Muchas gracias por cada Review que he recibido, de verdad que me emociona cada que veo que tengo uno nuevo.
En este capítulo verán el porqué del comportamiento de Serena, y como es que la princesa de la Luna esta muerta. También el origen de la nueva princesa de la Luna. Es un capitulo algo triste, o por lo menos eso me pareció mientras lo escribía.
Espero lo disfruten y dejen sus comentarios y teorías. Cabe mencionar que es una historia corta, tal vez cinco o seis capítulos.
.
Capítulo 3: Soledad.
.
¡Yo jamás la obligare a vivir un destino como el que yo viví, obligada por las circunstancias!
Sailor Moon apareció en una azotea en un destello de luz. La Senshi de la luna salto entre los edificios aprovechando la confidencia de la oscura noche. Unos minutos después aterrizo en uno de los callejones y la niña bajo de su espalda. Un aura envolvió a Sailor Moon y su transformación desapareció. Las largas coletas rubias fueron sustituidas por una corta cabellera negra.
La niña observo a la mujer por un momento y luego se lanzó de nuevo a sus brazos.
—¡Mamá! —Dijo dándole un beso en la mejilla.
Kurai tomo a la niña en brazos y juntas caminaron rumbo al hotel donde la mujer se hospedaba. Tan pronto como estuvieron en la seguridad de su habitación, la mujer condujo a la pequeña al cuarto de baño, donde preparo la bañera con agua caliente.
La pequeña entro en el agua caliente y dejo que estaba elevara la temperatura de cuerpo. Mientras tanto la mujer salió del baño y vio en el mueble un paquete y una nota.
"Srta. Kurai Keenan, en el paquete están las compras requeridas. El carga se hará directamente a la cuenta del hotel. Atentamente Gerencia"
—Kurai Keenan…—Murmuro mientras desenvolvía el paquete—Mi nombre es Serena Tsukino…el único recuerdo mi antigua familia.
Saco el contenido del paquete y se dirigió de nuevo al cuarto de baño. Un tinte para cabello oscuro y unas tijeras fueron colocadas cerca de la bañera.
—¿Puedo salir ya mamá? —Selene dejo escapar un bostezo.
—En un momento "Leni"—Tomo las tijeras—Solo debo hacer algo en tu cabello, dejarlo un poco más parecido al mío.
—Eso sería genial mamá—Respondio la pequeña emocionada.
Después de un rato la mujer descansaba con la niña entre sus brazos. Una niña de cortos rizos del color de la noche. Un pequeño resplandor plateado apareció en la punta de los dedos de la mujer, y esta acaricio la frente de la niña para poder brindarle un sueño tranquilo, alejado de las pesadillas de los últimos días.
Pensó en lo que les había dicho a Tuxido y a los demás. Y en cierta manera todo era cierto. A pesar de que Serena aún estaba viva bajo la identidad de Kurai, la princesa Serenity había muerto. Un escalofrió le recorrió la espalda al recordar las circunstancias que habían llevado al nacimiento de la pequeña Selene. Una serie de acontecimientos que comenzaron con un pequeño felino parlante y que habían terminado con la muerte de su familia, y de sus sueños.
Tenía tan solo diecisiete años, cuando encontró a sus padres y a su hermano muertos. Ese día había llegado a casa, un día como cualquier otro, con la diferencia que ese estaba marcado por la frialdad y el sadismo con el que habían asesinado a los miembros de la familia Tsukino.
Su pequeño hermano dio el ultimo respiro de vida entre sus brazos. Aquel día algo dentro de ella se había roto…
"Sigues tu Sailor Moon"
Aquel mensaje era todo lo que tenía. Un mensaje marcado con sangre en la pared de la habitación.
Tiempo después, otra ciudad, otro país. Esa noche había salido a celebrar su cumpleaños número dieciocho con su mejor amiga. Cuando un hombre les salió al paso exigiendo sus pertenencias. Ambas habían hecho lo que el hombre pidió, pero aun así, aquel maldito descargo el contenido de su arma en su contra.
