—Quítate de en medio, zopenco… ¿Qué no me escuchaste? Largo, sino quieres que te muela a golpes.
Tembloroso, el chico frente a Helga salió corriendo por el pasillo, y de inmediato, tanto los chicos de su salón que estaban en el lugar, como quienes pertenecían a otros grados, se apartaron del camino para que la "reina" pasara por ahí.
Incluso Harold se había arrinconado entre la puerta del cuarto de conserjería y los casilleros junto a este, listo para correr por si su compañera comenzaba a perder los estribos.
Para su fortuna, ese día Helga se había despertado sin muchas ganas de lastimar a nadie. Otra vez se había dormido tarde pensando en Arnold, y su cabeza no se hallaba completamente en ese sitio.
Había algo, no sabía qué, pero no se sentía del todo tranquila. Como si alguna cosa fuera a pasar pronto.
Por supuesto, esta no le puso demasiada importancia a su presentimiento y dejo de prestarle mucha atención. Ya estaba harta de sufrir y perder el sueño, por cosas que ni siquiera tenía que ver con ella. Si de verdad le estaba pasando algo al cabeza de balón, entonces tendría que arreglárselas solo.
— ¡Helga!... ¡Espérame Helga!
Desde atrás, la pequeña Phoebe corría con sus libros sobre el pecho, intentando acercarse a su amiga para hablar con ella.
Cuando volvieron a Hillwood, la asiática había hecho todo lo posible por tener una larga conversación con su amiga rubia, y esta siempre terminaba cambiando el día de su encuentro, alegando que tenía muchas cosas que hacer o que Bob la había castigado y no podía salir.
Por supuesto que no se lo creía, sobre todo porque ella sabía muy bien cómo eran sus padres con Helga. Y más en esos momentos, con el regreso de su hermana Olga a la casa.
Algo no estaba bien con la rubia de una sola ceja, y ella intentaba hacer todo lo que podía para ayudarla. El problema era que su amiga parecía no querer la simpatía de nadie; y mucho menos su ayuda.
—¿Qué quieres ahora, Pheepz? ¿Qué no ves que estoy muy ocupada? Van a comenzar las clases, y si no nos apuramos nos vamos a ganar una buena amonestación.
—Espera, de verdad necesito hablar contigo.
—¿Qué? ¿Ahora?... Tú sí que estás loca hermana. De verdad, ¿piensas saltarte las clases sólo para hablar conmigo?
—Bueno, yo…
—Lo ves. Ni tú quieres faltar a la clase ni yo tampoco, así que, ¿por qué no entramos, y ya después me dices todo lo que se te antoje?
—Pero, no…
—Olvídalo, Phoebe. Ya no pienso huir de nada, así que estate tranquila y toma las clases sin preocuparte por eso.
Con esas palabras, la rubia llegó a su casillero y sacó un par de libros de este. Se encontraba a punto de cerrarlo, cuando de repente un pequeño libro rosa se cayó, de entre la pila de cosas que tenía adentro.
La asiática estaba a punto de recogerlo para dárselo, pero ésta sin verlo, le señaló el bote de basura y dijo.
—Pheepz, ¿podrías hacerme el favor de tirar eso? Ocupa espacio en mi casillero, y como vez, estas cosas no son tan grandes como para estar almacenando tanta basura.
Sorprendida por las palabras de su amiga, la pequeña se limitó a asentir y se acercó muy lentamente al bote. Estaba esperando que Helga la detuviera; que dijera lo que sea para que no lanzará al olvido aquella parte de su persona, pero esta no volvió a mirar, ni a su amiga ni al libro.
Por ese motivo fue que Phoebe se decidió a guardar el librito entre sus cosas. Sabía muy bien que contenía, y por lo mismo es que no podía creer que su amiga se estuviera deshaciendo de él.
—¿Qué? ¿Ya vienes o no Pheepz?
—Sí, ya voy.
Corriendo, las dos se apresuraron a llegar a la clase, mientras la campana anunciaba el inicio de estas.
Para su buena fortuna, todavía tenían al señor Simmons con ellos, pero al haber pasado de grado, éste se había vuelto un poco más exigente con la puntualidad.
—Niñas, ¿Qué les dije de estar llegando tarde a clases? ¿No recuerdan que hoy les iba a decir sobre la sorpresa "especial"? —, lo último lo dijo el hombre dibujando unas comillas con sus dedos.
—Lo siento profesor, no volverá a ocurrir.
Las palabras de Phoebe hicieron efecto. El hombre les señalo con insistencia sus asientos y, tras haberlos tomado se paseo por el frente de la clase antes de volver a hablar.
—Bien, como saben estoy organizando el festival para los alumnos de nuevo ingreso y necesito ayuda para colocar y acomodar lo que se va a usar ese día. Sera en el gimnasio de la escuela y estoy seguro de que ustedes niños no me van a dar la espalda.
El profesor apenas había terminado de hablar, cuando Laila, Eugene y Sheena levantaron la mano. Al ver la poca disposición de los demás, el señor Simmons lanzó un suspiro y agregó.
—… solo es hoy, un rato, y mañana en la mañana, así que no interferirá mucho con su hora de salida. Además, quienes sean tan amables en ayudarme, podrán disfrutar de la pizza que pediré para comer mañana.
De inmediato, la mayor parte de las manos en el aula se levantaron.
Todos comentaban de la buena suerte que tenían por no haber dejado pasar esa oportunidad, cuando Phoebe notó que su amiga seguía con la mirada fija en el pizarrón.
—¿Qué pasa Helga? ¿No quieres pizza?
La rubia miró hacia otro lado y dijo.
—No necesito quedarme. Puedo pedirle a Bob que compre un poco.
—Anda. Por favor Helga… No será lo mismo sin ti —. La niña estaba lista para negarse con mayor rudeza, pero al ver la mirada de su amiga rechino los dientes y terminó por alzar su mano de mala gana.
—De acuerdo, pero sólo por esta vez Pheepz.
Lo siento :S
Ya sé que me tarde dos semanas en actualizar el fic, pero estoy algo apurada con las últimas pruebas de mi tesis y me costó trabajo sacar algo de tiempo para seguir subiendo la historia; pero aquí estoy.
No me he ido y pienso terminar esto sí o sí.
Muchas gracias por sus comentarios y follows. Ese apoyo me ayuda a seguir todos los días.
