Vivo por ella

Capitulo II

El juego del destino

—Eres único —musitó sobre su boca, complacida al ser correspondida por un hombre tan apasionado como él.

—No sé que me haz hecho —articulaba casi sin aliento al sentir que lo besaba con intensidad—; ni cómo pudiste habitar en mis pensamientos —deteniéndose unos instantes para ver aquellas gemas verdosas y reconocer en ellos la misma llama que encendía todo su ser—. Lo único que sé es que te has adueñado de mi corazón y mi mente más rápido de lo que hubiera imaginado —volviendo a posar sus labios enardecidos en los de la bella mujer, en un beso breve y pausado.

Una risa juguetona se dejo oír en el aire ante su comentario mientras ella veía fijamente los ojos masculinos. Sonreía con una sensualidad propia de su personalidad deslumbrante y vivaz. Le atraía enormemente aquel hombre tan hermoso que bajo su apariencia reservada y huraña ocultaba una pasión irrefrenable y desinhibida. Y lo que más la dejaba extasiada era el hecho de que ella fuera la causante de tales emociones, logrando reavivarlas con su sola presencia.

Acarició su tez con su blanca y fina mano, posando sus delicados dedos sobre sus labios teñidos de un color carmín intenso a causa del pintalabios que aún permanecían en ellos. Su sonrisa se amplió aún más al poder tenerlo ahora tan cerca cuando antes sólo la rehuía y adoptaba su actitud fría e indiferente en su presencia. El haberlo conocido y lograr que haya posado sus intrigantes ojos en su indiscutible belleza era algo digno de celebrar. Él era el hombre más codiciado en la sociedad y ella la mujer más afortunada por haberlo 'capturado' de manera ágil y audaz. Desde un principio deseaba que ese hombre fuera sólo para ella y, tal como lo había planeado, consiguió su cometido.

—No podrás olvidarme jamás —susurró con su voz acaramelada y sensual, acariciando con suavidad su barbilla— porque nunca encontrarás otra mujer que te de lo que yo te he dado —mirándolo fijamente a los ojos—. Porque tú ya eres mío, solamente mío y de nadie más… —concluyó triunfal besándolo una vez más para dejarle muy en claro que solamente ella tenía autoridad sobre él.

Aunque el firmamento empezaba a teñirse de un añil casi negruzco, a ellos no les importaba en absoluto tal hecho. Lo único que tenía importancia era que estuvieran juntos y pudieran disfrutar de aquel sentimiento que se hacía más patente en sus vidas.

Un sentimiento que perduraría en el tiempo.

Abrió los ojos.

Sus labios le ardían como si la hubiera besado hace tan sólo unos segundos atrás. Sus recuerdos… tan palpables que a veces creía confundirlos con la propia realidad. Tan sólo el rememorarlo sacaba a la superficie esa sensación de angustia y dolor que se calaba en cada fibra de su ser. Una inmensa frustración se apoderó de sus entrañas y hasta le causaba asco su propia amargura. Las palabras profesadas por la coqueta mujer eran verdades hirientes que podían ser capaces de desbaratarlo en ese preciso instante.

El haberse dejado llevar por un impulso, lo convirtió en el hombre que era ahora: vacío y sin vida.

Pese a que su mente lo llevaba a menudo de regreso al pasado no podía dar crédito que todo aquello fuera más fuerte que él. Se reprochaba a sí mismo la actitud débil que había ganado al experimentar tal trago amargo, logrando sumirlo en una profunda depresión. Pero ni todos los reproches que se hiciera cambiaban en absoluto su estado.

Ni él mismo se percataba que su agonía se estaba convirtiendo en algo peor cada día que pasaba.

Se irguió con pereza del sillón para abandonar la terraza que daba vista a la calle e ingresó con desgane en su alcoba. Todo estaba a oscuras y apenas se podía apreciar el interior gracias a las luces provenientes de los faroles del servicio público. Él no se había molestado en encender las luces en el interior de su habitación, prefirió recostarse en su lecho y dejar que la propia oscuridad intentara sumirlo en un sueño profundo. Al fin y al cabo, lo necesitaba más que nunca después de pasarse tanto tiempo a diario trabajando hasta altas horas de la noche para intentar ocupar su mente en algo productivo.