Una semana más tarde, ella había despertado en un hospital. Solo para enterarse de boca de un médico, que su amiga había muerto desangrada por varios impactos de bala. Aquello dejo su mente en blanco, pero las noticias no habían terminado.
—Usted está esperando un bebe—Había dicho el médico.
—¡Eso es imposible! —Respondio la rubia. Ella jamás había estado con ningún hombre.
El medico la había dejado sola para que asimilara los últimos sucesos, y fue en la soledad de aquella habitación que la comprensión llego a Serena.
Recordó como la noche anterior ella había soñado con un príncipe de cabellos de ébano y ojos del color del cielo nocturno. Un príncipe que había amado con todas su fuerzas a la princesa de la Luna. Y que en la noche de su décimo octavo cumpleaños se habían entregado uno al otro en cuerpo y alma, dando vida a una nueva estrella.
La cabeza le dio vueltas al comprender que aquello no había sido un sueño, sino la memoria de una vida pasada. Una vida en la que ella había sido la princesa de la Luna. La princesa que tanto habían buscado era ella misma… en ese momento su mundo exploto. Literalmente exploto. Sintió como todo el edificio tembló y el lugar se llenó de humo y fuego.
En medio de la destrucción pudo ver el cuerpo sin vida del médico y de las enfermeras. Y entre las llamas a él. El ultimo General del Negaverso.
—Te he encontrado…—Susurro el hombre, para después desaparecer.
Serena se levantó para intentar hacerle frente pero todo fue inútil. La frustración llego a ella cuando vio las decenas de cuerpo sin vida regados por todo el lugar. Personas que solo habían estado en el lugar equivocado en un momento equivocado. Personas que el único pecado cometido, era haberse topado con ella. La magia de su aura había llevado a Black hasta aquel lugar solo para toparse con ella, y demostrarle lo fácil que era encontrarla.
De nuevo, otro tiempo, otro lugar. Ella se había repuesto del ataque, después de algunas semanas. Había conseguido un empleo como secretaria en un gran edificio de oficinas. Todo había sido tranquilo hasta que el Negaverso encontró de nuevo su aura mágica. El ataque del mal no había sido nada sutil. Y ella se había enfrentado de manera estoica a los esbirros de la oscuridad. Pero la batalla había destruido el edificio, haciéndolo arden en llamas.
Sailor Moon trato de salvar a la personas, pero aun así cerca de cien personas habían perecido esa noche. El aprendizaje le estaba cobrando un precio muy alto. Comprendió que no importara a donde fuera, el Negaverso siempre estaría detrás de ella. Tendría que moverse constantemente.
El día que su bebe llego al mundo, ella se encontraba huyendo. Esa tarde se encontraba en un café, cuando el mundo se tornó oscuro y perdió el conocimiento. Pequeñas vistas de un memoria, le permitían recordar cómo fue llevada en ambulancia hasta un hospital cercano donde dio a luz a una pequeña niña de cabello dorados.
Con el primer llanto de su hija, también vino el terror. Los integrantes del equipo médico no eran otros más que los miembros del Negaverso. Black se había burlado de ella, para después exigirle la reliquia sagrada de la Luna. El Cristal de Plata.
El oscuro General, tomo a la bebe en brazos y la amenazo con un filoso escalpelo.
—Entrégueme el Cristal de Plata—Exigió de nuevo.
—Yo…Yo no lo tengo—Confeso la chica, viendo con terror como el hombre encajaba el filoso metal en la espalda de la niña.
Serena sintió como un líquido caliente y espeso empezó a brotar de su espalda. De alguna manera había logrado que las heridas de su pequeña fueran transferidas a su cuerpo.
Una y otra vez el General mutilo la espalda de la pequeña, mientras Serena gritaba de dolor. Las lágrimas salieron de los ojos de Serena, cayendo sobre las sabanas que ahora estaban teñidas de carmesí. Todas su lágrimas, excepto una.
