Capitulo tres: Los Malfoy
Los dos hombres se encontraban en la sección 8, concretamente en el Departamento de Documentación Mágica Antigua. Esta sección era conocida por albergar objetos que pudieran almacenar cualquier tipo de información: escrita, visual, táctil, por medio del olor o del sabor.
Pergaminos, papiros, papeles, recordadoras, pensaderos y un sin fin de objetos raros se hallaban apiladas los unos sobre los otros. Prácticamente el 80 de la capacidad del mobiliario de las estanterías estaba repleta de aquellos objetos misteriosos.
Afortunadamente, con un par o tres de hechizos protectores, ni el polvo, ni los insectos habían mermado el estado físico, ni tampoco el contenido.
- ¿Y para que querrá el señor ministro esos documentos? Pensaba que ese tipo de documentación ya no interesaba a nadie.
- Si, la verdad es que es extraño. De hecho des de que recibió la visita del chico Potter ha insistido mucho en que obtengamos esos pergaminos – contesto Nelox removiendo papeles de aquí para allá. - ¿Y los demás cuando llegaran?, no pensaran dejarnos solo con tanta faena.
- Me temo que llegaran tarde, con eso de la remodelación del ministerio… a saber donde se encuentran.
- Ah, si es verdad. Con tanto pergamino tardaremos un siglo en encontrarlo. Espero que la búsqueda sirva para algo. – dijo resignado secándose el sudor con un pañuelo.
- Nelox, ¿y sabes el contenido aproximado de ese pergamino?
- Creo que son artes oscuras antiguas, ya sabes anteriores al inicio de la brujería… de la Edad Oscura, creo.
- Vaya creía que no quedaba documentación de esa época, si mal no recuerdo toda fue destruida o por lo menos eso es lo que se dice en la versión oficial.
-Si, la versión oficial especifica que fue misteriosamente destruida. Personalmente creo que algo tuvo que pasar, algo secreto y peligroso que casi consigue exterminar a los magos y brujas de aquella época. – le contesto arrugando la frente Nelox.
- ¿Y nadie investigo los sucesos? – se extraño el otro hombre.
- Creo que Albus Dumbledore inicio algún tipo de investigación por su cuenta. Algunos del ministerio se opusieron, especialmente Cornelius Fudge. Finalmente creo que desistió en la búsqueda de más información, toda había sido aniquilada para evitar una reconstrucción futura.
En otra sala…
- Tengo que salir un momento, chicos me disculpáis – dijo Arthur Weasley pasándose un pañuelo por su frente sudorosa.
Mientras el señor Weasley abandonaba la sala, Ron le seguía con la mirada.
- Soy un mal hijo, mis padres no me perdonaran jamás. – y acto seguido se sentó en una silla cercana.
- Ron… eso no es verdad. Eres un buen hijo, cualquier padre se sentiría orgulloso de tenerte como hijo. Has luchado por el bien y la justicia, por aquellos que eran débiles e indefensos y nunca has escogido el camino fácil o te has doblegado ante el mal. Eres sin duda un motivo de orgullo y admiración. – dijo Hermione abrazándole y dándole un beso en su mejilla rosada.
- Seguro que debes de estar muy enfadada conmigo también. – le dijo el chico pelirrojo apoyando su cabeza en el hombro de Hermione.
-Pues… claro que no, Ronald te conozco des de los 11 años y se de sobra que no te gusta mucho estudiar que digamos. Creo que no serias muy feliz rodeado de libros y más libros. Decidas lo que decidas yo te apoyare y siempre estaré a tu lado. – le dijo Hermione con una dulce sonrisa en sus labios.
- Gracias Hermione eres más que una amiga. – dijo el pelirrojo mirando cara a cara a su interlocutor.
Los ojos de Hermione se encontraron con los de Ron, en un instante los corazones de ambos empezaron a latir más intensamente que nunca, como si la sangre hubiera entrado en una aceleración incansable, el aliento del uno llegaba hasta el otro…
De repente…
-RONALD BILIUS WEASLEY más te vale que estés rellenado cualquiera de los pergaminos de trabajo que ofrece el ministerio de magia o estarás fregando la madriguera hasta que reluzca más que si la estuvieran limpiando 20 elfos… - entro la señora Weasley con la misma fuerza que si un huracán entrara en una tienda de lámparas de cristal frágil.