Suspiró largamente esperando que con ello alejara todo su pesar, aunque sabía que hacía falta más que eso para lograrlo.

—"No permitiré que otra mujer vuelva a entrar en mi vida —pensó dejando muy en claro que esa era la decisión más sabia que podía tomar—. Sólo espero que las cosas mejoren con el tiempo…" —meditó cerrando los ojos con suavidad mientras dejaba que pasaran las horas y evitara seguir pensando demasiado en el asunto.

Sin darse cuenta había quedado dormido al cabo de unos minutos. El cansancio sin duda alguna resultó ser un antídoto efectivo para llevarlo en los brazos de Morfeo.

¿?

Lo único que deseaba era perderse en medio de la gente, como si con ello lograría desaparecer de la faz de la tierra.

Ya no sabía ni siquiera dónde estaba.

Había vagado sin rumbo en medio de la madrugada por las calles vacías.

Su mente no lograba borrar aquella horrible imagen que amenazaba con enloquecerla a cualquier momento y su corazón hecho añicos latía enfurecido como si en breve fuera a salirse de su pecho. Su respiración empezaba a volverse entrecortada, su visión se tornaba borrosa a causa de las lágrimas y el tiempo se le antojaba más enlentecido que de costumbre. Unos repentinos mareos la volvían más vulnerable y más débil a causa de su mal estado, pero eso no le importaba. Su mayor deseo: que todo aquello fuera sólo un sueño, sólo un espantoso sueño.

Todo le daba vueltas y la cabeza le dolía intensamente como si en breve fuera a estallar a causa de las imágenes que estaban atascadas en su mente aturdida. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado a ese sitio, sólo comprendía que el remordimiento y el dolor la consumían a los pocos.

Una luz iluminó su entorno lentamente y se volvía cada vez más intensa al ver que se acercaba a ella a toda velocidad. Una palabra llegó a sus oídos de una manera ininteligible y se desvaneció casi al instante cuando experimentó que su cuerpo era despedido con violencia a un costado de la calle.

Recibió un fuerte golpe en la cabeza y luego… nada.

Sólo la oscuridad y el silencio reinaron poco después.

¿?

Aún la negrura del firmamento podía apreciarse en la ciudad que empezaba a cubrirse de nubes esa mañana del domingo. Estaba claro que iba a impedir que el astro rey llegara a cumplir con su labor ese día. El viento que ingresó en la habitación logró despertarlo súbitamente, erizándole la piel de pies a cabeza. Parpadeó un par de veces y fijó la vista en el techo por unos instantes y notó que aún estaba a oscuras. Encendió la lámpara que estaba cerca de él y verificó su reloj de pulso con asombro al percatarse del horario.

—Son las 5 de la mañana —bufó por lo bajo mientras dejaba escapar un bostezo irreprimible.

Era extraño que despertara a esas horas y más aún los fines de semana. Aunque no dormía bien en ocasiones a causa de sus pesadillas, siempre tenía un horario exacto para despertar. Ya se le había ido el sueño y prefería abandonar su lecho pese a que aún tenía tiempo para dormir un poco más.

Apartó las almohadas que tenía a un costado suyo y se reincorporó con lentitud. Calzó las zapatillas que tenía al borde de la cama y fue a echar un vistazo al exterior. Abrió por completo las puertas que daban al balcón y fue a contemplar la tranquilidad de la ciudad por unos momentos. El viento soplaba con ligereza y el cielo empezaba a aclararse con más lentitud de la acostumbrada. Como todo primer día de otoño era normal que el clima fuera a cambiar de modo repentino. Aspiró profundamente el aire fresco de la mañana para recuperar las energías y elevó los brazos para estirarse un poco y desperezarse. Ingresó nuevamente al interior y se escabulló sin rodeos tras una de las puertas que estaban cerca de su armario. Observó su reflejo en el enorme espejo que estaba ante sus ojos cafés ni bien se adentró al cuarto de baño, notando que traía puesta la misma ropa del día anterior.

