Capítulo III
El brillo de tu ausencia
Los rayos de sol ya entraban libremente por la ventana. El cuarto estaba iluminado, y la luz le molestaba, le dolían los ojos aún cerrados. Tonks despertó, no queriendo abrir los ojos, y con una sonrisa soñadora en los labios. Entre el limbo de los sueños y la realidad, revivió los hechos de la noche anterior. Remus… fue la primera palabra que se le vino a la mente.
Abrió los ojos lentamente, tratando de acostumbrarse a la maldita luz del día, y trató de enfocar un lado de la cama, esperando ver esa sonrisa que tanto amaba, esperando ver a ese hombre, queriendo besarlo, abrazarlo y desengañarse de que no había sido un sueño.
Pero el desengaño de un sueño no llegó, la cama estaba vacía en el lugar de Remus. Las sábanas estaban frías, y la almohada aún guardaba su aroma, y era demasiado real.
Tonks se sentó en la cama, confundida, y con un nudo enorme que crecía en su garganta.
.- ¿Remus? – llamó en voz alta, esperando, quizá, que le respondiera desde el baño, la cocina, el pasillo…cualquier lugar, cualquiera, pero que le respondiera.
Silencio. La casa estaba en silencio. Se levantó, colocándose una bata y fue hasta el baño. Nada. La cocina, la sala…y Remus no estaba. El nudo en su garganta se hacía insoportable, y se le nubló la vista, empañada en un millón de lágrimas. No estaba, se había ido.
Las lágrimas de la desilusión corrían libremente por sus mejillas pálidas. Se había ido, sin decirle una palabra, había escapado de su vida… se sentía abandonada, y quizá era una tonta por sentir eso, pero no podía apartar esa sensación.
Buscó una nota por toda la casa, esperando una justificación que aliviara su dolor. Una simple nota que explicara su ausencia y que hiciera que las lágrimas cesaran. Cualquier excusa, cualquiera servía en este momento. Pero luego de recorrer casi desesperadamente cada uno de los rincones de la casa, y tropezar con cada objeto que había, la nota no aparecía. Y el brillo de su ausencia aumentaba.
Era una imbécil. Se odiaba a si misma por ceder, por creerle. Había generado un montón de ilusiones, con él a su lado. Había esperado despertar y encontrarlo en su cama, sonriendo, hoy y cada uno de los días de su vida. Había pensado que ya nada podía ir mal, que nunca más serían sombras las que acecharan en cada rincón de la casa, esperaba que él llenara esos vacíos. Pero era hoy, y no ayer. Y la maldita luz del día había quemado hasta la última ilusión que tenía. La noche la protegía, el día la destruía.
Lloró, hasta que las lágrimas eran solo una sensación caliente en sus ojos. Sentada en un sillón, aún en bata, protegiéndose a si misma de la agobiante soledad de su casa, sin él. Olvidó ir a trabajar, se tenía que presentar en Hogsmade a la mañana. Pero no podía moverse, esperaba, casi inconsciente, que apareciera en su casa, con una explicación o que simplemente llegara una lechuza con noticias suyas. Pero llegó la tarde, y no sabía nada de Remus.
Los acontecimientos de la noche anterior, le parecían lejanos, los veía a través de un velo de dolor, ya no estaba segura de si eran reales. Las palabras que se habían dicho en la cocina, eran solo un eco en su confundida mente.
.- ¡Nymphadora! – ni siquiera se había dado cuenta de las llamas verdes que chisporroteaban en su chimenea. La cabeza de Alastor estaba ahí - ¿Qué haces, niña tonta? ¡Deberías haberte presentado esta mañana en Hogsmade!
.- Hola, Ojo loco… Yo, lo siento – contestó avergonzada, y se acurrucó más en el sofá.
.- Si, lo sientes… ¡Pero deberías estar trabajando! – la reprendió nuevamente. Luego la miró un momento. Estaba pálida y con los ojos hinchados y rojos, su cabello estaba más apagado de lo que nunca lo había visto, de un color gris opaco - ¿Qué sucedió, niña? – dijo un tanto preocupado.
.- Nada… de verdad. Solo… diles que no voy a ir hoy, ¿si? Quizá Dawlish podría cubrirme.
.- Jóvenes… -murmuró Moody antes de asentir y desaparecer de la chimenea.
Y ella estaba ahí, sentada, atormentada por los silencios y la espera. Acabando con su vida por algo que quizá no significó nada para Remus, aunque para ella lo hubiera sido todo. Quizá a él no le importó…
Debía ser fuerte, como siempre lo había sido, desafiando al mundo. Esa era ella, una muchacha fuerte y decidida, aunque no quedaba ni una sombra de ello.