- Mama – dijo Ron, que al mismo tiempo que se levantaba empujo, sin querer, a Hermione al suelo.
- Harry, chicos… no me dirigía a vosotros, me estaba dirigiendo al cabeza de merluzo de mi hijo, y mi Ginny también… - no pudo seguir hablando y se puso a llorar.
En esos momentos entro Arthur y fue a consolar a su mujer.
-Sabia que esto pasaría, por eso quise venir con vosotros – apenas pudo decir entre sollozos la señora Weasley.
- Porque nadie nos escucha, no somos crios. Ginny y yo hemos luchado contra Voldemort, mortifagos y demás criaturas. Queremos escoger nuestro camino y quizás nuestro destino este fuera del ministerio o quien sabe. Mama escúchame, solo se una cosa y es que quiero ser feliz en la vida, hacer algo que me guste y quiero que me aceptes tal y como soy.
Ron miro a sus padres luego a sus amigos y marcho de la sala con una sensación agridulce, por un lado había podido expresar por fin lo que sentía, por el otro el haber podido decepcionar a sus padres.
En alguna mansión perdida:
-Es una fiesta muy importante – dijo la mujer de cabellera larga y rubia.
-Es una fiesta muy importante para ti y papa – contesto el chico a desgana.
-Entiendelo las circunstancias han cambiado – insistió la mujer.
-Si ahora somos la familia cobarde y de la cual todo el mundo chismorea.
-Tu padre hizo…
- … hizo una mierda por nosotros !!. Hemos quedado en evidencia y como unos sucios rastreros sangre sucias-. Pero no pudo acabar la frase ya que la mujer le soltó una bofetada.
- Ni se te ocurra volver a mencionar esas palabras ni en público ni en privado. Te guste o no tu padre hizo lo que tenia que hacer para salvar tu vida, la mía y la suya. A veces las cosas no son como nos gustaría que fuesen y no tenemos más remedio que adaptarnos a las circunstancias.
- Preferiría morir que vivir como una serpiente domesticada – sentencio el muchacho.
De fondo se escuchaba música, la fiesta ya había comenzado.
- Draco, haz el favor de bajar y comportarte hazlo por mi – le suplico su madre Narcisa.
El chico sin mirar a su madre se dirigió a la puerta de la habitación, la abrió y salio dejando a su madre sola con un mar de dudas. Una vez en el pasillo se dispuso a bajar por las escaleras que daban al piso inferior, donde se podía divisar parte de la fiesta organizada por los Malfoy.
Aunque a el eso le daba igual, su familia había quedado en entre dicho durante la guerra. Aquellos que antes eran aliados, amigos o simpatizantes de los Malfoy estaban entre rejas en Azkaban.
Pero algo había cambiado en aquella familia y en especial en Narcisa la madre de Draco. Ella nunca llego a ser mortifaga pero simpatizaba con sus ideales, fue una seguidora fiel hasta que el mismísimo Lord Voldemort intento acabar con la vida de su único hijo Draco y de su marido Lucius. Des de entonces, algo había cambiado en su forma de pensar y sentir. Su familia había estado en peligro mortal, la guerra lo único que había traído era desesperación, odio y un sin fin de muertes inútiles al fin y al cabo.
Narcisa quería dejar atrás el pasado, cambiar el rumbo de su vida junto a los suyos. Ella estaba dispuesta pero que pasaría con su hijo y marido, ellos habían estado tan implicados en la espiral de la guerra. Pero ella quería intentarlo, olvidarse de lo anterior y abrir nuevas rutas de futuro.
Sabía perfectamente que su familia había sido absuelta milagrosamente de los juicios posteriores a la caída del maligno, alegando que el propio Voldemort los tenía amenazados de muerte y que habían cambiado de bando instantes finales. Se presentaba una segunda oportunidad que de daba rara vez en la vida.
