Holitas! ! !
Yo otra vez…Gracias mil gracias por leer no espere que mi loca historia tuviera tan gran recibimiento.*Ame brinca de emoción*
Beta: mi nueva Beta Oficial Bettylu…beta de FFDA y mis ángeles de la guarda Heather Doll, Mariie Emma Cullen Potter Gracias mis DR3 que me salvaron y orientaron qe su servidora sabe de reglas de redacción lo ellas saben de análisis financieros...
Sin más les dejo el capi nos vemos abajo XD
DICLAIMER: Los personajes son propiedad de la señora Meyer, la trama es de esta cabecita loca y experiencias, lugares reales…No pregunte XD
Capitulo 3
Tomar la decisión de tener un hijo es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo—Elisabeth Stone.
Me encontraba sentada en una banca de una linda área de juegos, el viento soplaba fuerte y aún caliente, como toda tarde de octubre en Phoenix. Mi cabello se mecía con el aire y las risas de pequeños niños jugando se escuchaban de fondo. Levanté los ojos de mi viejo libro de "Cumbres borrascosas" y vi a un pequeño niño de dos años de edad jugando en el arenero, su cabello de un extraño color bronce igual que su padre. En mi cara se formó una sonrisa al observarlo levantar un puño de arena que accidentalmente le cayó a la niña de al lado. Reí por la travesura y regresé mi vista a mi lectura. Minutos después ese hermoso niño ya no estaba, se había ido. Solo se encontraba la niña junto a su madre, un dolor en mi pecho se formó por el miedo de perderlo. Comencé a llamarlo al no verlo por ningún lugar del parque. Gruesas lágrimas de angustia surcaban por mis mejillas, su nombre salía de mis labios desesperadamente, la gente de alrededor me observaba como si estuviera loca. Corrí por todo el parque, buscándolo, gritándole… "¡No! ¡Regresa! ¡Quédate conmigo!"
—Bella, hija despierta—dijo Renée zarandeándome para que despertara.
— ¿Donde está? —pregunté confundida, y subiendo el edredón hasta mi pecho.
— ¿Quién? Bella, tuviste una pesadilla, amor calma—me relajé al sentir un brusco movimiento debajo del pijama.
—Disculpa, mamá, por despertarte en medio de la noche.
— ¿Noche? Bella son 6:40 a.m. ¿Me puedes explicar por qué no estás lista para ir a la escuela?
— ¿Qué? Rayos, me quedé dormida.
—Sí, ya veo. Anda levántate, dúchate y arréglate mientras yo te preparo algo rápido de desayunar. Te llevaré a la escuela porque si no, no llegas y por supuesto no dejaré que faltes a clases por perezosa en tu última semana antes de las vacaciones de Navidad. Te reprendería por dormirte a altas horas de la noche, pero sé que te dormiste temprano—disparó Renée tan tremendo monólogo y salió de mi habitación.
—Hola, gusanito. Buenos días—dije acariciando mi vientre—. Tranquilo, solo fue un sueño.
Me levanté apresurada de la cama e hice lo que mi madre me sugirió. Me duché y elegí mi ropa cuidadosamente para evitar que no se notara el ligero bulto que sobresalía de mis caderas. El atuendo del día de hoy consistía en una blusa negra dos tallas más, la compré en Ross un par de días atrás, unos jeans color azul cielo, el cual apenas me cerraba de las caderas y tuve que dejar el botón desabrochado y una sudadera amplia con bolsas al frente donde poder colocar mis manos y ocultar a mi gusanito. Así le apodaba de cariño a mi bebé neonato que le daba por hacer fiesta privada cuando intentaba dormir, esa fue la razón por la cual se me hizo tarde. A la mitad de la noche me dio un calambre en la pierna izquierda. Desperté sobresaltada y adolorida, eso bastó para que él levantara revuelo.
Veinticinco minutos después me encontraba sentada en el Nissan Sentra color blanco de Renée, transitábamos por la avenida Bacerline con destino al instituto. Escuchaba a mi madre hablar sobre un chico muy guapo que había conocido en la sala de urgencias del hospital donde trabajaba, dejé de lado la conversación sumiéndome en mis pensamientos.