Ni siquiera se había despojado de su traje a no ser de su corbata que yacía tirada quién sabe en dónde. Últimamente lo que menos le importaba era su aspecto, si vestía adecuadamente o no; pero cabe destacar que él andaba bien arreglado en todo momento aunque le restara importancia a tales cosas. Nunca quiso estar a la vanguardia pero siempre vestía adecuadamente, dependiendo de la ocasión, por supuesto. Sus trajes los usaba para ir a trabajar y en su tiempo libre tan sólo buscaba algo cómodo y nada extravagante.

Pero ahora le disgustaba enormemente su aspecto: su camisa arrugada, su saco abotonado al descuido…

Se asemejaba a un ebrio vestido con unos harapos y que había ahogado sus penas con varias copas de alcohol en un bar cualquiera. Aunque, en este caso, sus harapos constituían su elegante traje, el alcohol sus sentimientos destrozados y el bar su vida vacía y sin sentido.

Pasó una mano por su cabello que lucía desaliñado a más no poder. Se apoyó en el lavabo y contempló más de cerca su rostro como si tratara de asegurarse que el sujeto allí reflejado fuera él; aunque deseaba con intensidad que fuera tan sólo el reflejo de alguien más.

—"Luzco terrible" —caviló sacudiendo la cabeza en forma negativa.

Tenía unas ojeras que empezaban a hacerse cada vez más pronunciadas y una mirada que demostraba en ocasiones nada alentador. Sus ojos lucían apagados y perdidos tras una densa niebla que impedía ver más allá de lo que cualquiera desearía. Por un instante creyó ser tan sólo un ridículo muñeco que cualquiera podría tener la capacidad de manipularlo a su antojo.

"Ella lograba manipularte a su antojo…"

Aquellas palabras provenientes de su interior pudieron sacudirlo de pies a cabeza por breves segundos. Cerró el puño con fuerza sintiendo la tensión de sus músculos a todo lo largo de su fuerte y bien torneado brazo. Trató de contener la rabia que bullía en sus adentros y relajo los músculos con mucha dificultad. Tenía la certeza de que no ganaba nada con esa actitud, pero aún le costaba trabajo dominarse. Se había vuelto vulnerable, algo tan natural que le pasaba a cualquiera pero que para él representaba la derrota.

¿Qué llegaría a pensar su madre si lo viera en ese instante?

"No eres digno de ser un Li…"

Sí, algo similar diría su estricta madre, pero se lo merecía.

Sacudió su cabello con ambas manos en un movimiento frenético por breves instantes, tratando de apaciguar sus demonios aunque sea por una sola vez. Ya hastiado de ver su otro yo en el espejo —que no le mostraba nada agradable, por cierto—; optó por lavarse los dientes y luego darse un relajante baño en la tina.

Ya cuando pudo relajarse lo suficiente sumergido en el agua tibia, se vistió para salir a dar un paseo. Como nunca se tomó la molestia en recorrer los alrededores a pie, decidió que esa mañana era adecuada para tales fines. Traía puesto un conjunto deportivo en tonos azul oscuro y unos calzados acorde con la vestimenta, dándole un aspecto más jovial a su persona.

Una vez listo, arregló su cama y algunas cosas que estaban fuera de lugar para luego retirarse. Estando ya fuera de su casa, sintió la necesidad de detenerse a observar su derredor una vez más. Le resultaba gratificante que ni un sólo ruido de la ciudad opacara el canturreo de las aves o la hojarasca que se mecía con lentitud por las calles vacías a tales horas. Sabía que el vivir en una zona residencial permitía que las calles estuvieran vacías casi la mayor parte del tiempo. Las pocas veces que se quedaba en su casa daba a conocer que sus propios vecinos parecían tener lujosas viviendas más por hacer notar que tenían dinero de sobra, aunque no se quedaran ni media hora a disfrutar de sus posesiones.

