e intentó suicidarse varias veces. Papá decidió internarla, íbamos a verla siempre. Pero una semana después de esto-dijo mostrando una foto de él como un chico-le dio un infarto y murió-el médico nos dijo que se suicidó al ingerir pastillas de otros internos, yo aún pienso que soy responsable.
-Kurt-susurro tomando su rostro-no podías vivir esa vida. No era justo para ti, sino no estaríamos juntos-dijo besando sus labios y pegando su frente a la del castaño.
-Tienes razón- dijo cerrando los ojos y sonriendo. A veces se preguntaba cómo había llegado a tener la atención y el amor de alguien tan increíble como Sebastián.
-Ahora-dijo con una sonrisa sugestiva-tenemos mi premio pendiente.
-¿Qué premio?-dijo cerrando la caja y moviéndose hasta un rincón para guardarla.
-Mi premio por usar la ropa que me elegiste y ser el más guapo de la noche en la boda de Rachel-dijo con una gran sonrisa y haciendo reír al castaño.
Definitivamente Sebastián era lo mejor que le había pasado.
