Bueno, tarde un poco pero creo que salió algo bien de esto. No sabía cómo integrar a Ikki. Además una de ustedes pillas se adelantó a la idea. Sobre Fenix investigando que cosa pasaba en su vida y la fuente de sus extraños sueños. Bien esta es la tercera parte. Creo que me está quedando algo mucho mejor de lo que esperaba. Me gusta escribir sobre Violate y Aiacos, después les haré una viñeta a ellos solos.

Gracias por sus hermosos comentarios y espero no decepcionarlas.

Continuamos

-o-

Mientras dormías

Capítulo 3

― ¿Y no puede hablar con ellos… hacer que paren con esto?

Preguntó Violate cuándo decidí contarle sobre mis sueños. Me encontraba cansada y con un desgaste físico increíble. Cada sueño era tan real que por cada uno, perdía energía y me nacían ojeras. Una semana completa entre pesadillas, sueños oníricos y algunos sueños subidos de tono. Los Dioses Gemelos además de divertirse conmigo, estaban intrigados en conocer mis sentimientos. No entiendo por qué. Ni siquiera yo sé que siento y esto me confunde más. Violete muy amable escuchó cada uno de mis sueños. Observaba curiosa mis relatos, en ocasiones sonreía, otras abría los ojos sorprendida. Algunas veces sus gestos de desagrado e incertidumbre me daban a entender que tenía una imaginación muy activa.

Me preocupa mi estado de salud. Estos sueños son cada vez más reales y complejos. Violete colocó su mano derecha sobre la mía. A mi mente llegó Partita, mi única amiga en el mundo de mi infancia. Aunque sé que jamás la volveré a ver porque, su esposo se la llevó para siempre. Violate era una representación de esa noble amistad que se tiene entre mujeres. Hace años que nadie me daba una caricia así. No sentía el apoyo fraternal de otra igual. Conocía poco o casi nada sobre la vida de Violate. Ella hablaba muy poco de sí misma. Todo el tiempo escuchaba mis quejas, problemas, reclamos y ahora mis angustias. Creo que eso es una amiga, si no lo es, entonces, quizá es una hermana. Así que mis lágrimas se escaparon.

Sentí los brazos de Violate rodeando mi cuello. No pude parar de llorar. Su calor era confortable, como el de mamá, como el de Partita. La abrace. Su mano acarició mi cabeza y susurraba "ya, ya, ya pasará" Como lo hiciera con una hija. Lo que nunca había llorado desde la muerte de mis padres, la muerte de los empleados de mi castillo; lo lloré. Culpe a los Dioses Gemelos por todo el daño que me hicieron y aún ahora. El tormento por el que me sometían cada noche no tenía perdón ni razón de ser. Un capricho por saber mis sentimientos.

Después de diez minutos me aleje de Violate, tome un pañuelo y limpie mis ojos. Ella aún me sostenía los hombros.

― ¿Qué es lo que siente en verdad Señorita Pandora? ― preguntó de pronto― porque tal vez esa es la respuesta para que cese todo esto.

― No lo sé― susurré. Y era verdad, no lo sé.

― Tal vez la única que se atormenta es usted. Me ha dicho que sus sueños siempre son relacionados con el Señor Wyvern y el Caballero del Fenix. ¿Por qué? Si los Dioses Gemelos supieran sus sentimientos no harían nada de esto. Quizá es su misma mente la que crea estas trampas y el Dios Hypnos aprovecha para lastimarla.

Miré los ojos marrón de la espectro. Ella tenía una suposición con sentido, más que mis mismos planteamientos. Sonrió dulcemente.

― Es una suposición, señorita― dijo al mismo tiempo que agachaba la cabeza. Debió creer que su atrevimiento me molestaría.

Se alejó de mí, regresó a su asiento y bebió un poco de té de jazmín.

― Acertada, tal vez. Gracias Violate.

― No sé cómo funcionan los poderes de los Dioses del Sueño. Lo poco que mi Señor Aiacos me explica, puedo suponer algo.

