Capítulo 3

El salón – comedor era una amplia y hermosa estancia con decoración del siglo XIX y grandes ventanales que permitían la entrada de la luz natural, lo que le daba un aire reconfortable. Del techo colgaba un hermoso candelabro de cristal cortado.

La mesa, que ocupaba el centro de la estancia, era para doce comensales, sin embargo, Kunzite, Mina y Yaten se habían sentado todos juntos; era demasiada mesa para tres.

Kunzite ocupaba la cabecera que daba de frente a la puerta y a sus lados, derecha e izquierda respectivamente, estaba Mina y Yaten, quedando frente a frente.

- Y dime Yaten, ¿dónde estudias? – preguntó ella comían.

- En el Instituto Stars – dijo el chico, serio.

- ¿Y qué piensas hacer cuando seas grande? ¿Serás general como tu padre?

- No lo sé – Yaten subió un codo a la mesa y recargó coquetamente el rostro sobre su mano – aún soy muy joven para pensar en eso…

- Ya veo… - le contestó Mina, devolviéndole una mirada juguetona.

- Yaten baja los codos de la mesa – le llamó la atención el general. El muchacho hizo caso, rodando los ojos - Hijo, ahora que me case con Mina – tomó la mano de la mujer – iniciaré un negocio y estaré fuera por largos periodos. Voy a asociarme con Jedite y Neflyte. Tal vez entremos al mundo de los empresarios hoteleros – esbozó una sonrisa el general, orgulloso de su incursión en el mundo de los negocios.

La rubia y el chico se miraron con sorpresa y voltearon a ver al mismo tiempo al platinado.

- ¿Qué? ¿Por qué? – preguntó el muchacho

- ¿Por qué no me lo habías dicho? – preguntó la rubia.

- Es que quería decírselos a ambos cuando estuvieran juntos.

-¡Pero padre! Tenemos mucho dinero, ¿¡como por qué vas a poner un negocio justo ahora?! – el chico le reclamó. Genial, aparte de traer a una extraña a la casa ahora resultaba que se iba a ausentar.

- Pues porque ahora no nada más seremos tu y yo. Estoy a punto de formar una familia y tengo que darles lo mejor. Además, eso servirá para que tu y Mina se conozcan mejor.

Aquello dejó sorprendido al muchacho, quien enseguida miró a la rubia, notando el mismo estado de sorpresa que él, ah, y por supuesto, un sonrojo en sus mejillas.

- Y dígame, señorita Aino – dijo el joven platinado en tono mordaz, disgustado un poco por la noticia que acababa de recibir - ¿a qué se dedica usted o que hace, como para que mi padre tenga que trabajar para su "nueva familia"? – esa pregunta era más un reclamo que otra cosa.

- Por favor dime Mina, y me dedico a…

- ¡Tío!

Una alegre voz cantarina los interrumpió. En el umbral de la estancia se encontraba parada Mimet, su sobrina, hija mayor de Diamante, el hermano de Kuznzite.

Mimet era una linda muchacha rubia de 23 años que acostumbraba ir y venir entre los eventos sociales, la moda y su casa y la casa de su tío, pues, al ser la niña consentida de papá, Diamante le otorgaba todas las facilidades necesarias para que llevara una vida de socialité.

En cuanto a estudios se refiere, bueno, era economista, pero, ¿de verdad trabajaría algún día con toda esa fortuna que heredaría de su padre? No, definitivamente, Mimet nunca trabajaría, solo esperaría a que llegara un buen partido para casarse, y mientras eso sucedía, ella disfrutaba de su vida y su fortuna.

- Tío creo que llegué en mal momento – dijo la muchacha al observar que su tío y primo compartían la mesa con una invitada. Sin embargo, pronto reconoció la reconoció, soltando un grito de sorpresa - ¡Oh por Dios no puede ser! ¡Mina Aino!

Mina solo se limitó a sonreír.

- ¿Qué hace Mina Aino en tu comedor tío? ¡No lo puedo creer! – dijo la rubia, mientras se acercaba a la mujer. Yaten rodó los ojos en señal de fastidio, ¿por qué Mimet tenía que ser tan escandalosa?

- Bueno, lo que pasa es que Mina es mi prometida…

- ¡¿Qué?! ¿Mina tu prometida? ¡Mina soy tu fan! Me llamó Mimet Kou – la chica tendió la mano, al tiempo que esbozaba una gran sonrisa.

- ¿Fan? – preguntó fastidiado Yaten.