Ni él supo los motivos por los cuales tenía una casa puesto que con un departamento pequeño bastaba y sobraba para que estuviera cómodo.

Negó levemente con la cabeza.

Estaba más que claro que al comprarla había decidido que su estadía en Japón fuera definitiva. Los giros inesperados que dio su propia vida sacaban a la luz los motivos que buscaba sin razón.

Trató de no arruinar su preciosa mañana y dejo por la paz aquel asunto. Tenía suficiente ya con todas las preocupaciones que cargaba consigo a diario y prefería despejar su mente aturdida aunque sea por unas horas.

Con energías renovadas decidió emprender su inusual caminata. Aprovechó en hacer un poco de ejercicio y acelero su andar con trotes ligeros. Oyó repentinamente como el cielo empezaba a crujir en lo alto anunciando que en breve llovería, pero él no dejo que tal hecho lo detuviera. Cuando ya se hubo alejado unas calles de su casa, las gotas de agua fría empezaban a descender a un ritmo lento y constante. Siguió avanzando hasta encontrar algún techo que le propiciara resguardo de la lluvia que ya empezaba a arreciar cuando noto algo raro a unos metros más adelante. Le pareció ver una especie de bulto tirado a un costado de la calle y cuanto más se acercaba comenzó a comprender que se trataba de una persona la que estaba allí. Se echó a correr para auxiliar al desconocido. Cuando se acercó lo suficiente, percibió que se trataba de una mujer.

Su cuerpo estaba de lado y no tenía ni un rastro de haber sido herida o golpeada aparentemente. Su rostro estaba oculto por su largo cabello que empezaba a pegarse más a su piel a causa del agua fría que caía incesante y sus ropas estaban empezando a mojarse cada vez más por la intensa lluvia.

Se hincó ante ella y lo primero que hizo fue examinar sus signos vitales. Sintió su pulso algo débil de modo que no perdió tiempo y se despojó de la campera que tenía puesta y la cubrió con ella para evitar que se mojara más. No dudo ni un segundo y la cargó con sumo cuidado en brazos y se encaminó de regreso a su hogar. La lluvia no estaba a fin de amainar y por tales motivos debía buscar un techo para evitar que pescara un resfriado o algo peor. El que no pesara mucho la desfallecida muchacha le facilitaba las cosas, de modo que no tardaría tanto en llegar a su destino.

¿?

Un silencio mortecino reinaba en la habitación.

La alta y atlética figura del hombre que yacía en el sofá empezó a removerse con mucha dificultad a causa de su cuerpo adolorido. El estar en aquella incómoda posición toda la noche no permitía que sus músculos recobraran su total fuerza. Se talló un poco los ojos y verifico su reloj de pared. Como si mil agujas lo pincharan con saña de una vez, de golpe se puso de pie al ver que ya iban a dar las seis treinta de la mañana.

Se había quedado dormido todo ese tiempo.

Le pareció que apenas hace unos segundos se había sentado en aquel sofá.

—¡Diablos! —gruñó enfadado caminando apresurado al cuarto de baño.

Se apresuró a lavarse los dientes, cambiarse y recoger lo que el día anterior había ido a buscar. No supo cómo llegó a ceder durante unos segundos ante sus ganas de dormir, pero eso no justificaba el haber abandonado a su único familiar en un hospital toda la noche. Maldijo por lo bajo unas cuantas palabras ininteligibles y salió casi disparado como una bala de su departamento.

Al fin y al cabo, llegaría tarde, pero tenía esperanzas de que no haya sucedido nada en su ausencia.

¿?

Llegó a su hogar y abrió la puerta con mucha dificultad al tener a la muchacha en brazos.