Una de sus lágrimas se había quedado suspendida delante de ella, solidificándose en un brillante Cristal. El legendario Cristal de Plata brillo con un aura plateada, y una onda expansiva choco contra el General, envolviendo a la pequeña en una burbuja de luz. Aquel suceso provoco la transformación de Sailor Moon.
Sailor Moon, tomo a su hija en brazos y se alejó del lugar. Su cuerpo estaba débil y su uniforme se comenzaba a teñir de rojo. Mientras salía del hospital, miro con horror la misma escena de su pasado. Los cuerpos sin vida de personas regadas por el suelo. Médicos, enfermeras, pacientes. Hombres, mujeres y niños por igual. Todos muertos, víctimas de una epidemia llamada "Serena Tsukino"
Miro entre sus brazos aquello que debería ser lo más preciado para ella, y no sintió nada, absolutamente nada. Aquella noche algo dentro de ella había muerto.
Tres semanas después, la niña de cabellos rubios había sido adoptada por una pareja joven. La única condición de su antigua madre: Ser llamada como la diosa de la Luna.
En la oscuridad de un cuarto de baño, la mujer de dorados cabellos dejo que el agua corriera libre hasta derramarse de la bañera. Ya nada podía hacer, ya nada importaba. La vida escapaba de ella, al igual que la sangre escapaba de las heridas en su muñecas.
—Serenity…Serenity…—Lo voz le llego como un susurro en medio de la oscuridad de la muerte.
La chica abrió los ojos y la brillante luz de plata lastimo sus pupilas. Lentamente se sentó sobre aquella suave cama, y miro alrededor. Estaba cubierta por sabanas de seda de plata. Era una gran habitación con blancas paredes y piso de mármol. Un gran ventanal enmarcado con cortinas blanca e hilo dorado. Pequeños adornos de una luna dorada, brillaban en la parte superior de la cortina.
Aquel lugar era realmente lujoso, aunque más que lujoso, era irreal y sublime. Era imposible que estuviera en un hospital.
Un sobresalto llego a ella, cuando observo a la mujer sentada en el borde de la cama. Una mujer de majestuosa belleza e imponente presencia. El cabello de plata le caía largo en dos largas coletas adornadas con dos redondos chongitos. Un estilo que era como el de ella misma. Entre los mechones plateados de su frente brillaba, una luna dorada en cuarto creciente.
—Serenity…—La mujer la miro con dulzura en su lila mirada—Mi pequeña niña—Estiro su mano hasta tocar la mejilla de Serena. El tacto fue suave y cálido—Has soportado mucho dolor—La mirada de la mujer se tornó triste—Aun tienes muchas cosas que vivir, aprender y experimentar, antes de terminar con esta vida—Las lágrimas rodaron por las mejillas de la mujer.
Serena la miro y también dejo escapar el llanto, aquella mujer la llenaba de melancolía.
—¿Dónde estamos? —Pregunto.
—Es el palacio de la Luna—Respondio la mujer.
—No entiendo, yo…
—Tú estabas muriendo—Respondio la mujer—Necesitabas curarte y te he traído aquí, en este lugar tus heridas sanaran y podrás recuperarte.
—Pero yo no…—Se quejó Serena.
—Aún tienes mucho por vivir, mi pequeña—La mujer se puso de pie y camino hasta la ventana—Hay muchas personas que necesitan de ti. Simplemente no podía quedarme viendo como tu vida terminaba…tu destino está más allá de morir desangrada en la soledad.
—¿Mi destino? —Pregunto con tristeza—Usted no lo entiende ¿Acaso mi destino es ver como todas las personas que están cerca de mi mueren? —Las lagrimas corrieron de nuevo por su mejillas y su voz se rompió—¿Mi destino es ser como una epidemia que va matando todo lo que toca? ¡ Todas esas personas murieron solo por estar cerca de mí! —Grito llena de frustración y furia.