Tome la mano de Violate y la apreté con fuerza.

― Duerme conmigo esta noche.

La espectro casi escupe el té. Tosido levemente, se aclaró la garganta. Pensó un momento.

― Me gustaría que me acompañaras hoy… No hay ningún otro espectro en el Inframundo que pueda cuidarme de una forma más cercana. ¿Me entiendes? Tal vez sí estás tú, ellos…

― Necesita que alguien la cuide. Alguien, me refiero alguien cercano y que confié. Está bien, velare su sueño.

Más tranquila al saber que estaría vigilada por uno de los mejores espectros del Inframundo, pude respirar mejor. Violate se marchó. Prometió volver en punto de las nueve de la noche. Tal vez debía preparar una rica cena. Pedí que adecuaran mi habitación con otra cama gemela para mi invitada. Agua, fruta, dulces, galletas, café, chocolates, todo para estar cómodas. Violate ha demostrado lealtad y sobre todo me ofreció su amistad. Debía responder igual. Eso hacen las mujeres normales de nuestra edad. ¿Cierto?


Una vez Violate volvió a Antinora junto a Aiacos; contó a detalle la charla y la situación emocional de la representante de Hades. El Juez escuchaba atentamente con la mano en la boca y su codo recargado en la mesa de forma pensativa. Una vez dijo que pasaría la noche con Pandora. Garuda hizo una mueca de desagrado. No quería estar sin ella una noche. Violate lo convenció por dos horas para que aceptara el hecho y dejara de comportarse como niño inmaduro.

Durante la comida, Aiacos, comentó algo interesante.

― Creo que lo que desean los Dioses Gemelos, es hacer llegar al límite a Pandora.

― Lo van a conseguir― apuntó Violate.

― ¿Dónde están los sospechosos por cierto?

Violate se encogió de hombros. Radamanthys debió haber regresado hace dos días de su misión con los dioses Sumerios.

― ¿Pandora no está preocupada?― preguntó Aiacos antes de limpiar su boca con la servilleta de tela.

Su novia negó con la cabeza.

― Esta noche trataré de averiguar más. Y que quede claro, que no lo hago por nuestra curiosidad, sino porque ella necesita ayuda.

― No está preocupada por Radamanthys. Es mala señal. Aposte con Minos a qué el afortunado era él.

― Quien debería estar preocupado por el Wyvern eres tú y el Grifo. Una semana y él no ha reportado su localización.

Aiacos palideció. La reacción firme de su novia lo desconcertó. Nunca la había visto en un estado de total seriedad y preocupación. Ella tenía un fuerte espíritu combativo pero su carácter era más bien dócil y servicial. Pocas veces la ha visto deicida en algunos temas. La observó fijamente.

― Tú me dijiste una vez que aquella tierra de los dioses Sumerios era peligrosa. Son dioses terriblemente sanguinarios.

Aiacos meditó un momento.

― La diosa Ereshkigal es la ama y señora de esa parte del Inframundo junto a su esposo Nergal, pero este sólo está con ella para calmar su ira y no desatar una guerra aún más grande que la nuestra. Antes de la Guerra Santa, alguno de los jueces va a esas tierras para continuar con los tratados de neutralidad. Cuentan que, esa carnicera. Para apaciguar su ira y continuar en paz con el Señor Hades, se dan ofrendas. Desconozco que haya llevado Radamanthtys.

― ¿No es preocupante? Sé que esa diosa es hermana de Isthar, la contra parte de la Diosa Artemisa… Ereshkigal come cadáveres. Los muertos que llegan a sus tierras son devorados. Sus almas no trascienden jamás.

― Es el Infierno del Inframundo. Lo sé.

Analizando las circunstancias, el juez dijo esperaría un día más para el regreso de su compañero, si no volvía, enviaría una tropa a buscarlo.

― Ahora ya no es sólo por curiosidad, Violate. Creo que Pandora no es consciente de nada con toda su licuadora mental. Deberías informarle de esto. De lo contrario, tendré que enviar una patrulla de búsqueda.