Draco entro en el salón principal con cara de pocos amigos. Allí se encontraba la gente reunida, algunos bailaban otros simplemente charlaban animadamente. Había quien mantenía conversación mientras degustaba los platos exquisitos que se postraban en las mesas.
En general, pocas caras conocidas, la guerra había pasado factura para aquellos que habían dado apoyo a Lord Voldemort y pocos consiguieron no verse implicados en los juicios posteriores.
Draco paso entre los invitados sin inmutarse, no estaba para celebraciones. Estaba sumido en un caos interno. Educado des de pequeño para ser en un futuro mortifago a las órdenes de Lord Voldemort paso, posteriormente, a ser victima mortal de un plan elaborado por este último. Y su padre, y su familia… en el ojo del huracán de ambos bandos.
No quería saber nada de los allí presentes, para el todos eran un estorbo. Le daba igual si eran parientes, conocidos de Hogwarts, amigos de la familia, no tenia ganas de conversar con nadie. El único motivo por el cual había bajado a la fiesta era para no tener que volver a discutir con su madre de nuevo.
El chico se dirigió a una de les mesas donde se servían bebidas. Esperaba que la fiesta pasara lo más rápido posible, cuanto antes acabara todo aquello mejor. Se dispuso a servirse una copa hasta que alguien le llamo por su nombre.
- Draco quiero presentarte a unos amigos de mi infancia en Hogwarts – le dijo un hombre de cabello rubio. - Te presento a los Murray antiguos ex-alumnos de la casa Slytherin.
- Encantado Draco, tu padre nos ha hablado mucho de ti – dijo el hombre alargándole la mano efusivamente.
- Igualmente – contesto este por pura cortesía y a desganas.
- Mi mujer Sofí, aunque tu ya la conoces Lucius – presento a su mujer.
- Encantada de conocerte, eres igual que tu abuelo Abraxas Malfoy – dijo la mujer sonriéndole a Draco, luego miro con desconfianza a Lucius.
- Supongo… - dijo Draco con algo de nostalgia en su voz.
- Y aquí esta mi querida hija Anabella.
Apareció un hermosa joven de largo cabello oscuro, ojos grandes y azules, vestida sencillamente pero elegante a la vez, realzando sus hermosas curvas. La chica de acerco tímidamente al muchacho y le dio dos besos en cada mejilla.
- Hola, soy Anabella. Encantada de conocerte – dijo muchacha con voz algo nerviosa.
- Igualmente, soy Draco – dijo este también besando las mejillas rojizas de la chica.
Draco nunca había visto aquella familia antes, no le sonaban sus caras. Sobretodo y en especial aquella chica Anabella, una chica tan hermosa no le hubiera pasado inadvertida. Pero no conseguía recordarla en la casa Slytherin, y más o menos era de su edad, quizás no estuvo en Hogwarts o puede que perteneciera a otra casa.
- Y que te trae por estas tierras – pregunto Lucius Malfoy.
- Amigo, algunos buenos recuerdos de la infancia y juventud, aunque en Irlanda también me siento como en casa. – le contesto el hombre mientras se servia una copa. – Quieres algo Sofí – le pregunto a su mujer.
- Lo de siempre amor – contesto.
- Sabes Lucius, mi instancia en Hogwarts no fue del todo negativa. Al fin y al cabo salí con vida. – se rió a carcajadas.
- Si pasemos buenos momentos, aunque siento lo que paso… bueno solo fue un pequeño incidente – rió también Lucius.
- Si quieres llamarlo PEQUEÑO INCIDENTE, a mi me pareció otra cosa más repulsiva – contesto Sofi dándole un sorbo a la copa de zumo de calabazas.
- Sofi no empecemos… - dijo su marido
- No, creo que tu mujer llega mucha razón – dijo algo avergonzado el padre de Draco.
- Llevo toda la razón, lo que le hicisteis a mi marido fue obra de monstruos no de seres humanos – dijo la mujer enfadada.
En esos momentos Draco y Anabella se miraron el uno al otro. Realmente no entendían que había pasado entre ellos, pero parecía que algo más bien grabe había acontecido en su época de estudiantes.