Se levantó, un poco más animada, y se encaminó al baño. Una tentadora ducha la estaba esperando. Luego, quizá podría visitar a su madre.
Diciembre pasó a la velocidad de un rayo, y casi sin querer, la Navidad sorprendió a Remus Lupin. Había recibido una lechuza de Molly, invitándolo a pasar la fiesta con ellos. No tenía una mejor opción, su apartamento oscuro y solitario, no era muy tentador para una Navidad, por eso aceptó a la invitación de los Weasley.
Estaba abatido. Se sentía cobarde, culpable… se sentía la peor persona del mundo, y una misteriosa voz en su cabeza, lo confirmaba cada vez que él lo pensaba.
No había tenido noticias de Tonks desde aquella noche, la fatídica noche en que había derrumbado sus muros y había cedido. Tampoco es que hubiera buscado las noticias, simplemente, prefería mantenerse al margen, no lastimarla más. Era lo mejor para ambos, él lo sabía, y algún día, Tonks lo entendería.
Ella no había acudido a ninguna de las posteriores reuniones de la orden. Remus suponía que estaba evitándolo, y no la culpaba. Era lo que él esperaba, que lo olvidara… y no entendía porque le dolía tanto esa ausencia de Tonks.
Esperaba que ella estuviera bien, rehaciendo su vida, olvidando las esperanzas que él mismo le había regalado la noche que hicieron el amor. Y a Remus, eso, lo atormentaba a cada momento. Las sensaciones se habían adherido a su piel. Recordaba cada beso que le había dado, cada mirada que ella le había devuelto, y su corazón se aceleraba al pensar en ello. Sabía que había sido un cobarde al hacer eso, una persona despreciable. Había aparecido en su casa, le había pedido perón, diciéndole que la quería y habían hecho el amor… ¿De verdad esperaba que Tonks no se ilusionara con eso? Y luego se había marchado, como un ladrón de corazones. Sabía que ella lo quería, se lo había demostrado muchas veces, y esa noche en especial. Y sabía que eso habría significado para ella, tanto o más de lo que para él. Pero debía terminar así. Le había robado una hermosa noche a su realidad, pero las cosas debían seguir igual.
Y sin embargo, a pesar de que sabía que era lo mejor, no podía dejar de pensar en ella. No podía dejar de mirar a todos lo rincones, cada vez que iba a una reunión, esperando encontrarla, sentada riendo, con su pelo rosa y feliz. No podía evitar esperar que llegara una lechuza, un Patronus o lo que sea, con su letra, o su voz. No podía evitar sentir su ausencia, a cada momento, como si lo acechara desde los rincones oscuros. La ausencia de Dora brillaba en la oscuridad.
El 24 a la noche, fue a la casa de los Weasley, guardando en su corazón, una débil esperanza de que Tonks estuviera allí también. Pero cuando llegó, no se sorprendió de su ausencia. Lo estaba evitando.
La cena fue amena, pero el humor de Remus no era para festejos. Y sentado en un sofá cerca del fuego, escuchando un feo disco de jazz de Celestina Warbeck, que ni a Remus un amante del jazz le gustaba, no podía dejar de pensar en lo que estaría haciendo Tonks. Se sentía demasiado enfadado consigo mismo, imaginándosela sola en su apartamento. La voz de Celestina se escuchaba más fuerte cada vez que Molly apuntaba con la varita a la vieja radio. A ella no le gustaba el jazz, recordó. Y se imaginó a Tonks quejándose y tratando de convencer a Molly para poner un disco de Las Brujas de Macbeth. Sonrió. Tratando de sacarla de sus pensamientos se unió a la conversación que mantenían el señor Arthur y Harry.
El día de Navidad Remus despertó en la Madriguera, con un ánimo igual de bajo que el día anterior. Estaban todos en la cocina desayunando, cuando escuchó el nombre de Tonks.
.- Invité a la querida Tonks a venir hoy - decía Molly - Pero ella no vendrá. ¿Has hablado con ella últimamente, Remus? – le preguntó
.- No, no he estado muy en contacto con nadie – dijo tratando de justificase. Esto no ayudaba a mejorar su ánimo - Pero Tonks tiene su propia familia para ir, ¿verdad? – dijo más para si mismo que para los demás. Tratando de convencerse de que no era su culpa, y de que ella estaría bien, de todas formas. Pero la mirada de Molly era acusadora, como si ella supiera lo que sucedía y lo culpara. Se hundió en su asiento.