El tiempo había pasado deprisa, casi sin darme cuenta acababa de cumplir siete meses de embarazo o 31 semanas. Nadie había notado mi vientre en aumento, solo Angie sabía mi condición y se pasaba cuidándome de las bromas de Emmett, sus juegos y bruscos empujones. En el almuerzo elegía comida sana para mí, pasaba mucho tiempo con ella y con Rose, y aunque ésta no sabía nada, era mi amiga y no podía alejarme de ella. De vez en cuando escuchaba sus comentarios sobre cuidar mi peso por tener algunos cuantos kilos de más, pero tampoco eran tantos, solo seis… un kilo por mes aproximadamente. La doctora Thompson comentó que estaba en un buen peso, que mi vientre crecería considerablemente hasta el octavo mes, y eso me angustiaba, por que si ocultar mi pancita estos meses era difícil, sería más complicado hacerlo a finales de diciembre o enero ya que el bebé debía nacer en febrero.
Por mi parte, evitaba lo más que podía a mi madre, inventaba tareas en casa de Angie, accesoria extracurricular, días de compras con las chicas, etc…
Sumida en mis pensamientos y con los gritos de mi madre mientras conducía, llegamos a la escuela a tiempo, de puro milagro. Me despedí rápidamente de ella y caminé al interior del instituto con mi mochilla colgada de un solo hombro, con dirección al frente, cubriendo estratégicamente mi vientre.
Caminaba al edificio B donde tenía mi clase de Historia II, divisé de lejos a Jake, que me dio una sonrisa deslumbrante. Caminó hacia mí y yo lo evité cambiando en otra dirección. Jake volvió a buscarme en mi cumpleaños, envió un enorme ramo de flores a la escuela para hacerme saber que seguía interesado en mí, le di un "No" rotundo pero no lo aceptó. Me aseguró que seguiría pretendiéndome porque según él estaba enamorado de mí. Pero yo muy bien sabía que no era así. Ese día también recibí una noticia terrible.
Flash Back.
Alice y Edward llamaron por video llamada para felicitarme, Alice insistía en que debía de hacer una gran fiesta pero no estaba de ánimos.
—Belli, ¿qué planes hay para hoy? —cuestionó Alice.
—Ninguno Alie, es jueves, mañana hay clases y en verdad no estoy de ánimos.
— ¿Por qué? De seguro ese estúpido de Jake otra vez, ¿verdad?
—Si y no, Alice.
— ¿Qué? En serio, Bella, ¿has vuelto con él? —cuestionó Edward asomándose a la pantalla.
—No, por supuesto que no. Volvió a buscarme, pero ya no me interesa.
— ¡Oh, por Dios! ¡Bella dejó por fin a Jake! En serio, nena, ya era hora, ya hay que darle vuelta a la hoja.
—Si, eso creo—dije pensativa.
— ¿Hay algún pretendiente que tenga que golpear? —Inquirió Edward—. Digo… eres mi amiga, nadie debe hacerte sufrir.
—No, no hay nadie. Y tú, ¿ya llevas varias amiguitas? —pregunté con todo el dolor de mi corazón.
—No, Bells, sí a Edward ya lo flecharon.
— ¿Qué?
—Como lo escuchas, a mi hermano lo flechó Bianca Everson. Es una escultural chica de cabello rubio, cuerpo de infarto y un maní de cerebro. Ya llevan un mes saliendo, es un récord.
—Estás dando demasiada información, duende.
—Oh, vamos santurrón, es Bella. Es de la familia, tonto.
Edward estaba saliendo con una chica en Los Ángeles y ya traía a medio instituto tras de él. Eso fue un golpe duro para mí.
— ¿La amas Ed? —Edward bufó.
—No sé sí la amo aún pero sí la quiero, creo que es la indicada.
Cerré mis ojos fuertemente para tratar de evitar que las lágrimas corrieran por mis mejillas, respiré profundo…
—Pues en hora buena Ed, ya era hora que sentaras cabeza.
—No creas eso Belli, genio y figura hasta la sepultura—dijo Alice.
