Disclaimer: BlablablablablablablaNada mioblablablablablablabla

Advertencias: Mención/uso de drogas de forma recreativa.

N.A: ¿Es mi vida poniéndose en orden? ¡Si! Disfrutad.


El techo en su habitación tenía manchas de humedad, que danzaban de un lado para otro sin patrón definido. ¿Cuánto tiempo llevaban sin pararse?¿Cuánto llevaba Sherlock sobre su cama mirándolas sin moverse? No tenia que haberse fumado el tercer cigarrillo de marihuana.

Tenía la boca seca y creía que hambre, pero solo lo creía. Al levantarse en busca de agua, trastabilló, dándose cuenta de que lo que bailaba era su cabeza y no el techo. Ahora que lo pensaba tenía lógica, los techos no giran, las cabezas sí.

El agua bajaba tibia por su garganta, lenta, lenta como el deshielo. Sherlock podía sentir las plantas de su estómago reviviendo tras la sequía, con hojas grandes, frondo-

—Sherlock Holmes—Golpes en la puerta, una voz cavernosa de gigante, le dio pereza solamente el escucharle— tiene una llamada en el teléfono del vestíbulo.—Continuó el gigante. No, no, dada la fuerza y el timbre de voz no podía ser un gigante; quizás un orco.

Enfundó los pies en unas deportivas que no se molestó en atar, no quiso buscar una chaqueta. Estaba muy satisfecho con su corrección de gigante a orco, le molestaba la inexactitud.

El vestíbulo estaba lleno de estudiantes, sentados en bulbosos sofás azules que no habían sido limpiados en media década. El teléfono se balanceaba en una esquina, cogió el auricular.

—¿Siii?

—¡Hola!—La sorpresa le atravesó el pecho, bajándole el estómago a los pies, de nuevo tenía la boca seca.—Espero que no estés ocupado. ¿Por qué no sales de ese agujero que llamas habitación y respiras algo de aire limpio?

Sherlock cambió el peso de una pierna a la otra, estaba demasiado volado como para tener una conversación decente con Jim.

—¿Poor-qué?

—Porque el mundo no puede encontrarte si estas asfixiándote entre dos paredes—Le recriminó al otro lado de la línea. Quiso contestar algo ingenioso pero recordó la noche en aquella discoteca cuando le ofreció bebida y la rechazó. Su cerebro envolvió todo en brillantina, un cliché hortera, Jim lo deshizo cuando siguió hablando.—Acabarás deshaciéndote igual que esos trozos de carne que tanto desprecias y llamas compañeros.—Tras su voz pudo oír una campanilla, la fricción de cartón sobre el suelo al ser arrastrado. Sherlock parpadeo lentamente sin contestar, en el silencio de la linea podía oír el sonido de un papel crujiente doblándose, característico. Lo había oído antes, dónde, donde; un hombre de jersey naranja llevando lirios.—Aunque da igual, por lo visto es lo que prefieres, quédate ahí arañándote a ti mismo desde dentro. Ad-

—No,no,no, espera.—Otro silencio, Sherlock no sabia lo qué decir, tenía la cabeza llena de humo blanco. La realidad que de normal se le antojaba lenta ahora giraba vertiginosamente, con las ultimas frases afiladas de Jim como hilo musical y le invadió la angustia.

—Edd Stanner.—Fue casi un susurro y a línea murió. Sherlock se quedó oyendo el pitido hasta que como una flecha perforó el oído derecho saliendo por el izquierdo, luego colgó el teléfono.


Barbican era una de las peores salidas del metro en la ciudad, la lluvia había hecho una cascada de las escaleras, y el frio la había vuelto de hielo. Sherlock estaba parado en una de sus salidas, el viento se colaba en el interior.

El día anterior a las siete y media de la mañana Edd Starner, había resbalado y tras rodar por dos tramos de escaleras se había roto el cuello; un desgraciado accidente, o al menos como lo catalogaba la versión oficial.

Sherlock sacó del bolsillo los destornilladores de relojero que llevaba y comenzó a rascar la capa de hielo en el cuarto escalón, desde el que la víctima había caido. Gracias a una llamada a la estación meteorológica, pudo confirmar que las condiciones atmosféricas eran idénticas a las del día del accidente.

Casi dos centímetros de hielo; era poco, solo el formado durante la tarde. La noche anterior no había llovido, a esa hora de la mañana no podía haber habido hielo por lo que no podía haber resbalado, ergo no había sido un accidente.

