Y aquí el capitulo tres! espero y lo disfruten como los otros dos uwu está medio cursi y así ;_; intentaré encontrar mejores finales asdfg pero bueno ya saben. Muchas gracias por sus Reviews me hacen feliz
Disclaimer (o era algo así): Hetalia no me pertenece al igual que ninguno de sus personajes o nombres, todo es de sus respectivos Autores... TE AMO HIDEKAZ!!
Advertencias: Drama familiar (?), es como un semi-AU...utilizo nombres humanos y por país. No es histórico y tiene muchas fallas dentro de esa linea de historia...Doitsu es chiquito y bueno...~ Algo de OOC, me es muy difícil evitarlo...
Enjoy please
Una familia para Ludwig
A familiar/ PruAus Story
Llevaba una semana en casa y Roderich se había proclamado el amo y señor de aquel hogar, lo cual disgustaba a Prusia más de lo que ya estaba. Le molestaba tanto tener tres comidas al día servidas a la mesa, ropa limpia y guardada, pisos limpios y adornos acomodados. ¿Era acaso que en esa casa no vivían puros hombres? Sin contar a Hungría, claro está.
Los primeros dos días creía que la castaña era quien mantenía el orden de aquella casa, es más pensaba que ella se había reformado a ser una dulce ama de casa, sin embargo la desilusión de lo que podría ser normal la tuvo al darse cuenta que realmente el joven austriaco era quien lavaba, cocinaba, limpiaba y hacia otras cosas que harían las amas de casa.
Se sobo las sienes luego de que esos pensamientos le atrofiaran el sentido común. Entro a su sala y lo primero que percibió fue ese arrogante olor a muebles de madera y tejido de lana, con una combinación de dulce casero; lo mismo que olía Austria. Calientita y acogedora se veía la estancia, la chimenea emanaba un calor hogareño, mientras una suave melodía se fundía con el arder de las llamas, a un rincón donde el gran piano estaba situado, con una melodía de su autoría, Edelstein amenizaba el salón. Elizabeta y Ludwig estaban sentados en el sillón que daba enfrente al joven músico, sobre el regazo del marimacho un libro y en los brazos del niño un pequeño oso de felpa.
Gilbert se quedó por unos momentos en la misma paz que le rodeaba, volvió a suspirar mientras observaba la escena, pero más detalladamente su mirada se perdía en la pequeña sonrisa que su hermanito tenia impresa. De un momento a otro la música cesó, lo que hizo que solo se escucharan las llamas vivas arder
-Siéntate y escucha como es debido.- esa fina voz le taladró su ensimismamiento, sintió la mirada azul de su hermano, quien le hacía un movimiento en con la mano para que se sentará a su lado. El prusiano no hizo ms que ir hasta el lugar vacío que tenía Ludwig a su lado, observando a la castaña quien miraba como atontada al aristócrata, como enamorada. Prusia sintió un leve vuelco de corazón.
El aristócrata le había seguido con los ojos hasta verlo sentarse, después de eso, sin inmutarse, prosiguió con la fina melodía que estaba tocando. El albino sentía que el aroma de la sala, el calor que le proporcionaba la llama viva que a un costado tenía y la música clásica que estaba escuchando, cuando el austriaco término de interpretar la canción un sonido más llenaba la habitación; Los estruendosos ronquidos del prusiano eran el nuevo sonido que llenaba la habitación.
Roderich suspiro un par de veces, negando con la cabeza, observando al albino dormir, por lo menos así no daría más problemas.
Cuando Hungría subió al rubio para arroparle, Austria se quedó observando al que dormía en la sala aun, con una manta en los brazos se acerca a él, observándole detenidamente. Observando con atención aquel pálido rostro, sus labios suavemente entreabiertos por los que exhalaba de vez en vez, pasa su fina mano sobre el cabello blanco del otro, pensando en que necesitaría un buen corte, sin embargo aquella tranquilidad que emanaba el contrario al estar dormido era totalmente ajena a lo que en el día podría ver. Acerco suavemente su rostro hasta sentir su respiración, pausada y armoniosa, rozando sus labios, apenas para sentirlos. Sin pensarlo se separó, aún más rápido de lo que había caído en el impulso de esa acción.
-Que indecente- murmuro algunos momentos luego, poniendo sobre el cuerpo del albino aquella manta que en sus brazos llevaba, sin acomodarla con esmero, solo procuro que le cubriera de las bajas temperaturas, pues ya había extinguido el fuego de la chimenea. Sin tardar más, dejo al joven prusiano dormido en la sala de estar, saliendo apresurado de ahí.
OuO
-Comencemos con tus lecciones.- dijo con ese tono tan refinadamente autoritario que se cargaba el aristócrata. Daban las nueve de la mañana de un día lunes. Ludwig miraba al castaño con sueño aun en sus ojos, mientras intentaba enfocar tanto su vista como su atención en lo que hacía Austria.
-La primera lección de hoy serán los modales.- anuncio el aristócrata observando que el rubio niño aun tenia sueño.- y eso consiste en que debes de estar totalmente despierto cuando te hable.- le espeto, cuando los cielos que tenía por orbes el alemán se cerraron completamente, Austria se acomodó los lentes en busca de una pizca de paciencia, solo sacudió por los hombros al pequeño, quien despertó instantáneamente.
