Querido maldito.
Sabrás entender que tengo una mentalidad muy influenciable, también si alguna vez me escuchaste hablar de una época victoriana y el deseo implícito entre dos personajes torrenciales entenderás que te desee como una desquiciada. Te he escrito, no con la intención de que me leas, sino con la intención de que sepas que soy capaz de escribir grandes ridiculeces cuando estoy inspirada. Y si, me inspiras a ser lo que soy cuando estoy desnuda en tu cama, cuando no puedo dejar de besar tus labios ni controlar mi cuerpo que deseoso se mueve contra el tuyo tratando de no perder el contacto con el tuyo
Nunca pensaste que encontrarías a alguien tan insaciable como tú, pero querido, puede que sea peor que tu. La sola idea de imaginar tu cabellera desordenada situada entre mis piernas me hace retorcerme y casi me impulsa a correr hacia ti como siempre lo he hecho. Aun así me contengo, aunque quiera no debo asfixiarte con mi sexo demandante e inmaduro. Es por ello que a veces cuando estas trabajando o haciendo algo importante siento envidia de lo que te rodea, del lápiz que disfruta del contacto de tus manos, esas que mueven tus dedos dentro de mi cuando buscas darme placer.
Soy egoísta y lo sabes, lo intuyes cuando te digo al oído que no pares de follarme como un demente, que no te detengas de hacerme el amor como un romántico. Debo decirte, reclamarte porque a veces haces que me frustre, me haces una vez más desearte con fervor y hacer que te entierres dentro de mí. A veces me siento incomoda cerca de ti, incomoda de anhelarte brusco y sentir tus estocadas sin piedad en mi centro, tus manos tocando mi espalda, tus dientes en mi piel y tus gemidos entrando en mis oídos.
No miento cuando digo que me toco pensando en tu lengua recorriendo mis pliegues, haciendo que mi humedad se extienda por todos lados. Me mojo pensando en tu faceta salvaje, como cuando me pediste que fuera más rápido y yo me negué, una vez más me negué a ti y de nuevo fue genial negarse a ti, porque en un abrir y cerrar de ojos me posicionaste a tu merced sobre mis rodillas y me demostraste que no hay mejor lugar que la petit mort.
Tú, el dueño de todos mis sucios orgasmos debes saber que no miento que somos hermosos cuando follamos y que somos una obra de arte haciendo el amor una y otra vez. El amor no se demuestra haciéndolo lento Alexio, el amor se siente cuando haces especial el momento, sin importar el lugar y las condiciones. Somos hermosos cuando sudamos por culpa del otro, somos hermosos cuando nos vemos directo a los ojos y no resistimos la tentación de nuestros cuerpos, somos hermosos cuando desaparecemos en nuestra burbuja donde no hay moral ni tabúes reprimentes. Yo soy hermosa cuando logro provocarte, soy más hermosa aun cuando sin tocarte puedo incitarte a retozar juntos en tu cama.
Muero lentamente cuando te quiero así, salvaje de nuevo, como si no existiera un mañana y el hoy fuera el último momento para vernos. Cuando me obligabas a verte, porque entiendo que también te sientes hermoso haciéndome gritar y gemir como la zorra que soy contigo, cuando me nalgueas como castigo pero también como antojo porque me reclamas de tu propiedad, cuando tocas mi espalda con vehemencia porque sabes que me excita, cuando te preocupas en darme placer porque te sientes victorioso de llevarme al éxtasis. Si querido, yo lo sé, sé que te sientes hermoso en todos esos momentos, triunfante como el ególatra que eres. Porque para ti y para mi todo esto es más que sexo.
