Disclaimer: Para no matar mi tradición, ésta es una traducción, de Mothers, así que todo el crédito va para la autora. Pueden encontrar el link del fic en inglés en mis favoritos.
N/T: Ñam, Okashi Minako me ayudó muchisimo siendo mi beta para este fic (grashias :3)
Madres
Autora: Winterlude
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Narcissa Malfoy siempre había querido lo mejor para su hijo.
Tenía el deber de criarlo, el último heredero de las familias Malfoy y Black, probablemente la familia más noble en el mundo mágico. Era una gran responsabilidad.
Él había comido en platos de oro desde que tenía dos años. Había jugado en su inmenso jardín con pavos reales y papagayos.
Lo enviaron a Hogwarts, probablemente el mejor colegio de magia en el mundo entero. La verdad, Narcissa habría preferido que fuera a Durmstrang. En Durmstrang sólo habían sangre-pura, a diferencia de Hogwarts, donde su hijo podía comer o estudiar lado a lado con hijos de muggles (¡Dios no lo permita!). Pero Alemania estaba demasiado lejos.
El verano antes que se fuera a Hogwarts, había tenido una plática con él.
"¿Entiendes, Draco, que somos especiales? ¿Que tú eres especial? Vas a hacer cosas grandiosas, hijo. Pero en Hogwarts encontrarás gente... ¿cómo puedo decirlo?... indeseable".
"¿Como quién, madre?" preguntó él.
"Bueno... están los hijos de muggles".
"¿Hijos de muggles? ¿En Hogwarts? ¿En el colegio al que voy a ir?" preguntó, con ojos ensanchados.
"Sí, mugrientos hijos de muggles. Nunca les hables. Mantente alejado. Y también... hay traidores de su propia sangre. Como los Weasley".
"¿Weasley?"
"Sí. ¿Te contó tu padre de ellos? Pueden ser fácilmente identificados: un gran grupo de pelirrojos con más hijos de los que pueden mantener," dijo riendo.
Draco no dijo nada, sólo pensaba en lo que su madre acababa de decir.
"De todas maneras, nunca hables con ellos. ¿Has entendido, Draco?"
"Sí, madre"
Su hijo fue a Hogwarts y fue sorteado a Slytherin, como toda su familia estaba segura que lo haría.
Años pasaron y nada cambió.
Ella frunciría el ceño cada vez que Draco le contaba de Harry Potter o su amiga sangre-sucia.
"¿Le hablas a esa gente, Draco? ¿Qué te dije?"
"No les hablo, madre, los odio"
"No tienes que tener sentimientos hacia ellos. Tienes que ignorarlos. Ellos no existen. Tú eres superior. Pasa el tempo con tus amigos, Crabbe y Goyle".
"Es sólo que..."
"¿Qué?"
"Crabbe y Goyle... algunas veces son un poco lentos".
"Son sangre-pura. Es lo único que importa" respondió ella, levantando la barbilla.
"Pero..."
"No quiero escuchar nada más respecto al tema, Draco" dijo ella, yéndose.
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No era que no amara a su hijo. Lo amaba.
Pero nunca se lo dijo. O se dio el gusto de pensar un poco en sus sentimientos hacia él. Él sólo tenía que crecer y traerle honor a su familia.
La madre de Narcissa solía decir: "Los Black sólo conocen dos sentimientos: orgullo y honor". Y Narcissa se había acostumbrado a sentirse sólo de esas dos formas. Nunca pensó que pudiera tener otros sentimientos. Como amor o miedo. No se suponía que los Black sintieran eso. Y tampoco los Malfoy.
Pero cuando Draco había sido elegido para ser un mortifago, algo había cambiado.
Se suponía que ella debía sentirse honrada. Su hijo, de dieciséis años, era el mortifago más joven de la historia. Y había sido elegido por el Señor Oscuro personalmente.
Pero ella no se sentía honrada. No estaba orgullosa.
Vio a Draco y no pensó que finalmente le estaba dando reconocimiento a su familia, después de todos los meses que Lucius había estado en prisión, odiados por los miembros de la Orden y por los mortifagos.
Ella sólo miraría al pálido muchacho y pensaría:
Es tan joven. Es sólo un niño. ¿Por qué tiene que pasar por todo esto?