.- Mmm - dijo la Sra. Weasley. - Tal vez. En realidad tengo la impresión de que estaba planeando pasar sola la Navidad.
Y a Remus estas palabras le cayeron como agua fría. Tonks estaba sola en Navidad. Y era su culpa. Se sentía miserable.
.- El Patronus de Tonks ha cambiado su forma – dijo Harry a su lado, y lo sacó de sus pensamientos - Sin embargo Snape dijo que no sabía que eso pudiera pasar. ¿Por qué cambiaría su Patronus?
Remus tomó aire. Era complicado contestar eso. Él sabía perfectamente a que se debía ese cambio. Ella estaba sufriendo por él. Y eso lo único que hacía, era hundirlo más y mas en su propia miseria. Tomó su tiempo antes de contestar.
.- A veces un gran shock. Un trastorno emocional – dijo la verdad a medias, como solía hacerlo siempre. Él había generado ese trastorno emocional.
.- Parecía grande, y tenía cuatro patas - dijo Harry. Y Remus ya no escuchó lo que decía.
El resto del día fue nefasto para Remus, atormentándose con sus pensamientos. Cuando salió de la Madriguera, estaba decidido a remendar algo del daño causado, quería asegurarse que ella estaba bien.
Ya no le gustaba la Navidad. Antes había esperado esas fechas con gran entusiasmo. Pero ya no le gustaba la Navidad. Al menos, no le gustaba estar sola en Navidad.
Era su elección, aunque no fuera su deseo, necesitaba alejarse de todo lo relacionado a él. Había recibido una invitación de sus padres, que la esperaban para festejar con ella, a la que había contestado que estaba invitada a pasar en la Madriguera.
.- Dora… deberías pasar con tu familia – había dicho Andrómeda - ¿Estás bien, mi niña? Te ves delgada… como enferma – Y ella había contestado que estaba bien, que no se preocupara – Cuídate mucho, ya sabes que nosotros te apoyaremos siempre en todo lo que decidas, ¿verdad? – y ella había asentido, mientras contenía las lágrimas.
Y era verdad lo de la invitación de Molly que había aparecido hace unos días en su chimenea.
.- ¡Tonks! Te echaba de menos, ya comenzaba a preocuparme por ti – dijo Molly apenas apareció su cabeza - ¿Vendrás a la Madriguera en Navidad? Te esperaremos allí. Estarán todos, vendrá Remus, Charlie y Bill también estarán, se que te llevas muy bien con ellos – y ella había contestado que pasaría con su familia - ¡Oh! Es una lástima… Bueno, que tengas una feliz Navidad, de todas formas. Ya hablaremos más tranquilas – y había desaparecido.
No le estaba gustando esa Navidad. Su apartamento estaba casi oscuro. No había colocado el árbol ni ningún adorno. Se había limitado a pedir una pizza, un par de cervezas de mantequilla, y estaba tirada en bata, en el sillón de la sala escuchando un disco de Las Brujas de Macbeth.
Y la cerveza no le estaba cayendo demasiado bien, porque podía notar como se movía el sillón y las luces titilaban. Y odió esa navidad. Y cuando tocaron las doce campanadas, se quedó dormida, abrazada a una botella vacía, y con lágrimas en los ojos.
.- ¡Tonks! Abre.
Unos golpes fuertes en la puerta, y unos gritos la despertaron. Abrió los ojos con pereza, y tuvo que cerrarlos nuevamente debido a una puntada de dolor en su cabeza. Se sentía fatal, parecía que su cerebro golpeara en las paredes de su cráneo queriendo salir, y su estómago estaba contraído. Se levantó, sintiendo que el mundo se caía a sus pies, le dolía todo el cuerpo, definitivamente el sillón no era demasiado cómodo para dormir más de doce horas. Caminó tambaleante hasta la puerta, pensando que la persona que estaba del otro lado, la echaría abajo de tantos golpes. La abrió de un tirón, dispuesta a insultar al que osó molestarla.
Al otro lado, estaba Remus. Parado con una mano aún levantada para golpear nuevamente y con un aspecto enfermizo y pálido.
.- Hola… - susurró él.
