¡Hola!

Y bien, he aquí un nuevo capítulo de esta historia, con más enredos y más sorpresas, porque esto recién comienza y se pondrá mucho mejor.

Muchas gracias por sus reviews, saben que siempre me animan a seguir adelante, por eso les dejo la conti y espero que la disfruten ^^

Traducción:

Koyama Matsuri: Festival del monte pequeño.

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Capitulo 3: Enrédame contigo

—Ah – Soltó un suspiro, cayendo sobre el sofá como si hubiera estado haciendo un gran esfuerzo por horas.

Sari arqueó una ceja al observarla ¿No se supone que debía estar feliz por su primer día de clases?

—¿Qué te pasa Matsu? – Preguntó desconcertada. Su amiga le miró y enseguida pudo notarlo, algo le estaba molestando a Matsuri.

—No vas a creer a quien me encontré en la escuela – Sari negó con la cabeza, no tenía ni la más mínima idea de quién podía ser, pero Matsuri se veía muy afectada —. El hombre que me atropelló.

—¿En serio? – Cuestionó incrédula la chica de ojos grises, pero después se expresión fue muy normal —. ¿Y eso qué? Espera un minuto ¿Qué haría un sujeto como ese en un lugar así? Por lo que me dijiste, pareciera ser un empresario millonario.

—Es el padre de una de mis alumnas – Soltó Matsuri, y ahora sí que Sari la vio con sorpresa, simplemente no se lo podía creer ¿Ese tipo que según Matsuri era muy apuesto, tenía una hija?

—No puede ser, eso quiere decir que también ha de tener esposa – Ella llegó a la misma conclusión que Matsuri, así que vio a la castaña asentir con la cabeza, pero se veía desanimada con eso, lo que le dio cierta idea —. Y eso… ¿Te desanima?

—¿A qué te refieres? – Preguntó Matsuri confundida.

—Dime la verdad ¿Te ha gustado ese hombre Matsuri?

La aludida le miró con las mejillas sonrojadas, pero no pudo responder, simplemente bajó la mirada y se hizo la desentendida, lo que convenció más a Sari de que la respuesta era afirmativa.

—N-no digas tonterías, ni siquiera lo conozco, sólo lo he visto… dos veces – El tono de su voz pasó de normal a triste —. Además su esposa es una mujer muy hermosa, yo no tendría posibilidad.

—¡Ajá! ¡Eso quiere decir que sí te gusta!

—¡N-no! – Volvió a negar Matsuri aún más sonrojada que hace rato, haciendo que Sari riera a carcajadas, de verdad que su amiga era muy obvia y le era imposible mentir.

—Lo que digas Matsu, lo que digas.

Matsuri simplemente le hizo un desprecio, porque a pesar de todo, era imposible que a ella le gustara un sujeto que ni siquiera conocía, ella no era así, además jamás se fijaría en un hombre casado y de tanta altura social; él era demasiado para alguien tan sencilla como ella.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

Llegó a casa con su hija dormida en los brazos. Habían ido a dejar a Ino a la suya, porque no planeaba dejarla entrar a su departamento ni aunque estuviera loco. Antes las cosas eran tan diferentes, cuando aún no se casaba con Sayuri todo con Ino era bueno, eran amigos "especiales", aunque la rubia siempre lo quiso para algo más que eso. Todo cambió cuando ella le presentó a su hermana mayor; Sayuri.

No entiendo para qué me has hecho venir, ni que fuésemos novios oficiales o algo – Dijo serio, de brazos cruzados y sentado sobre el sofá individual de la sala de Ino. Tenían sólo veintidós años, eran muy jóvenes aún, para ellos la vida era un relajo.

No seas así Gaara, mi hermana y mi padre quieren conocerte, les he dicho que no hay nada entre nosotros, que somos sólo amigos, pero ya sabes cómo son las familias – Dijo la chica, aunque mintió un poco, pues sí había dicho que entre Gaara y ella había "algo".

De todos modos no debí venir, ahora sí que pensarán que hay algo entre nosotros – El pelirrojo volteó el rostro, sin embargo pronto sintió un peso sobre sus piernas, se volteó y vio a Ino sentada sobre él, rodeándole por el cuello y sonriendo.

No seas así, tampoco puedes decir que no hay nada ¿Cierto? – La chica le susurró en la comisura de los labios, para después besarlo apasionadamente, beso que él correspondió en su totalidad, hasta que oyeron un ruido que los hizo separarse.

La puerta de la casa se abrió, e Ino inmediatamente se puso de pie, ya que acababa de llegar su hermana, mayor sólo por un año.

Era una joven alta, de largo cabello rubio, hermoso y sedoso, y sus ojos eran color azul profundo, simplemente era bella, bastó sólo unos segundos de verla para deslumbrar por completo a Gaara, pues no podía creer que tenía en frente a una mujer así.

Oh, hola Ino, veo que trajiste a tu amigo – Sonrió, dejando al chico aún más encandilado con su presencia, si es que eso era posible.

Sí hermana, él es Gaara, mi amigo – Lo presentó Ino, haciéndole un gesto para que se pusiera de pie —. Gaara, ella es mi hermana mayor, Sayuri.

Mucho gusto, Sabaku No Gaara – Se presentó el pelirrojo, besando suavemente la mano de esa hermosa mujer, quien se había quedado perdida en sus ojos aguamarina.

La atracción fue simplemente inevitable, tanto para ella como para él. Algo sucedió en ese instante que cambiaría la vida de ambos para siempre.

—Duerme princesa – Besó la frente de su hija, a la que ya había recostado en su cama. La cubrió con las sábanas y se alejó hacia la puerta. No era tan malo ser padre, le gustaba compartir tantas cosas con ella, a pesar de que cuando se enteró de que venía al mundo no estaba demasiado feliz.

