MOLLY; 9 horas para el anochecer – Ruinas del Refugio Washington
8:00 am
Molly se frotó las manos, se había dejado los guantes en el coche. Mala idea. Todavía le daba vueltas a la locura de historia que le había contado Mike. Al parecer la montaña estaba maldita, le costaba creerlo, pero no iba a contradecir al grupo que parecía muy seguro de lo que decía. Si se cometía el acto del canibalismo en esa montaña, se convertían en wendigos. Era una especie de maldición de los nativos americanos que los convertían en monstruos por comer carne de otro humano por culpa del hambre. Al parecer la hermana de Josh se había convertido en uno de ellos y había sido quién arrastró a Josh al interior de las minas. No podía evitar sentir escalofríos al pensar si había algo de real en toda esa ida de cabeza.
—Molls—la llamó Mike.
Estaba sobre los restos de lo que fue el refugio de los Washington, ahora era un montón de madera chamuscada y baratijas estropeadas. Debía de haber sido un sitio bastante grande. Se acercó a su primo, que inspeccionaba la zona en compañía de Jessica y Emily. Se habían dividido en dos grupos. En el otro se encontraban Sam, Matt, Chris y Ashley. Ellos se dirigían a la entrada de las minas, al ser todavía de día estarían seguros. Querían tantear el terreno. Por muy seguros que pareciesen, Molly tenía claro que no había un plan concreto aún, solo hacían tiempo para sacar alguno. Llegó junto a Mike, que estaba apartando trozos de madera quemada.
—¿Se puede saber qué haces?
—Debajo de la casa hay una galería subterránea, todo está comunicado.
Emily también estaba apartando maderos, Jessica no parecía por la labor de ayudarles, pero tampoco ponía trabas.
—¿Quieres que vayamos por un pasadizo bajo una casa quemada? ¿Estás tonto?
Su primo la miró con cara seria.
—Es la mejor forma de dar con Josh, así nos aseguramos de no perderlo otra vez—hizo una mueca, se sentía mal.
Se sentía culpable por lo que había pasado. Molly no dijo nada más, se agachó a su lado para ayudarlo. En cuestión de minutos consiguieron despejar una entrada. Mike fue el primero en bajar, prendió la linterna y caminó durante un rato. Volvió para darles a entender que estaba despejado y podían bajar. Molly fue la primera en hacerlo, después fue el turno de Jessica, que acabó en brazos de Mike. Emily fue la última, y se colocó la primera del grupo. Empezaron a seguirla mientras la linterna les iluminaba el camino. Cientos de escombros, polvo y crujidos nada halagüeños les acompañaron hasta lo que parecía una bifurcación subterránea. Molly no se había dado cuenta de que estaban, literalmente, bajo tierra, no sabía en qué momento habían terminado los pasillos. Reprimió un escalofrío, no le gustaba nada cómo empezaban a ponerse las cosas.
—¿Esto es de lo que habló Ash?—preguntó Jessica.
No tenía ni idea de a qué se refería. Mike apuntó con su linterna al camino de la izquierda.
—Ashley creyó escucharte por ahí.
Molly vio como Jessica negaba con la cabeza, al parecer ella no había estado ahí. Emily tomó la iniciativa, se dirigió hacía ahí. Sacó una pistola de bengalas. El resto también se movieron, con excepción de Molly que no sabía lo que estaba pasando.
—¿Qué hacéis?
—Puede haber algún wendigo—dijo Emily—. Suponiendo que no todos ardiesen en la explosión.
Empezó a tener miedo de verdad, Molly sopesó la idea de que todos los que la rodeaban estaban metidos en una especie de paranoia colectiva. Habían sufrido algo muy traumático y estaba claro que les había trastornado. Todavía estaba a tiempo de dar media vuelta, subirse al teleférico y volver a casa. Rescatar a Josh era una cosa, pero lo de luchar contra monstruos imaginarios se les empezaba a ir de las manos. Emily bajó por una trampilla abierta, mientras Mike levantaba su arma y apuntaba alrededor, asegurándose de que la zona estuviese despejada. Emily salió con ayuda de Jessica.
—¿Hay algo?
—Restos humanos, pero ni rastro de wendigos.
Restos humanos. Molly empezaba a marearse. El resto del grupo siguió caminando, hacia el camino de al lado. Era el momento de decidir si volver o seguirlos. Tuvo que pensarlo durante unos segundos que se le hicieron eternos.