En ese momento, las náuseas se apoderaron de Tonks, y salió corriendo en dirección al baño, dispuesta a vomitar todo. Estaba demasiado mareada, seguro que estaba alucinando. ¿Remus en su puerta? No, definitivamente estaba de atar…
.- ¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien? – pero esas manos que la sostenían para que no se caiga, y ese susurro preocupado en su oído, no podían ser pura imaginación, y si lo eran… necesitaría ayuda profesional de urgencia - ¿Tonks? – la llamó Remus mientras la ayudaba a levantarse del suelo, donde estaba abrazada al váter.
.- Definitivamente… no me encuentro bien – contestó tratando de enfocar bien. Sumar al mareo, las manos de Remus en su cintura, no eran una buena idea.
.- Ven, te prepararé algo de café – le dijo mientras la arrastraba hasta la cocina y la ayudó a sentarse.
No era un sueño, o al menos no podía serlo. Ahí, en su cocina, estaba Remus Lupin preparando café, o ella estaba rematadamente como una cabra. Y esto último, estaba segura que no era. Conclusión: Remus estaba en su casa. Y algo ni iba bien.
.- ¿¡Qué diablos te crees que haces, Remus Lupin!? – eso era lo que no estaba bien. Remus ahí, no estaba bien.
.- Toma… te hará bien – contesto él ignorando su arranque de furia y dejando una taza humeante entre sus manos.
.- ¿Qué? – estaba indignada. Que se creía, aparecía en su casa y encima le decía lo que tenía que hacer. - ¿Tú que sabes lo que me hará bien? ¿¡QUE CREES QUE HACES!?
.- Tonks… por favor, cálmate…
.- ¿Que me calme? ¿Me estás pidiendo que me calme, o escuché mal? – estaba perdiendo la poca compostura que le quedaba. Definitivamente, no podía calmarse.
.- Si, eso… - comenzó despacio Remus.
.- ¡Ah, no! Sin duda… tú estás loco, Remus. ¿Me pides que me calme? Que-que ¡QUE ME CALME! ¡NO! No me calmo.
.- Dora, escucha, por favor… - eso no era lo que Remus esperaba. Estaba seguro que Tonks estaría enfadada, pero necesitaba hablar, y ella le estaba poniendo las cosas demasiado difíciles – Yo…
.- Remus – lo cortó Tonks, hablando demasiado suave, con un tono que anunciaba peligro – Solo te voy a pedir una cosa: vete de mi casa. No hables, no preguntes… y no me pidas que escuche y que me calme – terminó despacio, como si le costara un gran esfuerzo no gritar.
.- Tonks…
.- Vete – repitió sin mirarlo mientras se paró de su asiento, se derramó el café, y señalaba la salida.
.- Escucha, es solo un min…
.- ¡VETE! – gritó, perdiendo la poca paciencia y autocontrol que le quedaba. Pero eso no fue una buena idea en su estado de mareo y resaca, porque al gritar, la cabeza comenzó a girar demasiado rápido, y tuvo que sostenerse a una silla para no caer al suelo.
.- ¡Tonks! – Remus se paró y la sostuvo justo antes de que la silla cayera con ella – Dora, necesitas descansar, has bebido demasiado, niña – dijo con un tono que le dolió a Tonks, le habló como si fuera su padre. Y no lo era, y eso le molestaba.
Pero no tenía fuerza para protestar. La cabeza le dolía demasiado, y allí, en los brazos de Remus, estaba segura nuevamente. Pero eso no estaba bien. Él se había ido aquella noche, y no había dado señales desde ese momento. Y eso no estaba bien. Y no estaba bien que él viniera, como si nada hubiera pasado, como si ella no hubiera sufrido por él. Como si cada lágrima y cada noche de desvelo causadas por su ausencia no importaran lo más mínimo. Y eso no era así, y no estaba bien.
.- Vine a ver como estabas… estaba un poco preocupado, Molly me dijo que no quisiste pasar navidad con ellos, y que posiblemente estarías sola… Dora – Remus aún la abrazaba, y mientras le hablaba y le acariciaba el opaco cabello, no notó las lágrimas que mojaban su túnica.
.- Vete, por favor Remus… vete… - dijo Tonks, tratando de soltarlo. Lágrimas rebeldes, que ella trató de ocultar, salían de sus ojos. Y no fue una orden, fue un ruego. Se sentó en una silla, con la cabeza entre las manos. Estaba muy mareada.
.- No. No me voy. No voy a dejarte así – contestó, y se sentó en una silla frente a Tonks.