¿Dijiste embarazada? – Le parecía simplemente increíble, no pensó que se descuidaría de esa manera. Maldijo su suerte, maldijo una y mil veces esa estúpida noche en que sus deseos le vencieron y se terminó acostando con ella, estaba tan entregado que se olvidó de lo más importante; usar preservativo.

Así es Gaara, no sé cómo pasó, pero voy a tener un hijo, y es tuyo – La rubia le miró, notando la cara de inconformidad que el chico mantenía; la noticia no era del todo alegre para él.

¿Ah sí? Pues yo no estoy tan seguro, no sé con cuantos tipos te habrás acostado desde esa vez.

Sólo contigo, no soy ninguna puta – Ella le miró enojada, no le gustaba la actitud de Gaara —. Eres el padre, de eso no hay dudas.

Lo había dicho sólo por causar discordia, la verdad era que Gaara le creía y lo sabía, sabía que ese bebé que Sayuri esperaba era suyo, lo tenía muy claro.

Maldita sea, esto es una mierda – Se golpeó los codos contra la pared, estaba verdaderamente molesto, no tenía intensiones de convertirse en un hombre de familia, y ahora no le quedaba de otra.

¿Sabes? Si no quieres hacerte cargo está bien, no te obligaré, no pienses que soy una inútil que no puede mantenerse sola, pero quiero que sepas que yo… que yo de verdad te quiero – Sayuri bajó la mirada, nunca se había sentido tan dolida, tener que confesarse de esa manera, prácticamente diciendo adiós, causando lástima, frente a un hombre que no sentía nada por ella, que era tan frío como un trozo de hielo.

Demonios – Gaara suspiró, tampoco era un monstruo, no podía dejarla sola y menos con algo que era su responsabilidad —. No digas eso, sé muy bien lo que sientes, y sabes también que yo no siento lo mismo —. Sayuri bajó la mirada; eso era un obvio adiós —. Pero no puedo dejarte, soy un hombre de palabra, si estás esperando un hijo mío entonces haré lo que tenga que hacer, incluso casarme contigo.

Gaara… - Pronunció Sayuri sorprendida, lanzándose a los brazos del pelirrojo, que no se esforzó por corresponderle —. Gracias Gaara, no sabes lo feliz que me haces.

Él no respondió, simplemente se quedó quieto, esperando a que el momento acabara.

Se tomó la taza de café y dejó el diario sobre la mesa de la sala. Ya era bastante tarde, pero como siempre le costaba un poco quedarse dormido, los recuerdos a veces no le permitían relajarse, eran demasiadas cosas, hechos que habían vuelto su vida un desastre de grandes proporciones, sólo después de casarse con Sayuri había logrado convertirse en un verdadero hombre serio, preocupado de su trabajo y centrado sólo en los negocios, olvidando la parrandería, pero por más que trató de alejar a Ino las cosas no eran como quería, ella nunca le perdonó por haberse metido con su hermana, por dejarla embarazada, ni menos por haberse casado con ella, se sintió desplazada y con justa razón, creía que ese derecho era suyo por haberlo conocido primero, por haber sido su mujer primero que Sayuri.

—Será mejor que me acueste – Se dirigió a su habitación, pero antes de irse a su cama caminó al baño. Se quitó toda su ropa y se metió bajo el agua tibia, así relajaría un poco su cuerpo, se sentía muy estresado y eso era lo mejor para calmarse. Cuando cerró los ojos, no supo por qué, pero la vio a ella.

Era bonita, dulce y alegre, amable y muy tímida; simplemente adorable. No había conocido nunca a una mujer como Matsuri, que le causara esa impresión, que le hiciera sonreír con sólo mirarla.

—Tengo que verla de nuevo – Se dijo, sintiéndose algo emocionado, sin saber por qué.

Salió de la ducha, secó su cuerpo con una toalla y se puso un bóxer rojo oscuro. Caminó hasta su cama y se recostó, aún con esa imagen en la mente.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—¡Apágate cosa fea! – Escuchó el estridente grito de la vocecita de su niña, la cual golpeaba algo contra el piso. Abrió los ojos como platos y se bajó de la cama con demasiada rapidez, enredándose en las sábanas y cayendo al suelo al instante.

—Auch, eso ha dolido – Se quejó, llevándose una mano a la pierna derecha, pero enseguida se olvidó de eso al oír nuevamente como su hija gritaba y azotaba el nuevo despertador. Oh no, no pasaría lo mismo de la otra vez, Amaya en verdad era muy desobediente cuando algo se le metía en la cabeza —. ¡Amaya! – La llamó, quitándose de encima las sábanas como pudo, para correr hacia la sala y ver a su pequeña tratando de asesinar al señor mapache dos; no sabía por qué pero a él le encantaba ese despertador.

—Papi, despertaste.

—Amaya, deja eso ahora – Le ordenó algo enojado, notando como la niña bajaba la mirada con tristeza, dejando el mapache en el suelo.

—Perdón papi, se me olvidó – Se disculpó la pequeña, mirando hacia el suelo con arrepentimiento. A Gaara no le gustaba regañarla, primero porque se le hacía demasiado tierna y dulce como para andarla viendo con mala cara todo el tiempo y segundo porque no estaba acostumbrado a tratar con niños, mucho menos a regañarlos.

—Ya no importa princesa, sólo recuerda que el mapache debe despertar a papá para ir a trabajar, y también para llevarte a la escue… - Se detuvo cuando se dio cuenta de la hora que era en el reloj despertador —. ¡Estamos media hora atrasados!

Casi con la velocidad de un rayo, Gaara tomó entre sus manos a su pequeña hija y la llevó corriendo al baño, la metió a la bañera, llenándola con agua tibia y casi voló al cuarto en busca de su ropa, no podía pasarle lo de la otra vez.

Después de darle un baño veloz a Amaya, la vistió, le peinó el cabello medianamente bien y la dejó esperando en la sala, pues él también debía bañarse para ir al trabajo.