Fin de Flash Back.
Aceptar que él estaba rehaciendo su vida había sido duro. Bien dice el dicho que cada quién elige su destino, y yo había elegido este… o tal vez el destino me eligió a mí. ¿Quién sabe?
Decisiones, decisiones, decisiones. La vida esta llena de ellas.
Yo inconscientemente había decidido tener al bebé después de escuchar ese bum bum bum, en la ecografía hace meses. También había decidido no contarle a nadie sobre el bebé y su procedencia, una mala decisión para algunos pero a mí me ayudaba hasta recobrar fuerzas y contar la verdad a mi madre. Ángela me animaba a decirle a Renée que estaba embarazada, pero me aterraba su reacción, siempre que en el trabajo le tocaba atender a una madre joven, llegaba a casa con reclamos…
—Oye bien Bella, el día que tú llegues a esta casa con una noticia como esta, te vas de mi casa. No te voy a mantenerte después de eso, eso si que no.
Al recordar semejante sermón, me aterraba su reacción y así llegaba a este punto, donde no había revelado a nadie sobre el bebé y no sabía que hacer.
Mi mamá después de tanto tiempo, había empezada a tener citas con un hombre llamado Phil, era beisbolista, lo había conocido cuando uno de sus compañeros del equipo se había lesionado y lo trasladaron al hospital de Renée. Así que ahora ya no se la llevaba pegada a mí en sus tiempos libres y eso era un alivio.
Pasamos navidad en casa, nos acompañó Phil, el momento perfecto para presentarme oficialmente al novio de mi madre. Este era un chico muy agradable, simpático, guapo y 10 años más joven que mi madre, pero aun así me caía muy bien. Me obsequió una blusa muy linda color azul aguamarina que hubiera corrido a ponérmela si no trajera una panza de 33 semanas. Estaba en esos momentos incómodos donde no sabía que conjuntos usar, ya se me complicaba ocultar mi vientre a la vista de todos.
La noche de navidad después de la cena familiar y los regalos, Renne salió con Phil y unos compañeros de él, me negué rotundamente a asistir, dije que estaba resfriada, pero era otro motivo por el cuál no iba.
Así que al subir a mi habitación, me puse cómoda, cogí unos pantalones de deporte y una sudadera morada oficial del instituto, con un Pegaso en la parte delantera, que solo usaba para dormir pero ahora se había convertido en algo inseparable debido a que era gigante. Me tumbé en la cama junto con la bolsa de regalo que Angie trajo para el bebé como regalo de navidad. Lo abrí y mis ojos se llenaron de lágrimas, era un mameluco con rayas horizontales de color amarillo, blanco con unas caras de osos en las puntas de los pies y por atrás, justo donde debía ir el pompis del bebé, traía un oso con cara triste. Sonreí como tonta, era muy gracioso, la bolsa también incluía una manta blanca, un juego de calcetines, gorro y guantes, un chupón y un biberón.
Eso me puso a pensar, no tenía nada para el bebé, la doctora dijo que las mujeres primerizas son impredecibles y más las madres adolescentes. Después de las semana 36, los bebés podían nacer sin ningún problema, así que me quedaba como mucho unas dos semanas de confort para decirle a Renée y preparar todo para el nacimiento.
Estaba sumida en mis pensamientos, cálculos mentales y acariciando mi vientre cuando de mi laptop se escucho el característico sonido de una videollamada. Me levanté con dificultad de la cama y fui al mueble donde solía sentarme frente al ordenador, acepte la conversación y aparecieron mis ojos verdes preferidos.
—Feliz navidad, hermosa princesita—saludó muy efusivo Edward.
—Feliz navidad Ed, ¿cómo lo estas pasando?
—De maravilla, pero no podía dejar de desearle feliz navidad a mi chica favorita.
—Gracias, eso es un halago, considerando de quien viene—bromeé.
—No me subestimes, princesita—dio un suspiro —. Me haces falta.
— ¿Qué pasó? —Se encogió de hombros—. Anda, dime qué no confías en Bella tu princesita—sonrío.
