Teddy salió de la chimenea de Bill Weasley y apareció en un salón desierto. No se escuchaba nada. ¿Era demasiado temprano? Suspiró y entonces un cuerpo femenino apareció delante de él.

-¡Dominique! ¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendido Teddy que corrió a abrazarla. La pelirroja estaba con un pijama corto y una chaqueta vieja de lana de colores.

-Esta sigue siendo mi casa. ¿Qué haces tú aquí? -preguntó Dominique entre sus brazos.

-Vengo a ver a Vic. Pero, pensé que estabas en Rumanía.

-Lo estaba. Pero me llegó un vociferador de mi madre gritando que me apareciera en ese mismo instante en casa, que algo grande iba a ocurrir y que si no estaba presente me mataría con sus propias manos. Ya sabes, sangre veela. -dijo Dominique, haciendo reír a Teddy.- Ya me contó mi padre que es "eso grande que va a ocurrir".

-¿Sí?

-Sí.

-¿Y qué piensas al respecto?

-Que como me obliguéis a ir de rosa os mataré. -dijo Dominique. Luego soltó una risita y volvió a abrazar a Teddy.- Enhorabuena.

-Aun no me ha dicho que sí.

-Ya, mis tíos tienen apuestas. -dijo Dominique, riendo. Ella también había participado con veinte galeones.- ¿Qué piensa la señora Tonks?

-Mi abuela tan solo me ha dicho que compre un anillo como todo un señor y venga a pedirle la mano a su padre. -dijo Teddy. Dominique se rió.- Vengo a pedírselo, pero no sé como.

-Si me enseñas el anillo te ayudo.

Teddy no dudó un segundo en sacar el anillo de su bolsillo. Dominique sonrió al verlo. Era un precioso anillo con cuatro piedras hermosas de color azul. Tuvo la tentación de probárselo, pero sabía que si lo hacía no se lo devolvería a su cuñado, así que dejó el anillo en la mano de Teddy de nuevo.

-Está durmiendo todavía. -dijo Dominique sonriendo.

Teddy sonrió y corrió escaleras arriba, lo más sigiloso posible, hacia la habitación de Victorie. Sabía perfectamente donde estaba la habitación, pero eso jamás se lo confesaría a su suegro. Abrió la puera y la cerró tras él, su novia seguía durmiendo. Sonrió y se arrodilló delante de su cama. La habitación de Victorie era grande y solo para ella. Estaba pintada de azul, su color favorito, y tenía las paredes cubiertas de posters. Estaba estudiando para ser sanadora y tenía decenas de libros sobre su escritorio y sobre el suelo. Las estanterías estaban repletas de novelas románticas y peluches de diferentes criaturas mágicas. Enmarcado, colgando de su pared, estaba su primer uniforme de Hogwarts, con la corbata de Gryffindor.

Victorie dormía plácidamente, ajena a todo pensamiento de su novio en aquel momento. Dormía abrazada a su almohada, con toda su larga melena rubia alborotada, un camisón azul -también- y unas gotas de perfume. Teddy sonrió y la despertó moviendo un poco su hombro. Victorie lo miró, todavía dormida.

-Victorie, ¿quieres casarte conmigo?

¡Zas! ¡Sin anestesia y recién levantada!

Victorie abrió los ojos como platos y luego parpadeó un par de veces. Tocó la cara de Teddy, para cerciorarse de que era real y miró el anillo que él tenía en sus manos. Era precioso. Volvió a mirar a Teddy que sonreía y su cabello era de su color habitual, el favorito de Victorie, azul. Victorie se sentó en el borde de la cama, mirándolo.

-¿Y? -preguntó Teddy, nervioso.- Es real, Vic, no es ningún sueño.

Victorie no dijo nada, se lanzó sobre él, abrazándolo. Los dos cayeron sobre el suelo de su habitación, ella sobre él. La rubia le acarició el pelo a su novio, sonriendo y luego lo besó. Después del durarero beso los dos se levantaron y Teddy le puso el anillo en la mano, mientras Victorie se tapaba la boca con su otra mano libre. Se agarraron de la mano y bajaron a la cocina de los Weasley, donde el resto de la familia ya estaban allí.

Fleur, siempre tan pulcra y perfecta, vestía un camisón de tirantes blanco y una bata rosa, preparando café. A su lado, el más pequeño de sus hijos, Louis, preparaba unas tostadas con un pantalón de pijama y su camiseta de Hufflepuff -simpre luciría orgulloso la ropa de su casa de Hogwarts, incluso un año después de graduarse del colegio, ahora se dedicaba a ayudar a su abuelo en la Oficina contra el Uso Incorrecto de los Artefactos Muggles-. Sentada en la cabecera de la mesa, Dominique, se miraba las uñas estropeadas por su trabajo -ahora vivía en Rumanía con su Tío Charlie, cuidando de dragones, su verdadero amor-. Al lado de su hija mediana, estaba Bill Weasley, con esa cicatriz en su cara, el pelo largo recogido en una coleta, sus pendientes, con un pijama azul y leyendo la portada de El Profeta.

-¡Teddy! -dijo sorprendido Bill al verlo. Teddy sonrió y Bill viajó su mirada hasta las manos entrelazadas de su hija y el peliazul. Luego viajó la mirada a la otra mano de su hija y vio el destello azul en su dedo.

-¡No me digas que ya se lo has pedido! ¡Nos lo hemos pegdido, Bill! -se quejó Fleur, histérica.

-¿Qué nos hemos perdido? -preguntó el despistado de Louis.

-Tu hermana mayor se casa, tonto. -le dijo Dominique.

-¡Aun encima que te hago el desayuno no me insultes! -se quejó Louis, tirando un trapo a la cara de su hermana.

-¿Y has dicho que sí? -le preguntó Bill a su hija mayor que no había dicho nada y solo abrazaba el brazo de Teddy.

-En realidad aun no ha pronunciado palabra. -dijo Teddy, riendo.

-¡Pero el anillo bien que se lo puso! -dijo Dominique.

-Sí, papi, Teddy y yo nos casamos. -dijo Victorie, sonriendo.

Toda la familia se puso en pie y felicitaron a los futuros novios. Un año y medio, miles de dolores de cabeza para Dominique, millones de gritos histéricos de Fleur, decenas de "me da igual, cariño" de Bill y trillones de besos enamorados de Teddy y Victorie después, la pareja se casó en el jardín de La Madriguera.