La mujer dejo su lugar junto a la ventana y regreso junto a Serena. Tomo sus manos entre la suyas y las giro para que la rubia pudiera verlas. A lo largo de sus muñecas se podían ver las cicatrices de las heridas que ella misma se había causado. Sin embargo en vez de ser de color rojo, las heridas eran de color plata suave.
—El mundo aun te necesita—La mujer paso uno de sus dedos por la cicatriz—Eres mi hija Serenity, aunque quisiera yo no podría verte morir de nuevo—La miro directamente a los ojos—Yo hubiera querido que tu vida fuera la de una chica normal, pero tienes un legado…
—Yo no lo quiero—Aparto la mirada—Solo quiero estar sola.
—¿Aun a costa de la vida de Selene?
—¿Qué tiene que ver ella en todo esto? —Los ojos de Serena se abrieron de golpe—Ella es libre ahora, esta oculta al poder del Negaverso, mientras esté lejos de mi estará segura.
—Serenity…—La mujer paso un mano por la mejilla de su hija borrando el rastro de una lagrima—Ella al igual que tu, reencarno en una nueva vida. En el tiempo del Milenio de plata, la princesa de la Luna encontró a su alma gemela y juntos concibieron una nueva vida. Desgraciadamente en este tiempo también sucedió la caída del reino de la Luna, y cuando yo los envié a todos al futuro, también envié a tu hijo, para que naciera cuando llegara el momento.
Serena recordó al hombre de cabellos negros. El hombre que había amado, el fantasma de su recuerdo se perdió en su memoria.
—El también renació en la Tierra—Sonrió la mujer—El padre de Selene, espera para entrar en su vida.
—¿Dónde está? —Pregunto—¿Por qué no lo guías a Selene?
—El está donde debe estar. En su momento volverán a estar juntos. Él también debe enfrentar su propia batalla, y no tiene la libertad de buscar a su hija—Respondio la mujer con calma—Tu eres la única. Que estés lejos de ella, solo significa que no tiene a nadie que la proteja. Al igual que tu ella tiene un aura de luz. El Negaverso ha encontrado a Selene.
—¿Qué?
—Selene, ya no es un bebe, ella ha crecido han pasado casi dos años—Entre sus manos apareció un orbe, y Serena pudo ver en su interior la imagen de un niña de cabellos dorados con lágrimas en sus ojos de zafiro. Había terror reflejado en ellos.
—¿Dónde está?—El instinto de protección había renacido de nuevo en ella.
—El poder del Cristal de Plata te guiara a ella…
Sailor Moon inspeccionó la destrucción a su alrededor, todo lo que quedaba de la cuarta mayor fortaleza del Negaverso era un montón de ruinas y cenizas. En su mano brillaba con fuerza el Cristal de Plata. Con un gesto de la mano libre la burbuja plateada que protegía su precioso tesoro floto hasta quedar delante de ella.
Con delicadeza estiro la mano hasta posarla sobre la blanca mejilla de la pequeña dormida.
—¿Cómo pude haberte abandonado?, eres la joya más preciada que podría tener—Dejo escapar un suspiro.
La niña abrió lentamente los ojos y la miro desde el fondo azul oscuro que era su mirada. Los ojos que eran tan parecidos a los de él. La pequeña envolvió sus bracitos alrededor del cuello de la guerrera de la Luna. La luz de plata las envolvió para desaparecer de aquel lugar y por primera vez, Sailor Moon, escucho aquella palabra.
—Mamá…
Desde ese momento habían pasado tres años, tres años de correr y esconderse. Nunca pudieron ser capaces de salir del radar del mal por mucho tiempo. El Negaverso siempre terminaba por detectar su aura mágica.
A pesar de la creciente soledad que Serena sentía, cada día estaba más viva y llena de esperanza. No había sentido algo así desde que sus padres murieran, y ahora su hija le daba una nueva razón para vivir.