― No tienes buena cara, hermano― preguntó Shun a su hermano mayor. Ambos estaban en mansión Kido.

Algunas veces Ikki solía visita a su hermano quien decidió vivir en aquel lugar. No tenía otra parte a donde ir y en vista que su hermano iba y venía como un trota mundos, se quedó. Ikki llegó por la mañana. De inmediato lo atendieron. Proporcionaron una habitación y desayuno. Comentó a Shun y Saori vivir en un pequeño cuarto cerca de la bahía de Tokyo. En realidad era tranquilo y le gustaba el ambiente. A veces ayudaba a los pescadores. Estaba pensando comprar un bote.

Lamentablemente su aspecto no era el mejor. Lucia demacrado y con claros signos de falta de sueño. No dormía con frecuencia. Saori pensó que se trataba de alcohol o drogas, pero Ikki era bastante joven para esas cosas.

― No he dormido bien― respondió con un gran bostezo― despierto a las tres de la madrugada después de un sueño extraño. Intento dormir pero no puedo. El sueño regresa alrededor de las seis, dos horas antes de despertar. Así se va la noche.

― ¿Quieres que te veas un médico?― preguntó Saori― haré que te vea el mejor y tal vez con un tratamiento…

― No, Saori, gracias. Tal vez deba sólo descansar o dejarlo pasar.

Shun no se tragó el cuento. Conocía a su hermano, el orgullo y el ego no le permitían dejarse ayudar. Algo debía atormentarlo para tenerlo en ese estado. ¿Dinero? ¿Comida? ¿Culpa? Una vez Saori los dejó para realizar otras actividades, Shun comenzó a bombardear a su hermano con preguntas. Quería saber que pasaba realmente. ¿Estás enamorado? ¿Es por Esmeralda? ¿Ya lo superaste? Debe ser tu conciencia. Tienes sentimientos de culpa por todos los muertos que tienes. ¿Por qué no perdonas? Perdónate a ti mismo. Es porque no quise vivir contigo. Puede que sean tus miedos que te niegas a aceptar.

― Siempre tengo pesadillas…― terminó por decir fastidiado de toda la sarta de tonterías que decía su hermano― una y otra vez… pesadillas o sueños extraños. Escenas ridículas, sangrientas, veo mi muerte… Sueño con Pandora y sus asquerosos espectros.

Shun tragó saliva. Pidió bajaran la voz. Exigió los detalles. Ikki no tenía muchas ganas de hablar pero al ver la cara de preocupación de su joven hermano inicio.

― Comencé a soñar con Pandora. Algunas veces estudiábamos en la misma escuela, otras era mi novia, una mi esposa, otro día la asesinaba. Otras veces yo mataba a Radamanthys y así… sueños que no tienen sentido de ser pero por una razón siento que tienen una conexión.

― La culpa es de Pandora― afirmó Shun en tono molesto― ella siempre está metiéndonos en problemas. No dudo que ella este haciéndote daño por venganza.

― ¿Tú crees? Aquello quedo sellado. No hay más que decir.

― Ella te odia porque nunca me dejaste…― repuso Shun furioso.

― No lo creo, la última vez que la vi… quedamos en buenas condiciones

Ikki recordó el día que le entregó una de las plumas de su armadura como señal de paz. Como señal de no te metas con nosotros. Mientras Shun seguía teorizando los motivos por los que Pandora era la culpable. Ikki pensó que lo mejor sería investigar la conexión de los sueños. No había contado del todo a su hermano que también en los sueños, Radamanthys aparecida. Algunas veces lo asesinaba otras era la victima pero siempre por razones estúpidas o por Pandora.

― Ya cállate, Shun― puntualizo el mayor― no te preocupes, intentaré dormir o tomar algun medicamento.

― P-pero… ¿Y Pandora? Tenemos que saber qué pasa. Yo te acompañaré a su castillo y…

La mirada asesina de su hermano hizo que Shun guardará silencio.