—Por supuesto que confío en ti, pero no me pasa nada. Solo te echo de menos, es la primera navidad que no pasamos juntos en mucho tiempo. Es extraño—dijo.
—Okey, vale ya, suéltalo—dije, lo conocía como a la palma de mi mano y en sus ojos se notaba algo raro. Suspiró.
—Qué bien me conoces.
—Como la palma de mi mano, Ed. Dime anda.
—Es Bianca, hay una cena en un rato en su casa a la cual estoy invitado, quiere que me presente como su novio y estoy algo nervioso—confesó. Me tensé al escuchar sus palabras, mi bebé dio un golpe muy fuerte que hizo que jadeara y llevara mi mano al lugar para acariciarlo—. Princesita, ¿estás bien? Te pusiste pálida.
—Ajam, no pasa nada—dije restándole importancia—. Dime, ya es oficial, Bianca y tú son novios, ¿la amas?
—Si, pero me aterra el compromiso de ser novio de alguien. Tú sabes, soy Edward Cullen, todas mueren por mi no al revés.
— ¿Me amas?
— ¿Qué? Sí, claro que sí.
— ¿Es ese mismo amor que sientes por ella al que sientes por mí? —cuestioné.
—Es diferente contigo, a ti te amo como a una hermana, mi confidente, mi mejor amiga. Bianca es diferente, la amo con pasión, siento por ella cosas que no sentí antes.
— Lo ves, le amas, no debes de sentir inseguridad, Ed.
—No es inseguridad por que sé que le amo, es miedo a lo desconocido, nunca me había involucrado sentimentalmente con nadie hasta… hasta…
— ¿Quién? ¿Hasta quién, Edward?
—Hasta Bianca—dijo e ilusamente pensé que respondería que hasta mí, pero no fue así.
—Entonces, ¿qué esperas?, ve y enfréntate, da la cara ¿A qué esperas? Tu novia, la que amas con pasión y amor está ahí, te espera—dije con mi corazón desgarrado—. No seas cobarde, ve con ella. Tú no eres un cobarde.
—Por supuesto que no lo soy. Gracias, princesa por abrirme los ojos. Te quiero. Se me hace tarde para la cena, que la sigas pasando bien.
—Nos vemos—me despedí.
Cerré la pantalla del ordenador con fuerza, por mi mejillas corrían cascadas de lágrimas contenidas durante la conversación con Edward, sollozos salían de mi corazón desgarrado. Él estaba enamorado de otra y yo perdidamente enamorada de él, con un bebé en mi vientre producto de la inexperiencia por mi parte y un juego para él. En el fondo de mi corazón, guardaba la esperanza que él me amara como yo lo hice, lo hago y lo haré siempre.
Trate de levantarme de la silla para tumbarme en la cama y hundirme en la miseria pero caí de rodillas al suelo por que mis piernas no respondían. Gateé en dirección a mi cama pero no logré llegar muy lejos, me deje hundir ahí mismo, en el suelo. Me hice un ovillo y coloqué mi cabeza en mi vieja alfombra pisada y desgastada, así me sentía, como una alfombra pisoteada por todo o por una sola persona.
Tonta.
Tonta.
Tonta.
Yo había sembrado esto al enamorarme de mi mejor amigo y coseché esta decepción amorosa, ¿Cuál decepción?, me dije, si tú bien sabes que Edward no te amaba, que solo se acostó contigo por que le ofreciste lo que él tanto deseaba, sexo sin compromisos. Pero él ya quería obtener compromisos y no precisamente conmigo, que lo amaba con locura y que llevaba a su hijo creciendo en mis entrañas.
El coraje, odio, rencor, desdicha y miedo comenzaron a crecer en mi interior. Me senté de golpe y lancé con fuerza mis sandalias que estaban cerca de mi posición al closet. Me hinqué y caminé hacia la mesa de noche, tomé la fotografía de Edward, Alice y yo afuera de la casa de los Cullen, libros, iPod, cargador del móvil, todo objeto que se encontraba a mi paso fueron a incrustarse en las puertas del closet, todos esos sentimientos contenidos durante meses hicieron que colapsara, así en ese llanto de histeria dormida.