- Ven te enseñare nuestra nueva mansión – dijo Draco señalándole el jardín de enfrente el salón. – Así podemos hablar tranquilamente.
- De acuerdo – y la chica le dirigió una sonrisa tímida.
Aquella mansión no era tan lujosa como antaño, la decoración, los muebles, el número de elfos domésticos… la vida llena de lujos había pasado a mejor vida para los Malfoy.
- Una pregunta, ¿estudiantes en Hogwarts como tus padres? - pregunto el muchacho.
- Pues claro, ¿es que no me recuerdas? – le pregunto Anabella con curiosidad.
- Pues ahora que lo mencionas no me suena tu cara de nada – dijo sin mucho tacto, pero sin ofender.
-Vaya muchas gracias – dijo riendo la chica. – Vaya parece que mis siete años estudianso en Hogwarts pasaron inadvertidos para ti.
-¿Pero que edad tienes? No te recuerdo en mi curso, ni en el anterior ni el posterior. ¿Eras amiga de Pansy Parkinson?
- Por favor, no me hables de esa… arpía. - Y se dio la media vuelta. – Esa chica era repulsiva, malvada y perversa. Además de muy mala compañera con las otras casas.
- ¿Así que no eras de la casa Slytherin?- pregunto Draco.
- No!! sabes el mundo no gira entorno a vuestra casa. Había más gente en Hogwarts para conocer, pero los tuyos nos ignorabais por completo, por no hablar de los insultos y descalificaciones que muchos tuvieron que soportar. Veo Draco que sigues igual que siempre. – y la chica se marcho deprisa del jardín, con los ojos llorosos.
Draco no entendía nada, no sabia que daño podía haber causado el y los suyos. ¿Acaso es malo hacer una piña con los que crees que son de los tuyos? ¿Y esa chica? seguía sin recordarla pero una cosa si tenia clara no era una Slytherin.
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- Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. – dijo la señora mayor del ministerio de trabajo.
- Si.
- Muy bien rellene este pergamino final y su solicitud será admitida a tramite.
- Bueno al fin, pensaba que este momento nunca iba a llegar. Quizás en este departamento pueda luchar por el derecho de los elfos domésticos y poner en práctica mi P.E.D.D.O. – dijo Hermione dando un gran suspiro.
- Seguro que lo conseguirás querida – dijo Molly Weasley abrazando a la muchacha.
- ¿Y vosotros dos chicos? – dijo el señor Weasley dirigiéndose a Neville y Luna.
- Yo no lo tengo muy claro… pero si se entera mi abuela que no me he inscrito a ninguna oferta de trabajo del ministerio… - dijo Neville cal y acontecido.
- Neville creo que después de lo que demostraste en la batalla de Hogwarts tu abuela debería sentirse muy orgullosa de ti – le dijo afectuosamente la señora Weasley.
-Además yo creo que Neville tiene madera de líder, si no es broma, lidero la resistencia en Hogwarts el curso en que Voldemort se hizo control de la escuela. – añadió Hermione.
-Si, pero sigo teniendo dudas respecto a mi futuro, que profesión escoger – dijo en tono inseguro Neville.
-Yo creo que seria un buen profesor de Herbologia en Hogwarts, Neville sabe mucho sobre plantas – dijo Luna que parecía ausente en la conversación.
Todos la miraron como si hubieran sentido cantos gregorianos. A veces Luna parecía ajena a todo lo que se encontraba alrededor suyo, como si desconectara a un universo paralelo al que se encontraba. Pero esta vez havia dado en el clavo, Neville en el último año, había ayudado a muchos estudiantes y se había convertido en un fuerte defensor de Hogwarts.
-Neville, Luna tiene razón, tienes dotes de profesor – se alegro Hermione dirigiéndose a este.
- No lo se, no lo tengo tan claro – dudo el muchacho.
- Tienes unos grandes conocimientos en Herbologia, incluso la profesora Sprout ha elogiado tus grandes progresos en esta materia. – continuo Hermione.