—Voy a volver arriba—anunció, el grupo se giró a verla—. Me agobia estar bajo tierra.
—¿Eres claustrofóbica?—le preguntó Jessica.
—Sí—mintió.
Mike se acercó a ella, se quitó del cinturón uno de los intercomunicadores que llevaban, el otro lo tenía Emily. Se lo dio a su prima.
—Por si pasa algo.
Molly lo cogió con precaución, asintió a modo de despedida. Reemprendió el camino de vuelta, tenía claro que si se alejaba de ellos no le pasaría nada.
HARPER; Camino al Refugio Washington
8:28 am
Harper había llegado a la estación superior para no encontrarse con nadie. La estación estaba destrozada, con pintadas en rojo en las que ponía Muere. Los chicos le habían contado lo que pasó, como Josh había preparado una macabra broma en la montaña para vengarse de ellos por haberle gastado primero otra broma a sus hermanas. Lo que hizo que saliesen al bosque en mitad de la noche y desapareciesen, solo para que ellos descubriesen un año más tarde que habían muerto. Esos chicos se habían complicado la vida de una manera terriblemente estúpida. Había pasos en la nieve, unos se dirigían al camino hacia las minas, otros al lugar en el que había estado el refugio de los Washington. Harper seguía sin querer volver a pisar las minas, así que optó por el segundo camino, todo apuntaba a que se habían dividido en dos. Al menos eso quería pensar. Deseaba no equivocarse y encontrarse con alguien conocido. Escuchó pasos, apresurados. Alguien corriendo. En su misma dirección. Por puro instinto, Harper se escondió detrás de un árbol, con los latidos del corazón martilleándole en el cuello.
Inspiró hondo, tratando de relajarse.
Había una rama de árbol bastante gruesa en el suelo, podía cogerla como arma o podía seguir escondida. En un arrebato de puro valor, mezclado con miedo irracional. Cogió la rama, que podía considerarla un palo por su tamaño. Golpeó al cuerpo desconocido en cuánto se acercó. Escuchó cómo se cortaba su respiración. Salió de su escondite solo para encontrarse con Molly en el suelo, encogida en un ovillo, apretándose con fuerza el estómago.
—Oh, Molly—chilló Harper, agachándose—. Lo siento muchísimo, no sabía que era tú. Me asusté y...
La muchacha alzó la vista, la miró sin comprender.
—¿Qué haces...aquí?
Se incorporó con torpeza, hasta quedar sentada sobre un montón de hojas secas y nieve sucia.
—Yo...—empezó a decir, no sabía cómo explicar lo que había pasado sin quedar como una loca—. Pensé qué necesitaríais más ayuda, ¿qué haces aquí?
Molly se acercó a ella, puso sus manos en los hombros de Harper.
—Están locos, se les ha ido la cabeza por completo.
Harper no podía quitarse de la cabeza lo que vio en las minas, era capaz de entender que Molly no comprendiese a lo que se enfrentaban. Aunque ni siquiera ella estuviese segura.
—¿Has huído entonces?
—Mira, yo quiero mucho a Mike, es mi primo. Pero piensa que hay monstruos en la montaña. Animales salvajes, vale. Pero, ¿monstruos?
No quería asustarla más de lo que ya estaba. Además sabía que si no lo veía con sus propios ojos no lo creería. De poco serviría enseñarle otra vez el vídeo de Josh, era solo un vídeo, Molly necesitaba verlo en directo para entender lo que ocurría. Harper no estaba dispuesta a enseñárselo, pero tampoco iba a dejar tirados a los demás. Se puso en pie, ayudó también a Molly.
—Tengo que ir con los demás—le dijo—, ¿dónde están?
Molly negó con la cabeza.
—Mike, Emily y Jessica han bajado por un pasadizo del refugio. El resto han ido hacia las minas.
—¿Sabrías indicarme el camino que han seguido Mike y las chicas?
—¿Es que no me has escuchado cuando he dicho que he salido de ahí corriendo?
Harper suspiró.
—De acuerdo, me apañaré yo sola. Vuelve a la estación si quieres.
Empezó a caminar hacia el refugio. Molly se quedó tras ella, sin moverse. Pareció pensárselo un rato, hasta que finalmente corrió a su lado.
—Hay una bifurcación—dijo Molly—. Han ido por el camino de la derecha...me parece una locura que vayas sola.
—¿Me vas a acompañar, entonces?
—No he dicho eso.
Harper le miró alzando una ceja.
—Sin embargo aquí estás.