Ya cuando pudo ingresar al interior, la trasladó a una de las habitaciones que quedaban en la planta baja y la recostó en la cama con cuidado para evitar moverla demasiado. Se sentó a su lado y se fijó más de cerca y con más calma en la desconocida. Apartó a un lado su cabello mojado del rostro para verla —ya que la cubría en su totalidad—, e impedía inspeccionarla mejor. Acomodó los mechones rebeldes a un lado y pudo apreciar con claridad sus facciones finas y delicadas que denotaban su belleza aún estando tan pálida y desmejorada. Se volvía evidente a simple vista que tenía unos años menos que él, ya que su grácil figura le daba un aspecto de ser apenas una estudiante.

Casi de súbito oyó una ligera queja por parte de ella y la vio removerse con lentitud en el amplio lecho logrando traerlo a la realidad de inmediato. Logró aliviarse al saber que reaccionaba ya que demostraba que su condición no era más que un simple desmayo común.

Cuán equivocado estaba. Distaba mucho aquellas suposiciones suyas de la realidad que iba afrontar.

—¿Cómo se siente? —fue lo único que se aventuró a decir al fijarse que sus ojos se habrían casi imperceptiblemente.

—Me… duele —contestó en tono somnoliento la débil muchacha volviendo a cerrar los ojos en su totalidad, cayendo en cuestión de segundos en una completa inconsciencia.

Negó ligeramente con la cabeza.

Retiró la campera que le había colocado encima para que no se mojara tanto y la despojó de su fino suéter rosa que estaba embebido en la parte frontal con toda el agua de lluvia, dejándose ver una holgada blusa blanca que traía debajo. Intentó moverla sólo lo necesario para evitar que llegara a agravar su estado y decidió de paso ir en busca de unas toallas que estaban en el armario de ese mismo cuarto. Ni bien encontró lo que buscaba fue a secarla lo mejor que pudo. Cuando intentó secarle el rostro notó una mancha de color carmín que se apreciaba a un costado suyo pudiendo hacerse más visible sobre la blanca almohada en la cual reposaba su cabeza. Mortificado decidió verificar el lugar del cual manaba aquel líquido rojizo, moviendo con cuidado su rostro a un lado. No tardo en toparse con una herida escondida tras su larga cabellera empapada.

—¡Rayos! —bufó por lo bajo al no percatarse con anterioridad de aquello.

Abandonó apresurado la alcoba y fue en busca de unas cuantas medicinas y vendajes. Aprovechó de paso en traer unas ropas limpias para que pudiera cambiarse en cuanto despertara, si es que lo hacía en breve.

Después de haber desinfectado la herida y vendarla posteriormente, verifico si no tenía alguna otra herida escondida. Al percatarse aliviado de que no era así, la dejo descansar y la cubrió con una cobija.

La dejo a solas por unos minutos para realizar una llamada. Prefirió que un médico la viera para cerciorarse de que no tuviera nada grave ya que ahora le empezaba a preocupar la lesión que tenía en la cabeza.

Ni bien le informaron que el galeno iría hasta su casa dejo el aparato a un lado y fue nuevamente al encuentro de la joven.

Al ingresar a la habitación contempló una vez más su tez macilento y sus labios que empezaban a adoptar un tono ligeramente violáceo. No era para menos que estuviera así ya que el clima se tornaba algo frío a causa de la lluvia otoñal. Como ya no sabía que hacer, se dejo caer en una de las sillas que estaba a costado de la cama. Ahora sólo le restaba ser paciente y esperar a que el médico llegara pero, aún sabiendo eso, no podía estar tranquilo. En las mejillas de la joven se notaba con claridad un ligero hundimiento, una señal muy clara de que no se había alimentado bien en días. Se compadeció de ella y decidió que sería conveniente prepararle algo nutritivo para que pudiera recobrar sus fuerzas en cuanto despertara. Seguramente había enfermado o hubo algún otro motivo por el cual perdió tanto peso pero no estaba muy seguro de cómo se había ganado semejante golpe en la cabeza.

La ropa que tenía puesta señalaba con claridad que estaba más delgada ya que el talle era el correcto y el más acorde con su menudo cuerpo. Una sensación de impotencia se hizo presente en sus adentros y no pudo evitar angustiarse por la extraña que estaba allí junto a él. Al parecer ella no la había pasado muy bien últimamente.

