Buenas ^^
Tenía que haber actualizado con este capítulo el viernes pasado pero ya dije en 'Chocolate & Champán' que me fue imposible, porque sigo con los exámenes... Esta noche tenía un rato libre y, como más de la mitad del capítulo estaba escrito, he decidido terminarlo y subirlo.
Bueeeno~ pues es a partir de aquí que el sufrimiento de nuestro querido Lovi comienza. Pero no adelantaré nada por ahora, así que... ¡a por el capítulo 3! ^o^
Advertencia: La dulce y agradable boquita de Romano. No va a ser muy amable~
...
Capítulo 3. 24 de diciembre.
Antonio cerró la puerta del armario lentamente. Estaba contento porque Lovino hubiera vuelto, aunque no pudo evitar sentirse algo melancólico. Cuando bajó al piso inferior y vio la maleta del italiano en la entrada, sonrió levemente, pero no le dijo nada, sabía perfectamente que aquello avergonzaría tanto a Romano que este no se atrevería a volver. Pero, ¿no era aquello lo que quería? ¿No se iba precisamente por eso? ¿Para poder olvidarlo?
Suspiró profundamente. No, no podía echar la culpa a Lovino. Si se marchaba de su casa era única y exclusivamente por sí mismo. Necesitaba ese espacio, esa libertad que creía perdida. De todas formas, había tomado una decisión, y no pensaba cambiarla.
-¿Lovino? –lo llamó mientras lo buscaba por todas las habitaciones de la casa. Finalmente, lo encontró en el salón, viendo la tele como si nada, de espaldas a él-. Me voy ya… ¿Te apetece acompañarme al aeropuerto?
Antonio esperó nervioso su respuesta, no tenía que haberle preguntado nada, no debería haber abierto la boca. Estaba claro que la respuesta de Lovino sería un NO rotundo, ¿por qué tendría que acompañarle?
Tragó saliva y miró al suelo, esperando. Pero no oyó nada, Romano no dijo nada. Elevó su mirada hasta el sofá en el que estaba sentado para ver a Lovino cambiando de canal, muy deprisa. Le ignoraba.
-Bueno, pues… Adiós. Eh… esto… No pierdas mi llave, por favor.
Con un nudo en el pecho y, notando que si no se iba pronto se echaría a llorar, salió de la casa arrastrando la maleta. Subió al coche y arrancó. No quería mirar atrás, no podía permitirse el lujo de dudar…
Era lo mejor para Romano y, quizá, también para él.
Lovino se había quedado estático cuando España le preguntó si le acompañaba al aeropuerto. ¿Qué le acompañara? ¿Era tan estúpido como para pedirle aquello? No es que le fuera a echar de menos, o que no quisiera verlo irse, o que no le apeteciera ver ahora su cara, por última vez, hasta quien sabía cuándo. Por supuesto que no era por eso. Simplemente era incómodo decirle adiós, nunca había sido bueno para esas cosas. Además, seguro que el momento en el que fuera a despegar el avión, el español le montaría uno de sus numeritos…
Sin embargo, si iba con él, si le acompañaba al aeropuerto tal vez Antonio se diera cuenta de que irse en ese momento definitivamente NO era lo mejor. Es decir, claro que le daba igual todo lo demás, pero era Antonio quien plantaba y cuidaba los tomates, y quien le hacía la comida, y quien le esperaba cada noche hasta las tantas hasta que volvía de sus fiestas, y… Así que, si él se lo pedía, Antonio podía reconsiderar lo de aquel estúpido e innecesario viaje.
Había sentido una repentina parálisis cuando el español le había dicho que se marchaba y que no perdiera sus llaves. No pudo moverse hasta que España abrió la puerta y desapareció tras ella. Respiró descompasadamente, ¿qué diablos era aquella sensación? ¿Miedo?
Impotencia, tal vez…
Intentando no pensar mucho en esto último, se levantó del sofá y, para convencerse a sí mismo de que estaba tranquilo y que la marcha del español no le podía importar menos, se dirigió con lentitud hacia la nevera. Seguro que allí habría algo de comida decente, después de todo, Antonio no era tan inútil, sabía bastante de agricultura y todo lo que cultivaba en su pequeño huerto estaba jodidamente bueno.
Sin embargo no fueron las verduras, ni los rojos y llamativos tomates frescos, los que llamaron su atención. Lovino no pudo apartar la mirada de dos bandejas llenas de comida con adornos navideños que ocupaban la parte superior del frigorífico. Había, por lo menos, 5 tipos de pasta distinta, carne, pescado y gambas. Aquel bastardo habría gastado todo un fortunón, y un tiempo innecesario, a su opinión, ya que todo estaba intacto. Frunció el ceño, había algo que no cuadraba y, fuera lo que fuera, presentía que no era nada bueno. Cuando vio el vino de Rioja que había en la puerta de la nevera, lo comprendió.