Los testigos no encajaban, había muchos que reportaron un resbalón, era poco probable que estuviesen comprados.

Un reloj dio las campanadas de las cuatro, en la pared derecha del túnel apareció una proyección, la voz de megafonía estaba distorsionada.

—"Reviva los momentos más emocionantes, viejas obras, nuevas representaciones, de nuevo en Londres la Shakespeare Memorial Company, solo en Barbican..."

El anuncio se reflejaba tras las pupilas, apostaba a que estaba programado para sacarlo cada media hora. Innovador, capta la atención fácilmente, sobre todo a primera hora de la mañana.

Los testigos podían reportar algo que no habían visto. Era cuestión de sincronización y de jugar con las asumpciones de la gente. Discreto, casi humilde, pero denotando gran conocimiento del entorno y comportamiento humano. Imaginaba a Jim poniendo la zancadilla, ¿disimulando la sonrisa cuando el cuerpo sin vida golpeó el suelo? No, no encajaba, no había motivo, no había sentido.

Uno de los trenes llegó a la estación y nubarrones de gente arrastraron a Sherlock hacia la calle. Decidió que ya era el momento de hacer la visita.


Smedly & Rowe, era una de las floristerías más antiguas de Londres. Entró junto a un par de chicas, cuando abrieron la puerta sonó una campanilla. El mismo timbre, Sherlock no pudo reprimir una sonrisa. Dejo que ellas pasasen antes y Sherlock se oculto tras unos ficus. La tienda olía como una decena de ambientadores derramados.

Jim salió del almacén, llevaba un delantal a cuadros rojos y el pelo con la raya a un lado. Atendía a las clientas una sonrisa dulce que Sherlock notaba falsa por como caía hacia los lados.

Al salir, las chicas se llevaron felices dos docenas de margaritas, cuando se cerró la puerta Jim soltó un suspiro cansado y se inclinó bajo el mostrador.

Era todo fachada; como las anteriores dos veces, el universitario, el de la discoteca, ahora el florista. Sherlock avanzó hasta el mostrador sin que sus zapatos hiciesen ruido, ¿qué partes eran verdad? Siempre le había gustado desmontar los objetos hasta reducirlos a piezas simples.

—Eres como mirar una obra de teatro.—Dijo Sherlock y Jim se golpeó la cabeza contra la estantería interior del mostrador. Logró ponerse en pié con cara desconcertada, llevaba en las manos un rollo de cinta que no había soltado.—Oí el papel durante la llamada. Smedly & Rowe por son los únicos que usan para cubrir sus flores un tipo parecido al papel moneda que mezcla fibras de algodón y polimero; su crujido es característico.

—Y decidiste presentarte aquí.—Dijo levantando las cejas, una sonrisa empezaba a dibujarse en la comisura.—Entenderás que es un poco perturbador.

—Tu sabías el número de mi residencia, también es perturbador.

—Así que eso era lo que estabas haciendo durante los silencios, deducir desde donde llamaba.

—Claro, ¿Que estabas preocupado de que no prestase atención?—Jim levantó el labio con disgusto y Sherlock sonrió de medio lado.

—Estas muy lleno de ti mismo Sherlock.

—Dime, ¿estaba también Stanners tan lleno de si mismo como para empujarle escaleras abajo?

Jim apoyó los codos en el mostrador, cruzando los brazos.

—¿Vienes a interrogarme? Mis turnos empiezan a las siete puedes preguntar al encargado si vas a quedarte más tranquilo. Aunque, tendrás que llamarme Declan.

—¿Por qué Stanners? He estado en su velatorio, he estado en su funeral, he hablado con la viuda y su mejor amigo; a parte de insípidos, aburridos y corrientes no hay nada más.

Frunció los labios, en un gesto grave que Sherlock nunca le había visto hacer.

—Así que los servicios han sido con ataúd cerrado. Entiendo, no es justo, no lo podrías haber deducido.—Dijo Jim mientras sacaba una tarjeta de visita de la floristería, con un bolígrafo escribió un par de líneas. Sherlock estaba más atento a sus manos llenas de tinta que a la letra.—Tenia una segunda vivienda en Fulham, deberías ir a echar un vistazo.

—¡Chico! ¿Con quien hablas tanto? ¿Cuando acabes puedes venir a ayudar?—Sonó la voz de un hombre en el almacén.

Jim le contestó sin apartar los ojos.