Pero todo había cambiado hace un mes…
Un Youma había aparecido en la cuidad, y Sailor Moon se vio obligada a dejar a su pequeña hija sola, para defender a los inocentes. Que estúpida había sido. Todo aquello fue solo una trampa, para apartarla de la heredera lunar.
Black había capturado a Selene.
"Entrégame el Cristal de Plata, o matare a la pequeña"
Había dicho el General, antes de desaparecer con su hija. Desde entonces Serena, ahora como Kurai, había buscado sin tregua al General del Negaverso. Una búsqueda que la había llevado de nuevo a Tokio. Pero no se quedaría, ella y su hija tendrían que escapar a un nuevo lugar, un lugar más seguro.
El grupo de chicos camino hasta llegar cerca del lago congelado. Estaban dispuestos a pasar un rato tranquilo, lejos de los acontecimientos de los últimos días. Algunos de ellos pensaban en la batalla que habían librado contra el ser de la oscuridad, mientras que otros pensaban en la pequeña niña que era la heredera de la mujer que habían jurado proteger.
Pero para él, lo que más rondaba en su mente era ella… la cabeza de chorlito, Sailor Moon, Serena.
Darién se alejó un poco del grupo y vio como sus amigos se formaban en cuatro parejas y comenzaban a patinar en la zona de hielo. Instintivamente su mente voló de nuevo hacia Sailor Moon. Recordó como en un momento de debilidad de la rubia, él había podido sentir el conjunto de emociones de la chica. Por un momento la chica había aceptado quedarse con ellos, pero todo se fue al carajo cuando mencionaron que era parte de su destino. La ira había aumentado en ella y llena de determinación se había alejado… nuevamente.
Él sabía que ella los necesitaba a su lado, aunque los demás pensaran que era más terca que una roca, el conocía la fragilidad detrás de fuerza. No tenía duda alguna de que Serena sería capaz de guiar a Selene en su camino hasta que la niña fuera una adulta. Serena protegería siempre a la pequeña asegurándose que tuviera una vida feliz y tranquila. Pero lo que preocupaba a Darién, era lo que sucedería con Serena después de eso. Él había percibido en ella un cansancio, que no era solamente producto de las batallas, había algo más. Y no dudaba que una vez terminada su misión, la rubia abandonaría para siempre el camino.
La noche anterior la rubia se había colado en sus sueños por primera vez en muchos tiempo. Usualmente siempre soñaba con la lejana princesa de la Luna, pero aquello más que sueños se estaban convirtiendo en fantasías nocturnas. El ultimo sueño que tuvo con la princesa de la Luna, había sido hace casi cinco años. Una punzada en el pecho le hizo adivinar que probablemente fue en el tiempo en que ella había muerto.
En ese sueño podía ver a la princesa de la Luna llorando y en agonía, el trataba de abrazarla pero ella se desvanecía en sus brazos. fue casi en ese tiempo que comenzó a soñar con Serena y Sailor Moon. En esos sueños él la abrazaba y la amaba al igual que lo había hecho con la princesa de la Luna. Con el tiempo los sueños se hicieron menos frecuentes hasta que finalmente dejo de soñar. Él sabía que la vida de Serena se había complicado mucho, no sabía exactamente de qué forma, pero siempre se preguntó por qué ella no había regresado a Tokio para buscar ayuda.
Los pensamientos de Darién fueron interrumpidos cuando una pequeña niña pasó junto a él. El primer pensamiento que vino a su mente fue.
"Selene"
Pero aquella pequeña tenia los rizos cortos y de un color oscuro.
—Leni, vuelve aquí.
Darién se giró para ver de dónde provenía aquella voz. Una mujer de cortos cabellos negros y mirada de caoba caminaba lentamente hacia él. Todo paso tan rápido. La mujer dio un paso en falso, y de inmediato él se lanzó para ayudarla y ambos terminaron sobre el frio hielo.
