-El estado del muchacho no es grave. Su vida no corre peligro. Es probable que en los próximos días sienta dolor y no pueda mover el hombro izquierdo. El suero que le estamos administrando es un analgésico general pero le recetaré unos analgésicos específicos para su dolencia. Si es tan amable de rellenar este formulario para proceder al ingreso en la clínica...
De las palabras que escupía la doctora, captaba la mitad. Me tendió un papel fino con el nombre de algún medicamento escrito. Guardé el papel en el bolsillo del pantalón. Algo me decía que debería inquietarme el hecho de que tratasen a Shannon como un hombre en lugar de como una mujer, pero hacía caso omiso de esa advertencia de mi lógica. Cuando la saqué del agua y tuve que practicarle la reanimación cardio pulmonar en el bote, y en medio de todo el pavor que pudiese sentir en ese momento, me percaté que el pecho de la chica era inusualmente plano. Trataba de darle una explicación racional, buscando entre mis recuerdos y guiándome por la historia que Shannon me contó cuando caminábamos por el túnel subterráneo de Rokkenjima.
El fichero que la doctora me entregó pedía especificaciones y antecedentes clínicos de Shannon que yo desconocía. No sabía qué rellenar en la casilla de 'nombre'. Desde pequeño la había conocido con el nombre de Shannon. Después conocí a Kanon. Pero ya no estaba en mis cavales. ¿Cómo me había dicho que se llamaba realmente…?
Tras obligar a detenerse forzosamente a aquel coche en la carretera secundaria, le pedí al conductor que nos llevase al hospital más cercano. Supongo que accedió al verme tan encolerizado, cargando con una mujer agonizante a mi espalda. El hombre hizo girar el coche en mitad de la carretera y nos llevó a la clínica en la que me encontraba ahora. Tenía aspecto de consultorio médico rural de una sola planta. Al vernos llegar, yo pidiendo ayuda a voz en grito, los enfermeros cogieron a Shannon con cuidado y se la llevaron en una camilla. Me hubiese gustado seguir a los enfermeros, pero cuando bajaron a Shannon de mis hombros mis piernas flaquearon y caí de rodillas y manos, con la respiración agitada y jadeante. Una enfermera me ayudó a levantarme y me ofreció agua.
Después estuve un rato en la habitación que le habían asignado Shannon, con ella convaleciente sobre la cama. Al verla en ese estado recordé aquel momento en que Shannon, ataviada como la mujer del retrato del hall de la mansión principal Ushiromiya, me pidió que no la dejase sola. Y me sentí dolido. Ella me había besado y había jugueteado conmigo soplandome en la oreja, aprovechando mi descuido para lanzarse al mar con ese maldito lingote de oro atado al pie. Abandonándome en aquel bote motorizado.
-Dios… Shannon... -la voz se me quebraba al revivir la angustia que sentí entonces.
-A propósito, no nos ha dicho cuál es su nombre, joven- la voz de la doctora me sacó de mi ensimismamiento. Alcé la vista; la doctora me miró suspicazmente; nos encontrábamos de pie junto al escritorio de recepción del vestíbulo de la clínica.
-Ah… sí. Takashi Kumasawa- no me parece que fuese una buena idea decirle mi nombre real. La doctora me escudriñaba de una forma que me ponía nervioso.
-Señor Kumasawa, ¿eh? No tenemos clara su procedencia, pero algo que sí sabemos es que en la pierna de su acompañante estaba el símbolo del pájaro de un ala. Este símbolo corresponde a una familia bastante conocida en esta zona, los Ushiromiya- tragué saliva y la miré fingiendo no comprenderla- Esta madrugada nos han llegado noticias de que se ha escuchado un gran estruendo, algo que se parecía a una explosión, procedente de Rokkenjima, la isla donde se hospedan los Ushiromiya, ¿usted sabe algo al respecto?
Miré hacia otro lado. Dos empleados auxiliares de la clínica nos miraban mal disimuladamente. Así que en aquellas tierras ya sabían de la explosión. Inspiré hondo.
-Doctora, para serle sincero esta mañana encontré a mi acompañante con la clavícula rota. Estaba muy asustado. No sé a qué se refiere- me encogí de hombros, terminé de rellenar el informe inventándome la mitad y se lo di a la doctora- Aquí tiene. Si me disculpa, tengo que ir al baño- incliné el cuello con una sonrisa y acto seguido me alejé de recepción.
No sabía ni dónde estaba el baño. A paso ligero entré en la habitación donde estaba Shannon, empujé una butaca de tela para bloquear la puerta y me llevé una mano a la barbilla.
Estaba claro que la doctora tenía la mira puesta en nosotros. Le resultábamos sospechosos, más aún después de lo que sabía sobre la explosión de Rokkenjima y seguramente no tardaría en contactar con la policía. Tendríamos que salir de allí.
Vi un saco azul al pie de la cama. El saco en el que los enfermeros habían metido el vestido negro que Shannon llevaba. Lo cogí y me lo eché al hombro. Me incliné sobre la cama en la que Shannon yacía. Me sorprendí al ver que tenía surcos de lágrimas en las mejillas. Me sentí atormentado. Si la policía la encontraba iban a inculcarle toda la culpa de lo sucedido en Rokkenjima. La juzgarian y condenarían. No podía dejar que eso pasase. Prometí que huiríamos juntos y yo la ayudaría a cargar con la cruz de sus pecados. En un arrebato de galantería dije que me la llevaría como souvenir de la Tierra Dorada. Ese pensamiento me hizo esbozar una sonrisa al recordar la forma en que ella se había sonrojado.
Con movimientos delicados, le quité la aguja de suero del brazo, pasé su mano derecha por mi hombro y la alcé de la cama sobre mis brazos. Le habían puesto un haori a juego con el saco azul, sobre una bata de color blanco apagado. Se veía tan indefensa…
Me dirigí a la ventana abierta. Antes, al mirar a través de ella, me percaté que daba a la parte de atrás de la clínica, una arboleda al norte con varios caminos de tierra. Solo tenía que sacar las piernas por la ventana y luego el cuerpo, con Shannon en brazos, y caminar por uno de los caminos. Lo hice, asegurandome que no había ojos indiscretos que viesen nuestra huída
-Battler…
Los ojos de Shannon se encontraron con los míos. Tenía una mirada vidriosa y triste, aunque también podía atisbar cierto reproche. Pero la persona que estaba más enfadada era yo. Sonreí de oreja a oreja.
-¡Buenas tardes, pequeña bruja cruel y egoísta! Tu plan de dejarme en ridículo en medio del oceáno no ha funcionado y como castigo no voy a soltarte. Mira que engañarme con besos y caricias…- mi tono era entre recriminatorio y burlesco; pero realmente estaba dolido con ella.
Shannon asió la tela de mi hombro y se agitó un poco. Era su forma de decirme que quería que la bajase, ya lo había hecho antes. La aferré con fuerza, contra mi pecho. No se me volvería a escapar.
Continuará...