Vio cómo Molly se llevaba dos dedos al tabique de la nariz.
—No quiero sentirme responsable si te pasa algo, y además está ese chico, Josh.
—¿Qué pasa con Josh?
Molly resopló.
—Les he dado la idea de reducirlo, amordazarlo...soy estúpida, lo he hecho sin pensar. No sabía que estaban tan pirados.
Cada vez que pensaba en Josh no podía evitar evocar la única imagen que tenía de él, mitad monstruo mitad humano. No podía verlo como una víctima, no como lo hacía Molly.
—¿Quieres que vayamos juntas?
—¿Si las cosas se ponen mal podrías avisar a alguien?—preguntó Molly—. Aquí no hay cobertura.
Harper sacó algo de su bolsillo.
—Tengo un busca del equipo de rescate, es de largo alcance.
Molly asintió, dándole a entender que iría con ella.
CHRIS; Exterior de las minas
8:43 am
Chris no había tenido que vérselas con los wendigos en las minas, pero Matt y Jessica sí. Por eso había entendido por qué ella había preferido ir al refugio, aunque le costaba comprender por qué Matt quería volver. No había tenido mucha relación con él, y después de lo ocurrido tampoco es que hubiese cambiado. Pero podía ver lo diferente que estaba, se le veía más seguro de si mismo y un poco menos cretino de lo que había sido. Llegaron al exterior, Matt se quedó quieto, sin ser capaz de moverse. Seguramente, miles de recuerdos desagradables acudieron a su mente. Chris sintió la mano de Ash apretar la suya con fuerza. Se giró hacia ella, se la veía insegura y posiblemente asustada en el fondo. Sam, por su parte, tenía una mezcla de rabia y seguridad en el rostro.
—¿Qué hacemos ahora?—preguntó Ash.
Matt cogió el intercomunicador que le había dado Mike.
—Deberíamos de esperar a que Mike nos diga que está en posición.
—¿Ese va a ser el plan?—volvió a preguntar Ash—. ¿Esperar a que entren en la mina y meternos nosotros para acorralar a Josh?
Él tampoco estaba conforme con ese plan, implicaba la posibilidad de hacer daño a Josh. Y Josh ya lo había pasado bastante mal por su culpa. Primero con la broma a su hermana, luego cuando lo dejaron atado y olvidado. Para acabar secuestrado delante de Mike, que no hizo nada para impedirlo. Prefería adentrarse en las minas él solo, no permitiría que nada malo le pasase a Ash, buscas a Josh y convencerlo de que volviese con él. Era su mejor amigo, sabía que, pasase lo que pasase, podría recuperarlo.
—Voy a entrar—anunció Sam.
Ella no esperó al resto, sin más, se adentró.
SAM; Entrada a las minas
8:44 am
Sam sabía que no era la mejor idea del mundo entrar en las minas, pero Harper había visto ahí a Josh. Vivo, aunque convertido en wendigo, o casi. Durante ese mes había hecho una investigación a fondo de la leyenda de los wendigos en Blackwood. Había sido una maldición puesta por los nativos americanos que vivían en la montaña como castigo a los mineros que decidieron profanar sus tierras. Había encontrado un libro, parecido al que Mike había hallado en la cabaña en la que se alojó con Jessica. En él había un símbolo que repelía a los espíritus. Sam no se lo había dicho a ninguno de sus amigos, pero cuando decidieron ir a por Josh, fue a un tatuador para tener el símbolo en su piel. No tenía la seguridad de que algo así pudiese protegerla de los wendigos, de ser así, el hombre extraño que les ayudó un mes atrás lo habría llevado. O quizás no se le ocurrió. Encendió la linterna cuando el camino empezaba a oscurecerse, a partir de ese punto, cualquier cosa podía ocurrir. Llevó inconscientemente una mano a su intercomunicador. Había sido buena idea hacerse con uno. Lo encendió, entonces escuchó la voz de Matt.
—¡Sam!—gritaba—. Haz el favor de responder al maldito trasto.
Sam se lo descolgó, lo llevó a sus labios y pulsó el botón.
—Sigo aquí, chicos. No os preocupéis, os avisaré si veo algo raro—dijo en un susurro. Frente a ella una sombra cruzó de una hilera a otra de las minas, sintió cómo se le aceleraba el corazón pensando en que podría ser Josh—. Quedáis ahí a esperar la señal de Mike.
Cortó la comunicación y caminó hacia el lugar e el que había visto moverse la sombra.