- Si primo. Ella es una gran diseñadora de modas, de hecho, el conjunto que traigo es de su firma – dijo orgullosa la chica - ¡Oh por Dios! ¡Todavía no puedo creerlo!

- Mucho gusto Mimet – Mina estrechó su mano contra la de la muchacha, mientras correspondía la sonrisa – y gracias por portar mis diseños.

- ¡Dios pero que grosera soy! Discúlpenme, por la emoción no te saludé – dijo la jove dirigiéndose al general, mientras le daba un beso en la mejilla – hola Yatencito.

- Deja de decirme así – protestó Yaten

- Para mí, siempre serás Yatencito – dijo la muchacha, mientras se sentaba junto a su primo. Amaba hacerlo rabiar.

- ¿Desea comer, señorita? – Mary se acercó a la recién llegada.

- No Mary, gracias. Sólo tráeme el postro – le guiñó un ojo y la sirvienta se retiró – Esto es una gran sorpresa. Mira que mi tío se tenía muy calladito con quien se iba a casar – la joven había vuelto a la conversación anterior.

- Si bueno, precisamente por esto era que no había dicho nada – se excusó Kunzite.

- Ay tío, como siempre de misterioso – la chica hizo un ademán jocoso – y dime Mina, ahora que te conviertas en la Señora Kou, ¿seguirás trabajando? Porque déjame decirte que con mucho gusto puedo ser tu modelo personal.

Al escuchar aquél comentario, Yaten sintió la sangre le hervía; por un momento se olvidó de todo y la ira surgió como volcán en erupción. El chico golpeó la mesa y se paró súbitamente, dejando espantados a los presentes.

- ¡La única Señora Kou de esta casa es mi madre y no habrá más! – miró con furia a Mina y salió del lugar.

Todos estaban sorprendidos ante aquél arrebato de furia. Kunzite se levantó de su asiento, hablándole al platinado pero éste, haciendo caso omiso, siguió su camino.

- ¡Yaten! ¡YATEN!

- Déjalo amor – Mina colocó una mano sobre la mano del hombre – iré a hablar con él.

- Lo siento tío, yo… no era mi intención – dijo Mimet, espantada.

La mujer rubia se levantó de su asiento y se dispuso a seguir al chico.

E.I.

Mina había seguido a Yaten hasta el patio trasero, el cual era parte de la extensión del bosque que rodeaba la hectárea dónde se encontraba situada la mansión Kou.

Al fondo, había un rio, y a la orilla de éste, un frondoso árbol. Debajo de éste, había una hermosa banca blanca.

- ¡Yaten! Yaten te estoy hablando.

- ¿Qué quieres? – el chico se detuvo de golpe y se volteó para confrontarla - ¿ya te estas sintiendo con derecho de darme órdenes? – dijo sarcástico.

- Yaten yo no vine a reemplazar a tu madre – dijo seria la rubia.

- No, claro que no – respondió él – mi madre es irremplazable.

- Lo sé, y no vengo a usurpar ningún lugar.

- ¿Entonces a qué vienes? ¿No pretendes ser la ama y señora de todo esto? – el chico se plantó frente a ella – O qué, ¿vienes a darme ese amor maternal que me ha hecho falta? ¿A intentar corregirme como todas las demás? – el platinado se cruzó de brazos.

- Ninguna de las dos. No quiero que me veas como tu madrastra – le dijo, sosteniéndole la mirada.

- ¿Entonces cómo quieres que te vea, Mina Aino? – su mirada era penetrante.

- Como… tu amiga.

De nuevo, ese click entre miradas se hacía presente. La mujer entornó los ojos, dando ligera muestra de la atracción que sentía por el muchachito, y Yaten, no pudo evitar sentirse hipnotizado por aquellos hermosos ojos azules. Tenía que admitir que nunca nadie lo había mirado de esa forma.

Al sentir que el color subía a sus mejillas, giró el rostro hacia el piso, para evitar delatarse ante la rubia. Frunció el ceño y dio media vuelta, en dirección al rio.

- ¡Yaten aún no termino! – dijo la mujer, decidiéndose a seguirlo de nuevo.

El platinado llegó hasta la banca y se sentó, mirando fijamente la corriente del agua.

Mina llego hasta el lugar con un poco de dificultad, ya que los stilettos le complicaban un poco el paso.

- ¿Me puedo sentar? – preguntó como niña regañada y con un ligero tono de fastidio.