—Enseguida voy, un momento.—Sacó de uno de los cajones unas grandes tijeras y el delator papel de envolver ramos. Luego se giró y tomó de uno de los cubos con agua varias flores amarillo brillante.—De una floristería hay que salir con flores.

Una vez acabó de atar la cinta y meter la tarjeta con al dirección de Staners, dejó el pequeño ramo de narcisos sobre la mesa; entre ellos como una ofrenda. Sherlock agarró las flores, sintiendo los tallos tiernos bajo el papel, como huesos bajo la piel.

Jim se giró antes de entrar en el almacén. Abrió la boca para decir algo, pero en el último momento debió pensarlo mejor y desapareció en silencio. Dejando a Sherlock pendiente de palabras que no habían sido pronunciadas.


Cuando volvió a su habitación esa misma tarde, al encender la luz había alguien.

Mycroft estaba entado en su cama, sobre uno de sus abrigos, lo había colocado para que su pomposo culo no tocase nada. Sherlock se quedó en la entrada, apoyando un hombro contra la pared.

—¿Qué haces aquí? ¿Ahora qué quieres?—Su hermano no dijo nada, solo se levantó exhalando todo el aire de sus pulmones, fingiendo infinita paciencia que a cada visita era más ridícula. Sherlock quería cruzar los brazos, pero aún tenía las flores en las manos.

—Sherlock Holmes se muestra indisciplinado tanto con el equipo docente como con sus compañeros. Sherlock Holmes tiene problemas para acudir a las clases, en las que se digna a aparecer brilla su falta de puntualidad. Sherlock Holmes realiza sus exámenes de forma selectiva y no muestra ningún interés en las materias. Sherlock Holmes no permite que el equipo de limpieza entre en su habitación; y la lista sigue, y sigue, y sigue con la misma temática. ¿Qué te crees que estás haciendo?

Se rió de la cara seria de Mycroft, su nuevo trabajo le estaba envejeciendo más de lo normal.

—Ah, vale, solo has aparecido para sermonearme, entonces todo va bien.

—¿Te crees que esto es un juego?

—No, si fuese un juego sería más divertido.

Mycroft se acercó, solo para demostrar que seguía siendo más alto.

—Por lo menos no estas drogado como la última vez, podríamos llamarlo una mejora.—Giró su atención hacia el ramo que sostenía, mirándolo con burla.—O algo así.

—Fuera, ya.—Dijo con los dientes apretados, Mycroft pasó a su lado en dirección al pasillo.

—Si, tengo cosas mejores que hacer que mirar como mi hermano politoxicómano desaprovecha su vida.

—No soy un yonki, y siempre has tenido mejores cosas que hacer, así que haznos un favor a ambos y no te molestes en parecer más.

Había vuelto a quedarse parado, justo bajo el quicio de la puerta y de la paciencia de Sherlock.

—Ve a las clases, haz los trabajos, preséntate a los exámenes; o te van a expulsar.

—Bien

—Y no sé con quién tonteas pero, alguien que regala narcisos amarillos no puede ser bueno. A parte de por el obvio significado porque-

—¿Pero te vas a largar ya?

—Llama a mummy más a menudo.—Y con un gruñido irritado dio un portazo tras Mycroft.

Pudo oir como sus zapatos se alejaban por el pasillo. Sherlock sabía que no le iban a expulsar, porque Mycroft iría a hablar con la cúpula administrativa, porque sabía que mientras estuviese en la universidad podía seguir llevando cierto control sobre él.

Era irritante, todo él, todo su hermano; en la totalidad de de su persona. Dos visitas en dos semanas seguidas, parecía oler el peor momento conveniente para Sherlock. Le repateaba, A parte de por el obvio significado, ugh.

Suponía que sí, que era la flor del egoísmo en el color del odio y la traición.

Les quitó el papel y metió los tallos en la botella de agua, no pudo evitar mancharse de salvia las manos que acabaron pringosas. Volvió a mirar las flores, como si esperase que mostraran algo nuevo, como si no estuviese seguro del verdadero significado. El amarillo también era el color del entendimiento y de los científicos y la actividad...y la inseguridad y la contradicción y sobre todo la inestabilidad.

Agitó la cabeza y notó escozor en las manos que estaban rojas, pegajosas.

Los colores eran solo colores y asumpciones debidos a la cultura, pero había un hecho que no se podía discutir, la planta no dejaba de ser tóxica.