En el último día de mi celo pasé ocho horas durmiendo por el agotamiento.
Al abrir la puerta me sentía demasiado muerto. Había sido el peor celo que había tenido y eso era decir demasiado ya que cada experiencia era, asquerosa o demasiado vergonzosa para querer recordarlo.
Poder salir el último día del ciclo era algo incómodo. A partir de ese momento todo omega tiene cuatro días de fertilidad absoluta. Cosa que causaba muchos accidentes.
Si bien también al inicio era fértil, el cuerpo solo se prepara para poder ser fecundado con éxito.
Todo para que el alfa esté feliz y complacido.
A mi toda esa habladuría me provocaba tedio. No tendría un alfa, no tendría cachorros. Así de simple, la idea no me disgustaba pero mi omega parecía sentirse morir.
Entré a la cocina fijando mi vista en el enorme refrigerador. Estaba hambriento pero una ensalada no me llenaría lo suficiente para estar satisfecho.
Así que busqué frutas, almendras y nueces. Todo estaba listo. Rebane la fruta, triture las almendras y las nueces y agregué miel.
Estaba conforme con mi obra cuando me senté a comer.
Era mi momento de postre, postre y más postre, algo de lo cual no estaba muy orgulloso. Lo dulce me alteraba pero en esos momentos lo necesitaba.
Al parecer padre estaba fuera por la misma razón que yo estoy dentro.
En estas ocasiones me encargaba del oatrullage al lado de Dick...
Ahora me preguntaba si tenia que hacerlo solo.
Al terminar mi desayuno resople. Alfred no se encontraba en la mansión, todo estaba tan callado. Tal y como me gustaba.
Al entrar en mi habitación la luz anaranjada parpadeante e inconfundible del comunicador daba aviso de una nueva misión. Lo que necesito.
Lo tomo y al instante me decepciono. Era una misión buena... Para dos personas.
¿Tenía miedo de preguntar a Dick si quería cumplirla conmigo?
No quería admitirlo pero así era. Temía ser el blando de su completo asco.
Puede que no quiera ser mi alfa, pero aún era mí... Hermano adoptado de pésimo gusto del cual podía burlarme.
Aunque ya fuera de ese modo. Supongo que ahora todo será diferente. Nada tiene que cambiar.
¿Entonces por qué no me atrevo a tocar la puerta de su cuarto?
Vasilo, pero lo hago. Arrepintiéndome al instante en que sentí el aroma a sexo cuando Dick abrió la puerta. Me sentí tan estúpido, tan pequeño e inútil que casi exploto en llanto.
Casi
- Lárgate, estoy ocupado.
Ya no sería bueno conmigo. Ya no me aceptaría... Me desecharia como todos.
- Lo siento - maldigo a mi voz temblorosa - hay una misión, pero es para dos y me preguntaba si tu...
- No. Puedes arreglarte tu solo, tal y como me lo mostraste la primera vez que nos vimos.
- ¿Quién es amor?
Casi pude escuchar a mi corazón romperse ¿por qué dolía tanto si yo no lo amo? ¿Estaba enamorado y no me había dado cuenta?
No liberé ningún sonido, sentía las lágrimas reuniéndose en mi rostro y a mi labio inferior temblar de forma alarmante
Basta Demian, tú no eres débil. Esto no puede romperte.
- No es nada.
Me dedicó una mirada distante antes de cerrarme la puerta en la cara.
No puedo seguir engañandome. Estaba anamorado de Dick, que patético e de verme al lado de esa extraterrestre. Nadie tiene la culpa más que yo, solo yo vivo marginado en una esquina viendo como todos son felices.
Más tarde aprendí la lección. Naces solo, mueres solo, en manos del payaso de Gotham estaba condenado.Iría en contra de todo lo bueno que trató de enseñarme mi padre como Bruce Wayne y como Batman.Lo perdí todo cuando me permití olvidar quien era.