Darién levanto la mirada y se topó con los ojos de la mujer, unos ojos como los de…no, no los de esa mujer eran de color oscuro. Tal vez debería dejar de pensar en ella.
La mujer de cabellos negros le sonrió y se puso de pie extendiéndole una mano para ayudarlo a pararse.
—Lo siento—Dijo ella—Me resbale—Sonrió.
Darién tomo la mano de la mujer y al tocarla una corriente le recorrió el brazo. ambos se quedaron en silencio mirándose uno al otro. El silencio fue interrumpido por una infantil voz.
—¿Quién es él? —Pregunto la niña.
Darién se sonrojó y apartó la mirada, para ver a la pequeña niña.
—Mi nombre es Darién.
La niña miro a la mujer, y ella asintió.
—Mi nombre es Leni, y ella es mi…—Dudo un poco—Mi tía Kurai—Termino con una sonrisa y se alejó patinando.
Kurai miro en dirección a la niña y luego volvió a mirar al chico.
—Es muy inquieta. Alguna vez conocí a un Darién—Dijo finalmente—Cuando era más joven…Era muy parecido a ti.
—No debió haber sido fácil—Respondio el chico con una sonrisa—No soy una persona fácil de soportar, seguramente lo odiabas.
—En realidad era alguien insoportable—La chica bromeo.
Sin quererlo ella llego a su mente. Recordó como Serena lo odiaba. En algún momento él pensó que la rubia era una niña linda, y que seguramente en el futuro sería una mujer hermosa.
—¿Qué sucedió con él? —Pregunto.
Ella se encogió de hombros y empezó a caminar hasta una banca.
—No lo sé—Respondio—Eso fue hace muchos años. Por suerte jamás se dio cuenta de lo que sentía por él, me habría muerto de vergüenza.
Ambos se quedaron en silencio.
—Debo ir con mi sobrina—Dijo la mujer y se alejó patinando.
El pelinegro se quedó sentado mirando a la mujer, algo en ella le resultaba realmente familiar. El pensamiento de que Serena aun podía estar en Tokio vino a su mente, pero de inmediato lo descarto, seguramente ella se había vuelto a ir lejos. La única similitud entre aquella mujer y la cabeza de chorlito, era que ambas habían conocido a un Darién cuando eran jóvenes.
Finalmente se decidió a ir a patinar, tal vez le serviría para distraerse de sus pensamientos y de ella…
Kurai deslizó en el hielo, manteniendo un ojo en Selene. Vio a Darién por el rabillo del ojo y sonrió para sí misma. Estaba bastante segura de que era Darién Chiba. El mismo Darién que había odiado y adorado al mismo tiempo. Parecía haber madurado durante la última década, pero era claro que el no había sido capaz de reconocerla.
Andrew, le había dicho una vez que ella era la única que lo atormentaba de esa manera. Ella Respondio que era un honor del cual podía haber prescindido.
Las peleas con el engreído Darién Chiba habían sido sin duda divertidas. No le había mentido cuando le dijo que en su juventud había sentido un flechazo por él. Pero ese sentimiento solo fue evidente para ella después de haberse mudado, cuando se dio cuenta que lo que sentía por Darién era más fuerte que el gusto por Tuxido Mask.
Kurai patino hasta quedar cerca de Leni, para enseñarle algunos trucos. La mujer dio un salto y comenzó a deslizarse hacia atrás, cuando choco de lleno con algo. Y ambos fueron a caer sobre el hielo.
Cuando bajo la mirada se topó con los ojos de Darién. Miro el azul profundo y recordó por que se había enamorado de el en el pasado. El joven le sonrió y eso aumento los latidos de su corazón.
—¿Acaso no sabes patinar? —Pregunto ella con una sonrisa.
—Hace mucho tiempo que no lo hacía—Contesto mientras ambos se ponían de pie.