Desperté con un terrible dolor de cabeza, sentía mi cuerpo agarrotado. Dormir sobre la alfombra a los ocho meses de embarazo no era nada cómodo. Froté mi cara con mis manos, me levanté del suelo, y traté de ordenar todo el desastre que armé la noche anterior y me metí a la ducha. El agua empezó a caer en mi cuerpo haciendo olas en mi vientre, dejé caer mi cabeza en el frío azulejó color beige de la ducha, para tratar de relajarme. Después de vestirme con un conjunto de deporte color negro y una gruesa chamarra salí de mi habitación. La casa estaba en silencio, así que supuse que mi madre no había llegado aún de las celebraciones de navidad. Entre a la cocina, no me apetecía nada, así que tomé un yogurt de fresas y regrese a mi habitación.
.
.
.
La semana de año nuevo, mi madre me informó que Phil nos había invitado a pasar unas mini vacaciones en Jacksonville, su ciudad natal. Llamé a Angie para que me cubriera inventamos que pasaría año nuevo con ella y su familia en Dakota donde vivían sus abuelos paternos. Por supuesto era una vil mentira, los abuelos de Angie murieron en 2006 en Querétaro, de donde eran originarios y nunca habían pisado los Estados Unidos.
Renée salió muy temprano por la mañana el 31 de Diciembre, así que fue a mi habitación a desearme un buen viaje.
—Hija, ¿seguro que no quieres ir? Todavía estás a tiempo de venir con nosotros, nos la pasaremos de maravilla—dijo René con una ojitos de cordero degollado.
—Segura, mami. Será mi primer viaje después de mis tan esperados 18 años.
— ¡Ay no, qué rápido creció mi muñequita! —dijo en una falsa representación teatral.
—Ya mamá, no te pongas sentimental—dije sonriendo.
—Calla, mala hija. Como te ves, me vi, como me ves, te verás—dijo mi madre, siempre con ese dicho—. Cuando tengas tus hijos y crezcan—continuó—, aunque muero por ser abuela joven tendrás que esperar unos años.
—Si, muchos años más—dije nerviosa.
—Ven, dame un abrazo—pidió.
Sin darme cuenta se acercó a mí y me estampó contra su cuerpo, me tensé de tanta cercanía lo que ocasionó que el bebé pateara, rogué a Dios que no haya sentido el movimiento en mi vientre. Se alejó de mí, me miro fuertemente a los ojos, acarició mi mejilla y dio un beso en mi frente.
—Bella, querida, te ves hermosa pero creo que aumentaste de peso y esos conjuntos deportivos te hacen ver gorda. Como propósito de año nuevo, nos pondremos a dieta para mayo.
— ¿Mayo? ¿Qué pasaré en Mayo? —dije nuevamente nerviosa.
— ¿Qué? Pues tu graduación hija, es en Mayo—dijo un poco nerviosa.
—Ah—no le creí nada, últimamente estaba comportándose muy extraña.
—Pues, me voy ya Bella, regreso el 2 de enero, ¿está bien?
—Si mami, ya quedamos que regresaría el mismo día de casa de los abuelos de Angie.
Mi madre se fue y me quede sola en casa. Pase la mitad de la mañana dormida, desperté a la hora de la comida, comí algo ligero y prendí el portátil. Comencé revisando las perfectas fotos de navidad en el perfil de Edward, todas ellas de su estúpida novia mal teñida a la cual sí quería, sí amaba, y no se acostaba con ella por lástima, porque de seguro ella no era una patética perdedora que estaba en busca de perder su virginidad.
Edward… Estúpido… Idiota… Tarado… ¡Agrr!
Al poco rato que se fue mi mamá, sentí un ligero tirón en la parte baja del vientre, estaba cansada de mi vientre y ya no veía la hora de que diera a luz, me sentía gorda, fea, tonta.
—Tienes que salir ya, ¿me oíste? —dije apuntando a mi vientre con mi dedo índice—. Ya me cansé, ya no te quiero aquí adentro, salté y vete a enamorar de otra chica. Vete con ellas como lo hizo el idiota de tu padre—dije reclamando a mi vientre, el bebé dio un giro repentino.