― Jamás he pedido a nadie que ayude a solucionar mis problemas. En dado caso, si Pandora tiene algo que ver, iré yo mismo a averiguar. Como cortesía te informo.

Dicho esto, se levantó de la sala y fue a su recamara temporal. Dejando a Shun en medio de la incertidumbre y el asombro.


Mientras tanto, los Dioses Gemelos degustaban té de rosas en los campos Eliseos. Al mismo tiempo que escuchaban la melodía de una lira tocada por alguna ninfa.

― Esto se pone cada vez más interesante, hermano― señaló Thanatos― necesitábamos quitarnos el aburrimiento.

― Te dije que era buena idea tener de mascota a Pandora… nos ha dado la mejor diversión en siglos― comentó Hypnos disolviendo el azúcar en su taza.

― ¿Cómo terminará esto?

― Ni siquiera yo sé Thantatos, sólo les pedí a mis niños que le pusieran un poco de su toque a los sueños de Pandora. Ya no tarda mucho para que algo explote y ella decida que va a hacer.

Guardaron silenció para aplaudir el terminó de la sonata de la joven. Thanatos pidió otra melodía mientras elegía algún bocadillo de la mesa de centro.

― Por cierto… ¿por qué no ha vuelto Radamanthys de las tierras de Ereshkigal?― Hypnos dejo su taza de té en la mesa y miró a su hermano― ¿tienes algo que ver?

― No― respondió secamente el pelinegro― sabes que tenemos prohibido hablar o tener una relación con alguna otra deidad que no sea la de nuestro circulo. Por otra parte, la diosa sumeria es una bestia.

― Entonces. ¿Dónde está Radamanthys?

― No lo sé, Hypnos pero esto sólo le va a dar más drama a la comedia de Pandora. Imagina que algo le suceda…

― El Señor Hades va enfurecer y podríamos comenzar una guerra contra los dioses más perversos, sádicos y violentos del Inframundo. Ni siquiera los dioses hindúes superan esa violencia y odio que conserva Ereshkigal.

― ¿Tienes miedo?― preguntó Thanatos con una sonrisa― podríamos morir en dos minutos contra algún guerrero sumerio. Marduk nos cortaría la cabeza y Gilgamesh desollaría vivo al Señor Hades. Que aterrador.

Hypnos hizo una mueca de desagrado al pensar que sin poder defenderse podrían morir. Y es que en verdad. El ejército de Ereshkigal era tan poderoso y temido porque no conocen la piedad. Además que su Dios supremo, Anu goza del sufrimiento humano y de otros seres.

― ¿No deberíamos preocuparnos por Radamanthys?― preguntó Hypnos

― Pandora es quien… Ya tienes más material para hacerla perder la cordura.


La guardia nocturna de Violate comenzó a las nueve de la noche. La esperé con mucha emoción. Como una niña espera a sus amigas que dormirán en su casa. Cuando entró a mi habitación acomodó su armadura en una esquina. Le pedí que lo hiciera porque no pelearía, sólo necesitaba su compañía. Violate se sentó en la mesa cerca de la ventana, donde deje una cafetera, galletas y pastel de zanahoria. A ella le sorprendía mi gusto en los juegos de té, decía que eran como de juguete. La luna estaba llena y se observaba desde mi habitación. Violate comió varios pedazos de pastel y café.

― ¿Aiacos no se molestó por esta decisión?― pregunté con la taza en las manos.

― Fue una orden, no tendría por qué molestarse. Él sabe que es mi deber.

― Me gustaría que ese sentido del deber y respeto lo tuviera el idiota de Radamanthtys…

Violate guardo silencio y agachó la mirada. Observé preocupación en su rostro. Por cierto y ese, ¿dónde está?

― ¡Radamanthys! Tiene una semana que no sé de él. ¿Dónde está?