.- ¿Qué no vas a dejarme así, Remus? ¿Eso acabas de decir? – Preguntó mientras levantaba la vista y lo miraba a los ojos - ¡Eres un maldito hijo de puta, Remus! – exclamó, las lágrimas ya llenaban sus ojos. Remus se quedó callado y bajó la vista. - ¡Te atreves a venir a mi casa luego de semanas de evitarme! ¿En serio crees que soy tan estúpida, Remus?
.- No quería…
.- ¡Oh! ¡Cállate! No quiero escucharte más. ¿No querías que? ¿Lastimarme? ¿Irte? ¿Esquivarme? ¿Hacerme el amor? ¡¿Qué es lo que no querías, Remus?! Porque has hecho todo eso, ¿sabes? Yo… yo… te odio… - dijo entre llantos
.- Lo sé…
Y eso fue demasiado para Tonks. Con la furia agitándose en sus venas, estampó un puñetazo en la cara de Remus, con toda la fuerza que le quedaba. Realmente, era un maldito imbécil. Debería odiarlo, solo por pensar que ella en verdad lo odiaba.
Remus no dijo nada. No hizo nada. Como siempre, simplemente se quedó callado, con los ojos cerrados, con la mejilla roja y la cara de lado, como ella lo había dejado.
.- ¡TU NO SABES NADA! No sabes cuánto lloré… no sabes lo mal que pasé desde entonces… y lo peor, es que no sabes, o no entiendes, que te amo… y no voy a dejar de hacerlo, Remus. ¡Ojalá te odiara! – estaba llorando, de furia, de tristeza… de decepción. Todo volvía a cero, a las peleas, a las dudas - ¿Sabes? Esta vez, me vas a escuchar, voy a hablar yo, porque estoy cansada de tus caprichos, de tus excusas, tus dudas… cansada de tu 'hoy sí, mañana no', cansada de tu ausencia, Remus…
.- Dora, es lo mejor…
.- ¡¿Cómo te atreves a decir que es lo mejor?! ¡Te dije que me escucharas, hoy hablo yo, Remus! Porque no soy la niña que crees. No soy una niña y puedo decidir. Y ya conozco tus excusas, y sabes que no me importa un pepino nada de lo que me dices. ¡No me importa si eres un licántropo, si eres más grande, si no tienes empleo ni dinero! ¡No me importa! Solo… solo me importa estar contigo. No tener que despertar sola cada mañana… esconderme del mundo… - terminó en un susurro. Ya no lloraba, no podía llorar. Y su cabeza iba a explotar.
.- Debería importarte… es que aún no entiendes… - Remus trataba de justificarse, quería verla bien, eso era lo único que quería. Y a su lado no estaría bien.
.- Quizá no entiendo… y nunca lo voy a hacer. No quiero entender tus excusas, si eso me lleva a ser como tú… - dijo con enfado, marcando las últimas palabras. Remus cerró los ojos. Eso le había dolido – Remus… solo vete. Piensa… quizá algún día dejes de ser tan cobarde, y de compadecerte. Ese día, vuelve… trataré de esperar… - terminó mientras se paraba y caminaba hasta él.
Se agachó a su lado y lo besó, necesitaba eso, al menos una vez más. Era como la medicina para esperar hasta que él volviera… deseaba que lo hiciera. Lo beso despacio, apenas rozó sus labios. Luego se separó, y dándole la espalda le habló.
.- Ahora vete…
.- Dora…
.- Ve… no quiero que te quedes por lo que dije, quiero que lo sientas desde el corazón, así no me harás sufrir… Te juro que no voy a insistir más… solo… te voy a esperar…
Y Tonks se fue a su habitación, sin esperar a que Remus se fuera. No lo quería ver saliendo por la puerta, porque temía que no regresara.
Pero en la soledad de su cama, toda la entereza que había mostrado frente a él se derrumbó. Y la promesa le parecía casi imposible de cumplir…
Y en su corazón, volvió a sentir el brillo de su ausencia…
Bueno... he aquí el cap tres de esta Historia. Espero que les guste,auqnue se ve que el dos no fue muy bien recibido,mucha gente que me ejo rr en el uno no lo hizo en el dos!! Eso es malvado!! Jejejeje... Tampoco crean que meenojo mucho...
Quiero agradecer a la gente que se portó bien y me dejo un lindo,lindo, lindo rr... Jejejeje. Así que este cap va dedicado a esas personas: Hikari Mitsune Kawatari, Jami, LeeLoo, Diluz, annyed padfoot, lobitablack, y Lu. Muchas gracias a todas por sus comentarios, y espero los rr eneste cap,(y de las malvadas que me dejaron en el uno y no en dos :(... jajaja).
Besos. Anita.