La niña comenzó a jugar con sus piecitos, mirándose los zapatos mientras los balanceaba de adelante hacia atrás, una y otra vez, hasta que su estómago sonó.

—Papi… ¡Papi, tengo hambre! – Después de eso sólo se escuchó un golpe seco, como si algo hubiese azotado el suelo –efectivamente había sido Gaara, quien se cayó de nueva cuenta cuando Amaya gritó que tenía hambre-. Segundos después Gaara salió del baño, con expresión de dolor, pero obvió ese detalle y corrió hacia la cocina a preparar el desayuno.

No era bueno en esto, siempre comía algo rápido, un hot dog o alguna cosa de esas, se compraba un café expreso y con esto ya estaba listo, aún no aprendía a preparar un desayuno nutritivo para una niña de cinco años. Hizo lo mejor que pudo, sin duda.

—Está malo papi – Dijo Amaya al probarlo, haciendo la cara de haber probado algo agrio. Gaara bajó la mirada decepcionado, esto era lo peor que podía pasarle.

—Perdón Amaya – Se disculpó, verdaderamente derrotado.

Después de haber desayunado y con casi diez minutos de retraso, Gaara subió al auto a su hija y partió hacia la escuela, pues hoy tenía una importante reunión que comenzaba a las nueve y media y quedaba una hora para eso, lo que significaba que debía revisar todo antes para que no hubiera ningún percance.

Al llegar al colegio de Amaya lo primero que hizo fue buscar un lugar para estacionarse, pero al parecer ese día a todos se les había dado por llegar tarde, pues el lugar estaba lleno.

—Demonios – Masculló, mientras la pequeña jugaba con un osito de peluche que él le había regalado. Acomodó el espejo retrovisor, notando de pronto como una interesante silueta se asomaba, una persona que iba del otro lado del estacionamiento, caminando con una dulce sonrisa. Sintió que su corazón se detenía por un momento, para volver a latir con más fuerza aún.

—¡Es Matsuri-sensei! – Exclamó una contenta rubiecita, saltando en el asiento trasero del auto, al menos lo que le permitía el cinturón de seguridad. De lo poco que conocía a su maestra, ya le agradaba bastante, tanto así que le había tomado mucho cariño, era una persona demasiado tierna con los niños, se notaba que tenía mucho amor que entregar.

—Amaya, quítate el cinturón, nos pararemos aquí – Ordenó, apagando el motor del auto. La pequeña asintió con la cabeza, haciéndole caso a su papá. Gaara bajó del auto, en medio de los toques furiosos de las bocinas de los otros autos, pero eso no le importó en lo más mínimo. Abrió la puerta para que bajara su hija y en eso, el mismo ruido de las bocinas llamó la atención de la joven maestra, quien se volteó a mirar hacia aquel lugar, algo sorprendida de verles.

Es… es Gaara… - Sus mejillas se sentían calientes, no entendía por qué pero su rostro estaba sonrojado ¿Qué significaba eso? Y lo peor era que cuando el pelirrojo le dio la mano a su hija, caminando hacia su persona, sintió que el corazón se le iba a salir por la boca —. V-viene hacia acá.

—Hola, Matsuri – Le saludó amablemente Gaara en el momento en que llegó frente a ella. La castaña bajó un poco la mirada, no quería que él se diera cuenta de lo roja que estaba, pero al hacer ese movimiento la niña sí fue capaz de notarlo, aunque sólo se rió en silencio.

—B-buenos días señor Gaara – Evadió su mirada, la vergüenza que sentía era demasiada como para atreverse a verlo a los ojos, sobre todo porque Amaya se había dado cuenta, esa niña era muy lista.

Gaara frunció levemente el ceño, era cierto que era mayor que Matsuri, pero tampoco como para que lo llamara señor, además no le gustaba que ella se portara tan distante, esa chica… provocaba algo extraño en él, le agradaba su presencia, quería tenerla más cerca, conocerla un poco más.

—Bueno Amaya, vete para adentro, mientras yo hablo con tu maestra – La niña asintió con la cabeza y corrió cantarina hacia el interior del edificio en cuestión, mientras el pelirrojo se quedaba frente a la avergonzada castaña —. Y entonces ¿Me crees un anciano Matsuri?

—¿Por qué dice eso señor? Nada que ver.

—Porque estás diciéndome señor – Habló enseguida, casi interrumpiendo la frase de la chica, quién volteó a verlo, encontrándose con su mirada algo molesta. Se dio cuenta en ese momento de que el trato que estaba dándole –a pesar de ser muy educado- no era de su agrado, él quería un trato más directo.

—Perdone, es sólo que… me enseñaron que debo tratar con respeto a los hombres casados – Volvió a mirar a otra parte, el saber que Gaara era un hombre casado le causaba una profunda pena, no entendía por qué si apenas le conocía, tal vez se había hecho ilusiones demasiado rápido, lo que le hacía darse cuenta de lo tonta que era.

—¿Casado? – Cuestionó Gaara, sonando sólo un poco divertido ¿De donde habría sacado Matsuri que él era casado? —. Creo que estás en un error, yo no estoy casado – Aclaró enseguida, preguntándose por qué la tímida joven parecía algo molesta cuando mencionó lo de su estado civil. Un momento… ¿Es que acaso estaba celosa o algo así? —. Celosa… sería todo un agrado.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—Será divertido Hinata-sama, le aseguro que no se va a arrepentir – Le aseguró una vez más, mientras que la joven miraba todo el lugar bastante retraída, no es que le diera miedo encontrarse en un estudio de televisión, el verdadero problema era que ahí trabajaba Naruto Uzumaki, ese actor que la volvía prácticamente loca.

Había venido aquí porque su primo Neji le pidió que lo acompañara, estaban planeando filmar un comercial para promocionar los artículos electrónicos de la empresa Hyûga, pero justamente había ido a parar en este lugar, el peor de todos los sitios a los que podían ir.