-La verdad, es que la herbologia me ha permitido adquirir muchos conocimientos y sobrellevar mejor mi estancia en Hogwarts, ya que en muchas ocasiones lo he llegado a pasar realmente mal – hizo una pausa.- Creo que escogeré la carrera de profesorado y especialista en herbologia.
- Muy bien Neville, tu abuela se sentirá muy orgullosa de ti – le abrazo fuerte la señora Weasley. -
- Rellene estos cinco pergaminos siguientes – dijo la señora del ministerio.
- Y tu Luna, ¿que piensas escoger?
- La verdad es que me gustaría especializarme en el estudio y análisis de los Snorckack. Pero papa me ha dicho que eso puede resultar muy costoso y que las investigaciones pueden durar años o décadas enteras. – argumento la Ravenclaw.
- Vaya… que bien… - aclaro la voz Hermione.
- Si, realmente apasionante pero finalmente he decidido especializarme en Biología Mágica. Hay muchas otras criaturas mágicas que nadie a descubierto y que existen– sentenció la chica.
-Muy bien decidido, Luna – y también recibió un abrazo de la señora Weasley.
-Gracias – le dijo mientras reciba una serie de pergaminos para rellenar.
- Me gusta verles a todos con tanto entusiasmo por su futuro, lastima que mis hijos estén tan dispersos en este tema – y Molly dirigió una miradita a su hijo Ron que le recordó inmediatamente a la propia profesora McGonogall.
Entre conversa y conversa Arthur Weasley invito a Harry a pasar un momento a su despacho, excusándose ya que tenía algo importante que hablar con él.
Salieron de la sala y se dirigieron al ascensor. Ascendieron a la planta siguiente donde se encontraba el nuevo despacho del señor Weasley. Una vez en aquella planta caminaron por el pasillo ancho de enfrente hasta llegar a una puerta que lucia un letrero que decía: Oficina de Detección y Confiscación de Objetos que Contengan Hechizos Defensivos y Protectores. Era el despacho del señor Weasley.
Entraron ambos, y para sorpresa de Harry aquel despacho era bastante diferente al que tenía cuando dirigía el Departamento Contra el Uso Incorrecto de Objetos Muggles. Para empezar el espacio de la oficina era inmenso, había tres meses de trabajo repartidas con sus correspondientes archivadores mágicos, un sofá, sillas para los visitantes y trabajadores del ministerio y ventanales mágicos que simulaban el exterior de la calle. Tanto la pared como el suelo estaban pintados de un color blanco que daba sensación de amplitud y vida.
- Vaya, veo que tiene un despacho bastante mejorado – dijo el muchacho sorprendido.
-Si, es cosa de Kingsley – suspiro.- Pero no es un privilegio para mi, el ministro a considerado que todos los trabajadores del ministerio, sean del departamento que sean, deben de gozar de un espacio digno de trabajo, sin privilegio para nadie, así que todo el mundo tiene un despacho más o menos al igual que este. – explico Arthur.
Harry recordaba perfectamente el anterior despacho que tenia el señor Weasley, pequeño y con archivadores apilados peligrosamente, sin ventanas… más propio de una cárcel que del propio ministerio.
Los dos se sentaron en el sofá para poder hablar comodamente.
- Harry, no es que quiera meterme en tus asuntos pero, ¿tienes planeado que vas a hacer con tu futuro?
-Bueno, la verdad es que le he estado dando vueltas al asunto.
Harry había pensado en el Quidditch, el deporte de los magos, como salida profesional. De hecho, era una de las cosas que mas le gustaba del mundo mágico.
- Creo que hoy has hablado con el ministro sobre tu futuro, concretamente sobre tu posible incorporación al equipo de aurores.
-Más o menos -. Harry sabía perfectamente que eso no había sido el único tema de conversación con el ministro.
-Harry, des de mi humilde opinión creo que deberías pensarte seriamente la opción de entrar a trabajar en el ministerio de magia como auror. Has demostrado infinitas cualidades de valor, coraje, humanidad y fortaleza tras derrotar a Voldemort. – Hizo una pausa. - Te debemos a ti la paz y seguridad del mundo mágico y muggle, pero que Voldemort haya desaparecido eso no significa que pueda aparecer, en un futuro, otro mago oscuro que quiera hacerse con el control del mundo mágico. Te necesitamos.