Se encontró a sí misma haciendo cosas que nunca pensó que habría sido capaz de hacer. Como suplicarle (¡suplicar! ¡Una Black!) a Severus Snape a que la ayudara. O inclinarse frente al Señor Oscuro, pidiéndole que la tomara a ella en vez de a su hijo.
No podía entender lo que estaba pasando con ella.
Una vez Bellatrix la encontró observando la foto de un joven Draco con lágrimas en sus ojos.
"¿Qué es esto que veo, hermana? ¿Es eso... amor?"
Narcissa limpió las lágrimas de sus ojos y dijo sarcásticamente:
"¿Quién crees que soy, Bellatrix? ¿Dumbledore?"
Las dos hermanas rieron juntas, pero un amargo sentimiento permaneció en Narcissa.
¿Fue eso amor? ¿Es esto amor? se preguntó.
Ese amargo sentimiento nunca la abandonó desde entonces.
Cuando Draco le dijo a su familia lo que había pasado en la torre de Astronomía, Bellatrix había dicho:
"Perdiste una oportunidad, ¿no es así, Draco?"
Pero Narcissa había estado aliviada. Porque no podía imaginar que ese joven y tembloroso niño pudiera matar a otro hombre.
El año siguiente todo había sido lúgubre y difuso. Ella siguió el ascenso del Señor Oscuro, pero sin entusiasmo, como lo había hecho la primera vez. Tenía miedo. Por Draco. Y comenzó a preguntarse si estaba en el lado correcto o no.
Finalmente se dio cuenta qué se había estado insinuando dentro de sí misma en el Bosque Prohibido durante la Batalla de Hogwarts.
Cuando Voldemort le dijo que revisara si Harry estaba vivo, ella vio al muchacho directamente a la cara.
Es tan joven. La misma edad que Draco. Pero no tiene una madre. Solía tener una. Pero la mataron. Alguien de mi lado. Mi lado.
Años y años después, Narcissa siempre diría que ése había sido el momento cuando finalmente se dio cuenta que había desperdiciado toda su vida. Porque entendió que Dumbledore estaba en lo correcto. El estrafalario anciano tenía razón. Era amor, lo que dominaba al mundo. Y ella entendió que tenía que romper con todo el miedo y odio que Voldemort había esparcido por el mundo.
¿Draco está vivo? preguntó ella finalmente dándose cuenta que su hijo era mucho más importante que cualquier otra cosa. No porque él fuera un Malfoy. No porque fuera un Black. Sino porque ella era su madre y lo amaba.
Sí, fue la respuesta en voz baja del muchacho.
Ella se puso de pie y dijo: "Está muerto".
Y por primera vez en su vida, vio todo claro.
Ese joven muchacho estaba en el lado correcto. Ella estaba en el incorrecto. El lado que mataba madres.
Ella no podía pensar: "Yo estoy de su lado". Demasiados años había pasado siendo partidaria de Voldemort, demasiados años había odiado a Dumbledore y a la Orden. Pero ella entendió que ese pequeño muchacho tirado en el suelo podía ser la respuesta a todas las preguntas que había tenido esos últimos dos años.
Entonces, cuando Harry Potter derrotó a Voldemort y la luz entró en el Gran Salón, ella estaba feliz. Un nuevo sentimiento, después del amor. No feliz porque estuviera orgullosa. No feliz porque estuviera honrada. Feliz porque vio la luz en el rostro de su hijo. Y se dio cuenta que aún estaba a tiempo para cambiar todo.
En los siguientes meses, en los siguientes años, trató de crear un lazo entre ella y su hijo, Lucius no podía entenderla. Pero Draco sí.
Ella lo vio convertirse en una mejor persona. Arrepentirse de los errores que había cometido.
Lo vio enamorarse de una muchacha y tener un hijo. Lo vio casi explotando de felicidad.
Narcissa Malfoy siempre había querido lo mejor para su hijo.
La cosa es que durante esos años su concepción de 'mejor' cambió.
Antes 'mejor' significaba temor y respeto.
Ahora era diferente: significaba amor. El estrafalario anciano (¡Dumbledore! se corrigió a si misma) había estado en lo correcto.
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