—Neji nii-san, no creo que… - Justo cuando ella iba a hablar, se quedó paralizada al ver salir al mismísimo Naruto Uzumaki de uno de los sets de grabación, acompañado de su compañero en el nuevo dorama, Kiba Inuzuka y el popular cantante y actor Uchiha Sasuke, además de Asuma Sarutobi, el director de la serie.

Hinata estaba que se desmayaba, tres estrellas y un director de renombre estaban en frente de ella, aunque ninguno parecía prestarle atención a su presencia, eso era lo de menos ¡Tenía ganas de salir corriendo!

—Deja de decir eso, estoy seguro de que encontraremos a Miyako-chan – Aseguró el rubio con su característica sonrisa, cosa que terminó de encandilar a la joven Hyûga. Como hija de un importante empresario ella debía estar acostumbrada a codearse con gente famosa, pero era demasiado tímida y jamás asistía a las reuniones que su padre organizaba, lo que la había privado de conocer a todo ese tipo de gente del espectáculo, era por eso que ahora se encontraba tan nerviosa.

Por otra parte, Naruto abrió sus ojos y justamente los posó en su pequeña figura, que no dejó de observarlo en ningún momento con deslumbramiento. Él la reconoció enseguida, la recordaba del otro día porque se había comportado muy tímidamente.

—¡Hey, hola! – Se cercó a saludarla con toda la alegría del mundo, justo cuando Neji se adentraba en una oficina, sin prestar atención a que su prima se había quedado paralizada en su sitio, porque alguien tan famoso estaba hablándole —. ¿Tú eres Hinata verdad?

—S-sí y-yo… - La Hyûga bajó la mirada, comenzando a jugar con sus dedos y sonrojándose en forma instantánea, lucía adorable, se notaba a leguas que era una chica tímida.

—Bueno Asuma, luego nos vemos – Dijo Sasuke despidiéndose, recordó que hoy tenía que visitar a cierta personita que no veía hace un tiempo y tenía muchas ganas de molestarla, era cierto que la quería, era tal vez la única mujer a parte de su madre que él quería en serio, después de todo se trataba de su primita, que era como su hermana pequeña.

—Sí, te llamaré Sasuke – Respondió el director, haciendo un gesto de despedida con su mano. En ese momento volteó a ver a Naruto, no se había dado cuenta en qué momento el rubio se separó de ellos, ni mucho menos que Kiba miraba con atención en esa dirección. Naruto hablaba animadamente con una chica, pero ella no era cualquier chica, claro que no.

Esa joven… sus gestos, su forma de hablar, ese movimiento que hacía con sus dedos, su cara sonrojada. Era irreal, simplemente perfecta, como caía del mismísimo cielo.

—Miyako – Susurró Asuma, captando la atención de Kiba, quién le miró sorprendido, para luego pensar que era cierto, esa chica tan hermosa actuaba igual que Miyako ¿Sería que al fin la habían encontrado?

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—¿Cómo? – Matsuri parpadeó varias veces para cerciorarse de que había escuchado bien, Gaara acababa de decirle que no estaba casado ¿Acaso se burlaba de ella? —. Pero… la madre de Amaya-chan… ¿La mujer que ayer estaba…?

—Seguro hablas de Ino – Adivinó Gaara, antes de que ella terminara la frase, pues era obvio. Maldita sea, nunca pensó que alguien confundiría a Ino con su esposa, pero la verdad la rubia era muy parecida a su pequeña Amaya, era algo bastante lógico de pensar —. Pues, Ino no es mi esposa, es sólo la tía de mi hija, la madre de Amaya falleció en un accidente.

Los ojos de Matsuri se abrieron como platos, no podía creer semejante noticia, era una tonta e imprudente, ella preocupándose de que si él estaba casado y sin darse cuenta había tocado un tema muy personal.

—L-lo siento mucho, yo no lo sabía… - Bajó la mirada apenada, de verdad se sentía como una estúpida, seguramente Gaara debía estarse sintiendo muy mal, después de todo había perdido a su esposa, a la mujer que amaba.

—Bueno, no lo sientas tanto, hace tres años que estábamos divorciados – Comentó el pelirrojo como si nada, la verdad era que el tema no le afectaba, o al menos no tan profundamente como las personas creían, porque cualquiera pensaría que en algún momento él amó a la madre de su hija, pero nunca fue así, Gaara nunca había amado a ninguna mujer en su vida, todas las que habían estado con él habían sido un juego, la única que llegó a algo más fue Sayuri, pero eso tampoco resultó.

Ahora que lo pensaba nunca había tenido una relación que lo hiciera realmente feliz, jamás había estado con una mujer que le llenara de emociones, que le hiciera sentir amor verdadero. Todas ellas le habían entregado su cuerpo, pero ninguna se había robado su corazón, a veces pensaba que eso nunca sucedería.

—Ya veo… - Matsuri no sabía que decir, no sabía siquiera por qué estaba teniendo esta conversación, sólo entendía una cosa, le aliviaba el saber que Gaara no estaba casado, no sabía por qué pero le hacía muy feliz, tal vez Sari tenía razón y él le gustaba.

—Bueno Matsuri, me tengo que ir al trabajo – Dijo Gaara luego de ver la hora en su reloj de mano, haciendo un ademán de retirarse a la castaña, que asintió con la cabeza —. Nos vemos después, y espero dejes de tratarme de usted.

Se alejó a pasos presurosos, todavía esos tipos le estaban tocando la bocina, pero no le importaba demasiado, Dios, cuando vía a Matsuri todo se le olvidaba ¿Qué era aquello?

Ella es muy linda, creo que quiero conocerla mejor – Pensó antes de partir, porque definitivamente la maestra de su hija le llamaba mucho la atención, tanto como ninguna otra mujer.