Harry no sabia que decir, las palabras del señor Weasley le habían llegado a lo más profundo de su corazón. Pero en la lucha contra Voldemort el había sufrido mucho, el asesinato de sus padres, su padrino, amigos, compañeros de Hogwarts… incluso el propio ministerio le quería encerrar en Azkaban. Porque debería seguir luchando más, acaso no había tenido ya suficiente sufrimiento.
- No se que decir – prefiero decir Harry.
- Te entiendo, se por lo que has pasado, todas las adversidades a las cuales te has tenido que enfrentar y en ocasiones solo. Pero hay que luchar por preservar la paz que tanto ha costado conseguir, para que nadie vuelva a sembrar el terror entre nuestros seres queridos.
- Señor Weasley…
- Harry, yo perdí un hijo y todas las noches me acuerdo de mi Fred. Mi mujer y yo lloramos solamente de ver a George, eran tan iguales y llenos de vida. Daría mi vida por la suya – y el señor weasley se hecho a llorar. – Odio a esos mal nacidos mortifagos que arrebataron la vida de mi hijo. – dijo con los ojos llenos de rabia.
- Harry le dio un fuerte abrazo, apreciaba mucho aquel hombre que tanto, él como su familia, lo habían cuidado y protegido como si fuera un hijo más.
-Perdona Harry no quería importunarte con mis asuntos – dijo más calmado y secándose las lagrimas con un pañuelo.
- Señor Weasley ya he tomado una decisión.
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- Sabes tengo intención de quedarme a vivir en Inglaterra de nuevo – dijo el señor Murray.
-Vaya eso es magnifico, así podemos vernos más a menudo – contesto Lucius Malfoy.
- Voy a presentarme a una de las plazas libres que ofrecen en el ministerio de magia – dijo dándole un sorbo a su copa.
- Vaya…
-Tú tenías contacto con el anterior ministro, ¿verdad Lucius? – pregunto la señora Murray.
- Si, pero eso fue…
- … antes que lo mataran – acabo de contestar esta.
-Sofi, por favor no removamos más el pasado. Hemos venido aquí para divertirnos.- le recrimino su marido.
-Si, perdona querido. Allí va Anabella y parece disgustada voy a ver que le pasa, me disculpáis.
La mujer dejo su copa en la mesa y se dirigió en dirección donde había marchado su hija.
-Parece que Sofi, no me perdona.
-Si, ya sabes es muy orgullosa y vengativa… es una buena mujer Slytherin – y ambos hombres rieron.
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En algún lugar de Nueva Zelanda
-Eso es una locura - dijo la mujer.
-Porque, por que no podemos ir a verle acaso no vivimos durante 11 años con él.
-Te prohíbo terminantemente que vuelvas a pronunciar su nombre en mi casa – dijo exaltado el hombre.
-No sabemos si esta vivo o muerto – le grito el muchacho.
-Ni me importa, ni el, ni su grupo de personajes raros que le acompañan.
- ¿Porque tanto lo odiáis? ¿Acaso no a sufrido bastante con ese Valdemoro o Votemoto como se llame, quisiera matarle?
-No iras a verlo jamás o te quedas sin coche…
-Puedes meterte ese trasto por donde te quepa – dijo el muchacho dando un puñetazo a la mesa.
-Como te atreves a gritar en mi casa!!- y seguidamente hizo un amago de levantarle la mano.
-Ahora se como se sentía Harry. He sido un entupido todo este tiempo. Lo habéis maltratado y me habéis enseñado a odiarlo igual que vosotros – dijo calmado el chico sentándose en la silla.
-Eso es mentira!! –dijo su madre. – Lo hemos criado como un hijo más y no teníamos obligación.
-Era sangre de tu sangre, mama que decepción.
- Voy a ir a ver a Harry os guste o no, tengo mucho de que disculparme.