Aunque fuera frío y cauteloso con todos los demás, tenía su lado humano y sensible pese a que nadie más lo conociera. Se rehusaba a demostrarlo pero a su corazón no podía hacerle sentir de otra manera. Aborrecía a las mujeres por el engaño que había sufrido por culpa de una de ellas pero no podía negar que estaba angustiado por aquella joven mujer que yacía inmóvil en la cama.

Sacudió su cabeza de un lado a otro y prefirió ir directo a la cocina. Ya estaba siendo demasiado considerado con aquella chica que apenas acababa de encontrar y para colmo ¡estaba inconsciente!

Decidió que lo mejor sería ir a empezar a preparar la comida en cuanto la dejaba descansar y recuperarse.

Como no estaba nadie para ayudarle con las labores de la casa, él debía ir a preparar la comida por su cuenta. Su fuerte siempre había sido cocinar y después de casi un año cocinaría para alguien más que no fuera él mismo. Una sensación singular lo embargó por unos segundos al pensar en ello. Prefirió concentrarse en buscar los ingredientes para preparar la comida y esperar a que la extraña abriera los ojos en vez de dejar que su mente audaz volviera a dejarlo más enfadado que nunca.

Ni él daba crédito de que tal situación se daría la primera vez que decidía recorrer el vecindario.

Lo que él en realidad ni siquiera comprendía era lo que el destino tramaba.

¿?

—Buenos días —saludó afable el galeno al encontrarse con aquel hombre en pleno pasillo.

—Buenos días —profirió el hombre al reconocer al sujeto que tenía delante.

—Veo que trae mucha prisa —añadió al verlo algo agitado cargando un pequeño bolso—. Aprovechando que está aquí, ¿podría acompañarme un momento? —inquirió de pronto logrando obtener una respuesta silenciosa por parte del recién llegado.

Por la expresión que había reflejado su tez daba a entender que no le agradaría la noticia, aunque él esperaba que sólo fuera producto de su imaginación.

¿?

En el exterior sólo se podía oír las gotas de lluvia que se estrellaban contra cualquier cosa que estuviera en su camino, acompañado de los truenos y relámpagos que lograban iluminar por breves instantes el ceniciento y opacado firmamento.

Había pasado media hora aproximadamente desde que llegó a su casa.

Estaba al pendiente de la desconocida esperando a que reaccionara. La sopa que había preparado no tardaría en estar lista pero su prioridad de momento la acaparaba la joven. Yacía sentado en el sillón que estaba a unos pasos de la cama. Llevó ambas manos a la cabeza, sujetándola y apoyó los brazos en sus rodillas en señal de impaciencia. Contemplaba el suelo sin remedio tratando de calmar sus ansias de poder salir de aquella inquietante situación.

Una leve queja logró llamar su atención de inmediato. Elevó su rostro para cerciorarse de que fuera ella la que emitió aquel sonido y lo comprobó al notar que movía sus dedos entumecidos con lentitud. Se incorporó y se acercó a la joven con calma. Su entrecejo empezó a fruncirse levemente como si intentara moverse pero sin lograr nada pese a su gran esfuerzo. Lentamente, sus párpados adormilados empezaban a moverse, dejándose entrever unos llamativos ojos verdes, unos ojos tan profundos como el mar.

Una mirada de jade lo recibió con el asombro y curiosidad reflejada en ellos.

El sujeto quedó pasmado y rígido al verla.

Creyó que el tiempo por un instante se había detenido. Todo lo que podía ver era esa mirada que lograba desconcertarlo de manera abrupta en cuestión de segundos.

Ambos se veían como los extraños que eran sin comprender lo que ocurría: ella por no saber quién era él, mientras que él creía ver su oscuro pasado nuevamente. El arquitecto no la perdía de vista ni por un segundo, sólo se limitaba a observarla desde su posición sin poder mover un músculo de la impresión que había generado esa extraña en su ser.

