El Potterverso pertenece a J. K. Rowling.
Este fic ha sido creado para los Desafíos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Cuestión de sangre
Percy ya se dio cuenta hace tiempo de que no tiene razón. De que se ha vuelto a equivocar y ha metido la pata hasta el fondo.
Cuando se descubrió que realmente El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ha regresado, pensó en disculparse con su familia. Pero no lo hizo. Porque darse cuenta de que ese orgullo que le hizo alejarse de su familia no tenía razón de ser, que estaba apoyando a una panda de imbéciles y siendo él aún más imbécil, le sentó como una patada en el estómago, y demasiado tenía con ello como para encima volver a casa con las orejas agachadas y el rabo entre las piernas.
Pero ya no aguanta más. Sabe más de lo que aparenta: que ese monstruo que es Fenrir Greyback le desfiguró el rostro a Bill, que su hermano se ha casado con esa francesa que participó en el Torneo de los Tres Magos, que su boda fue el mismo día que el ministerio cayó en manos del Señor Tenebroso, que Ron en realidad no está enfermo con spattergroit…
Y tiene que hacer algo, aunque con mucho cuidado. Percy ha logrado ponerse en contacto con Aberforth Dumbledore y han quedado en que el dueño de Cabeza de Puerco lo avisará si ocurre algo importante, algo en lo que pueda ayudar. Percy espera que eso lo ayude a redimirse, porque a estas alturas duda que una simple disculpa vaya a servirle a su familia.
Hoy está terminando un informe con desgana. Por Merlín, últimamente Percy no hace nada con entusiasmo. Quizá los dementores por doquier, la carta de Penélope dejándole claro que no quiere volver a ver a alguien tan idiota como él y el hecho de que se muere de ganas por volver con su familia tengan algo que ver.
Es entonces cuando algo plateado entra por la ventana. Percy se da cuenta tras unos segundos de que se trata de un patronus con forma de cabra. Y lo reconoce de inmediato. Aberforth. Se levanta de un brinco, como sacudido por una descarga eléctrica.
—Potter está en Hogwarts. Los mortífagos están llegando.
A Percy se le seca la boca. No es idiota y tiene una ligera idea de lo que las palabras de Aberforth implican: batalla. Y, por alguna razón, al joven se le antoja que va a ser de dimensiones titánicas. Y que su familia, con su afición por meterse en líos, estará allí. Y que estarán todos juntos, porque la sangre es algo que tiene mucha fuerza.
Y él no va a ser menos. Va a estar con ellos. ¡Vaya que sí!
Percy suelta la pluma sobre su informe a medio hacer. Probablemente mañana no pueda entregarlo, pero no le importa. Que le despidan. Tiene la oportunidad perfecta para disculparse con su familia y arreglar las cosas y esta vez no piensa desaprovecharla comportándose como un imbécil.
Se materializa en Cabeza de Puerco. El pub está oscuro y aparentemente vacío, pero un gruñido indica al joven que Aberforth ronda por ahí. Percy se acerca al lugar de donde proviene el sonido.
—Vaya, ya estabas tardando, chico—comenta—. ¿Vienes a Hogwarts, o…?
—Pues claro—lo corta Percy. Aberforth echa a andar y él lo sigue—. ¿Ha empezado?
—Aún no—responde Aberforth, subiendo unas escaleras y entrando en un salón. Le indica un orificio en la pared, que aparentemente permanece oculto con el retrato de una niña rubia. Percy se introduce en él de un salto.
Recorre el pasadizo corriendo. Tiene que llevarle a Hogwarts, aunque no sabe exactamente a qué parte. Saca su varita, listo para utilizarla si es necesario, mientras sigue avanzando, sin importarle que él no esté acostumbrado al deporte y le esté entrando un flato terrible.
Llega hasta una puerta, sin aliento, y la abre, con las gafas torcidas:
—¿Llego tarde?—balbucea como puede—. ¿Ha empezado ya? Acabo de enterarme y… y…
Pero se queda mudo al descubrir a sus padres, Bill, Fred, George, Ron, Ginny, Lupin y una mujer bastante guapa que debe de ser Fleur. Desde luego, son más personas de las que esperaba.
Se produce un silencio incómodo en el que Percy mira a su familia sin moverse, temiendo meter la pata aún más si respira más fuerte de lo normal.
—Bueno, ¿cómo está el pequeño Teddy?—inquiere entonces la rubia, la esposa de Bill. Percy no le hace caso. Tiene que disculparse, pero pensarlo es más fácil que hacerlo.
—¡Ah! ¡Muy bien, gracias! Sí, Tonks está con él, en casa de su madre… ¡Aquí tengo una fotografía!
Percy encuentra entonces el valor que el Sombrero Seleccionador vio en él con once años:
—¡Me comporté como un imbécil!—exclama, exteriorizando lo que lleva mucho tiempo pensando—. ¡Me comporté como un idiota, como un pedante, como un…!
—Como un pelota del ministerio, como un desagradecido y como un tarado ansioso de poder—apunta Fred, sin rastro de broma. Él y George miran a su hermano con los ojos entornados, y Percy comprende que, pese a que aparentemente todo lo que se les dice les resbala, realmente los hirió con lo que dijo el día que se fue de casa.
—¡Tienes razón!—acepta, tragándose su orgullo.
—Bueno, no está del todo mal—y, para su sorpresa, Fred le tiende la mano. Percy comprende que está perdonado, pero antes de poder estrechársela su madre aparta a su hermano y lo envuelve en uno de esos abrazos asfixiantes que Percy ha echado tanto de menos.
No obstante, no tarda en fijarse en su padre, que sigue recto, serio, observándolo con detenimiento. Percy se da cuenta de que a él también le hizo daño al hablarle como le habló.
—Perdóname, papá—se disculpa.
Tras unos instantes, su padre se acerca también a abrazarlo, y Percy se siente mucho mejor de lo que se ha sentido en mucho tiempo, y no le importa la batalla que va a empezar dentro de poco. Porque bien es cierto que se ha equivocado más veces de las que ha acertado, pero por fin ha logrado hacer una a derechas y ha recuperado a su familia.
Notas de la autora: La idea original era escribir hasta la muerte de Fred, pero me parece que ya he hecho sufrir bastante a Percy en las otras dos viñetas, y se merece tener aquí un poquito de felicidad. Aunque no vaya a durarle mucho, pero eso él aún no lo sabe.