Por su lado Matsuri decidió entrar de una vez a la escuela, se le hacía tarde y debía comenzar con su clase cuanto antes, pero se había distraído mirando a Gaara, de verdad él era capaz de hipnotizarla con esa mirada que poseía.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—¡Deja de decir estupideces, me tienes harto! – Gritó colérico, en verdad no soportaba los berrinches de su esposa, se ponía peor día con día, estaba haciéndose simplemente insoportable.

—¡Eres un idiota Kankuro, no soporto cuando te pones así! – Le respondió Shizuka, tirando unas cuantas cosas al suelo, sin importarle que éstas se rompieran.

—¡Sólo sabes quejarte por todo! – Kankuro ya no aguantó más el escándalo que hacía su esposa, ni siquiera recordaba por qué discutían esta vez, sólo que estaba realmente molesto con ella y en este momento no sentía deseos de verla, al menos por unas horas, así que optó por lo sano y salió de la casa dando un portazo, sabía que si seguía así terminaría por hacer alguna tontería y no quería, a pesar de todo amaba a su esposa.

Estaba indignado, se subió a su auto y partió hacia la empresa, tenía que hablar con Gaara, pero antes necesitaba calmarse un poco.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

La reunión que Gaara tenía acabó bien después de todo, llegó justo a tiempo y no hubo percances, así que ahora se despedía de los asistentes de manera muy amable. En eso, vio que se acercaba una mujer rubia, quién sostenía a una bebé en sus brazos.

—¿Qué hay hermano? – Saludó muy alegremente, mientras que Gaara caía sentado de nueva cuenta sobre su silla, sin mirarla a ella.

—No pensé verte por aquí Temari, y menos con la bebé – Reparó en la pequeña criatura de cabellos negros, la cual miraba todo con sus grandes ojitos llenos de curiosidad. Era bastante divertido ver a Temari haciendo el papel de madre, a pesar de que prácticamente había sido ella la madre de sus dos hermanos, puesto que la verdadera… ellos preferían ni siquiera mencionarla. Por otro lado, la rubia había dedicado demasiado tiempo a sus hermanos, así que tardó bastante en establecer su propia familia, pero al conocer a Shikamaru ese deseo por estar a su lado pudo más que todo, por eso se habían casado.

—Sumi estaba aburrida, quería salir un rato a pasear, y tengo cosas que hacer aquí en la empresa – Se justificó Temari, meciendo suavemente a su pequeña hija —. Por cierto ¿Cómo ha estado la linda Amaya? Escuché que por fin la inscribiste en la escuela.

—Así es, ella está ahí ahora mismo – Gaara miró el reloj, había pasado solamente una hora y media desde la última vez que vio a Matsuri, pero se moría de ganas por volver a tenerla cerca y eso era extraño en él —. Dice que se divierte mucho en ese lugar.

—Que bien – Temari volvió a sonreír, pero enseguida se sentó al lado de Gaara con una expresión nostálgica —. Ya sabes que su madre nunca me cayó bien, pero debe de ser difícil para ella, yo no podía imaginar como estaría mi princesa si yo le falto.

El pelirrojo miró a su hermana mayor. Aunque no lo demostrara él adoraba y admiraba a Temari, había sido la persona que estuvo a su lado más que nadie, sobre todo después de la muerte de su padre.

—Te ves siempre feliz desde que Sumiko nació – Comentó, recordando el momento en que él mismo recibió en sus brazos a su hija por primera vez —. ¿De verdad para ustedes es algo tan grande tener un hijo?

—¿Qué cosas dices Gaara? – Cuestionó Temari, riendo ante el comentario de su hermano menor —. Pero si tú también tienes una hija, deberías sentirte igual que yo, uno siente deseos de protegerlos, porque son sangre de tu sangre… - Abrazó a su bebé contra su cuerpo, la cual sólo reía con pequeñas carcajadas —. ¿No te sentiste así cuando nació Amaya?

—No lo sé, ese día no estaba feliz, al principio estaba muy enfadado, pensaba que sería una responsabilidad demasiado grande y la cual yo no quería recibir – Cerró los ojos, pensando en lo que en ese instante vino a su persona —. Pero las cosas cambiaron cuando la vi…

Es una niña – Anunció el doctor, mientas el estruendoso llanto estallaba, resonando en los oídos de todos los adultos. Gaara –que estaba al lado de Sayuri- miró a esa pequeña criatura con cierto fastidio, no sabía como había llegado a esto, estando en esa sala de parto, cuando se había jurado nunca convertirse en un hombre de familia y ahora estaba incluso casado.

Es una niña hermosa – Dijo una de las enfermeras, mientras limpiaba un poco a la bebé y la envolvía en una manta.

Sayuri parecía cansada, pero había una gran sonrisa en sus labios, había sufrido tanto para traer a esa niña al mundo y aún así era capaz de mostrarse alegre, era una contradicción que en verdad Gaara no entendía.

Aquí tiene – La enfermera entregó a la bebé a los brazos de su madre, quién con sostenerla sólo unos momentos logró hacer que se quedara tranquila. Gaara sólo observaba en silencio, sin saber que decir, pues claramente esto no era algo que hubiera deseado, nunca quiso convertirse en padre, sólo sucedió.

Gaara, acércate, ven a conocer a nuestra hija – Le dijo Sayuri, moviendo un poco la manta alrededor de la rojiza carita de la pequeña, para que así se pudiera apreciar mejor. El pelirrojo se acercó de mala gana, pero en cuanto sus ojos pudieron percatarse de que esa niña tenía unos iguales a los suyos, sintió algo extraño desde el fondo de su ser —. Sostenla.

Él sólo asintió con la cabeza, por un momento quería saber lo que se sentía ser el padre de esa criatura, así que con firmeza la acurrucó entre sus brazos, descubriendo la fragilidad de su cuerpecito, pero la hermosura que se sentía al tenerla así, sabiendo que él había ayudado a crearla.

Eres… eres mi hija… - Susurró para sí, pero su esposa pudo oírlo y soltó una sonrisa, feliz de que Gaara al fin lo reconociera, que se hiciera a la idea de que tenían una hija.