A España le gustaba el vino, mucho. Pero, sobre todo, le gustaba el vino cuando lo bebía con Romano.
Como si se hubiese instalado propulsores, corrió de pronto hacia el calendario que antes había recogido del suelo y devuelto a su sitio, la pared.
Toda aquella comida, la deliciosa pasta, el cochinillo y el salmón, el postre de chocolate que había al fondo y que casi no se veía, los tomates que había en los platos en cortes limpios, el Rioja…
Los días que Antonio había tachado, solo hasta el 24.
Lovino volvió a mirar la cocina, como si no pudiera creer aquello de lo que acababa de darse cuenta. España no solo había pasado la Nochebuena y Navidad solo, sino que también había desperdiciado todo el día para preparar una cena para él -la pasta y el tomate eran la prueba-, y Lovino no se había dignado ni en llamarlo por teléfono.
No, no podía ser. Antonio no era tan estúpido. ¿O sí? Bueno, sería mejor omitir ese tema.
Espera, todavía tenía una oportunidad. España podía seguir en su coche, de todas formas, acababa de irse de casa no hacía ni tres minutos. Con una velocidad que no sabía que tenía, corrió hacia la puerta y la abrió. Escrutó con la vista la calle desierta, con el corazón en un puño, mientras salía a trompicones del portal. Cayó al suelo de bruces al no ver un escalón y rodó; el resultado fue varios arañazos en las piernas y brazos, y un dolor agudo en la nariz, que se había puesto a sangrar. Definitivamente, España debía pavimentar su propio suelo… Lovino se levantó de nuevo y gritó el nombre de Antonio varias veces, pero no le sirvió de nada. Su coche no estaba.
España se había ido, y él ya no podía arreglar las cosas. La había cagado, pero bien.
-Oh, joder. Bastado de…
Lovino calló, sus ojos se estaban humedeciendo, así que se mordió los labios para no llorar. No podía llorar, no por él… Se sentía impotente, muy impotente. Paró al darse cuenta de que también los labios le sangraban y se secó los ojos con una de sus mangas. Cogió el móvil y marcó con rapidez algunos números, equivocándose a veces por el temblor de sus manos. A los pocos segundos, le respondió una voz grave, pero educada.
-Maldición, ¿dónde está mi hermano? ¡¿Qué coño haces contestando a su móvil, jodido macho patatas? ¡Dile que se ponga ahora mismo!
-Siempre es tan estimulante hablar contigo, Romano…
-¡Que te calles! ¿Dónde está Feliciano?
-No está en casa.
-¿Cómo? ¿Dónde ha ido?
-No tengo ni idea. ¿Estás con España?
Lovino dejó de gruñir y chillar, y se quedó callado. No, no estaba con España. Él se había ido. Frunció el ceño, mirando hacia el suelo.
-¿Romano? –lo llamó el alemán, extrañado de no oír sus insultos.
-No iré a cenar esta noche.
-¿Te quedarás con Antonio?
Cállate. Cállate. Cállate. Deja de llamarlo por su nombre. Cállate de una vez.
-Tampoco iré a dormir.
-Oh… Supongo, entonces, que estarás en su casa.
-Te diré una cosa, jodido rubio de mierda. Métete en tus putos asuntos y deja los míos en paz. Y no te atrevas, te lo advierto, no te atrevas, a hacer nada a mi hermano tan solo porque yo no esté allí hoy. Porque te juro que si lo tocas, aunque solo sea el rizo, durante un maldito segundo, ¡te las verás conmigo! ¡Idiota!
Lovino colgó con fuerza, respirando iracundo mientras apretaba el móvil entre sus manos. Volvió la vista hacia la casa del español y, como si quisiera romper el suelo bajo sus pies, caminó furioso hacia su interior para después cerrar de un portazo.
...
...
N/A.:
Sí, Antonio ya no está u.u
Pero, diré una cosa: Lovino aún no lo ha aceptado del todo.
Sí, adoro hacerlos sufrir... aunque también quiero verlos felices, así que algo se colará por ahí~
Siento el lenguaje grosero de Romano, pero es necesario (de verdad xDD).
Trataré de actualizar el viernes que viene, si me da tiempo... porque esta semana entrante tengo los exámenes más difíciles :(
Ah, y lo siento también por la gente que me comenta y no les respondo T_T la verdad, nunca sé qué decir excepto gracias, así que: MikumiHsinlogear, Remi-chan1, Naosagi, Mickz, los tres chiflados, judia14 y Umi, GRACIAS, me alegro de que os esté gustando :)
Matta-nee ^o^