—Si, te hablo a ti niño, en buena hora llegaste a complicar mi vida—dije molesta—, y deja de moverte, mi vejiga no es una pelota, niño—refunfuñé.
—Ya no te quiero, no sé que hacer contigo—dije con lagrimas en los ojos—. No eres tú, pero es que estoy tan sola—dije levantándome de la mesa del ordenador para ir a mi cama a tratar de dormir, últimamente solo hacia eso, dormir y llorar.
No sé cuanto tiempo lloré esa tarde, pero me levanté con una extraña sensación.
—No, creo que me cayó mal la comida—me quejé.
Decidí preparar lasaña de cena de año nuevo, sería el primer y último año nuevo con el bebé después de meditarlo mucho sería lo mejor, buscar una buena familia para él, que lo cuidaran, lo amaran. Ya que pasaran la fecha de año nuevo, me daría a la tarea de rellenar los formularios de la adopción.
Metí la lasaña al horno, me senté en la sala y encendí el televisor. Pasaban los diferentes lugares donde ya se celebraba el 2008, y de nuevo ese tirón en la parte baja del vientre.
— ¿Qué pasa, bebé? Deja de patearme ahí abajo—dije sobando mi vientre.
Traté de levantarme para apagar el horno que había avisado que ya estaba mi cena, cuando sentí un líquido correr por mis piernas. Me asusté, no sentía ganas de ir al baño así que supuse que sería que había roto la bolsa de agua del bebé.
—No, no, no—dije lloriqueando—. No quiero que salgas aún, no es tiempo, no me hagas caso. Por favor bebé, todavía no puedes salir —dije muy nerviosa.
Tome el teléfono de casa para llamar a Ángela, no contestó por supuesto, eran casi las diez de la noche en vísperas de año nuevo, nadie atendería su móvil.
La sensación extraña con la que desperté hace algunas horas se había vuelto una constante. Las contracciones iniciaron cada cinco minutos, después un poco más seguidas. Llamé a la doctora que gracias a Dios estaba de guardia en el hospital de Mesa. Me dijo que fuera lo antes posible por que aún no estaba en término y podía llegar a ser peligroso, así que tomé las llaves del auto de Renée, mi móvil y el bolso donde tenía las cosas del bebé que Ángela le regaló en navidad. Con todos los nervios a flor de piel me puse en marcha. Eran aproximadamente cuarenta y cinco minutos hasta el hospital y yo nunca había transitado por el Freeway, estaba aterrada y adolorida.
.
.
.
-_-..
Hola muajajaja…
corazones gracias por leerme, si se que tarde pero el trabajo, el nene, la ordena maldita, entre otras cosas se pusieron en mi contra…
Muchas me han preguntado ¿cada cuanto actualizo? … la respuesta es una semana si una no y así de hoy en adelante por lo general será el sábado a acepción de esta vez que les debía capi…
¿Qué si la continuo?.. la respuesta oviamente si y serán pocos capis mucho drama y amor mucho amor están advertidas…
Agradezco especialmente a Daniela que me ayudo con las dudas sobre la depreción!
Mis DR3 y Ali esta chica loca las quiere muchoooooooooooote mis Babys :D…
Gracias por sus comentarios y por tomarse el tiempo de dejar coment, mientras contesto personalmente les doy mil gracias de esta manera:Heather Doll, Mariie Emma Cullen Potter, Angy Mansen Cullen, Kriss21, CindyLis, Tatahasi, marie101008, Tanya Masen Cullen, NikkiMellark, Mitica, Maru-chan1296, Siria Anderson, FlorVillu, Karina Castillo, Sofy Vicky, viivii alice, ALEXANDRACAST, ini narvel, yatzel, corimar cautela, yessenya, MiMiAfT3rH0UrSSaNz, Saha Denali, Sarah-Crish Cullen, Kjmima, DuuuuulceCullen-x, Alisaness Cullen , lucia cullen hale, jamlvg8, Vanessa, Gaaby, Lorna Celaya, Ana Cullen
Nos leemos la próxima :D… que mi Hombre de 3 años me espera en la camaa…