Su nombre será Amaya – Fueron sus palabras, el nombre perfecto para su dulce bebé.

—Tú amas a tu hija – Dijo de pronto Temari, mostrando otra vez esa sonrisa de felicidad, esa forma en la que Gaara jamás había sonreído desde ese día, cuando –siendo aún un niño- se sintió traicionado de la peor manera que podía haber. Pero las palabras de su hermana eran muy ciertas, a pesar de que al principio no la quería, de que cuando nació no había querido siquiera mirarla, él la adoraba, Amaya había traído una luz a su vida que nadie más poseía.

—Es verdad… - Admitió al fin, justo en el momento en que en la oficina, se aparecía su otro hermano, el cual no lucía nada contento, al parecer había tenido otra discusión con su esposa, para variar ese era siempre su problema.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—Por favor, sólo hablemos un poco, Sasuke-kun – Insistió la chica de cabello rosado, mientras Sasuke trataba por todos los medios de hacerle el quite, pues no sentía deseos de verla. Sakura lo enfermaba, le hastiaba su presencia, pero no tenía el valor de decírselo porque no quería lastimarla, mucho menos después de lo que sucedió entre ellos.

—No puedo, tengo muchas cosas que hacer, así que déjame en paz – Lo mejor que podía hacer era evitarla, así ella no se enteraría de que en verdad lo molestaba y que no la quería cerca y él se ahorraría el tener que aguantar verla llorar, lo último que quería era soportar algo como eso.

—Pero Sasuke-kun yo… - La chica bajó la mirada, se estaba sintiendo realmente mal, era tan triste que después de que Sasuke la hizo suya ahora la tratara como si no existiese, siempre le decía que estaba ocupado, pero ella ya estaba cansada de eso —. Por favor… deja de tratarme así…

—Mira Sakura, basta ¿Sí? No vayas a ponerte a llorar porque sabes que eso no me gusta – Al fin él se había decidido y le habló severamente, tal vez lo mejor era cortarlo todo por lo sano y decirle la verdad, quizás ella lo odiaría tanto que no lo volvería a buscar en la vida y ya no tendría que verla nunca.

—Pero es que… ¿Qué hay de lo que pasó entre nosotros? ¿Ahora piensas hacerte el desentendido?

—No es eso, es sólo qué… - El azabache no pudo terminar su frase, pues fue interrumpido por la chica de ojos jade, que había comenzado a llorar.

—¡Yo te amo Sasuke-kun! – Gritó, para luego lanzarse a sus brazos, besándolo por sorpresa. Sasuke se había quedado paralizado ante ese acto, no fue capaz de moverse ni de hacer nada.

Ninguno de los dos sabía que alguien les estaba viendo, una persona que pensó que estarse besando afuera de una televisora era una noticia para hacer explotar en todos lados, pues el famoso Sasuke Uchiha al parecer tenía novia.

—Esto será grande – Murmuró, sacando su cámara fotográfica para enfocarla hacia la parejita de "enamorados".

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

Matsuri apoyó sus antebrazos sobre el barandal de seguridad del segundo piso, soltando un suspiro de ternura al observar a todos esos lindos pequeños que jugaban felices en el jardín de la escuela.

—Se ve que te gustan mucho los niños – Escuchó una voz femenina, la cual le hablaba de forma amable. Matsuri se volteó y vio a una chica algo más alta que ella, con el cabello castaño y recogido en dos chonguitos, mientras sus grandes ojos eran de un color caoba muy bonito —. Soy Tenten Ama, del salón de al lado – Se presentó la joven, extendiendo su mano.

—Matsuri Koyama – Respondió Matsuri estrechando su mano mientras sonreía. A pesar de ser prima de los Uchiha, ese no era su apellido, pues su madre fue Uchiha y su padre Koyama, además un apellido tan ostentoso como ese no iba con alguien como ella.

—Que bonito nombre, es como todo alegre ¿No? – Comentó Tenten divertida, en verdad le agradaban el tipo de nombres con un significado alegre, como en el caso de Matsuri.

—Y el tuyo es muy bonito también ¿Es chino verdad? – Tenten asintió con la cabeza, para luego volver a mirar a los niños que jugaban. Matsuri hizo lo mismo, notando a lo lejos a la pequeña Amaya, esa niña era bastante lista y la verdad es que era muy linda, siempre que la miraba parecía ser una muñequita —. Los niños son realmente lindos.

—Yo creo lo mismo – La secundó Tenten —. Por eso he escogido este trabajo, aunque a veces sea algo pesado es muy divertido, sobre todo con sus ocurrencias.

—Tienes razón – Dijo Matsuri. Ambas comenzaron a reírse y a comentar algunas cosas que tenían en común, por lo que rápidamente se hicieron amigas, no bastó mucho tiempo para que se llevasen muy bien.

De pronto el celular de Matsuri comenzó a sonar, lo que la distrajo de su amena conversación. Al atender se dio cuenta de que se trataba de una de las personas que más adoraba en el mundo, así que su sonrisa no se hizo esperar.

¿Cómo está mi princesa? – Preguntó del otro lado, lo que la hizo reír divertida, él siempre le ponía ese tipo de apodos, pero ella no se sentía una princesa en lo absoluto.

—Ita-kun, no seas tonto, estoy muy bien ¿Y a ti como te va en Miami – Preguntó interesada, mientras que Tenten sólo le veía algo curiosa, pues de pronto Matsuri se había puesto muy feliz cuando oyó esa voz; la voz de su primo.

En Miami no sé, porque ahora mismo estoy en el aeropuerto de Londres, a punto de volar a Tokio.

—¡¿Cómo dices? – Exclamó totalmente sorprendida, hace tanto tiempo que no lo veía que prácticamente había olvidado las facciones de su cara, no podía creer que nuevamente tendría a su primo en frente —. ¿Regresarás?