- Haz lo que quieras – le contestó él, mientras giraba el rostro para no verla.

Sin embargo, no pudo evitar caer en la tentación de mirar de reojo como al sentarse, la falda de Mina subía un poco, dejando ver parte de sus piernas, unas hermosas y blancas piernas.

- Quiero que sepas – dijo ella – que conservaré mi apellido de soltera. No pienso llevar el apellido Kou por respeto a tu madre.

Al escuchar aquello, el platinado abrió los ojos, sorprendido, aun sin voltear a verla.

- Sabes, para ser un jovencito tan apuesto eres muy malhumorado – soltó la rubia, quien, al caer en cuenta que su subconsciente la había traicionado, se mordió un labio.

Yaten giró el rostro, completamente sorprendido. Nunca nadie le había hecho un halago, y menos atrevido como aquél.

No pudo evitar dirigir la mirada hacia los hermosos labios rojos de la rubia, que en ese momento mordía. Se le figuraban exquisitos, y por un momento, deseó ser él quien los mordiera y no ella, autoflagelándose; Mina se veía tan hermosa con esa expresión coqueta, mirándolo tan profundamente. Pronto, comenzó a sentir palpitaciones en el interior de su pantalón, lo que le hizo que, por vergüenza, volviera la vista al frente.

- Yaten… - susurró ella, al tiempo que estiraba su mano al rostro del platinado.

Al sentir el contacto, el chico cerró los ojos, mientras un estremecimiento lo recorría. ¿Cuándo había sido la última vez que había recibido una caricia femenina? Su madre había sido la única que lo había tocado, hacía 10 años, y jamás de esa manera, jamás de esa forma sensual como lo estaba haciendo la rubia.

Lentamente, Mina comenzó a recorrer la tersa piel del muchacho con la punta de sus dedos, amando como se sentía al tacto "así se debe sentir toda su piel" pensó, mientras se lamía un labio.

Después, y con la misma lentitud, comenzó a acariciar los platinados cabellos y a hundir los dedos en su nuca.

Yaten no pudo evitar soltar un pequeño gemido ante aquella caricia cargada de deseo que la rubia le proporcionaba.

Con la misma horrorosa lentitud, Mina pasó la yema de los dedos sobre la oreja del platinado, acariciándola con deleite para toparse con los pequeños pendientes que el chico usaba. Rápidamente retiró la mano, como si hubiera tocado algo indebido.

- ¿¡Usas aretes?! – preguntó ella, sorprendida, mientras se llevaba la mano a los labios.

- Si, ¿por qué? ¿Te molesta? – soltó él de golpe, abriendo los ojos y mirándola con gesto malhumorado.

- No, para nada – contestó ella, un poco atónita. El encanto se había roto.

- ¡Yaten! ¡Mina! – a lo lejos se escuchaba la voz de Kunzite, quien se dirigía hacia donde ellos se encontraban.

Al oírlo, se levantaron rápidamente de la banca, tomando distancia uno del otro, queriendo disimular lo que momentos antes había ocurrido.

El platinado general llegó hasta ellos.

- ¿Qué pasó? ¿Todo bien? – les preguntó a ambos – ¿arreglaron sus diferencias?

- ¡Por supuesto! – respondió Mina, mirando con una amplia sonrisa al chico platinado, quien solo se limitó a rodar los ojos y cruzarse de brazos.

- Me alegro – respondió el general, mientras rodeaba a Mina de la cintura y le daba un beso en la mejilla – vayamos adentros. Será mejor que te instales de una vez. Debes estar agotada y tienes que descansar.

- Si querido, muchas gracias.

Así, teniendo a la rubia tomada del talle, Kunzite y Mina se dirigieron de vuelta a la mansión, seguidos por Yaten.

Sin embargo, Mina volteó a verlo, dedicándole una profunda y juguetona mirada que lo había dejado un poco aturdido y confundido, lo que hizo que, instintivamente, se llevara una mano al rostro, donde instantes antes Mina lo había tocado.


Hola!

El primer acercamiento de Mina y Yaten! Apenas se conocen y ella ya lo anda acariciando :O

Espero que este capítulo sea de su agrado. Muchas gracias a quienes me han leido y gacias a Aynat Dreams, Bombón Kou, KaryM29 y al invitado misterioso por dejar sus reviews! Y a Majho Durán y Srita Kou, quienes siempre me dejan sus comentarios vía facebook.

Nos leemos luego Bombones! El jueves próx capítulo de La fuerza del destino! Besos estalares! :*