Isadora entró en el despacho de Rodrigo, pero no lo encontró ahí. Había perdido la paciencia con el, no toleraba el hecho de que su marido deseará a otra mujer, cuya fama era realmente mala : una vulgar jornalera que se fue de prostituta a londres. Isadora, en cambio, provenía de una importante familia, era una dama refinada, educada y hermosa. No entendía la obsesión de su esposo por semejante mujerzuela.

Aún así, lo seguía queriendo, lo seguía deseando y estaba desesperada por pasar una noche con el, cosa que nunca había sucedido en su correo matrimonio.

De repente, Rodrigo apareció con su sombrero y sus lentes ovalados. Lucía agitado y cansado, aunque eso no le impedía trabajar en la administración de la hacienda.

Se sorprendió al ver a Isadora sentada y relajada, con una mirada melancólica y le dió una sonrisa casi forzada.

-¿Que haces aquí?- Le pregunto

-Quiero hablar de nuestro matrimlnio- le respondió sin inmutarse.

-Isadora, sabes que yo jamás te voy a corresponder-

-Y yo nunca te daré el divorcio- Fue entonces que ella empezó a ser más firme, pero entonces suavizó su tono- Se que empezamos muy mal, pero puedo pasar por alto eso, porque te amo- Se levantó y se aferro al pecho de su esposo

Rodrigo la empujo delicadamente

-Podemos ser amigos- ella le dijo sin perder los estribos- No voy a presionarte, así que lo he pensado y primero quiero ganarme tu confianza-

-No puedo prometerte nada, los dos somos infelices y ya has conocido mi peor lado- Rodrigo se alejó hacia la ventana, viendo los campos de agaves, el cielo despejado y a lo lejos el árbol donde el y gaviota se entregaron uno al otro.

-Dame una oportunidad, abreme tu corazón Rodrigo- ella fue hacia el - Dime ¿Que tiene ella que no tenga yo? Háblame de ella, tal vez eso te haga sentir mejor y no tengas necesidad de emborracharte cada noche-

Se quedaron en silencio por unos momentos, el no quiso voltear a verla, no quería humillarla hablándole de la "otra".

Pero no podía negarle a nadie lo enamorado que estaba de Gaviota.

-La ví en el funeral de mi abuelo, pero fue una mañana en la cual yo paseaba por los agaves y la escuché cantar. Su voz, aún la puedo oír en mis sueños. La saludé y ella sólo me miraba con sus ojos, tan intensos...- Lanzó un suspiro.

Mientras Rodrigo le contaba la historia, ella se decía a si misma que nunca podría competir con ella, pero no se rendira... Fue entonces que se le ocurrio un plan. Solo que, tendría que encontrar a la gaviota antes que el-