Mi cabeza comenzó a dar vueltas. Por culpa de mi estado anímico y los sueños, olvide a Radamanthys. Fue a las tierras lejanas del Inframundo con Ereshkigal para ofrendar lo de cada Guerra Santa, tanto al término como al final siempre el Señor Hades le envía obsequios para mantener el orden. Se supone que debió regresar hace dos días y no he recibido noticias de él.

― Violate… llama a Aiacos y Minos, los necesito ahora. Van a salir a buscar a Radanamthys.

No sé si fue mi mente que se nubló por los nervios o el terror de no saber de él, que mis ojos vieron una hermosa sonrisa en el rostro de Violate antes de salir en busca de los jueces.

― Al parecer, esta noche no dormirás― dijo la sombra de Hypnos en la pared.

Mis manos temblaron. No tenía tiempo para escuchar a un dios cruel. Radamanthys podría estar en problemas.

― Vaya, te preocupa el Wyvern. Claro, si no está, con quien vas a desquitarte. A quien vas a culpar de todo. A quien vas a lastimar como venganza de tu mundo gris. Quien va a recibir todo ese odio a la humanidad…

Intente ignorarlos. Salí de mi habitación. Llame a Chessire y Zeros. Les pedí que informaran a todo el inframundo sobre la ausencia de Radamanthys, de esta forma tendría al pendiente a todos. No sabía que esperar ni mucho menos que sucedería. Lo que sentía mi corazón se sentía más vivo que nunca, sin dejar de latir. Mi temperatura subió, estaba furiosa y aterrada. Pensé que Radamanthys era un idiota. Si algo le sucedió… el Señor Hades se enfadara conmigo y podría castigarme.

― ¿Más castigos?― dijo Thanatos― Pandora, eres demasiado ilusa en estas situaciones. Más te vale que el Wyvern este con vida o tendrás que recibir la ira de nuestro Señor Hades.

No respondí. ¿Más castigos? Más castigos que soportar a estos dos dioses. No me importaría si me mata el Señor Hades. Me duele más mi falta de responsabilidad. Cómo pude ser tan negligente y no monitorear las actividades del Inframundo. Enfrasque mi realidad en mis problemas que olvide lo elemental. Además a Radamanthys nadie lo puede lastimar. Nadie que no sea yo tiene derecho a poner una mano encima. Por qué él…

La puerta se abrió y disperso mis pensamientos incoherentes. Minos y Aiacos entraron. Ambos hicieron una reverencia.

― Escojan a los mejores de sus hombres y busquen a Radamanthys― ordene.

Ambos jueces aceptaron y salieron del cuarto. Violate caminó tras de Aiacos. ¡No! La necesitaba conmigo, así que le ordene se quedara. Aiacos movió la cabeza en aprobación y salió.

― No te vayas ahora, Violate.

― No

― Tengo miedo

Justo cuando creí que podría manejar la situación en compañía de Violate. Chessire entró dibujando una enorme sonrisa en su rostro tierno. Sus colmillos salían de sus labios. Desee que dijera que Radamthys había llegado o que se quedó dormido, algo que pudiera darme una esperanza.

― El Caballero del Fenix pide audiencia con la Señorita Pandora.

Violate quedo alerta ante la petición. La miré confundida. ¿Qué hace un caballero de Athena en un momento de crisis como este?

― H-hazlo pasar― dije con la lengua entumida.

Violate estaba en guardia, lista para pelear.

― ¿Cómo es que entró?― preguntó ella.

Me encogí de hombros. Ya nos lo explicará él.

-o-

Si hasta yo me quede en incertidumbre pero que ni sé yo misma donde esta Radamanthys, una de las cosas más maravillosas de la escribida, es que los personajes muchas veces hacen lo que quieren y sólo los dejas ser. En realidad se me perdió Radamanthys con mis dioses favoritos. Si pueden leer más sobre Ereshkigal o si ya la conocen, imagínense porque Pandora y hasta los dioses gemelos están a la expectativa. Ella es el mal en el inframundo.

Gracias por sus galletas, un abrazo a todas.