Bueno, esa es la idea – Dijo algo divertido el chico del otro lado, que de pronto hizo un silencio y una voz femenina se escuchó, al parecer hablaban del altoparlante del aeropuerto para avisar que los vuelos estaban por salir —. Bueno pequeña, tengo que subir a un avión, te veré en Japón, adiós.

—Adiós Itachi – Matsuri colgó la llamada con la cara risueña, pero al mirar a Tenten se dio cuenta de que ésta le veía pícaramente, seguramente creyó que hablaba con su novio o algo así —. N-no es lo que piensas… nada más se trataba de mi primo.

—¿Primo? – La chica sonrió, cruzándose de brazos para volver a mirar hacia el primer piso —. Te veías tan feliz que pensé que hablabas con algún amorcito.

—No, nada que ver – Dijo la castaña cerrando sus ojos, sintiendo el viento helado sobre su rostro. Itachi, el mayor de sus dos primos, había sido una persona demasiado importante en su vida, quien siempre la apoyaba y la defendía de todos, a pesar de que Sasuke también lo hacía, en Itachi siempre vio a una figura mucho más imponente, le daba mucho gusto volver a verlo —. Te he extrañado mucho primo del alma, ya quiero volver a verte.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—¿Con quién hablabas, Itachi? – Preguntó un joven alto, de piel clara y ojos negros, el cual además poseía un cabello rojizo como el fuego, desordenado y rebelde. Muchas de las mujeres que iban pasando se le quedaban viendo a él o a su amigo, alto, de ojos inexpresivos y negros como la noche, con un largo cabello azabache amarrado en una coleta baja que caía sobre su espalda.

—Con mi prima, le avisaba que voy de regreso a Japón – Respondió el Uchiha, tomando entre sus manos las dos maletas que traía desde Miami. Su amigo le miró divertido.

—Vaya, como aprecias a esa prima tuya – Se burló, pues sabía que para Itachi era como una hermanita pequeña, eso siempre le decía, la verdad le daba bastante curiosidad el conocerla pues su mejor amigo hablaba maravillas de esa niña, aunque le había aclarado más de mil veces que Matsuri no era ninguna niña, incluso le advirtió que tuviera cuidado con ella, ya que Itachi sabía muy bien de lo que Sasori era capaz.

—Claro, ha sido como una hermana para mí, mucho más respetuosa que el ingrato de Sasuke – Susurró lo último entre dientes, entornando los ojos, por ende el pelirrojo no logró oírle —. En fin, dejemos de hablar de esto y subamos al avión Sasori, no quiero quedarme abajo.

—Como digas – Sasori levantó también sus maletas y se fue detrás de su amigo, teniendo en mente una pequeña idea que le molestaba desde hace rato —. No sé para qué Itachi me insiste tanto en que no me vaya a fijar en su prima, ni que fuera la gran cosa – Pensó con el ceño fruncido, aunque claro, no sabía que sucedería una vez que regresara a Japón.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

Gaara le entregó un vaso de café de plástico, a ver si un poco de cafeína le lograba calmar esos nervios alterados, al final, no había nada peor que tener una vida matrimonial de mierda y él lo sabía muy bien, pues el infierno que vivió al lado de su ex mujer no se lo deseaba ni a su peor enemigo.

—Tranquilo, seguro que las cosas con Shizuka se van a arreglar – Trató de animarlo Gaara, pero su hermano no parecía reaccionar a sus palabras —. Maldita sea, no soy bueno ni en mi propia vida y me las doy de consejero matrimonial ¡Bravo Gaara! – Pensó con sarcasmo.

—El problema es que ella no quiere arreglar nada, lo único que hace es reclamarme por todo y sinceramente estoy harto, la amo Gaara, pero ya no la soporto – Fueron las palabras de Kankuro, en las que de alguna manera su hermano menor se vio reflejado por un instante, pues así mismo se sentía cuando estaba casado con Sayuri, excepto por lo del amor claro.

—Yo no soy quien para aconsejarte, sabes que para matrimonios soy el peor indicado – Gaara se sentó frente a Kankuro, quería ayudar aunque fuese sólo un poco, pero no tenía la menor idea de qué decirle, así que optó por lo que le parecía más correcto —. Pero en fin, intenta hablar con ella, dile como te sientes… hermano, si de verdad la amas no la pierdas.

—Je, quién te viera dando consejos amorosos – Rió por un momento el castaño, aunque su comentario incomodó a Gaara, éste decidió quedarse callado al verlo ya más repuesto, pero después no le daría tregua, sólo por esta vez lo iba a dejar pasar.

—Sí, ya sé que mi matrimonio fracasó, pero no me lo tienes que recordar.

—Ve el lado bueno, tuviste una hija hermosa ¿O no?

—Sí, eso creo – Respondió Gaara desviando la mirada, pero al hacer aquel movimiento notó que sobre el escritorio al otro lado de su oficina, había una fotografía que no veía hace mucho, era él de más joven, con todos sus amigos y familiares alrededor, incluso estaban su padre y su primo, con quién siempre llevó una estupenda relación.

—No había visto esta foto – Comentó de pronto Kankuro, poniéndose de pie y tomando la fotografía entre sus manos —. El viejo sale muy contento aquí, a y mira, está el primo también.

—Sí, ese idiota, me pregunto cuando vendrá – Soltó una pequeña sonrisa de nostalgia, era extraño pero tenía un presentimiento.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—¿C-cómo dice? – Volvió a cuestionar la Hyûga, parpadeando varias veces para comprobar que era cierto lo que sus oídos acababan de escuchar. De pronto Naruto se le acercó, parándose en frente de ella y viéndola fijamente, lo que la hizo sonrojar al máximo. Luego de eso el rubio se alejó, golpeándose la palma de su mano derecha, con la izquierda hecha un puño.

—Tienes razón Asuma, ella en verdad se le parece.