—¿Dónde estoy? —inquirió con suavidad contemplando un poco su entorno. Casi de inmediato volvió a centrar su mirada en el hombre que yacía de pie contemplándola sin saber de quién se trataba—. ¿Quién… eres tú? —interpeló la joven con suavidad logrando sacudir todas las emociones que bullían sin piedad dentro de él.

Él no contestó nada.

Sacudió la cabeza ligeramente tratando ordenar sus pensamientos y volvió a clavar sus ojos chocolate en la joven. Ella por su parte intentó incorporarse un poco para quedar sentada y fijarse mejor en el sujeto que estaba de pie a su lado.

La joven de mirada esmeralda empezaba a asustarse por no saber lo que estaba pasando y por la forma en que la observaba aquel desconocido. Él se percató que aún no había dicho nada y decidió romper el silencio incómodo que los envolvía al notar que esperaba una respuesta que no llegaba.

—Soy… Li, Li Syaoran y usted está en mi casa —contestó de manera forzada—. ¿Se siente mejor? —adujo lo más amable que pudo tratando de aparentar tranquilidad.

—Un… poco… ¡atchís! —estornudó de golpe al sentir el aire frío rozar sus brazos descubiertos— mareada —susurró esto último volviéndose a escabullir con la cobija.

Suspiró con pesadez y percibió que ella ya no podía seguir con aquellas ropas; sólo lograría ganarse un terrible resfriado. Pese a que se sentía abrumado mentalmente tampoco lo dejaba incapacitado para pensar que ella debía darse un buen baño si no quería enfermar.

—Será mejor que se de un baño y se cambie de ropa —admitió el arquitecto al verla temblar—. Allí tiene ropa limpia y unas toallas para que pueda usarlas —apuntando en dirección a la silla que estaba en un rincón—. Volveré en cuanto haya terminado de asearse —caminando con cierta prisa hasta la puerta que se abrió y cerró en un santiamén.

Él ni siquiera tuvo la decencia de quedarse a esperar que le contestara o le dijera algo más. Lo mejor que pudo hacer fue escaparse como si fuera un crío al cual lo han descubierto por haber visto lo indebido.

Ni bien se quedó a solas de nuevo, se recargó en la puerta que acababa de cerrar.

—"¡Maldición! —gruñó iracundo en sus adentros—. ¿Por qué tuvo que pasarme esto…?" —se preguntaba con el ceño fruncido y con una expresión de pocos amigos reflejada en su tez.

Debía admitir que causo estragos en su persona el tan sólo ver los cristalinos ojos verdes de la chica a la cual ni siquiera pudo preguntarle su nombre a causa de la conmoción que había provocado en él.

Esa mirada…

—"¿Qué me sucede? —caviló abrumado una vez más por lo que acababa de ocurrir en aquella habitación—. Ambas son diferentes…" —remarcó nuevamente para sí, obligándose a recordar que era la primera vez que veía a esa mujer en su vida.

Definitivamente ese día se volvería más largo de lo que él desearía.

De pronto el timbre se dejo oír en medio del vacío pasillo. Como si mil agujas lo pincharan con saña se encaminó como un autómata y fue hasta la entrada para recibir al doctor.

—Buenos días —saludó cortés el sujeto de bata blanca—. Soy el doctor Yasunao Hiroshi…

—Buenos días. Pase, por favor —emitió a prisa el arquitecto, haciéndose a un lado para que ingresara el hombre—. Es por aquí —repuso guiando al recién llegado hasta la habitación en la que estaba la joven.

Golpeó la puerta un par de veces y al oír que lo invitaban a pasar ingresó a la alcoba en silencio y, el médico, —que ni bien se acercó a la muchacha— no tardo en acomodar su pequeño maletín en una de las sillas y retirar de ella todo lo que iba a necesitar.

—Él es el doctor Yasunao y viene a inspeccionarla —emitió sin rodeos el joven de ojos chocolate.

La muchacha no dijo nada, sólo parpadeo un par de veces algo confusa y se fijo en los ojos azulados del médico que la veían con curiosidad.