Al prusiano le dolía el cuello, jurando que no se volvería a dormir en un sillón tan incómodo camino por el gran pasillo hasta llegar a la cocina, esta vez no olía a los panques de naranja, o al café recién hecho, lo cual comenzaba ser un poco extraño para él.
Tomo la primera manzana que encontró dentro del frutero, vaya que hacía falta que alguien fuera al mercado a comprar algo, tomando con la mano vacía el correo camino hacia la puerta que da salida al patio trasero, mordió aquella fruta con algo de violencia, cuando ante sus ojos se presentó una escena lo suficientemente hecha para la deshonra de toda su familia por las siguientes 15 generaciones. Con un libro sobre la cabeza el pequeño Ludwig intentaba mantener el equilibro del mismo y una postura correcta para caminar.
Gilbert soltó la manzana y el correo de una sola vez, observando al aristócrata que estaba observando como el niño caminaba con la espalda derecha
-Ahora intenta hacer los pasos más elegantes…-menciono el del cabello castaño, mientras el rubio seguía sus órdenes.
Prusia por un momento elogio en su mente la capacidad de su hermanito de llevar a cabo actividades al pie de la letra, imaginándolo ser un genial militar, sin embargo el observar el fino porte que llevaba se sentía más humillado que si lo hubieran vencido 15 veces seguidas dentro de su territorio.
-¿Cuándo piensas ponerle vestido y coletas? –entre burlas, el prusiano critica la manera en que Austria enseñaba modales, de un respingo provocado por la sorpresa de escuchar el áspero tono de voz de su hermano mayor el libro de la cabeza de Ludwig fue a parar un lado de sus pies.
-Descansa un momento –índico el austriaco, sin perder la calma. El rubio solo tomo el libro del suelo y se fue a sentar en una banca de color blanco cerca de una fuente para aves, quedándosele viendo por un largo rato, pues las aves se acercaban con confianza, aunque el pequeño estuviera ahí.
Austria se acercó al albino sin perder la paciencia, el de los ojos rojos permanecía recargado en el marco de la puerta de la cocina, con una sonrisa burlona que ensanchaba a cada paso que el fino señorito diera
-vuelvo a preguntar, ¿Cuándo piensas ponerle vestido y coletas?
Una de las cejas del aristócrata se arqueo, sus labios se volvieron una sola línea que parecía simplemente dibujada, con ella hacia una mueca de disgusto, se cruzó de brazos, pero jamás separo su vista de la contraria. Ni el contrario lo hizo
La molestia de ambos se podía sentir en la atmosfera, y aunque Prusia sonriera de oreja a oreja, deja por entendido que Austria sabía que deseaba golpearlo, golpearle como nunca lo pudiera haber hecho, pero existía algo en ese momento por lo cual no le daba un golpe en la cara.
-Ludwig entra a la casa, jetzt! – pronuncio el prusiano, sin separar la mirada de su contrario, si algo salía mal no quería darle una mala impresión a su hermanito menor.- que "mamá" y yo debemos de arreglar un asunto
El pequeño, quien estaba observando detenidamente a uno de los pájaros que llegaban a la fuente, asintió con la cabeza, tomo el libro y entro apresurado a la casa. Cuando ambos estuvieron seguros que el niño ya no les escuchaba, comenzaron a discutir
-¿Acaso no te he dicho que no quiero que mi hermano se vuelva una princesa así como tú?
-Solo lo hago para que no sea un inepto como lo eres tú
-¿inepto? Tu lugar es únicamente en la cocina por si no lo tenías en cuenta
-deberías sentirte agradecido con que tengas tres comidas al día obaka-san
-nuestra vida estaba perfecta antes de que llegaran
- tu vida es un desastre sin nosotros
-no te creas tan indispensable aristócrata de mierda
-¿no puedes vivir un día de tu vida sin usar palabras altisonantes?
-disculpadme princesita, que mi lenguaje te provoque ganas de llorar
-por mi te puedes ir al diablo
-¿entonces yo era el mal hablado?
-¡qué importa!
-ni siquiera sé porque sigues en mi casa
-solo estoy por el niño
-¡por supuesto! me gustaría recordarte que tú, Austria, fuiste quien regalo a Romano a un tonto como España
-Nadie está hablando de España en este momento
Conforme la discusión avanzaba, ellos dos acortaban al mismo tiempo su distancia, de pronto las blancas manos del prusiano se aferraron a la fina ropa del aristócrata, quienes seguían mirándose con la furia contenida que hacía mucho tiempo ninguno sacaba.
-este… ¿chicos?- una voz femenina rompió con la tensión, o simplemente con los pensamientos de ambos hombres, quienes voltearon hacia la dirección de donde provenían aquellas palabras.- estaban a punto de besarse o ¿Qué? – Hungría estaba ahí, parada, con los brazos llenos de flores que acababa de recoger del jardín de enfrente, les miraba con curiosidad y un poco de entusiasmo mal disimulado
- Ni que este idiota tuviera tanta suerte - y con un movimiento brusco, el albino soltó al castaño, quien por unos instantes perdió el equilibrio.
Durante todo lo que resto del día, ni Roderich ni Gilbert se dirigieron la palabra, aunque estuvieran a escasos centímetros de distancia utilizaban a un vocero o en el mejor de los casos a Gilbird, el canario de Gilbert, como un pequeño y emplumado mensajero quien llevaba pedazos de hoja con órdenes y respuestas de un lado para el otro de la casa.
Bombas nucleares...ganas de matarme... me lo merezco, lo sé... En review please..