—Lo estás haciendo mal—Interrumpió la niña—No trates de caminar, deslízate—dijo patinando como muestra, alejándose de nuevo.
Kurai miro al pelinegro y le sonrió con simpatía.
—Ella te dio un buen consejo—Se alejó un poco—Prueba lo que ella dijo y tal vez puedas permanecer en posición vertical.
Minako le dio un codazo a su compañero Kevin, señalándole con un movimiento de cabeza hacia la pareja de pelinegros.
—Mira hacia allá—Dijo la rubia—Creo alguien ha encontrado con que distraerse de sus preocupaciones.
Kevin miro en dirección de donde su novia indicaba y su expresión denoto sorpresa.
—¿Es Darién? ¿Con una mujer?
Vieron a Darién a punto de caer, salvado oportunamente por su compañera de patinaje.
—Él se ha enamorado de ella—Dijo Minako.
—Ya lo creo—Respondio Kevin.
De repente la expresión en la cara de Minako cambio mientras miraba en dirección de la pequeña de cabello negro.
—Kevin, esa niña—Dijo seriamente—Ella esta patinando sobre el hielo delgado.
—Tienes razón—Respondio en el mismo tono—Pero no creo que se dé cuenta del peligro.
—¡DARIEN! —Grito la rubia, provocando que todos voltearan hacia ella, incluidos Darién y su amiga.
Después de eso todo sucedió muy rápido, el sonido del hielo al partiste, y el grito de la pequeña.
Kurai giro aterrada hacia el lugar del alboroto. Su ojos se abrieron presas del terror.
—¡SELENE!
La mujer de cabellos negros se lanzó en dirección de la pequeña en un rápido movimiento, mientras que Darién se quedó inmóvil con aquella palabra haciendo eco en su mente.
"Selene"
El movimiento de la mujer había sido rápido y certero, en un segundo se encontraba sobre la pequeña y antes de que cayeran al frio hielo ambas habían saltado hasta un extremo del lago.
Kevin y Mina se miraron uno al otro, no necesitaban palabras para saber en que estaban pensado.
Sailor Moon.
Serena abrazó Selene cerca de ella.
—Por todos los dioses, no vuelvas a asustarme de esa manera. Creo que es mejor irnos pequeña.
—Si…—Respondio la niña en un susurro.
Serena se puso de pie y comenzó a caminar para alejarse del lago congelando, cuando sintió una presencia detrás de ella. Aun si mirar sabía que era Darién.
—Estamos bien, no te preocupes—Dijo secamente.
—¿Serena?—Dijo él.
—No entiendo—Contesto ella, dándole la espalda.
—Eres Serena Tsukino—La emoción en su voz era realmente palpable.
—Mi nombre es Kurai Keenan. Mi sobrina estuvo a punto de caer en el frio hielo, debo llevarla y abrigarla, nosotras tenemos que tomar un avión esta tarde—Dijo sin ningún tono en particular.
Él se acercó y puso una mano encima de su hombro. Detrás de él los demás se acercaron a la pareja.
—Aléjate de mí—Dijo sin más. Alejándose del grupo que solo miraba la escena en silencio.
Darién observo en silencio como la mujer se alejaba. Era Serena estaba seguro, y esa niña era Selene, había sentido su presencia en el momento de pánico.
—¿Es ella? —Pregunto Minako.
—Ella se ira—Dijo Darién—Aseguro que tomaría un avión esta tarde. Hay tres aeropuertos en la cercanía, debemos separarnos y buscarla.
—¿Estas seguro? —Pregunto Amy—Ella parece estar realmente segura de no estar cerca de nosotros.
—Debemos hacerlo. Selene es la princesa de la Luna, nuestro deber es protegerla, incluso mis Generales deben a la Luna la segunda oportunidad en esta vida—Se quedó en silencio un momento—Y Serena…Serena es una de nosotros, ella debe estar con aquí, ella necesita nuestra ayuda. Yo la necesito aquí…