—Dígame, ¿qué le ocurrió? —preguntó el galeno en cuanto acomodaba su estetoscopio al cuello.

—Yo, no…

—No estoy seguro ya que la hallé inconsciente en plena calle. Tal vez la golpearon —dedujo no muy convencido observando al sujeto que se acomodaba junto a la chica y veía que ella le dedicaba una mirada de espanto.

La desconocida mujer quedó muda al igual que el galeno después de recibir aquella respuesta.

—Si no es molestia, por favor déjeme a solas con la paciente —pidió segundos después volviéndose a ver al arquitecto.

—Claro —contestó dejándolos a solas.

Ya estando a solas decidió continuar con lo suyo. Le revisó los ojos, luego le tomó la presión y por último se fijó en la herida que la volvió a cubrir con el vendaje hecho por el dueño de la casa. Intentó buscar alguna otra posible lesión u otra señal en el cuerpo que le indicara lo que posiblemente le había ocurrido, pero no halló nada más. Ya cuando terminó de revisarla, decidió hacerle unas cuantas preguntas a la muchacha que seguía callada y sumida en sus pensamientos.

—¿Siente dolores de cabeza? —preguntó con tranquilidad el galeno logrando atraer su total atención al oírlo.

—No… no mucho, sólo siento mareos —repuso con timidez.

—¿Recuerda lo que sucedió antes de su desmayo? —observando detenidamente las reacciones de ella.

La joven intentaba hacer un esfuerzo por recordar pero al hurgar en su memoria percibió que no había nada más que un inmenso vacío. El médico se percató de que algo no andaba bien al notar que tardaba en contestar.

—¿Recuerda lo que sucedió? —repitió de nueva cuenta el galeno sin perderla de vista.

—No —expresó después de unos segundos.

—¿Recuerda cuál es su nombre?

—No…

—¿Recuerda alguna cosa?

—N-No —contestó con la voz trémula, advirtiendo en su mirar cierta frustración y desespero.

El médico que veía el temor cobrar vida en la joven comprendió que el diagnóstico que debía dar no sería el más alentador. No tenía de otra más que darle la noticia pese a que no tenía todas las pruebas necesarias para asegurar tal hecho; aunque, por otro lado, debía intentar no preocupar aún más a su paciente.

—Seré franco con usted —adujo con serenidad—, el posible golpe que recibió en la cabeza tal vez provoco que olvide sus recuerdos temporalmente.

—¿Eso quiere decir que…? —interpeló anonadada.

—Es probable —emitió leyendo sus pensamientos de inmediato. El hombre quedó apenado al ver palidecer aún más a la inocente muchacha al decirle algo semejante. (N/A: Vaya manera de dar una noticia ¬¬)

La ojiverde no podía creer lo que el médico acababa de afirmar. No pudo evitar pensar en la posibilidad de no recordar nunca más su vida pasada. Una vez más su silencio fue su única respuesta para tal noticia.

—No quiero que se precipite ante esa posibilidad. Tal vez sea algo pasajero pero de todos modos necesitamos hacerle unos estudios para estar seguros. Ante todo debe ser paciente y dejar que el tiempo le ayude a rememorar su pasado…

El galeno seguía hablando pero ella sintió que todo en su entorno no era más que una ilusión. Quería pensar que lo que el médico le acababa de afirmar era una mentira, una vil y temible mentira.

¿Qué será de ella ahora que ni siquiera recuerda su nombre…?

Continuará…

¿?

Lamento tanto la tardanza. Aquí les dejo la conti. Ojala haya sido de su agrado.

En cuanto pueda subiré el que sigue. Gracias por su apoyo constante y por los ánimos que me dan. Me dejan muy emocionada T.T; también les agradezco por sus comentarios y críticas.

Nos leemos luego.

Salu2. =)

P.D.: Pido disculpas por la cuestión de que se junte toda la historia y se entremezcle, es que aún no he podido lograr separar bien cada parte aquí en este sitio =(