—Tengo un ojo crítico experto, esta muchacha es simplemente perfecta para el papel – Dijo el director, volviendo a mirar a la sorprendida joven de frente —. ¿Qué me dices Hyûga-san? ¿Te gustaría ser actriz?

—Y-yo… n-no lo sé… etto… - La chica se sintió realmente nerviosa, nunca en su vida había imaginado que le preguntaran algo semejante, así que inconscientemente comenzó a jugar con sus dedos, actuando como una niña tímida, lo que tenía realmente encantados a los tres hombres frente a ella.

—¡Ese gesto es perfecto! – Exclamó Kiba sonriendo, feliz de haber encontrado a alguien que pudiera interpretar aquel papel con tal normalidad —. No hay nadie más que pueda hacerlo, tienes que aceptar, Hinata-san.

—¡Es cierto, no nos abandones! – Esta vez fue Naruto el alterado, quien sin previo aviso tomó ambas manos de la ojiperla entre las suyas, viéndole con ojitos de borrego a medio morir. Hinata no sabía qué hacer ni qué decir, sin embargo se sintió aliviada cuando vio a su primo aparecer.

—Vámonos Hinata-sama – Dijo pasando junto a ella, por suerte no se había percatado de que el rubio le tomaba de las manos, sino habría armado un tremendo escándalo.

—S-sí Neji Nii-san – Respondió, soltándose de Naruto de un tirón, pues estaba demasiado nerviosa como para permanecer así, ese rubio la ponía a actuar como una tonta, tal vez porque no era común que una estrella famosa le pidiera algo tan fervientemente —. Yo debo irme… pero lo pensaré ¿De acuerdo? Adiós… - Y sin más se despidió de todos ellos con una amable sonrisa y un gesto de mano.

De haber sabido en que lío se terminaría enredando…

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

Ya era bastante tarde y Kankuro aún no sabía si regresar o no a casa, la verdad tenía miedo de lo que podría suceder si se enfrentaba a ella ahora, así que decidió que mejor se daría una vuelta por la ciudad en su auto, así se despejaba un rato y volvía cuando todo estuviera más calmado.

—¿Dónde rayos puse las llaves? – Se preguntó, buscando en cada uno de los bolsillos de su ropa, hasta que sin querer le dio un codazo a una persona y se volteó a pedir una disculpa —. Lo siento mucho seño… rita… - Terminó la frase entrecortada, porque se sorprendió al verla.

—Es usted… - Dijo Sari, esbozando una pequeña sonrisa.

_.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._.-*-._

—Ahí está tu papá, Amaya-chan – Le dijo su maestra Matsuri, así que la niña apenas le vio bajar del auto corrió a abrazarse a sus piernas con emoción.

—¡Papi! – Gritó contenta de volver a verlo, porque cada momento que no estaba con él lo extrañaba, era la única persona que ahora tenía cerca y que cuidaba de ella, de no ser porque su madre había ido al cielo.

—¿Cómo estás Amaya? ¿Te has portado bien? – Preguntó Gaara, viendo a la niña asentir con la cabeza. Entonces levantó la mirada, clavando sus profundos ojos aguamarina en la figura de esa hermosa chica castaña, que enseguida se sonrojó y bajó la mirada —. Que chica tan adorable, me pregunto si… estará saliendo con alguien… - Desvió la mirada al darse cuenta de sus pensamientos, tenía demasiadas cosas en mente como para andárselas dando de galán con la maestra de su hija, por muy linda que fuera, lo mejor era que lo dejara ahí.

Se puso de pie y se acercó a ella, sólo para hablar unas cosas y ya, definitivamente no tenía intenciones de conquistarla, claro que no.

—¿Mi hija no te ha dado ningún problema? – Interrogó a la maestra, quién alegremente negó con la cabeza.

—Amaya-chan es una niña muy bien portada, se nota que te hace caso en todo – Esta vez Matsuri no lo trató de usted, cosa que en lugar de molestarle le agradó, después de todo él mismo se lo había pedido, pero ese pequeño gesto por parte de la castaña, acompañado de su dulce sonrisa, le hacían dudar seriamente de la decisión que había tomado respecto a ella.

¿Acaso tendría algo de malo si la invitaba a salir?

Por otro lado, algo alejada de ellos, se encontraba Ino mirando la escena con profundo odio, no podía creer que así de fácil Gaara hubiese encontrado con quien reemplazar la ausencia de su hermana, porque estaba claro que entre él y esa maestrita no existía una bonita amistad, Gaara no era ese tipo de hombres.

—Pero no lo voy a permitir, no vas a manchar la memoria de mi hermana… y tampoco vas a burlarte de mí otra vez Gaara – Susurró envenenada contra él, pues entre ambos había aún muchas cosas pendientes.

Continuara…

Avance:

Matsuri se da cuenta de que estar cerca de Gaara la tiene muy confundida y nunca había sentido eso antes. Gaara está igual, pero aún no se anima a pedirle una cita a Matsuri, además Ino comienza a molestarlo otra vez. Una noticia sale publicada en el diario, lo que traerá a Sasuke más problemas de lo que cree. Hinata decide aceptar la propuesta del director Asuma, mientras Itachi y Sasori regresan a Japón, trayendo consigo aún más enredos para todos.

Próximo capítulo: Juego peligroso.

00000000000000

Bueno, hasta aquí se queda por ahora.

¿Qué creen que se traigan entre manos Itachi y Sasori? ¿Serán relevantes para esta historia?

¿No es divertido ver a Gaara haciendo malabares con su hija? xDD

Bueno, hasta aquí nos hemos quedado por ahora, espero que les haya gustado, por si no lo han notado, Ino será la mala en esta historia ¿Por qué? Porque siempre he querido hacerla de mala, pero no se preocupen que como quiero mucho a Ino, no será tan bruja, tal vez sólo al principio.

En fin, me despido y hasta la próxima ^^

¡Bye!